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lunes, 11 de septiembre de 2023

Un pez obstruyó el retrete.

 Hola navegantes.

En el barco nos pasan las cosas más extraordinarias, y dentro de las malas se lleva la palma la obstrucción del retrete.

La mayoría de los barcos tienen retrete náutico, que se llena y se vacía desde el mar con unas bombas manuales que se activan con un émbolo, parecido a cuando hinchas las ruedas de la bici. Para que quede bien limpio, tanto la baza como las tuberías, hay que seguir bombeando como 20 ó 30 golpes después de que la porquería ha desaparecido de la baza. En caso contrario se queda en el tubo de desagüe y termina dando malos olores.

Pues en estos retretes no se puede tirar nada que no haya pasado por tu cuerpo, o sea, nada que no sean las propias deposiciones. Cualquier otro objeto, como el papel higiénico o las compresas, puede obstruir las válvulas y atascar el retrete, lo que obliga al capitán a la desagradable tarea de desarmar el circuito para limpiarlo.

En algunos barcos de alquiler el contrato incluye una cláusula específica, en la que te obligas a devolver el barco con el retrete saneado, y si está obstruido, te obligas a pagar aparte su desobstrucción.

Se dice en broma que en el barco hay dos formas de morir: ahogado, o por atascar el retrete. ¿Por qué lo del retrete?. Porque cuando el capitán se entera te mata. En el caso que voy a comentar el capitán no tuvo que ejecutar la broma porque el culpable ya estaba muerto. Al desarmar el circuito se encontró ¡un pez atascado en una válvula!:


Cómo llegó allí es algo tan misterioso como el gravitón. O bien se había metido él solo buscando la comida, o había sido absorbido por la bomba de succión que llena la baza. Y digo "buscando la comida" porque aunque os parezca mentira, los peces se tiran a comer nuestras heces como si fueran golosinas, y se pelean por ellas. Igual es otra de las razones por las que no me gusta el pescado.

Recientemente han hecho obligatorio disponer de un  tanque de aguas negras a bordo para acumular allí lo del retrete, y vaciarlo en alta mar o con unas chuponas que hay en algunos puertos (muy pocos). En los veleros pequeños ese tanque de aguas negras ocupa tanto que es casi imposible llevarlo, y la mayoría hemos optado por el retrete químico. Su parte inferior hace de depósito de negras, y podemos vaciarlo en el mar a tres millas de la costa si previamente hemos licuado las heces con un producto específico.

El depósito inferior está bien sellado, nunca huele, y es muy fácil vaciarlo llevándolo a remolque del barco unos minutos, con lo que no sólo se vacía sino que se limpia con el chorro de agua que le entra, y todo ocurre muy lejos por la popa, fuera de la vista. Y en el peor de los casos, que se rompa, se estropee, o esté ya muy sucio, puedes sustituirlo fácilmente, porque uno nuevo cuesta entra 60 y 100 euros y se cambia soltando un clip.

Con del retrete químico se acabaron los riesgos de obstrucción, nunca huele mal, y te evitas sorpresas como la del pez atascado. En el Corto Maltés, además, te permite quitarlo para hacer más grande el plato de la ducha, lo que  no se podría con un retrete náutico.

A cambio, el retrete químico no sirve para deducir la velocidad del barco porque no está conectado con el exterior. Aunque os parezca mentira, el navegante Nigel Tetley, que participó en la primera regata de la vuelta al mundo en solitario y sin escalas "Golden Globe" (la que lanzó a la fama a Moitessier) así lo hacía. Después de perder sus dos correderas observó que la velocidad del barco provocaba una depresión en el desagüe, chop, chop, que bajaba el nivel del agua en la baza: a 4 nudos se vaciaba a la mitad, y a 8  nudos se quedaba en seco. Con el tiempo fue capaz de saber la velocidad del barco con una aproximación de un  nudo sólo mirando el nivel de agua en la baza. Los hay espabilados. Como otro que os conté que se dio cuenta de que en un barco volcado podía usar el WC para respirar (clic aquí).

Con cuidado, navegantes.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Unas reflexiones personales tras la navegación a Londres.

 Hola navegantes.

La navegación a Londres ha estado marcada, por desgracia, por la deserción de un tripulante en su primer día de navegación, igual que la de la Isla de Elba lo estuvo por el accidente con el remolque por carretera. En ambos casos el incidente estuvo a punto de hacer fracasar el proyecto, con la diferencia de que lo del remolque fue un accidente mientras que la deserción fue un acto voluntario e injustificado, sabiendo el daño que se podía hacer a la culminación del proyecto y a los demás participantes. Esta deserción me hizo pensar mucho durante todo el verano en cómo organizo mis navegaciones, por la noche la inquietud bailaba alrededor de mi cama y no me dejaba dormir, y me fastidió el disfrute de la segunda mitad del viaje.

Los que no entienden mi gigantesca decepción creo que es porque no se ponen  en mi lugar, o tal vez nunca han preparado una navegación de este calibre. Porque ir de Santander a Londres no es una navegadita de fin de semana. En otro foro me han dicho que he sido muy reiterativo con la deserción de "BC", e invirtiendo la carga de la prueba incluso he tenido que leer (literal): "algo has hecho mal cuando un tripulante se te ha ido" o "da la sensación de excesiva responsabilidad enchufada a un invitado".

Para comprenderlo deberían imaginar uno de sus mejores proyectos, personales o profesionales, al que hubieran dedicado meses de preparación y toda su ilusión, echado a perder por la decisión arbitraria y precipitada de un colaborador en su primer día de trabajo. Y que, por si fuera poco, dejase en el paro a los demás colaboradores con los que tenían un compromiso. Y que además ese "colaborador" que abandona se hubiera integrado al proyecto deshaciéndose en halagos al mismo y casi de favor, sin cobrarle nada, y presumiendo orgulloso de su participación. 

Para que esté todo claro, los que me acompañan como tripulantes no me pagan nada, sólo comparten los gastos corrientes (comida, gasolina, marinas...) corriendo los gastos extraordinarios, como la avería del motor o la rotura de una vela, sólo por mi cuenta. Pero obviamente no son "invitados", son tripulantes a todos los efectos. Aunque no les pido un título, tienen que saber navegar a vela y están informados de que tendrán que hacerse cargo del velero cuando yo no esté de guardia o me vaya a dormir, incluso en navegaciones nocturnas.

Esos tripulantes los elijo por nuestra amistad previa, pero a veces la primera vez que me acompañan sólo les conozco por Internet. No firmamos ningún contrato, me fio totalmente de su palabra y su compromiso para las fechas que eligen, incluso sin conocerles, y no les pido que adelanten ninguna cantidad. Todos saben perfectamente que hay unos embarques encadenados de otros tripulantes, que les envío en un Excel unos meses antes de la partida, y que el fallo de uno de ellos desencadena la anulación de las vacaciones y los billetes de avión de todos los que le siguen.  Por supuesto no tendría nada que decir a una retirada por una desgracia familiar o una enfermedad importante, ¡pero por un mareo!. Tal vez esta excesiva confianza sea la causa de lo que pasó con "BC". Me dejó tirado a más de mil kilómetros de Santander porque se mareó, y se marchó sin ninguna consecuencia para él.

En la foto el Corto Maltés en Granville, el puerto de la desolación (al fondo podéis ver la entrada al puerto seca en bajamar) y el anuncio que puse en el tablón de la capitanía buscando un tripulante que me acompañase a Dover (Douvres en francés):


La parte positiva fue comprobar que sigue habiendo personas buenas dispuestas a meterse en una aventura por ayudarte. Fue el caso de quien sustituyó a "BC", Luis Palma, que respondió "presente" conociéndome sólo de oídas, y en poco más de 48 horas estaba a bordo, habiendo tenido que sacarse el pasaporte y los billetes de avión y de tren para llegar a Granville desde España. Gracias, Luis. Gente como tú me devuelve la confianza en el género humano, y me hace pensarme dos veces la alternativa de endurecer las condiciones para acompañarme, poniéndome borde y cobrando una parte de los gastos por adelantado, lo que me parecería horrible.

Aparte de este incidente, que casi monopolizó mis reflexiones en la segunda mitad del viaje, puedo decir que la experiencia ha sido muy positiva. El viaje no ha tenido tantas sorpresas y descubrimientos como los anteriores porque una gran parte del recorrido ya lo conocía de navegaciones previas. A decir verdad, lo único  nuevo han sido los canales de Bretaña, el cruce del Canal de la Mancha y el Río Támesis hasta Londres. La recalada en puertos ya conocidos le quita emoción pero le añade seguridad, y tiene el aliciente de compararlos con las visitas anteriores. Y aunque intentaba recalar en los que no conocía, por la novedad, muchas veces no era práctico porque solemos buscar los puertos de aguas profundas (los que no dependen de la marea para entrar, y no se secan) y eso lo hacía igual en las navegaciones anteriores. O sea que muchas etapas eran iguales que las de la vuelta a Francia o las navegaciones previas por Bretaña o Las Landas. Aún así mereció la pena, y siempre es mejor que repetir hasta la saciedad los mismos trayectos en el entorno de tu puerto base.

Estos meses de vagabundeo náutico te rejuvenecen el alma, y son un antídoto contra la rutina cuando tu vida en tierra parece que transcurre como por una ranura. Las largas horas de convivencia con tus tripulantes fomentan las confidencias, con conversaciones que raramente se tienen en tierra. Las separaciones temporales de tu pareja son duras al principio, cuando sales de tu zona de confort, pero se compensan con los reencuentros periódicos, en sitios tan alejados y sorprendentes desde el barco, y en circunstancias tan atípicas. Cada día añade incertidumbres y sorpresas, y eso renueva la relación.

Y lo  mismo puede decirse del resto de la familia y los amigos, a los que pones en un paréntesis de unos cuantos meses y vuelves a ver en el otoño. Aunque por ser sincero, con honrosas excepciones en general les importa poco lo que has hecho en ese tiempo, y predomina el desinterés por las anécdotas o las conclusiones de la experiencia. Cuesta acostumbrarse a que les interese más a los desconocidos que te siguen en el blog que a tu familia, pero es una percepción que me han transmitido muchos navegantes. Se ve que el  mundillo náutico sólo nos interesa a los que navegamos. Aunque a lo mejor es el signo de los tiempos, en que nadie hila una conversación medianamente larga que no tenga relación directa con lo suyo.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

El podcast de la entrevista en Onda Vasca.

 Hola navegantes.

Por si el domingo no pudisteis escuchar la entrevista con Edu Araujo en directo, sobre nuestra navegación a Londres en el Corto Maltés, aquí está el podcast:

Clic aquí.

Empieza en el minuto  58:30, y dura hasta el 1:31:00. Espero que os sirva.

En las imágenes, cuando estábamos haciéndonos unas fotos y nos salió por el vano del Tower Bridge un  remolcador con contenedores, y la entrada a la marina de Santa Katharine por la esclusa.



 Con cuidado, navegantes.

NOTA: por la renovación de los pantalanes voy a tener que sacar el Corto Maltés de su atraque en Puerto Chico durante unos meses a partir de octubre. Si alguien conoce un atraque disponible para alquiler, de 7 x 2,5 metros, que me lo diga.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Valoración del Tonic 23 para la navegación a Londres.

 Hola navegantes.

En la navegación a Londres el Corto Maltés ha vuelto a dar la talla, como en las anteriores. En el mar nos han sorprendido vientos de hasta fuerza 6 que hemos manejado bien con la mayor rizada y el tormentín, olas de más de 2 metros, y hemos vuelto a comprobar que cuando nosotros no salíamos del puerto por temporal tampoco lo hacían los barcos mayores,  como nuestros vecinos de pantalán en Boulogne sur Mer, de 12 o 15 metros de eslora.

Con relación a la fuerza del viento hay que tener en cuenta un detalle importante. El viento meteorológico se refiere siempre al que hay a una altura de 10 metros sobre el agua, más o menos la altura del mástil del Corto Maltés. Y el viento allí arriba suele ser un tercio más fuerte que en la cubierta. Yo no llevo anemómetro en la punta del mástil y tengo sólo uno manual que utilizo, lógicamente, en la cubierta. Si aquí abajo me marca fuerza 5 significa que el real es 6-7, hablando siempre del viento aparente.

La orza abatible nos ha permitido meternos por ríos maravillosos que calaban un  metro, y por canales con 1,1 metros, que con otro velero no habríamos podido conocer, ni habríamos podido atajar el Finisterre francés por los canales de Bretaña. En la foto, remontando el Río Aff, que ni siquiera salía en la Guía Imray:

 

 Por otra parte, la orza abatible nos hubiera puesto fácil la vuelta a Santander en un camión cuando desertó un tripulante y ya dábamos el viaje por abortado. El Corto Maltés pesa unos 1500 kg cargado, se puede sacar con la pluma de un camión pequeño sin necesidad de travelift, y se puede calzar con neumáticos en la plataforma plana de cualquier camión. Con un barco más grande la solución más realista, en caso de no poder seguir, habría sido dejar el barco en Granville un año y traerle a casa en las siguientes vacaciones.

El pequeño tamaño del Corto Maltés nos ha permitido recalar en puertos enanos, donde si no hubiéramos podido entrar tendríamos que haber seguido navegando de noche. En este viaje no hemos tenido problemas para encontrar plaza en ningún puerto, ni siquiera en los de Francia en agosto. Sin embargo, en las gestiones en las capitanías hemos escuchado rechazar a unidades mayores por falta de atraque para su talla.

Antes del viaje renovamos la batería (poniendo una de más capacidad), el panel solar y el cargador de baterías.  Esas mejoras nos han dado una gran confianza en la parte eléctrica, aunque no nos hemos arriesgado a llevar la neverita conectada todo el día, por el temor a que agotase la batería. Hemos seguido utilizando los frigolines durante el día, y el cargador de baterías desde los 220 V del pantalán por la noche. Pero para el clima frío de aquellas latitudes ha sido suficiente.

La convivencia a dos en el velero es fácil, instalándose uno en la cama de proa y otro en la de popa, y reservando para sus cosas uno la banda de babor y otro la de estribor. Incluso en algunas etapas hemos ido tres, sin problemas. En los canales, que no dormimos en marinas, la duchita que instalamos en el baño ha cumplido perfectamente su función (clic aquí). Y en el mar, como intentamos parar en puerto todas las noches, la estiba de alimentos, agua y gasolina que podemos alcanzar (para 2-3 días) ha sido suficiente.

Junto a estas ventajas, no voy a ocultaros los inconvenientes. Esta navegación a Londres la emprendí, entre otras cosas, para valorar la posibilidad de dar la vuelta al Reino Unido otro año. He tenido que descartarlo porque el barco no está preparado para las latitudes frías. Una gran parte del viaje la hemos hecho con una climatología que en Santander sería la de diciembre o enero, donde habitualmente no salimos a navegar. Lluvia incesante y en horizontal que se te mete por la escotilla, frío, viento fuerte, noches heladoras...  Como solíamos dormir en las marinas por suerte teníamos electricidad, y el calefactor nos permitía calentarnos y secar la ropa y el interior del barco. Pero para abordar una circunnavegación  del Reino Unido, donde algunas noches tendríamos que fondear y donde navegaríamos casi por los 60º Norte, tendríamos que instalar calefacción, capota antirociones, etc., que aunque sería posible me parece poco práctico para el resto de navegaciones del año. 

También he empezado a ver los problemas del desgaste del material en un barco tan viejo (35 años ya) que en este viaje se han concretado en rotura o desgaste de las poleas del palo y la botavara y del anclaje de las crucetas, que me han dado algunas noches de insomnio. Para afrontar esa circunnavegación por las latitudes altas tendría que hacer una renovación total de la jarcia, que seguramente haré de todas formas.

Con cuidado, navegantes.

NOTA: por la renovación de los pantalanes voy a tener que sacar el Corto Maltés de su atraque en Puerto Chico durante unos meses a partir de octubre. Si alguien conoce un atraque disponible para alquiler, de 7 x 2,5 metros, que me lo diga.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Entrevista al finalizar la navegación a Londres.

 Hola navegantes.

 Esta noche emite la emisora Onda Vasca una entrevista sobre la terminación de la navegación de Santander a Londres en el Corto Maltés. Será  a las 22 h., durará una media hora,  y podréis escucharla en directo aquí:

 Clic aquí.

Haremos un balance de lo mejor y lo peor del viaje, las anécdotas  más curiosas, los sitios más interesantes que hemos recorrido, y nuestras conclusiones personales de la experiencia de navegar tan lejos en un barco tan pequeño. Espero que os interese y os sirva para organizar vuestras propias navegaciones.

En la foto, el Corto Maltés en un mar de espuma dentro del puerto de Boulogne Sur Mer, donde estuvimos retenidos 5 días, cuando fuera soplaba un temporal de fuerza 7-8, una de las imágenes más curiosas del viaje.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Un pequeño balance de la navegación a Londres.

 Hola navegantes.

Aquí va un pequeño balance de esta navegación:

Tiempo empleado: 93 días (1 de junio a 1 de septiembre).

Millas navegadas: 2.074.

Millas en ríos y canales: 353.

Esclusas atravesadas: 131.

Ríos por los que hemos navegado: 8.

Pernoctaciones en marinas: 65 (70% de los días).

Coste por persona y mes: 925 euros. Es más que en viajes anteriores por el coste de la vida en Francia y sobre todo en Inglaterra, y por incluir una semana de vacaciones en Londres.

Coste de las marinas: desde 11 € (Redon) a 92 € (South Dock) por noche, para un barco de seis metros. En Inglaterra los precios son desorbitados.

Consumo de gasolina: 312 litros. Ello supone que nos hemos ayudado con el motor, sólo o en combinación con las velas, el 22% del recorrido por mar (no cuento los ríos y canales, que deben hacerse obligatoriamente a motor).

 Número de operaciones de bricolaje, reparaciones y mantenimiento: 34.

Lo mejor: conseguir llegar a Londres, lo que parecía una utopía cuando salimos. Haber escapado a los principales escollos que nos esperábamos: la entrada en el Reino Unido por el Brexit, las algas en los canales, y las orcas en el Golfo de Vizcaya. Haber desmitificado el cruce del Canal de la Mancha, que hicimos sin radar y sin AIS, sin ninguna sensación de peligro. Haber descubierto los ríos y canales de Bretaña, especialmente el Río Aff y el Bassin de Bazouges ("el pequeño Vietnam") donde realmente te sentías teletransportado a un río de Asia, navegando por el interior de la selva.

Lo peor: en primer lugar lo que ya sabéis. En segundo, la meteorología horrible, incluyendo 10 días inmovilizados en puerto por temporales. Y en tercero, la decepción del Río Támesis, absolutamente feo e industrializado, nada que ver con los ríos navegables de Francia.

A continuación una comparativa con otros viajes anteriores: 

La valoración del Tonic 23 para este viaje y mis reflexiones personales las dejaré para otro día. 

Con cuidado, navegantes.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Hogar, dulce hogar (+21 = 2.074 millas).

 Hola navegantes.

Hoy sí, hoy damos por terminada la navegación a Londres con la vuelta del Corto Maltés a Puerto Chico. Después de conseguir dormir algo pese al chunda chunda de los bares del puerto, salimos Lucas y yo de Laredo a las 9 h, y se cumplió el pronóstico. Una mañana sin apenas viento, hasta el Cabo de Ajo, y a partir de allí un vientecito del Norte al Nordeste que nos permitió llegar a Santander con el espí.

La primera parte, a motor, nos permitió comprobar que el fueraborda va flaman, y la segunda parte, con el espí, nos permitió relajarnos para disfrutar de la entrada a nuestra bahía, que abandonamos hace 3 meses. No es por chovinismo, pero os prometo que en todo el viaje no he visto un paisaje tan bonito y relajante como este de Santander, aunque hay que reconocer que todo acompañaba para que la bahía estuviera preciosa: el cielo casi sin nubes, el mar azul y lleno de perlitas, la arena del Puntal y las montañas del fondo, y un sol resplandeciente como un as de oros. 

Una vuelta proclive a las filosofadas. ¡Quién nos iba a decir hace 3 meses, cuando salimos de esta misma bahía con dirección al Este, que llegaríamos a Londres con este "velerito" (como le llamaban en las esclusas de Bretaña) y teniendo que superar tantos obstáculos derivados de la inmadurez humana y de la meteorología!. Pero eso lo dejo para otro día. Mañana haré una evaluación y resumen del viaje, y otro día os contaré mis propias conclusiones personales, pero eso cuando lo haya reposado un poco.

En la entrada de la bahía nos estaba esperando mi amigo David ("The low cost sailor") con su velero, el Sayme, quien nos hizo una fotos para inmortalizar el momento.


Y en la entrada de Puerto Chico otro seguidor del blog, Víctor, que nos las hizo más de cerca. Gracias a los dos.


 Con cuidado, navegantes.

jueves, 31 de agosto de 2023

La vuelta definitiva a Santander.

 Hola navegantes.

Esta tarde me entregan el fueraborda reparado, dormiré en el barco en Laredo con mi hijo Lucas, y mañana llevaremos el Corto Maltés a Santander. Será el final definitivo de la navegación a Londres, porque nuestra vuelta anticipada por carretera no cuenta hasta que esté el verdadero protagonista en su cuadra de Puerto Chico, que ahora se ve tan vacía:

El Puerto Deportivo de Laredo nos ha tratado de lujo en estos días de inmovilización forzada. Saldremos de aquí temprano. El pronóstico es antes del Cabo de Ajo de fuerza 1 y dirección variable (habrá que ir a motor) y por la tarde, y después del Cabo de Ajo, del Norte al Nordeste de fuerza 2-3, magnífico para hacer la segunda mitad de la travesía con vientos portantes.  Y todo el tiempo con sol y olitas de un metro. Esperamos llegar a Santander a primera hora de la tarde, pero lo iréis viendo mejor en el trak de la baliza (en la columna derecha, "¿Dónde estamos?"). A ver si cerramos este capítulo con normalidad.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 30 de agosto de 2023

Un bonito y entrañable regalo.

Hola navegantes.

Mi amiga y pintora acuarelista Mayte García Silva  me ha regalado una acuarela de cuando navegamos con el Corto Maltés bajo el Tower Bridge. ¡Que detallazo!. Esta mujer va a estar en mi cabeza toda la vida, porque pienso enmarcarla y colocarla en un lugar privilegiado de mi despacho. La comparto con vosotros:

 Irá junto a mis otros recuerdos emocionantes de las navegaciones con este barquito, como en el Canal de Midi a punto de finalizar la vuelta a España:

 

La llegada a Santander después de conseguir completar la vuelta a España:

En Arcachon:

Abarloado al Joshua, de Moitessier:

En Portoferraio, en la Isla de Elba:

Bajo la Torre Eiffel: 

En la laguna de Venecia:

En las lagunas de Mantova, en pleno corazón de de Italia:

O más recientemente en Normandía, en el Arco de Etretat, también recogido en una acuarela de Mayte:

Y hasta en los malos momentos, como cuando se le clavó la pata del remolque y casi tuvimos que anular la navegación a Elba:

¡Cuántos recuerdos emocionantes!. 

Con cuidado, navegantes.

martes, 29 de agosto de 2023

Las primeras etapas vistas por mi tripulante.

 Hola navegantes.

El Corto  Maltés sigue apalancado el Laredo a la espera de solucionar la avería del fueraborda. De momento el motor está ya en las manos profesionales de Marina Montañesa, el taller oficial de Mercury en Laredo, y espero tenerlo arreglado el miércoles o el jueves, o sea que la vuelta a Santander será el jueves 31 o el viernes 1. El viaje habrá durado, entonces, tres meses redondos: del 1 de junio al 31 de agosto. Dentro de lo malo, ha sido una suerte que la avería ocurriera aquí, tan cerca de casa y con un taller oficial en la misma marina. Se puede aplicar lo que le dijo el médico a uno que había recibido un disparo en la cabeza: "ha recibido usted el balazo en el  mejor sitio que tiene el cerebro para alojar una bala". Siempre optimistas.

Mientras tanto, aquí podéis leer el relato de las primeras etapas del viaje contado por mi tripulante, Miguel Cabero. Incluye de Santander a Nantes, y lo ha publicado en su blog:

Clic aquí.

Aparte de recordar las etapas más  positivas y favorables, antes de los temporales y la deserción de Bartomeu, que gafaron el viaje, podréis ver que Miguel es un gran escritor, e incluso está haciendo sus pinitos en la publicación de un libro histórico.  Creo que os va a entretener leer lo mismo que os conté yo, pero visto por el segundo barba-navegante a bordo. Para el recuerdo, deciros que en esa travesía falleció su perro Cody, sin poder estar en casa para despedirlo. En la siguiente, el instante detenido de nuestra llegada al Pontón Belem, en pleno centro de Nantes y completamente vacío de barcos en pleno verano. La navegación fluvial es la gran desconocida.

 

Con cuidado, navegantes,

domingo, 27 de agosto de 2023

Una vuelta nada gloriosa (+7 = 2.053 milas).

 Hola navegantes.

Ante la inminencia de 4 días en que sería muy difícil avanzar hacia el Oeste por los vientos contrarios, hoy habíamos decidido, no sin muchas dudas, intentar llegar a Santander. El pronóstico era de vientos del Noroeste (justo de cara hasta el Cabo de Ajo, y luego por el través) de hasta fuerza 5-6, con olas de hasta 1,8 metros y chubascos permanentes. Los chubascos ya los habíamos experimentado durante toda la noche, y realmente parecía que caían cascadas del cielo. Pues al ir a arrancar el fueraborda pasó como ayer en Plenzia, que se calaba o se negaba a arrancar. Estuvimos una hora y media aplicando nuestros escasos conocimientos de mecánica para intentar resolverlo (cambiar la bujía y el chiclé, comprobar la chispa en la pipa de la bujía, comprobar la llegada de gasolina al carburador, revisar el desconectador de "hombre al agua", etc), todo ello bajo la lluvia, sin resultado.

En esas circunstancias apareció por el pantalán un chico con una camiseta que parecía de un taller mecánico, y le preguntamos. Resultó ser un francés que estaba de tránsito en un velero, como nosotros, pero se enrolló y nos pidió que le enseñáramos qué pasaba. Sorprendentemente, con él delante, arrancó a la primera. Sin creernos nuestra buena suerte decidimos salir, aunque ya con mucho retraso.

Ya fuera del puerto nos encontramos las condiciones esperadas, y con la mayor en el primer rizo y el motor avanzábamos entre 3 y 4 nudos, dando pantocazos. Pero antes de terminar de contornear el Monte Buciero el motor volvió a pararse. Entonces hice lo que todo hombre con sentido debe hacer en estos casos: reflexionar. Y la conclusión fue que con aquel viento de cara y sin motor no llegaríamos a Santander, y decidimos volver a Laredo.


La vuelta la hicimos sólo con el génova, y llamé a la marina para preguntar si, una vez dentro del puerto (donde entraría a vela) ellos podían darme un remolque hasta el pantalán (unos 50 metros). La respuesta ya la suponéis, negativa. No tienen ese servicio. Lo más que podían ayudarme era dándome un pantalán sin fingers, para que me fuera más fácil amarrar. Sin otra opción arrumbamos para el interior del puerto.

Antes de llegar decidí probar suerte y el motor arrancó, lo que nos permitió llegar por nuestros medios a la misma plaza que acabábamos de abandonar dos horas antes.

Ya no nos pareció prudente intentarlo de nuevo, y hemos dejado el barco en Laredo a la espera de resolver allí esa avería, que probablemente no sea más que suciedad en el carburador. Vinieron a buscarnos Ana y mi hijo Lucas en el coche, y hemos vuelto a Santander por la autopista en vez de por el mar. Como dije en el título, una vuelta nada gloriosa.

Pensando en lo positivo, a lo mejor esta avería nos ha evitado un accidente mayor con esa meteorología y con la reparación que hicimos en la cruceta de babor, y la vuelta a Santander por el mar ser habrá retrasado sólo unos días. Y hubiera sido mucho peor cuando nos pasó lo mismo en Boulogne Sur Mer, que después de los 5 días encerrados por el temporal, y con una etapa por delante de 165 millas hasta Cherburgo, también se negó a arrancar.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 26 de agosto de 2023

Un penúltimo día muy mojado (+22 = 2.046 millas).

 Hola navegantes.

Hoy íbamos a salir temprano de Plenzia para dejar libre el sitio de la grúa, pero el motor no quería arrancar y tardamos más de media hora, bajo la lluvia, en conseguirlo. Por suerte no había nadie esperando para usarla.

La marea estaba más alta que ayer y salimos por el río sin problemas. Más tarde cruzamos el carril de entrada y salida de los mercantes del superpuerto de Bilbao bajo una niebla espesa de las de cortar con cuchillo, pero por suerte hoy había poco tráfico y creo que no nos cruzamos nada más que con uno (igual fueron más y no los vimos).

Y luego siguió un día lóbrego y una navegación desesperante con un viento moribundo, insuficiente para hacer andar al velero, y casi todo el tiempo bajo la lluvia. Nos hemos quedado en Laredo según lo previsto, aunque si hubiera habido suficiente viento estábamos decididos a seguir hoy hasta Santander. No pudo ser y llegaremos mañana. 

Pero todo apunta a que será un día tan lóbrego como hoy aunque con más viento, pero siempre del NW  y cargado de lluvia. Un horror para terminar este viaje a Londres, como si se nos hubiera enganchado en el timón la meteorología británica para no dejarnos olvidar sus características pecaminosas. Porque sólo puede llamarse un pecado el tiempo que padecimos por allí arriba, y que parece que quiere perseguirnos. Hasta ayer estaba esta costa, como toda España, con ola de calor, y llegamos nosotros y parece que estamos en invierno.

En fin, la tarde ha sido de descanso y de preparar los reencuentros, y de empaparnos paseando por Laredo, a pesar de los paraguas. Y a partir de mañana a madurar todo en la cabeza y a empezar a elucubrar sobre el siguiente reto. 

Hoy me despido con el protagonista con la obra muerta tan mojada como la obra viva, en su última noche fuera de casa. Si, ya sé que está un poco guarrete, pero es lo que tiene hacerle millas.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 25 de agosto de 2023

Una sorpresa en Plenzia (+34 = 2.024 millas).

 Hola navegantes. 

Después de la jornada familiar de ayer, hoy salimos de Motriku con intención de llegar a Santurce. Fue una jornada de vela regular, con un viento variable en dirección e intensidad, pero predominantemente flojo y del Noroeste (o sea, de cara), lo que nos obligó a tirar muchas veces del motor. Y encima lloviendo. 

Al final de la tarde, viendo que íbamos a llegar a Santurce de noche, decidimos quedarnos en Plenzia. Es un puerto pequeño cerca de la desembocadura del Río Butrón, con muy poco calado, y sin una marina deportiva. Los barcos locales se quedan amarrados a boyas en el río, y los de tránsito suelen fondear en la playa. Yo he entrado algunas veces con el Corto Maltés, con la orza y el timón subidos, quedándome en el muelle bajo la grúa y, por supuesto, saliendo el día siguiente antes de que comience su trabajo. Es un sitio muy difícil para quedarse, porque apenas hay sitio para la maniobra, la pared del muelle tiene vigas verticales (las defensas se meten entre ellas y acabas dando con el casco, por eso hay que poner el tablón sobre las defensas), y tiene una zapata de hormigón en la parte baja del muro, donde puedes tocar en bajamar.

Hoy nos hemos encontrado la entrada del río más colmatada de arena que otras veces. Ya en el puerto nos llevamos la sorpresa de que una cara conocida nos ofreció su ayuda para amarrar. Era Luis Espejo, mi compañero de la vuelta a España en 2012, que estaba de paso en Plenzia. Una casualidad increíble. A los dos se nos puso cara de viento en popa, porque recordamos a la vez, sin necesidad de palabras, nuestro paso por Plenzia al final de aquella vuelta a España. Llevábamos 3 meses en el mar, nos faltaban solo uno o dos días para llegar a casa, como ahora, inflados por la satisfacción de conseguirlo, y eso no se olvida. Un chico que nos vio desembarcar nos preguntó si éramos náufragos, porque veníamos muy flacos, con la ropa de estameña descolorida por el sol, y con barba de tres meses. Lo conté aquí:

Clic aquí.

 Es curioso tener esa misma sensación de plenitud por conseguir llegar a Londres (y lo que es más importante, volver) y compartirla con el que la disfruté la vez anterior. Hemos cenado juntos agitando el sonajero para recordar nuestras batallitas, dando la brasa con ellas a Mario y Esmeralda.

Mañana seguiremos hacia Laredo, y seguramente el domingo lleguemos a Santander.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 23 de agosto de 2023

Una navegación tranquila (+ 31= 1.989 millas).

 Hola navegantes.

Hoy hemos hecho una tranquila navegación por Euskadi, entre Hondarribia y Motriku. Y mañana descansaremos aquí, Mario va a visitar a un antiguo amigo y yo recibiré a Ana y a la familia de mi hijo Pablo.

Por el camino hice los nudos de la línea de vida nueva. Es un cabo flotante (para que no se trabe con la hélice) y le hago un nudo cada uno o dos metros para que no se te escape de las manos y sea más fácil alcanzar el barco si te caes. Además de color naranja para que se vea bien. El cabo mide 30 metros, y a la velocidad de 3-5 nudos que solemos navegar, tienes entre 13 y 23 segundos para agarrarte a ella.


Expliqué los detalles aquí:

Clic aquí.

También he cambiado la bandera, que la anterior se pasaba de solera. Lleva a cuestas el desgaste de toda la navegación a Londres y la guardaré de recuerdo.



Esta tarde he quedado con Edu Araujo, de Onda Vasca, para una entrevista resumen de la navegación a Londres. Cuando sepa la fecha de emisión os lo diré. Y hoy me despido desde el bonito puerto de Motriku:


donde, como curiosidad, hemos visto que ya pueden atracar fuera del agua hasta las motoras. Se suben en unos flotadores de plástico rígido para que no se ensucie la obra viva, y no tener que darle patente. Si inventó para las motos de agua, pero se va extendiendo.

Con cuidado, navegantes.

martes, 22 de agosto de 2023

Ya en España (+ 144 = 1.958 millas).

 Hola navegantes. 

Ayer y hoy hemos descendido Las Landas y hemos vuelto a España, recalando en Hondarribia. Han sido 144 millas, hechas casi la totalidad a vela con un viento muy favorable del Oeste al Noroeste que nos permitió hacer casi todo el recorrido con el espí. Por cierto, la ñapa para izarlo con el amantillo de la mayor está funcionando bien, y lo único es que tardamos más en establecerlo (unos 40 minutos). Pero eso en la navegación de crucero da igual, cuando tienes por delante varias horas de navegación en la que esa vela te"regala" un nudo de velocidad.

Al pasar frente a Arcachon contacté con el Faro de Cap Ferret y me confirmaron que hoy no había ejercicios de tiro. Ha sido raro poder descender por esta costa con aguas libres, sin tener que esquivar las coordenadas de los militares.

Cuando empezamos las guardias de la noche dejamos sólo el génova y establecimos las rastras por la popa para estabilizar el rumbo. Hacía un viento de fuerza 4-5 por la aleta, con olas de metro y medio, y esta disposición de velas en proa y freno en la popa, con la orza subida, le da mucha estabilidad al rumbo y le quita trabajo al piloto automático. A eso de las 3 de la madrugada el viento cayó, y acabamos la noche con la mayor y el génova y el viento por el través.

Durante la noche tuvimos dos incidentes pero sin importancia. Por un lado se rompió la línea de vida de arrastre, esa que siempre llevo por si alguien se cae al agua. Supongo que se trabó en la hélice al retirar las rastras.

Y por otro lado se rompió la polea de acero inoxidable de la trapa. Parece mentira las tensiones que aguanta el aparejo de una vela. Son dos cosas a resolver hoy.

Mañana haremos una etapa corta hasta Guetaria para descansar de la paliza de estos dos días, y porque además tengo una cita allí con Ana y con la familia de mi hijo Pablo, para pasar un día juntos, que hace meses que no nos vemos. Me hace rarísimo estar de nuevo en España, hablar con las marinas en español y volver a ver nuestras costumbres.

Y esto se acaba. En pocos días llegaremos a Santander, de donde salimos hace ya 3 meses. Es bonito volver cargado de tantas experiencias nuevas.  Incluso las negativas, esas que te hacen crecerlo todo en un instante y que ponen a prueba tu intelecto (como la deserción de Bartomeu por un simple mareo, al que sin duda se sumó un ataque de pánico al ver lo que se avecinaba, el Raz Blanchard y el canal de la Mancha) te aportan algo. Te hacen reflexionar sobre las flaquezas  del género humano, y en este caso, además, me sirvió para ganar un amigo, Luis Palma, que vale mucho más que el que pierdo.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 21 de agosto de 2023

Por fin a vela, y a toda caña (+37 = 1.814 millas).

 Hola navegantes.

Los tres últimos días de calma chicha y navegación a motor han sido, tras la deserción de Batomeu y el confinamiento en Boulogne por el temporal, el peor recuerdo de este viaje. Pero parece que ya se ha acabado la mala racha, y ayer vinimos navegando a vela en modo rodeo hasta Port Médoc, a una velocidad endiablada. Desde la salida de La Cotinière nos agarró un viento primero de fuerza 2-3, y al final del día de fuerza 4-5, primero del Nordeste y luego del Noroeste, que nos entraba por la aleta y nos permitía navegar a más de 5 nudos. Y en la entrada del Garona, con la marea a favor, hasta a más de 9 nudos (la mejor captura de pantalla que saqué fue ésta de 8,8 nudos, y los 9 y pico os los tendréis que creer).

Además hemos probado el invento del espí, y con el viento por la aleta de fuerza 2-3 va perfectamente. Lo llevamos izado casi dos horas. No hemos querido probarlo con vientos más fuertes o por el través para no forzar el palo, pero por lo menos las ventolinas nos las va a resolver.

La entrada al estuario del Garona la hicimos por el Sur del faro de Cardouan. La entrada por el Norte era más corta en millas, pero nos hubiéramos encontrado la corriente de marea en contra, y el famoso efecto de viento contra corriente (el viento del Oeste y la corriente descendente hacia el mar) que genera olas picudas y rompientes, y habría sido más incómodo y más largo en tiempo. Por el contrario, al llegar al Sur del faro de Cardouan dos horas más tarde, la corriente se había invertido (ya había empezado a subir la marea) y nos empujaba hacia dentro a casi dos nudos. Y además pudimos navegar por encima de los bajos arenosos a rumbo directo.

Dedicamos la tarde a descansar para la etapa de hoy y a recorrer un poco el pueblo en la bici. Tiene una zona que llaman "puerto viejo de ostras" que es una especie de canal con el agua marrón, y en su orilla una fila de casetas, y barcas abandonadas.




En su día se cultivaban ostras, entrando allí el agua desde el estuario del Garona por un canal de 2 km. Las ostras se exportaban a todo el país. Pero en los años 70 la contaminación por cadmio del agua puso fin a ese cultivo y la zona se abandonó. Más adelante el Ayuntamiento decidió recuperarla, y las antiguas casetas de pescadores hoy son chiringuitos con terrazas encima de esas aguas estancadas, y estudios de fotografía, pintores, escultores y otros artesanos. También se organizan conciertos y actos culturales.

Nosotros vamos a iniciar hoy el descenso de Las Landas, con pronóstico de viento muy favorable (flojo y del Oeste al Noroeste) y sin ejercicios de tiro. Muy posiblemente no entremos en Arcachon (llegaríamos de noche y no está permitido) y navegaremos de noche para llegar mañana a algún puerto francés o español de la esquina del golfo de Vizcaya. Me parece mentira estar ya tan cerca de España y de casa.  Así que hoy posiblemente no tengáis noticias de nosotros porque no habrá cobertura, pero podréis seguirnos, como siempre, por la posición que manda la baliza, en la columna derecha de este blog (apartado "dónde estamos"). 

Con cuidado, navegantes.

domingo, 20 de agosto de 2023

Otra motorada (+44 = 1.778 millas).

Hola navegantes.

De ayer hay poco que contar, salvo que fue la tercera motorada seguida. Seguimos sin viento y vinimos a La Cotinière, en la costa Oeste e la isla de Oléron, casi todo el tiempo "a la francesa". 

Sólo salió viento cuando faltaba media hora para la llegada. Y allí las olas de mar de fondo Noroeste, procedentes seguramente del temporal de ayer en Bretaña, al encontrar los fondos someros de la isla, crecieron casi hasta dos metros.

 Pues justo a la entrada del puerto, con ese viento del noroeste y una corriente hacia el Sur de un nudo, y esas olas, pillamos un palangre mal señalizado. Sólo estaba marcado con corchera blanca del tamaño de una bola de billar. Por suerte lo pillamos con el timón y no con la hélice, porque sacar el fueraborda en esas condiciones para destrabarlo habría supuesto derivar hacia el Sur, y luego tener que recuperar el tramo perdido contra en viento y la corriente. Del timón lo quitamos fácilmente con el bichero.

Y el puerto, que a la ida estaba vacío, ahora estaba invadido por el turismo de playa y restaurante. El pantalán de tránsito estaba ocupado por dos dragas, y nos quedamos abarloados a una motora de pescadores.

O sea, todo regular. Hoy intentaremos llegar al estuario del Garona, y posteriormente bajar a España por Las Landas. Por suerte no hay anunciados ejercicios de tiro para la próxima semana.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 19 de agosto de 2023

Otro día de motor (+47 = 1.734 millas).

 Hola navegantes. 

Por desgracia ayer fue otro día de poquísimo viento, y nos hemos tenido que hacer toda la etapa hasta Les Sables d'Olonne (47 millas) apoyando a las velas con el motor para crear viento aparente. Un rollo. Sólo a la hora de comer le apagamos un poco, pero por dejar de oírle, no porque hubiera aumentado el viento.

Por buscar algo bueno, el poco viento nos permitió diseñar la forma de utilizar el espí con el amantillo de la mayor. En primer lugar hemos dado la vuelta al cabo del amantillo para que salga de la polea por la proa del palo en vez de por la popa. Y en segundo lugar, hemos limitado con un cabito la ascensión del puño de driza del espí, de modo que no llegue a la perilla del palo. Este simple cabo, que es la misma driza del espí que tuve que sacar porque se liaba con el enrollador, se ata por un extremo al puño de driza, y el otro se lleva al cáncamo del tangón. Este cabo limitador cumple 3 funciones:

1. Evitar que se desgarre la tela del espí al izarlo con el winchi, ya que el amantillo no tiene un tope al izado.

2. Evitar que el punto de tiro esté por encima de los obenques altos, lo que con viento fuerte podría partir el palo. 

3) Limitar la capacidad de "volar" el espí apartándose del palo, como pasaría si el amantillo, que ahora es la driza, fuera directamente a la perilla del palo.

 Parece difícil de entender pero se comprende al ver la foto (clic encima para verla mejor):


Estoy casi seguro que para vientos de popa o por la aleta nos va a servir, pero no lo tengo tan claro si viene por el través. Y por supuesto no lo pondré con vientos duros para no forzar la flexión del palo.

Hoy ha amanecido lloviendo. Nuestra intención es llegar a La Cotiniere.

Con cuidado, navegantes.

NOTA: debido al gran número de personas que se han suscrito a este blog, resulta que agoto el número de correos electrónicos disponibles a mitad de mes. Es posible que los últimos días de cada mes no os lleguen las entradas ni los comentarios a vuestro correo electrónico, y tengáis que entrar directamente al blog.

viernes, 18 de agosto de 2023

¡Qué chasco, más motor! (+37 = 1.687 millas).

 Hola navegantes.

Ayer despedimos a Ana, que se volvía a Santander en BlaBlaCar y autobús, y Mario y yo seguimos hacia España. Salimos del río Vilaine por su megaesclusa, con otros 15 o 20 barcos.



Primero hay que darse unas vueltas por delante de la esclusa para que el esclusero sepa el número de barcos, y pueda anunciar en unos carteles luminosos cuánto tiempo va a estar cortada la carretera al levantar el puente.



Todas las instrucciones las va dando el esclusero por el canal 11, que es sólo de escucha,  y luego dentro de la esclusa por el viejo sistema de la voz en grito.

Al salir al Río Vilaine no embalsado nos cogió la corriente de la marea vaciante, y con la mayor y el motor bajábamos a 7 nudos.

Lo malo, que el viento siguió de vacaciones y tuvimos que hacer toda la etapa a motor. Después de tantos días escuchando a mi querido enemigo por los canales, el primer día de mar, que estábamos deseando navegar a vela y en silencio, se ha resumido en otras ocho horas de escándalo. Y encima hemos pasado bruscamente del frío de Inglaterra a este calor tórrido tan difícil de soportar.

Nos hemos quedado en el puerto de L'Herbaudière, al Norte de la isla de Noirmoutier. Como estamos en agosto los puertos están muy llenos, y concretamente en éste han colocado a los barcos abarloados en dos filas en la punta de los pantalanes, donde normalmente no atraca nadie. Los pasillos quedan estrechísimos, y eso le da un aspecto curioso al puerto.

Mañana seguiremos hacia el Sur, por desgracia en otra jornada de poco viento.

Con cuidado, navegantes.

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jueves, 17 de agosto de 2023

Sorpresas negativas al arbolar (+8= 1.650 millas).

 Hola navegantes.

Ayer arbolamos en Folleux con dos desagradables sorpresas, que han resultado en dos inconvenientes para nuestra navegación inmediata.

La primera, que al revisar la jarcia antes de levantar el palo vimos que los remaches de una cruceta tenían holgura, un desgaste que puede terminar con que se cae el palo. A mí no me gusta hacer grandes intervenciones en los viajes, porque el más pequeño inconveniente se traduce en esperas y dilaciones que te echan a perder toda tu planificación. Y es lo que me ha pasado hoy. Estuve dudando mucho si cambiar los remaches o no, y decidí que sí porque creía tener todo lo necesario, y era una oportunidad única al tener el palo tumbado. Quité los dos remaches que estaban peor, con la sorpresa de que el agujero era demasiado ancho para los remaches que tenía, que no agarraban. Busqué en el único taller de la zona y tampoco tenía remaches de ese diámetro, asegurándome que en todos los puertos del río Vilaine no los encontraría. Me ayudaron a fijar los remaches más grandes que tenían (que todavía eran pequeños para el agujero) con una resina de poliuretano, y espero que la reparación dure hasta Santander.

Si alguien conoce un sistema para sustituir un remache cuando el agujero es muy grande, que me lo diga.

La segunda, que el cambio de poleas que hice para la driza del espí no ha funcionado. Como me temía, la driza se trababa con el enrollador y me inutilizaba tanto el espí como el Génova. Como el palo ya estaba arbolado no me quedó más remedio que sacar la driza del espí para por lo menos tener el Génova.  La conclusión, que ya no dispongo de esa vela, que me hace ganar un nudo o uno y medio. Tengo la ilusión de poder izar el espí con el amantillo de la mayor, que va al tope del palo en vez de encima del estay, pero no estoy seguro de poder.

Estuvimos toda la mañana y una parte de la tarde resolviendo estos problemas, y colocando todo en el barco para la navegación a vela. A media tarde recogimos a Mario en un pueblo de mitad del Río, La Roche Bernard, y dormimos en Arzal justo al lado de la presa. Hoy pasaremos la esclusa en la apertura de las 9, y empezaremos el recorrido hacia el Sur por el mar.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Ganas de volver al mar ... y a casa (+25= 1.642 millas).

 Hola navegantes.

Ayer dividimos la etapa en dos. La primera hasta Redon, recorriendo los dos mismos ríos que al ir a La Gacilly. Antes de comer estábamos en Redon, pero ayer era festivo en Francia y estaba todo cerrado, hasta los restaurantes. En el único que vimos abierto tardaron casi tres cuartos de hora en servirnos y estábamos de los nervios. Porque en el pantalán de espera de Redon había pedido permiso para estar una hora u hora y media (lo justo para comprar gasolina y comer) y al final fueron más de tres.

Por la tarde vinimos a Folleux, donde hoy a primera hora vamos a arbolar. Nos quedamos en el mismo muelle bajo la grúa, cogimos la electricidad de su cabina, y dedicamos media tarde a prepararlo todo y limpiar la suciedad acumulada en los canales, especialmente en las amarras, las defensas, y la tabla que ponemos sobre ellas. Los que crean que la vela es ir de fondeo en fondeo con una piña colada que piensen en la operación Mistol al salir de las esclusas:



Y todavía queda la operación Mistol con el barco entero, pero eso se queda para un muelle que tenga manguera.

Hoy, después de arbolar, recogeremos a Mario, que se incorpora de nuevo a la tripulación, y mañana me despido de Ana, que se vuelve a Santander en autobús. Es la última despedida antes de reencontrarnos en Santander, y siempre tiene algo de especial. Voy notando el cansancio de tres meses seguidos en el barco, y estaré deseando llegar a casa.

 Pero esto no ha terminado. Aún nos quedan dos semanas de navegación por el Golfo de Vizcaya, que este año tiene una preocupación añadida, las orcas. En efecto, esas que muerden los timones y que ya hay hundido 4 o 5 barcos y averiado a decenas de ellos, se han desplazado de sus zonas habituales. Todos los años estaban entre el Estrecho de Gibraltar, Portugal y Galicia, y este verano ya han atacado a dos veleros frente a Ondarroa y a Zumaia, por donde evidentemente tenemos que pasar nosotros para llegar a Santander. No hay forma de relajarse.

Ahora está amaneciendo y el cielo que veo por el tambucho encima de mi cama es del color de las alas de una mosca, y estoy cruzando los dedos para no tener que arbolar bajo la lluvia. Ya os contaré.

Con cuidado, navegantes.