Los que dan la vuelta al mundo o hacen largas travesías navegando necesitan una fuente de ingresos para mantenerse. La procedencia es muy variada. Están los que tienen un trabajo que se puede realizar por internet, los que disfrutan de una herencia familiar, los jubilados que disfrutan ya de su pensión, los que han vendido su casa y su patrimonio para comprarse el barco y terminar sus días navegando, y los que necesitan ir buscando trabajo en las escalas. Conocí una familia navegante que llevaba una máquina de coser a bordo para el bricolaje de las velas y los toldos. Pero el origen de la financiación de cada uno suele ser un tema tabú en las conversaciones.
Una de las más graciosas que he conocido es la de hacer caricaturas. Entre 1948 y 1950 Jacques Chegaray dio la vuelta al mundo en barco-stop. En Asia se ganó muy bien la vida haciendo caricaturas de los militares franceses. Se había enterado que su sueldo era más alto que las necesidades para el mantenimiento diario, y decidió aprovechar ese filón.
En Laos se dio cuenta de que su billetera estaba vacía y necesitaba con urgencia hacer fondos. Decidió hacer la caricatura del coronel del regimiento, que le gustó mucho y le invitó a desayunar. Entonces colocó la caricatura en el tablón de anuncios del comedor de los oficiales, y poco a poco todos se fueron animando a hacerse la suya. Finalmente toda la tropa pasó por delante de su caballete. Les gustó tanto que incluso le organizaron un viaje en camión a un destacamento cercano para hacer también las caricaturas de este segundo regimiento. Las caricaturas fueron su principal fuente de ingresos durante la vuelta al mundo.
Otra curiosidad de ese viaje fue que en algunas fronteras le tenían que tomar la talla, y el tallímetro sólo alcanzaba 1,75 m. La estatura media en Asia es inferior a la europea, y el tallímetro no estaba pensado para individuos de 1,81 m como medía Jacques. Yo he tenido una experiencia similar al viajar por países asiáticos, en los que es sorprendente dirigirte a la policía mirando hacia abajo. Hasta los agentes de policía son más bajos que nosotros, y tienen que mirarnos hacia arriba, lo que les da una sensación extraña de vulnerabilidad. Para tallar a Jacques un funcionario subido a un taburete tuvo que añadir una plantilla de cartón al tallímetro.
Mi consejo: si vais a necesitar ganar dinero durante la travesía es muy conveniente tener conocimientos de aspectos prácticos del bricolaje de los barcos, por ejemplo coser velas, reparaciones mecánicas del motor, reparaciones de la jarcia, barnizado y trabajo de la madera, arreglos de la electrónica del barco, etc. Suelen pagarse en negro, pero son trabajos muy agradecidos en las escalas. Sin embargo la solución de hacer chárter pirata, muy socorrida en los años 70 y 80, hay que descartarla porque todo ese negocio ya está muy regularizado y controlado, y además la clientela se ha vuelto muy exigente.
Con cuidado, navegantes.
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