Las navegaciones del "Corto Maltés"
(largas travesías en un modesto velero de 6 metros, y otras menudencias).
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lunes, 10 de agosto de 2026
Al agua por el pipí.
domingo, 9 de agosto de 2026
Otra forma de naufragar en el Canal de Midi.
Hola navegantes.
En entradas anteriores os hablé del navegante francés Paul de Meerschman, que con un barco como el Corto Maltés ha recorrido varios países europeos hasta el Mar del Norte, ha cruzado el Atlántico y ha recorrido parte del Caribe. Debido a la pandemia de Covid y a una avería importante, regaló el barco en el Caribe y regresó a Francia. Podéis ver su historia aquí:
En cuanto lo leáis vais a comprender que Paul no es de los que se sienta en un sillón con orejeras a ver correr la arena del reloj. Pasados los confinamientos y la pandemia, volvió a las andadas con un velero aún más pequeño. Se compró un Micro Challenger, de 5,5 metros de eslora, con el que dio una vuelta a Francia por el mar y los canales, igual de masoca que la nuestra en el Corto Maltés. Luego la contó en otro libro titulado “Petit bateau tour de France, par mer et canaux sur un bateau bivouac de 5,50 m”. Paul narra todas esas navegaciones impresionantes como quien cuenta una partida de bridge, sin un latido más rápido que otro cuando nos describe situaciones en las que su vida estuvo en peligro.
Su experiencia en el Canal de Midi confirma lo que os he dicho otras veces, que la navegación en los canales no es más fácil ni menos peligrosa que en el mar. En 2022, estando amarrado en el río Garona (el río donde desemboca el Canal de Midi) le sorprendió una fuerte tormenta entrándole las olas por la popa y la lluvia por arriba. Dejó el barco amarrado en una orilla, con tan mala suerte que el agua que escurría por el imbornal arrastró un cabo que estaba suelto en la bañera, y ese cabo terminó taponándolo. En la siguiente foto, el estado en que se encontró el barco, inundado por el agua marrón de los canales.
A continuación el agua penetró en los cofres y en la cabina, todo ello en un cuarto de hora. Y el barco no se fue a pique gracias a que era insumergible, o sea, tenía parte del casco relleno con porespán para que no se hundiera incluso lleno de agua. Pero los daños en el interior y la escasa electrónica de a bordo fueron importantes. Después del disgusto, Paul secó todo lo mejor que pudo, y por suerte consiguió proseguir su navegación y terminar la vuelta a Francia.
Me siendo muy identificado con la forma de navegar de Paul, con medios modestos y privilegiando los contactos humanos y el conocimiento lento de los lugares más que buscando récords de velocidad. Los dos hemos comprobado que son las personas, más que los paisajes, las que crean los paraísos y los infiernos. Y por eso, aunque no nos conozcamos personalmente, le pedí que prologara mi próximo libro que se titulará "El verano de las chicharras", aludiendo al calor patológico que pasamos el verano pasado cuando recorrimos las islas y los mares interiores del Mediterráneo francés. Y me contestó que sí. El libro estará disponible después del verano. Gracias, Paul.sábado, 8 de agosto de 2026
Naufragar en el canal de Midi.
viernes, 7 de agosto de 2026
Al agua por un cubo.
Hola navegantes.
En nuestra navegación a la Isla de Elba fuimos testigos de un episodio aleccionador. En el gran golfo de Saint-Tropez fuimos sobresaltados por un Mayday de hombre al agua. Primero salió un chico por el canal 16 diciendo que el capitán (luego supimos que era su abuelo, un hombre de 72 años) se había caído al agua. El chico tenía dieciséis años. Estaba tan nervioso que en lugar de decir "mayday" como es reglamentario decía "au secours" ("socorro") como en los libros de Tintín. Aunque daba la posición actual del velero no podía dar la posición del hombre al agua. Estaba en la cabina oyendo música y cuando salió a cubierta vio que su abuelo había desaparecido, pero no sabía cuánto tiempo antes se había caído. Fue capaz de bajar las velas, arrancar el motor y retroceder en dirección a donde había caído su abuelo, pero no tenía la posición GPS del hombre al agua.
En la práctica eso es una situación agónica, pues las probabilidades de encontrar a alguien así, sin coordenadas, son mínimas. Cross Med lanzó inmediatamente un Mayday a todos los barcos la zona. La posición que estaba dando era a escasas cinco millas de la nuestra, y estábamos preparándonos para ir en su búsqueda cuando otro velero salió en antena y dijo que veía a un hombre nadando, agarrado a un cubo naranja, y que iba a recogerlo. Finalmente el hombre pudo ser rescatado.
Un poco más tarde Cross Med llamó al velero del que se había caído y pidió hablar con el rescatado para que le contara cómo había vivido "su desventura". Entre otras cosas les dijo que se había caído al coger agua con un cubo por la borda, cuyo cabo se había amarrado a la muñeca con un nudo corredizo. Con la tensión el nudo cada vez se apretaba más, y no consiguió soltarlo para evitar caerse al agua. Estaban navegando a siete nudos y con el piloto automático. El nieto no oyó sus gritos de socorro porque se había puesto los cascos para oír música.
Lo del cubo es tan típico como caerse al mar al hacer pis por la borda. El cubo se llena de repente y da un tirón que se lleva al agua al desafortunado. Ese hombre aquel día pasó muy cerca del correccional y sin duda allí volvió a nacer. Su nieto se merece un premio por haber actuado bien y rápido a pesar de que, como reconoció, era inexperto y en el barco el capitán lo hacía todo. Y el abuelo también actuó bien porque utilizó el cubo, que era de color naranja, como medio de flotación y de atraer la atención:
Empezó nadando hacia tierra, y cuando se cansaba invertía el cubo para coger aire en su interior y ponerlo boca abajo, con lo que servía de ayuda a la flotación, porque no llevaba el chaleco salvavidas. Cuando vio acercarse al barco que finalmente le rescató agitó el cubo con las manos para hacerse más visible. También lo había agitado cuando vio pasar un helicóptero sobre su cabeza, pero el helicóptero no le vio.
Yo viví una experiencia parecida cuando una chica que pesaba tres corrientes de aire tiró un cubo para coger agua en marcha. Fue arrastrada por la borda hasta que finalmente se frenó por la axila en un obenque. Se lastimó el hombro, pero si no hubiera sido por ese obenque se habría caído al agua por la popa.
Mis consejos:· Avisar al compañero siempre que se va a hacer algo con riesgo de caída al agua, lo que incluye cualquier desplazamiento a la proa y coger agua con el cubo.
· Para coger agua, reducir la velocidad. A cinco nudos de velocidad un cubo frenado tira al agua al más forzudo. Hay que poner el barco al ralentí, o dejar flamear las velas, y después de coger el agua volver a acelerar.
· Atar el extremo del cabo que sujeta el cubo al barco, no a la mano.
· Llevar siempre por la popa un cabo o "línea de vida" arrastrando, como os conté ayer. Esa tontería le habría evitado el riesgo de muerte al abuelo, y en otras condiciones de hombre al agua habría salvado muchas vidas.
Con cuidado navegantes.
jueves, 6 de agosto de 2026
Su hijo se cayó al agua de noche.
miércoles, 5 de agosto de 2026
El estado de la balsa salvavidas.
martes, 4 de agosto de 2026
Descubrir una balsa salvavidas en el mar.
lunes, 3 de agosto de 2026
No encontrar la baliza.
domingo, 2 de agosto de 2026
Heces rojas.
Hola navegantes.
A una pareja que estaba dando la vuelta al mundo le ocurrió una anécdota curiosa. El capitán un día observó sus heces de color rojo. Se puso en lo peor: una hemorragia digestiva debida a una perforación de estómago, un cáncer de colon, o algo similar. Aunque no tenía ningún otro síntoma el color rojo en las heces le pareció que tenía que deberse a algo muy grave. Inicialmente decidió no decir nada a su compañera para no preocuparla. Les quedaban 4.000 millas hasta el próximo puerto y no podían hacer nada.
La sospecha de una hemorragia interna es algo muy preocupante, y más en un velero alejado de todo. A mí sólo me ocurrió una vez: uno de mis tripulantes tuvo una hematuria (sangre en la orina) un síntoma muy preocupante que le hizo estar toda la navegación temiendo tener un cáncer de vejiga. No me lo dijo, aun siendo yo médico, para no preocuparme con más cosas de las que ya tenía que preocuparme por nuestra navegación (fue en la navegación a Londres, la más difícil de las que hemos emprendido). Me enteré mucho más tarde. Esperó a consultar a su médico a la vuelta, lo que dice mucho de la madurez y la fortaleza de esa persona. Por suerte se descartó.
El capitán que os estoy contando, el segundo día de tener las heces rojas reunió todas sus fuerzas para contárselo a su pareja. La reacción de la chica fue sorprendente: se partía de risa. Entonces le contó que a ella le ocurría lo mismo y que se debía a que su dieta en los últimos días fue muy rica en remolacha. Añadían la remolacha a la ensalada, y cuando dejaron de comer remolacha las heces volvieron a su color normal.
Tener las heces o la orina de color rojo o rosado tras comer remolacha es un proceso normal, inofensivo y temporal. Se debe a los pigmentos naturales de la planta, llamados betacianinas, que el cuerpo no llega a descomponer por completo al digerirla. El pigmento pasa a la sangre y se filtra en los riñones o sigue su curso por el intestino, tiñendo los desechos. El color rojo se va en un par de días, en cuanto dejas de comer remolacha y el cuerpo termina de eliminarla. No le pasa a todo el mundo; sólo un pequeño grupo de personas nota este cambio debido a su tipo de digestión. Es una peculiaridad personal, como el cambio del olor de la orina al comer espárragos. Otros productos, como moras, arándanos, fármacos, colorantes artificiales fuertes, o los niños si han chupado lápices, ceras o plastilina, pueden colorear la heces.
Mi consejo: ser absolutamente sincero con tu compañero de navegación. A veces lo que para ti es algo muy preocupante, visto desde el punto de vista de otra persona se convierte en algo intrascendente, como en este caso.
Con cuidado navegantes.
sábado, 1 de agosto de 2026
Correr el temporal frenando con el motor.
Hola navegantes.
Una de las tácticas más usadas para salvarte de un temporal es correrlo. Consiste en darle la popa y seguir en la misma dirección que llevan el viento y las olas, independientemente de que te apartes de tu rumbo. Os conté los detalles en otra entrada que os recomiendo volver a leer:
Como os explicaba allí, correr un temporal tiene dos riesgos principales, uno es "pasar por ojo" o volcar por la proa al pinchar la ola que llevas delante, y el otro es "irse de orzada" que quiere decir que una ola te desvía la popa, el barco se atraviesa y la siguiente ola te vuelca.
Para evitar ambos riesgos es muy conveniente correr el temporal con algo que frene al barco desde la popa, y así mantenga siempre la popa en el eje del viento. Habitualmente se utiliza un ancla de de capa o unas rastras, cuyos detalles os expliqué en la entrada que he citado, así como los problemas y peligros que se pueden derivar de estos sistemas de frenado.
Unos navegantes franceses estaban cruzando el Atlántico desde la isla de Saint Pierre et Miquelon hasta Francia, cuando le sorprendió un violento temporal de hasta fuerza 9. A bordo iban solo el capitán y su mujer embarazada. Decidieron correrlo, pero las olas les alcanzaban con la fuerza de una avalancha, y cuando una levantaba la popa el capitán se quedaba apoyado en la columna de la rueda del timón como si estuviera acostado encima. Con las mínimas velas no bajaban de 20 nudos, y cuando el barco cogía la cuesta abajo de una ola en surf, todavía más. Las olas inundaban la bañera, cuyos imbornales no daban abasto para achicarla.
En una ola especialmente violenta el catamarán se clavó en la ola que le precedía, quedando sumergido medio barco hasta la altura del palo. Estuvieron a punto de pasar por ojo y lógicamente produjo un frenazo como cuando un coche se choca con una pared, los tripulantes salieron rodando como un toro en un rodeo, y el interior del barco se convirtió en un cafarnaún.
En aquella coctelera que se había convertido el mar al capitán no le pareció prudente mandar a su mujer a la proa a reducir las velas, ni salir de la bañera para establecer el ancla flotante o las rastras por la popa. Entonces se le ocurrió otra manera de frenar el barco: arrancó el motor y lo puso a tope en marcha atrás. A pesar de esta aberración de la mecánica el barco efectivamente se frenó, y pasó a navegar a 10 nudos, lo suficiente para no pinchar a las olas y evitar el riesgo de vuelco por la proa. Cuando todo pasó dijo que aquellas olas en el Atlántico Norte habían sido mucho peores que las que había conocido en el Cabo de Hornos.
Mi consejo: llevar siempre a bordo un ancla de capa y practicar su uso en condiciones no tan apuradas como las descritas. Es bueno enseñar su uso a los nuevos tripulantes, así como el de las rastras. Además las rastras pueden utilizarse no sólo en los temporales sino en los vientos fuertes de popa, para que el barco navegue más estable y evitar trabajo y consumo de energía al piloto automático. Yo a veces he navegado sólo con el espí o el génova tirando de la proa y las rastras frenando la popa, y con la orza subida, y el barco va súper estable, lo que demuestra que en este caso su función principal no es frenar el barco sino estabilizar el rumbo. Y su uso en las empopadas nos dará práctica y experiencia para usarlas si alguna vez nos sorprende un temporal.
Con cuidado, navegantes.
viernes, 31 de julio de 2026
No saber inglés.
jueves, 30 de julio de 2026
Las orcas en una regata oceánica.
Hola navegantes.
Además de atacarnos a los navegantes modestos, las orcas también están atacando a los grandes. Claro, por debajo del agua todos los timones son iguales. El 24 de noviembre de 2022 atacaron nada menos que a Sir Robin Knox-Johnston, el primer hombre que dio la vuelta al mundo a vela en solitario, sin escalas y sin ayuda exterior. Fue atacado por las orcas cerca del cabo Finisterre en un velero Farr 56. Por su carisma y ser un personaje público, un gurú del mundo de la vela, yo esperaba que las autoridades prestasen un poco más de atención a este "problemilla" que tarde o temprano se va a saldar con algún fallecido, pero no fue así y no pasó nada.
Pues ahora ha ocurrido un nuevo caso. Se está corriendo la regata "Mini Atlantic", que va de Les Sables d'Olonne, en Francia, a las Azores y vuelta. Mientras que los primeros en la clasificación están ya a 300 millas de la llegada a Azores, los últimos están todavía en las costas españolas. Uno de ellos es Guillaume Wehrlen, con su barco "Pogo Lap 1". El pasado sábado se dirigía hacia La Coruña para efectuar allí unas reparaciones, y cuando no estaba nada más que a diez millas de La Coruña sufrió un ataque de las orcas que estuvieron a punto de hundirle. Se libró de ellas gracias a la intervención de dos vedettes a motor (supongo que dos barcos de acompañamiento de la regata) una de las cuales consiguió alejar a las orcas mientras que la segunda le remolcó a La Coruña.
Contado así parece una información aséptica, pero no hay que quedarse en la superficie de las cosas. No dicen cómo consiguió esa vedette alejar a las orcas ni si utilizó algún método de los que el Gobierno español considera ilegales. ¿Tiraron petardos?. ¿Hicieron ruidos?. ¿Tiraron arena?. ¿Arrastraron una cadena?. ¿Se dirigieron hacia ellas a motor?. Esa información nos ayudaría a tomar decisiones a los demás. Yo quedo a la escucha.
Con cuidado, navegantes.
miércoles, 29 de julio de 2026
Saltar del barco en marcha.
martes, 28 de julio de 2026
Gasear a la rata.
lunes, 27 de julio de 2026
Las tablas de mareas de Homer Simpson.




















