Hola navegantes.
Una de las cosas que más tememos los navegantes es que se nos vuelque el barco. En los multicascos el vuelco es irreversible, porque son más estables cabeza abajo que cabeza arriba. Cuando vuelcan lo normal es tener que remolcarlos a puerto cabeza abajo, y allí enderezarlos con una grúa. Sin embargo los monocascos lo normal es que la siguiente ola, o dos o tres después lo enderece, debido al efecto tente-tieso producido por el peso de la quilla en la parte superior.
Se ha calculado que una ola rompiente que tenga la misma altura que la manga del velero lo vuelca casi seguro. En el caso que os voy a contar, dos navegantes atravesaban el Atlántico en un velero de 8 metros. En una guardia con unas olas de esas que te quitan el suelo de debajo de los pies el velero volcó, y quedó en posición invertida con un tripulante dentro (el que estaba reposando) y uno fuera (el que iba al timón). El que quedó dentro contaba luego la sensación curiosa de pisar un suelo blando, que ahora era el techo de la cabina, cuya capa de fibra es mucho más fina que la del suelo y deja sentir el movimiento de las olas.
Los dos tripulantes sobrevivieron al vuelco, y podían hablarse a través del casco, pero no pudieron reunirse porque en el momento del vuelco el portillo de entrada estaba cerrado (para que no entrasen las olas) y la presión del agua contra su marco imposibilitaba correrlo.
Por circunstancias no aclaradas el velero no se enderezó. El tripulante que quedó dentro supuso que la orza se había arrancado y que por eso no se enderezaba, aunque luego se descartó. O sea que realmente la razón de por qué no se enderezó se desconoce.
En el interior del barco el nivel de agua iba subiendo poco a poco, y además mezclada con gasoil (los treinta litros del depósito se habían vaciado en la cabina) y con los efluvios de las baterías. El tripulante que se encontraba dentro temía por su vida, tanto por la intoxicación respiratoria como la subida del nivel del agua. Pudo activar la baliza y también hablar a gritos con su compañero a través del casco, pero le resultaba imposible salir. En esos momentos de pesadilla soñaba con disponer de un hacha, para poder abrir un agujero en el casco y salir por allí. Más adelante dijo que siempre en sus navegaciones llevaría un hacha.
En medio de su desesperación tuvo la idea genial. Los WC marinos tienen una bomba que chupa agua del mar para usarla como la de la cisterna. La coge por un pasacascos gordo (unos 5-8 cm) y la expulsa con la materia fecal por otro igual. En condiciones normales los pasacascos están por debajo del agua y absorben agua, pero pensó que con el barco invertido, estarían fuera del agua y por lo tanto absorberían aire del exterior.
Ni corto ni perezoso fue el WC y metió la cabeza en él. Al estar invertido era como meter la cabeza en el secador de una peluquería. Con la cabeza allí activó la bomba y notó que, en efecto, entraba aire fresco. Todo el tiempo que tardaron en rescatarles estuvo en el WC renovando el aire con la bomba, lo que posiblemente le salvó la vida. Finalmente les recogió un mercante.
Mi consejo: en un barco volcado, el WC puede usarse para introducir aire del exterior. Por desgracia en el Corto Maltés el WC es químico y no podría utilizar este truco; espero no verme nunca en esa situación. Lo que no aconsejo, ni lo he visto nunca recomendar, es lo del hacha. Si perforas el casco y el barco se endereza te quedas con ese agujero por debajo de la flotación, y el barco se hundiría en segundos. Y si no se endereza, es posible que la bolsa de aire que ha quedado en el barco se vacíe por allí, y se acelere su hundimiento.
Con cuidado navegantes.




















