Estamos realizando un viaje turístico por Albania, y aprovecho para contaros algunas de las curiosidades del mundo náutico que estamos viendo por aquí.
La base de submarinos de Porto Palermo es una instalación militar construida durante la época comunista, bajo el despotado de Enver Hoxha. Se ubica en una bahía cerca de la ciudad de Himara, y fue pensada como un refugio protegido para submarinos en caso de un conflicto. Además servía de astillero de reparaciones. Consiste en un túnel a nivel del agua, que atraviesa una montaña de lado a lado y tiene salida por ambos extremos, una al Mar Adriático y la otra al Golfo de Palermo.
Allí se albergaban y reparaban los submarinos albaneses, que fueron donados por China después de haber sido fabricados en la Unión Soviética. El apoyo técnico y para las reparaciones lo daba China. Cuando se rompieron los lazos políticos en 1961, la Armada Soviética retiró ocho submarinos de la base, pero dejó cuatro, que pasaron a control albanés. Actualmente Albania no tiene ningún submarino y la base está cerrada. No se puede visitar, y solo se ve su impresionante entrada desde la carretera.
De momento no se le ha dado otro uso. Otra curiosidad es un antiguo transbordador que une las dos orillas de un brazo de mar que comunica el Adriático con el lago Ksamil, al sur de Albania.
Es una simple plataforma flotante, que admite pasajeros y coches, y que no tiene motor propio. Se desplaza de una orilla a otra por la tracción de un cable de acero como el de los ascensores.
El cable queda siempre atravesado sobre el agua y ha hecho imposible entrar navegando al interior del lago. No sé si en su día, cuando se construyó, los navegantes locales se quejaron, porque les ha impedido el paso a un sitio natural precioso. En el extremo de ese brazo de mar, del lado del lago, hay una península llamada Butrint, con restos arqueológicos muy interesantes de todas las épocas.
A la costa del Adriático la llaman La Riviera albanesa, ¡pero qué más quisieran!. Por mucho ditirambo que hagan en sus folletos turísticos las playas son una porquería comparadas con las nuestras o las de Francia o Italia. En vez de arena son de piedras. En una de ellas vimos muchos montículos de cuatro o cinco pedruscos amontonados, y no sabíamos para lo que eran. Hasta que finalmente lo descubrimos: entre los pedruscos ponen una botella de PVC de 5 litros y meten el palo de la sombrilla por su boca, porque en el suelo pedregoso es imposible de clavar. E imaginaos tumbarse allí con la toalla, es una ejercicio de faquir.
Lo que sí tiene de la Riviera francesa o italiana es el desmadre urbanístico, y todos los pueblos parecen una fotocopia de Benidorm. Una pena.
Con cuidado, navegantes.






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