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domingo, 2 de agosto de 2026

Heces rojas.

Hola navegantes. 

 A una pareja que estaba dando la vuelta al mundo le ocurrió una anécdota curiosa. El capitán un día observó sus heces de color rojo. Se puso en lo peor: una hemorragia digestiva debida a una perforación de estómago, un cáncer de colon, o algo similar. Aunque no tenía ningún otro síntoma el color rojo en las heces le pareció que tenía que deberse a algo muy grave. Inicialmente decidió no decir nada a su compañera para no preocuparla. Les quedaban 4.000 millas hasta el próximo puerto y no podían hacer nada. 

 La sospecha de una hemorragia interna es algo muy preocupante, y más en un velero alejado de todo. A mí sólo me ocurrió una vez: uno de mis tripulantes tuvo una hematuria (sangre en la orina) un síntoma muy preocupante que le hizo estar toda la navegación temiendo tener un cáncer de vejiga. No me lo dijo, aun siendo yo médico, para no preocuparme con más cosas de las que ya tenía que preocuparme por nuestra navegación (fue en la navegación a Londres, la más difícil de las que hemos emprendido). Me enteré mucho más tarde. Esperó a consultar a su médico a la vuelta, lo que dice mucho de la madurez y la fortaleza de esa persona. Por suerte se descartó.

 El capitán que os estoy contando, el segundo día de tener las heces rojas reunió todas sus fuerzas para contárselo a su pareja. La reacción de la chica fue sorprendente: se partía de risa. Entonces le contó que a ella le ocurría lo mismo y que se debía a que su dieta en los últimos días fue muy rica en remolacha. Añadían la remolacha a la ensalada, y cuando dejaron de comer remolacha las heces volvieron a su color normal.

 Tener las heces o la orina de color rojo o rosado tras comer remolacha es un proceso normal, inofensivo y temporal. Se debe a los pigmentos naturales de la planta, llamados betacianinas, que el cuerpo no llega a descomponer por completo al digerirla. El pigmento pasa a la sangre y se filtra en los riñones o sigue su curso por el intestino, tiñendo los desechos. El color rojo se va en un par de días, en cuanto dejas de comer remolacha y el cuerpo termina de eliminarla. No le pasa a todo el mundo; sólo un pequeño grupo de personas nota este cambio debido a su tipo de digestión. Es una peculiaridad personal, como el cambio del olor de la orina al comer espárragos. Otros productos, como moras, arándanos, fármacos, colorantes artificiales fuertes, o los niños si han chupado lápices, ceras o plastilina, pueden colorear la heces.

Mi consejo: ser absolutamente sincero con tu compañero de navegación. A veces lo que para ti es algo muy preocupante, visto desde el punto de vista de otra persona se convierte en algo intrascendente, como en este caso. 

Con cuidado navegantes.


sábado, 1 de agosto de 2026

Correr el temporal frenando con el motor.

Hola navegantes. 

 Una de las tácticas más usadas para salvarte de un temporal es correrlo. Consiste en darle la popa y seguir en la misma dirección que llevan el viento y las olas, independientemente de que te apartes de tu rumbo. Os conté los detalles en otra entrada que os recomiendo volver a leer:

 Clic aquí.

 Como os explicaba allí, correr un temporal tiene dos riesgos principales, uno es "pasar por ojo"  o volcar por la proa al pinchar la ola que llevas delante, y el otro es "irse de orzada"  que quiere decir que una ola te desvía la popa, el barco se atraviesa y la siguiente ola te vuelca. 


 Para evitar ambos riesgos es muy conveniente correr el temporal con algo que frene al barco desde la popa, y así mantenga siempre la popa en el eje del viento. Habitualmente se utiliza un ancla de de capa o unas rastras, cuyos detalles os expliqué en la entrada que he citado, así como los problemas y peligros que se pueden derivar de estos sistemas de frenado. 

Unos navegantes franceses estaban cruzando el Atlántico desde la isla de Saint Pierre et Miquelon hasta Francia, cuando le sorprendió un violento temporal de hasta fuerza 9. A bordo iban solo el capitán y su mujer embarazada. Decidieron correrlo, pero las olas les alcanzaban con la fuerza de una avalancha, y cuando una levantaba la popa el capitán se quedaba apoyado en la columna de la rueda del timón como si estuviera acostado encima.  Con las mínimas velas no bajaban de 20 nudos, y cuando el barco cogía la cuesta abajo de una ola en surf, todavía más. Las olas inundaban la bañera, cuyos imbornales no daban abasto para achicarla.

 En una ola especialmente violenta el catamarán se clavó en la ola que le precedía, quedando sumergido medio barco hasta la altura del palo. Estuvieron a punto de pasar por ojo y lógicamente produjo un frenazo como cuando un coche se choca con una pared, los tripulantes salieron rodando como un toro en un rodeo, y el interior del barco se convirtió en un cafarnaún. 

En aquella coctelera que se había convertido el mar al capitán no le pareció prudente mandar a su mujer a la proa a reducir las velas, ni salir de la bañera para establecer el ancla flotante o las rastras por la popa. Entonces se le ocurrió otra manera de frenar el barco: arrancó el motor y lo puso a tope en marcha atrás. A pesar de esta aberración de la mecánica el barco efectivamente se frenó, y pasó a navegar a 10 nudos, lo suficiente para no pinchar a las olas y evitar el riesgo de vuelco por la proa. Cuando todo pasó dijo que aquellas olas en el Atlántico Norte habían sido mucho peores que las que había conocido en el Cabo de Hornos.

Mi consejo: llevar siempre a bordo un ancla de capa y practicar su uso en condiciones no tan apuradas como las descritas. Es bueno enseñar su uso a los nuevos tripulantes, así como el de las rastras. Además las rastras pueden utilizarse no sólo en los temporales sino en los vientos fuertes de popa, para que el barco navegue más estable y evitar trabajo y consumo de energía al piloto automático. Yo a veces he navegado sólo con el espí o el génova tirando de la proa y las rastras frenando la popa, y con la orza subida, y el barco va súper estable, lo que demuestra que en este caso su función principal no es frenar el barco sino estabilizar el rumbo.  Y su uso en las empopadas nos dará práctica y experiencia para usarlas si alguna vez nos sorprende un  temporal.

Con cuidado, navegantes.