Las navegaciones del "Corto Maltés"
(largas travesías en un modesto velero de 6 metros, y otras menudencias).
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viernes, 25 de septiembre de 2026
Multado por exceso de velocidad.
lunes, 21 de septiembre de 2026
Habrá libro de la navegación a las islas y mares interiores de Francia.
Hola navegantes.
Como ya os dije antes del verano, la Editorial ExLibric vuelve a aceptar el reto de publicar el libro de mi última navegación. Se va a titular "El verano de las chicharras (Islas y mares interiores de Francia en el Corto Maltés)" y este es el índice:
Prólogo, por el navegante Paul De Meerschman.
1 Nuestros planes y los preparativos.
2 La entrada en Francia y el río Garona.
3 Primeras sorpresas en el Canal Lateral del Garona.
4 Los horrores del Canal de Midi.
5 ¡De nuevo el mar!.
6 El Étang de Berre y la ruta de las islas.
7 Más islas en la ruta de vuelta.
8 Nuevos cambios de planes y remontando el Ródano.
9 De nuevo el calor en los canales, y un accidente.
10 Los conciertos de chicharras y una pausa en Béziers.
11 La incorporación del grumetillo.
12 Un insólito regreso al Cantábrico.
13 Resumen, conclusiones y balance personal.
Anexo 1 Escalas y millas recorridas.
Anexo 2 Transcripción de las dibucartas.
Anexo 3 Comparación con viajes anteriores.
Epílogo. A Carlos Pellón, in memoriam.
En este nuevo libro cuento la navegación que realizamos en 2025 para conocer las islas y mares interiores del Mediterráneo francés, en el pequeño velero de menos de siete metros “Corto Maltés”. Salimos de Santander hacia el este para coger el Canal de Midi en Burdeos. Atravesamos toda Francia por los canales y, ya en el Mediterráneo, visitamos 10 de las 13 islas que jalonan su costa y los tres mares interiores navegables que nos habíamos propuesto: el Étang de Leucate, el de Berre y el de Thau, que son planos de navegación interior como el Mar Menor de Murcia. En total cerca de 1.200 millas náuticas en tres meses, de las cuales 460 por las aguas interiores, navegando por cinco ríos (el Garona, el Aude, el Hérault, el Ródano y el Pequeño Ródano) y franqueando 141 esclusas.
Lo más latoso fueron las olas de calor, que tuvimos que sufrir agravadas por la tala de los árboles del Canal de Midi, que se había quedado sin sombra. El sonido de aquel fatídico verano fue el de las chicharras, de la mañana a la noche, a veces tan fuerte que nos impedía hablar, y que da título al libro. Son los insectos más ruidosos del mundo, su sonido puede alcanzar los 120 decibelios, y eso a muchas personas les produce hasta dolor de oídos. En la época de apareamiento pueden emerger hasta tres millones por hectárea (como un campo de fútbol) y desde que amanecía hasta la noche no parábamos de escucharlas. Para siempre quedarán como la banda sonora de aquel verano.
El libro está prologado por el navegante francés Paul De Meerschman, un héroe de los veleros pequeños, que con uno como el Corto Maltés recorrió el Mar del Norte hasta Escocia, luego cruzó el Atlántico y el Caribe hasta México, y finalmente dio la vuelta a Francia por el mar y los canales. Os he hablado de él en el blog en varias ocasiones, y ha escrito dos libros con sus navegaciones.
El libro "El verano de las chicharras" saldrá este otoño, ya os lo concretaré más adelante. Espero que os guste y que os ayude a soltar amarras a los que tenéis veleros pequeños.
Y termino con una de las dibucartas que ilustran el libro, la de cuando estábamos disfrutando de aquellas preciosas islas, ya olvidados del sufrimiento de los canales. Se empieza a leer en la oreja derecha, y al primero que la transcriba le regalaré el dibujo original (clic encima para leerla mejor):
Con cuidado, navegantes.
domingo, 13 de septiembre de 2026
Curiosidades náuticas de Albania.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Recortar un velero con la rotaflex.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Desembarcar a un hippie en un islote.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Un lío de banderas.

jueves, 3 de septiembre de 2026
Formas de ganar dinero mientras navegas.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
La manta de supervivencia como reflector radar.
lunes, 31 de agosto de 2026
Al segundo capitán le dio un ictus.
sábado, 29 de agosto de 2026
Perder las gafas de cerca.
jueves, 27 de agosto de 2026
Los riesgos de prestar tu barco.
martes, 25 de agosto de 2026
Quemar una defensa.
viernes, 21 de agosto de 2026
Casi un millón de visitas.
Es una gran satisfacción ver que en todo el mundo interesan las navegaciones de un velero tan modesto. Pero a la vez una gran responsabilidad, al pensar que si digo algo equivocado puedo confundir a tanta gente.
miércoles, 19 de agosto de 2026
Encestó.
Se trata de la goleta Rara Avis, de 38 metros de eslora y casco de acero. Navegaba de noche, y al parecer las jaulas de salmones estaban sin iluminación. Atravesó una de ellas de parte a parte, y se quedó dentro de la segunda. Parece ser que los salmones no pudieron escapar porque no se dañó mucho la jaula, y no se perdió ninguno porque fueron transferidos a una jaula cercana. La tripulación pudo ser evacuada sin ningún herido, y el velero pudo ser retirado sólo con una pequeña vía de agua.
Las imágenes son espectaculares y no se habían producido nunca antes. Es difícil imaginar la acrobacia que tuvo que hacer el velero para meterse allí. Parece un balón entrando en la cesta de baloncesto. Alucinante.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Meter la cabeza en el váter.
Hola navegantes.
Una de las cosas que más tememos los navegantes es que se nos vuelque el barco. En los multicascos el vuelco es irreversible, porque son más estables cabeza abajo que cabeza arriba. Cuando vuelcan lo normal es tener que remolcarlos a puerto cabeza abajo, y allí enderezarlos con una grúa. Sin embargo los monocascos lo normal es que la siguiente ola, o dos o tres después lo enderece, debido al efecto tente-tieso producido por el peso de la quilla en la parte superior.
Se ha calculado que una ola rompiente que tenga la misma altura que la manga del velero lo vuelca casi seguro. En el caso que os voy a contar, dos navegantes atravesaban el Atlántico en un velero de 8 metros. En una guardia con unas olas de esas que te quitan el suelo de debajo de los pies el velero volcó, y quedó en posición invertida con un tripulante dentro (el que estaba reposando) y uno fuera (el que iba al timón). El que quedó dentro contaba luego la sensación curiosa de pisar un suelo blando, que ahora era el techo de la cabina, cuya capa de fibra es mucho más fina que la del suelo y deja sentir el movimiento de las olas.
Los dos tripulantes sobrevivieron al vuelco, y podían hablarse a través del casco, pero no pudieron reunirse porque en el momento del vuelco el portillo de entrada estaba cerrado (para que no entrasen las olas) y la presión del agua contra su marco imposibilitaba correrlo.
Por circunstancias no aclaradas el velero no se enderezó. El tripulante que quedó dentro supuso que la orza se había arrancado y que por eso no se enderezaba, aunque luego se descartó. O sea que realmente la razón de por qué no se enderezó se desconoce.
En el interior del barco el nivel de agua iba subiendo poco a poco, y además mezclada con gasoil (los treinta litros del depósito se habían vaciado en la cabina) y con los efluvios de las baterías. El tripulante que se encontraba dentro temía por su vida, tanto por la intoxicación respiratoria como la subida del nivel del agua. Pudo activar la baliza y también hablar a gritos con su compañero a través del casco, pero le resultaba imposible salir. En esos momentos de pesadilla soñaba con disponer de un hacha, para poder abrir un agujero en el casco y salir por allí. Más adelante dijo que siempre en sus navegaciones llevaría un hacha.
En medio de su desesperación tuvo la idea genial. Los WC marinos tienen una bomba que chupa agua del mar para usarla como la de la cisterna. La coge por un pasacascos gordo (unos 5-8 cm) y la expulsa con la materia fecal por otro igual. En condiciones normales los pasacascos están por debajo del agua y absorben agua, pero pensó que con el barco invertido, estarían fuera del agua y por lo tanto absorberían aire del exterior.
Ni corto ni perezoso fue el WC y metió la cabeza en él. Al estar invertido era como meter la cabeza en el secador de una peluquería. Con la cabeza allí activó la bomba y notó que, en efecto, entraba aire fresco. Todo el tiempo que tardaron en rescatarles estuvo en el WC renovando el aire con la bomba, lo que posiblemente le salvó la vida. Finalmente les recogió un mercante.
Mi consejo: en un barco volcado, el WC puede usarse para introducir aire del exterior. Por desgracia en el Corto Maltés el WC es químico y no podría utilizar este truco; espero no verme nunca en esa situación. Lo que no aconsejo, ni lo he visto nunca recomendar, es lo del hacha. Si perforas el casco y el barco se endereza te quedas con ese agujero por debajo de la flotación, y el barco se hundiría en segundos. Y si no se endereza, es posible que la bolsa de aire que ha quedado en el barco se vacíe por allí, y se acelere su hundimiento.
Con cuidado navegantes.
lunes, 10 de agosto de 2026
Al agua por el pipí.
domingo, 9 de agosto de 2026
Otra forma de naufragar en el Canal de Midi.
Hola navegantes.
En entradas anteriores os hablé del navegante francés Paul de Meerschman, que con un barco como el Corto Maltés ha recorrido varios países europeos hasta el Mar del Norte, ha cruzado el Atlántico y ha recorrido parte del Caribe. Debido a la pandemia de Covid y a una avería importante, regaló el barco en el Caribe y regresó a Francia. Podéis ver su historia aquí:
En cuanto lo leáis vais a comprender que Paul no es de los que se sienta en un sillón con orejeras a ver correr la arena del reloj. Pasados los confinamientos y la pandemia, volvió a las andadas con un velero aún más pequeño. Se compró un Micro Challenger, de 5,5 metros de eslora, con el que dio una vuelta a Francia por el mar y los canales, igual de masoca que la nuestra en el Corto Maltés. Luego la contó en otro libro titulado “Petit bateau tour de France, par mer et canaux sur un bateau bivouac de 5,50 m”. Paul narra todas esas navegaciones impresionantes como quien cuenta una partida de bridge, sin un latido más rápido que otro cuando nos describe situaciones en las que su vida estuvo en peligro.
Su experiencia en el Canal de Midi confirma lo que os he dicho otras veces, que la navegación en los canales no es más fácil ni menos peligrosa que en el mar. En 2022, estando amarrado en el río Garona (el río donde desemboca el Canal de Midi) le sorprendió una fuerte tormenta entrándole las olas por la popa y la lluvia por arriba. Dejó el barco amarrado en una orilla, con tan mala suerte que el agua que escurría por el imbornal arrastró un cabo que estaba suelto en la bañera, y ese cabo terminó taponándolo. En la siguiente foto, el estado en que se encontró el barco, inundado por el agua marrón de los canales.
A continuación el agua penetró en los cofres y en la cabina, todo ello en un cuarto de hora. Y el barco no se fue a pique gracias a que era insumergible, o sea, tenía parte del casco relleno con porespán para que no se hundiera incluso lleno de agua. Pero los daños en el interior y la escasa electrónica de a bordo fueron importantes. Después del disgusto, Paul secó todo lo mejor que pudo, y por suerte consiguió proseguir su navegación y terminar la vuelta a Francia.
Me siendo muy identificado con la forma de navegar de Paul, con medios modestos y privilegiando los contactos humanos y el conocimiento lento de los lugares más que buscando récords de velocidad. Los dos hemos comprobado que son las personas, más que los paisajes, las que crean los paraísos y los infiernos. Y por eso, aunque no nos conozcamos personalmente, le pedí que prologara mi próximo libro que se titulará "El verano de las chicharras", aludiendo al calor patológico que pasamos el verano pasado cuando recorrimos las islas y los mares interiores del Mediterráneo francés. Y me contestó que sí. El libro estará disponible después del verano. Gracias, Paul.sábado, 8 de agosto de 2026
Naufragar en el canal de Midi.
viernes, 7 de agosto de 2026
Al agua por un cubo.
Hola navegantes.
En nuestra navegación a la Isla de Elba fuimos testigos de un episodio aleccionador. En el gran golfo de Saint-Tropez fuimos sobresaltados por un Mayday de hombre al agua. Primero salió un chico por el canal 16 diciendo que el capitán (luego supimos que era su abuelo, un hombre de 72 años) se había caído al agua. El chico tenía dieciséis años. Estaba tan nervioso que en lugar de decir "mayday" como es reglamentario decía "au secours" ("socorro") como en los libros de Tintín. Aunque daba la posición actual del velero no podía dar la posición del hombre al agua. Estaba en la cabina oyendo música y cuando salió a cubierta vio que su abuelo había desaparecido, pero no sabía cuánto tiempo antes se había caído. Fue capaz de bajar las velas, arrancar el motor y retroceder en dirección a donde había caído su abuelo, pero no tenía la posición GPS del hombre al agua.
En la práctica eso es una situación agónica, pues las probabilidades de encontrar a alguien así, sin coordenadas, son mínimas. Cross Med lanzó inmediatamente un Mayday a todos los barcos la zona. La posición que estaba dando era a escasas cinco millas de la nuestra, y estábamos preparándonos para ir en su búsqueda cuando otro velero salió en antena y dijo que veía a un hombre nadando, agarrado a un cubo naranja, y que iba a recogerlo. Finalmente el hombre pudo ser rescatado.
Un poco más tarde Cross Med llamó al velero del que se había caído y pidió hablar con el rescatado para que le contara cómo había vivido "su desventura". Entre otras cosas les dijo que se había caído al coger agua con un cubo por la borda, cuyo cabo se había amarrado a la muñeca con un nudo corredizo. Con la tensión el nudo cada vez se apretaba más, y no consiguió soltarlo para evitar caerse al agua. Estaban navegando a siete nudos y con el piloto automático. El nieto no oyó sus gritos de socorro porque se había puesto los cascos para oír música.
Lo del cubo es tan típico como caerse al mar al hacer pis por la borda. El cubo se llena de repente y da un tirón que se lleva al agua al desafortunado. Ese hombre aquel día pasó muy cerca del correccional y sin duda allí volvió a nacer. Su nieto se merece un premio por haber actuado bien y rápido a pesar de que, como reconoció, era inexperto y en el barco el capitán lo hacía todo. Y el abuelo también actuó bien porque utilizó el cubo, que era de color naranja, como medio de flotación y de atraer la atención:
Empezó nadando hacia tierra, y cuando se cansaba invertía el cubo para coger aire en su interior y ponerlo boca abajo, con lo que servía de ayuda a la flotación, porque no llevaba el chaleco salvavidas. Cuando vio acercarse al barco que finalmente le rescató agitó el cubo con las manos para hacerse más visible. También lo había agitado cuando vio pasar un helicóptero sobre su cabeza, pero el helicóptero no le vio.
Yo viví una experiencia parecida cuando una chica que pesaba tres corrientes de aire tiró un cubo para coger agua en marcha. Fue arrastrada por la borda hasta que finalmente se frenó por la axila en un obenque. Se lastimó el hombro, pero si no hubiera sido por ese obenque se habría caído al agua por la popa.
Mis consejos:· Avisar al compañero siempre que se va a hacer algo con riesgo de caída al agua, lo que incluye cualquier desplazamiento a la proa y coger agua con el cubo.
· Para coger agua, reducir la velocidad. A cinco nudos de velocidad un cubo frenado tira al agua al más forzudo. Hay que poner el barco al ralentí, o dejar flamear las velas, y después de coger el agua volver a acelerar.
· Atar el extremo del cabo que sujeta el cubo al barco, no a la mano.
· Llevar siempre por la popa un cabo o "línea de vida" arrastrando, como os conté ayer. Esa tontería le habría evitado el riesgo de muerte al abuelo, y en otras condiciones de hombre al agua habría salvado muchas vidas.
Con cuidado navegantes.




















