Así es, hoy salimos de Capretón después de una noche reparadora con destino a España. Aunque la entrada a Capretón se ha hecho famosa por las desgracias y los naufragios que se difunden en Youtube, eso es en los días difíciles, aproximadamente unos 15 al año. La mayor parte de los días la entrada está tranquila como
hoy y se puede salir sin ningún problema.
Su peligrosidad obedece a que enfrente de la costa hay una fosa en el fondo marino de ochenta metros de profundidad, que aboca directamente a la playa en la entrada del puerto. Eso significa que las olas y el mar sufren un empuje impresionante hacia la superficie, y revientan contra las escolleras de la entrada. Se llama la fosa de L'Éperon.
Obviamente la situación empeora en bajamar y por eso solo se puede entrar y salir de Capbretón en las dos horas anteriores o posteriores a la pleamar, una dificultad más para utilizar este puerto como escala en las navegaciones por Las Landas. En mis visitas anteriores siempre me decían que estaban a punto de dragar la entrada del puerto. Esta vez me han dicho que efectivamente la dragaron hace un año, pero que en tan corto plazo de tiempo ha vuelto a encenagarse.
Yo he estado cuatro o cinco veces con el Corto Maltés en Capbretón y sólo una me vi encerrado allí como en una ratonera y no pude salir. Habíamos entrado bien, pero empeoró la meteorología por la noche.
Todo el día ha hecho una brisa flojita procedente del Este que nos ha permitido navegar a rumbo directo hasta Hondarribia en un solo bordo, con pocos ajustes de las velas.
Hacía tanto calor que al llegar a la desembocadura del Bidasoa fondeamos en la playa para un baño. Elegimos la esquina francesa de la playa de Hondarribia, una curiosidad que os conté en otra entrada:
Así este baño nos ha servido de despedida de las aguas francesas. A partir de ahora volvemos a navegar por la costa cantábrica de España, donde yo me siento ya como en mi jardín. Mañana seguiremos tranquilamente nuestra ruta hacia el oeste, y parece que va a ser con ola de calor y con vientos de cara del Oeste. Ojalá se equivoque el pronóstico.
Y me despido con la dibufirma de Hondarribia, este puerto tan acogedor y fiel como una sombra, que siempre me recibe con los brazos abiertos:
Con cuidado, navegantes.


















































