Las navegaciones del "Corto Maltés"
(largas travesías en un modesto velero de 6 metros, y otras menudencias).
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sábado, 8 de agosto de 2026
Naufragar en el canal de Midi.
viernes, 7 de agosto de 2026
Al agua por un cubo.
Hola navegantes.
En nuestra navegación a la Isla de Elba fuimos testigos de un episodio aleccionador. En el gran golfo de Saint-Tropez fuimos sobresaltados por un Mayday de hombre al agua. Primero salió un chico por el canal 16 diciendo que el capitán (luego supimos que era su abuelo, un hombre de 72 años) se había caído al agua. El chico tenía dieciséis años. Estaba tan nervioso que en lugar de decir "mayday" como es reglamentario decía "au secours" ("socorro") como en los libros de Tintín. Aunque daba la posición actual del velero no podía dar la posición del hombre al agua. Estaba en la cabina oyendo música y cuando salió a cubierta vio que su abuelo había desaparecido, pero no sabía cuánto tiempo antes se había caído. Fue capaz de bajar las velas, arrancar el motor y retroceder en dirección a donde había caído su abuelo, pero no tenía la posición GPS del hombre al agua.
En la práctica eso es una situación agónica, pues las probabilidades de encontrar a alguien así, sin coordenadas, son mínimas. Cross Med lanzó inmediatamente un Mayday a todos los barcos la zona. La posición que estaba dando era a escasas cinco millas de la nuestra, y estábamos preparándonos para ir en su búsqueda cuando otro velero salió en antena y dijo que veía a un hombre nadando, agarrado a un cubo naranja, y que iba a recogerlo. Finalmente el hombre pudo ser rescatado.
Un poco más tarde Cross Med llamó al velero del que se había caído y pidió hablar con el rescatado para que le contara cómo había vivido "su desventura". Entre otras cosas les dijo que se había caído al coger agua con un cubo por la borda, cuyo cabo se había amarrado a la muñeca con un nudo corredizo. Con la tensión el nudo cada vez se apretaba más, y no consiguió soltarlo para evitar caerse al agua. Estaban navegando a siete nudos y con el piloto automático. El nieto no oyó sus gritos de socorro porque se había puesto los cascos para oír música.
Lo del cubo es tan típico como caerse al mar al hacer pis por la borda. El cubo se llena de repente y da un tirón que se lleva al agua al desafortunado. Ese hombre aquel día pasó muy cerca del correccional y sin duda allí volvió a nacer. Su nieto se merece un premio por haber actuado bien y rápido a pesar de que, como reconoció, era inexperto y en el barco el capitán lo hacía todo. Y el abuelo también actuó bien porque utilizó el cubo, que era de color naranja, como medio de flotación y de atraer la atención:
Empezó nadando hacia tierra, y cuando se cansaba invertía el cubo para coger aire en su interior y ponerlo boca abajo, con lo que servía de ayuda a la flotación, porque no llevaba el chaleco salvavidas. Cuando vio acercarse al barco que finalmente le rescató agitó el cubo con las manos para hacerse más visible. También lo había agitado cuando vio pasar un helicóptero sobre su cabeza, pero el helicóptero no le vio.
Yo viví una experiencia parecida cuando una chica que pesaba tres corrientes de aire tiró un cubo para coger agua en marcha. Fue arrastrada por la borda hasta que finalmente se frenó por la axila en un obenque. Se lastimó el hombro, pero si no hubiera sido por ese obenque se habría caído al agua por la popa.
Mis consejos:· Avisar al compañero siempre que se va a hacer algo con riesgo de caída al agua, lo que incluye cualquier desplazamiento a la proa y coger agua con el cubo.
· Para coger agua, reducir la velocidad. A cinco nudos de velocidad un cubo frenado tira al agua al más forzudo. Hay que poner el barco al ralentí, o dejar flamear las velas, y después de coger el agua volver a acelerar.
· Atar el extremo del cabo que sujeta el cubo al barco, no a la mano.
· Llevar siempre por la popa un cabo o "línea de vida" arrastrando, como os conté ayer. Esa tontería le habría evitado el riesgo de muerte al abuelo, y en otras condiciones de hombre al agua habría salvado muchas vidas.
Con cuidado navegantes.
jueves, 6 de agosto de 2026
Su hijo se cayó al agua de noche.
miércoles, 5 de agosto de 2026
El estado de la balsa salvavidas.
martes, 4 de agosto de 2026
Descubrir una balsa salvavidas en el mar.
lunes, 3 de agosto de 2026
No encontrar la baliza.
domingo, 2 de agosto de 2026
Heces rojas.
Hola navegantes.
A una pareja que estaba dando la vuelta al mundo le ocurrió una anécdota curiosa. El capitán un día observó sus heces de color rojo. Se puso en lo peor: una hemorragia digestiva debida a una perforación de estómago, un cáncer de colon, o algo similar. Aunque no tenía ningún otro síntoma el color rojo en las heces le pareció que tenía que deberse a algo muy grave. Inicialmente decidió no decir nada a su compañera para no preocuparla. Les quedaban 4.000 millas hasta el próximo puerto y no podían hacer nada.
La sospecha de una hemorragia interna es algo muy preocupante, y más en un velero alejado de todo. A mí sólo me ocurrió una vez: uno de mis tripulantes tuvo una hematuria (sangre en la orina) un síntoma muy preocupante que le hizo estar toda la navegación temiendo tener un cáncer de vejiga. No me lo dijo, aun siendo yo médico, para no preocuparme con más cosas de las que ya tenía que preocuparme por nuestra navegación (fue en la navegación a Londres, la más difícil de las que hemos emprendido). Me enteré mucho más tarde. Esperó a consultar a su médico a la vuelta, lo que dice mucho de la madurez y la fortaleza de esa persona. Por suerte se descartó.
El capitán que os estoy contando, el segundo día de tener las heces rojas reunió todas sus fuerzas para contárselo a su pareja. La reacción de la chica fue sorprendente: se partía de risa. Entonces le contó que a ella le ocurría lo mismo y que se debía a que su dieta en los últimos días fue muy rica en remolacha. Añadían la remolacha a la ensalada, y cuando dejaron de comer remolacha las heces volvieron a su color normal.
Tener las heces o la orina de color rojo o rosado tras comer remolacha es un proceso normal, inofensivo y temporal. Se debe a los pigmentos naturales de la planta, llamados betacianinas, que el cuerpo no llega a descomponer por completo al digerirla. El pigmento pasa a la sangre y se filtra en los riñones o sigue su curso por el intestino, tiñendo los desechos. El color rojo se va en un par de días, en cuanto dejas de comer remolacha y el cuerpo termina de eliminarla. No le pasa a todo el mundo; sólo un pequeño grupo de personas nota este cambio debido a su tipo de digestión. Es una peculiaridad personal, como el cambio del olor de la orina al comer espárragos. Otros productos, como moras, arándanos, fármacos, colorantes artificiales fuertes, o los niños si han chupado lápices, ceras o plastilina, pueden colorear la heces.
Mi consejo: ser absolutamente sincero con tu compañero de navegación. A veces lo que para ti es algo muy preocupante, visto desde el punto de vista de otra persona se convierte en algo intrascendente, como en este caso.
Con cuidado navegantes.
sábado, 1 de agosto de 2026
Correr el temporal frenando con el motor.
Hola navegantes.
Una de las tácticas más usadas para salvarte de un temporal es correrlo. Consiste en darle la popa y seguir en la misma dirección que llevan el viento y las olas, independientemente de que te apartes de tu rumbo. Os conté los detalles en otra entrada que os recomiendo volver a leer:
Como os explicaba allí, correr un temporal tiene dos riesgos principales, uno es "pasar por ojo" o volcar por la proa al pinchar la ola que llevas delante, y el otro es "irse de orzada" que quiere decir que una ola te desvía la popa, el barco se atraviesa y la siguiente ola te vuelca.
Para evitar ambos riesgos es muy conveniente correr el temporal con algo que frene al barco desde la popa, y así mantenga siempre la popa en el eje del viento. Habitualmente se utiliza un ancla de de capa o unas rastras, cuyos detalles os expliqué en la entrada que he citado, así como los problemas y peligros que se pueden derivar de estos sistemas de frenado.
Unos navegantes franceses estaban cruzando el Atlántico desde la isla de Saint Pierre et Miquelon hasta Francia, cuando le sorprendió un violento temporal de hasta fuerza 9. A bordo iban solo el capitán y su mujer embarazada. Decidieron correrlo, pero las olas les alcanzaban con la fuerza de una avalancha, y cuando una levantaba la popa el capitán se quedaba apoyado en la columna de la rueda del timón como si estuviera acostado encima. Con las mínimas velas no bajaban de 20 nudos, y cuando el barco cogía la cuesta abajo de una ola en surf, todavía más. Las olas inundaban la bañera, cuyos imbornales no daban abasto para achicarla.
En una ola especialmente violenta el catamarán se clavó en la ola que le precedía, quedando sumergido medio barco hasta la altura del palo. Estuvieron a punto de pasar por ojo y lógicamente produjo un frenazo como cuando un coche se choca con una pared, los tripulantes salieron rodando como un toro en un rodeo, y el interior del barco se convirtió en un cafarnaún.
En aquella coctelera que se había convertido el mar al capitán no le pareció prudente mandar a su mujer a la proa a reducir las velas, ni salir de la bañera para establecer el ancla flotante o las rastras por la popa. Entonces se le ocurrió otra manera de frenar el barco: arrancó el motor y lo puso a tope en marcha atrás. A pesar de esta aberración de la mecánica el barco efectivamente se frenó, y pasó a navegar a 10 nudos, lo suficiente para no pinchar a las olas y evitar el riesgo de vuelco por la proa. Cuando todo pasó dijo que aquellas olas en el Atlántico Norte habían sido mucho peores que las que había conocido en el Cabo de Hornos.
Mi consejo: llevar siempre a bordo un ancla de capa y practicar su uso en condiciones no tan apuradas como las descritas. Es bueno enseñar su uso a los nuevos tripulantes, así como el de las rastras. Además las rastras pueden utilizarse no sólo en los temporales sino en los vientos fuertes de popa, para que el barco navegue más estable y evitar trabajo y consumo de energía al piloto automático. Yo a veces he navegado sólo con el espí o el génova tirando de la proa y las rastras frenando la popa, y con la orza subida, y el barco va súper estable, lo que demuestra que en este caso su función principal no es frenar el barco sino estabilizar el rumbo. Y su uso en las empopadas nos dará práctica y experiencia para usarlas si alguna vez nos sorprende un temporal.
Con cuidado, navegantes.
viernes, 31 de julio de 2026
No saber inglés.
jueves, 30 de julio de 2026
Las orcas en una regata oceánica.
Hola navegantes.
Además de atacarnos a los navegantes modestos, las orcas también están atacando a los grandes. Claro, por debajo del agua todos los timones son iguales. El 24 de noviembre de 2022 atacaron nada menos que a Sir Robin Knox-Johnston, el primer hombre que dio la vuelta al mundo a vela en solitario, sin escalas y sin ayuda exterior. Fue atacado por las orcas cerca del cabo Finisterre en un velero Farr 56. Por su carisma y ser un personaje público, un gurú del mundo de la vela, yo esperaba que las autoridades prestasen un poco más de atención a este "problemilla" que tarde o temprano se va a saldar con algún fallecido, pero no fue así y no pasó nada.
Pues ahora ha ocurrido un nuevo caso. Se está corriendo la regata "Mini Atlantic", que va de Les Sables d'Olonne, en Francia, a las Azores y vuelta. Mientras que los primeros en la clasificación están ya a 300 millas de la llegada a Azores, los últimos están todavía en las costas españolas. Uno de ellos es Guillaume Wehrlen, con su barco "Pogo Lap 1". El pasado sábado se dirigía hacia La Coruña para efectuar allí unas reparaciones, y cuando no estaba nada más que a diez millas de La Coruña sufrió un ataque de las orcas que estuvieron a punto de hundirle. Se libró de ellas gracias a la intervención de dos vedettes a motor (supongo que dos barcos de acompañamiento de la regata) una de las cuales consiguió alejar a las orcas mientras que la segunda le remolcó a La Coruña.
Contado así parece una información aséptica, pero no hay que quedarse en la superficie de las cosas. No dicen cómo consiguió esa vedette alejar a las orcas ni si utilizó algún método de los que el Gobierno español considera ilegales. ¿Tiraron petardos?. ¿Hicieron ruidos?. ¿Tiraron arena?. ¿Arrastraron una cadena?. ¿Se dirigieron hacia ellas a motor?. Esa información nos ayudaría a tomar decisiones a los demás. Yo quedo a la escucha.
Con cuidado, navegantes.
miércoles, 29 de julio de 2026
Saltar del barco en marcha.
martes, 28 de julio de 2026
Gasear a la rata.
lunes, 27 de julio de 2026
Las tablas de mareas de Homer Simpson.

domingo, 26 de julio de 2026
Incendios en la bahía de Arcachón.
sábado, 25 de julio de 2026
Las orcas atacan en Asturias.
viernes, 24 de julio de 2026
Perder un barco fondeado.
jueves, 23 de julio de 2026
También el amor.
miércoles, 22 de julio de 2026
Pagar el IVA dos veces.
martes, 21 de julio de 2026
Sonambulismo.
domingo, 19 de julio de 2026
Atrapado por un dedo.
viernes, 17 de julio de 2026
Un cangrejo en el oído.
miércoles, 15 de julio de 2026
Caca en los prismáticos.
martes, 14 de julio de 2026
Perder los empastes.
domingo, 12 de julio de 2026
La valoración del Tonic 23.
Hola navegantes.
La valoración del tonic 23 para la navegación a la bahía de Arcachón la voy a hacer por etapas.
Las primeras son la costa de Cantabria y de Euskadi, unas etapas magníficas, sobre todo en Euskadi, donde los puertos están separados por distancias muy pequeñas, de cinco a diez millas, y es fácil cambiar de planes si la meteorología se estropea o te encuentras cansado. Para esta costa tan cómoda por supuesto vale el Tonic 23 y cualquier otro barco. Además la mayoría de los puertos dependen de EKP (Euskadiko Kirol Portuak, o sea, puertos deportivos de Euskadi) un organismo dependiente del Gobierno Vasco, y tienen todos el mismo precio. Este año 18,62 euros por noche para mi velero, un precio muy asequible y unos servicios extraordinarios. Siempre hemos encontrado plaza de atraque.
Después vienen las etapas de las Landas, las más difíciles. Ya os comenté que hay que tener en cuenta la meteorología, casi siempre con vientos del noroeste que a la subida te pillan de cara. Después los ejercicios de tiro del ejército francés, que cierran zonas enormes del mar, normalmente durante el día, y te obligan a navegar de noche. En tercer lugar la dependencia de la marea, puesto que hay que entrar en la bahía de Arcachón en las horas cercanas a la pleamar. Y en cuarto lugar el oleaje, que en Las Landas a veces llega a la costa con la potencia de la dinamita, y en Arcachón no se puede entrar con olas de más de 1-1,5 metros porque se hacen rompientes. Y por si fuera poco está prohibido entrar de noche, o sea que tienes que aprovechar la marea diurna. En estas etapas muchas veces nos vemos obligados a navegar un día y una noche enteras, y aquí el velero pequeño empieza a mostrar sus inconvenientes.
Cocinar, o simplemente prepararte un café con el barco dando pantocazos, es un ejercicio de equilibrismo. Normalmente lo hacemos con la cincha antiescoras o utilizando un taburete, que te permite tener las dos manos libres para fregar y cocinar. El café lo tomamos poniendo la taza dentro del fregadero e inclinándonos encima como si fuéramos a vomitar, de manera que si una ola tira la taza no manche nada. Por supuesto comemos de uno en uno. Las guardias de noche las hacemos de dos horas para no quedarnos helados en la bañera, ya que mi barco no tiene capota ni parabrisas. Y en las dos horas que tienes para dormir el barco se mueve tanto que es difícil coger el sueño y descansar. Además hay que ponerse todo el material de seguridad, lo que en un barco pequeño resulta incómodo.
Entre Hondarribia, el último puerto español, y Arcachón sólo hay dos puertos intermedios: Bayona y Capbretón. Ambos (y especialmente Capbretón) son difíciles o imposibles de entrar cuando hay olas fuertes del Oeste, y concretamente en Capbretón en bajamar. Allí sólo se puede entrar en las dos horas anteriores o posteriores a la pleamar. Por lo tanto al salir de Hondarribia hay que ponerse siempre en lo peor, y suponer que vas a tener que llegar de un tirón hasta Arcachón. Y si llegas sin las condiciones perfectas tienes que quedarte capeando hasta que esas condiciones se reúnan.
Y finalmente viene la enorme bahía de Arcachón. Aquí tener un barco pequeño y con la orza abatible no sólo es una gran ventaja sino que es imprescindible si quieres conocerla bien. Esa enorme bahía se seca en cuatro quintas partes en bajamar, y el barco tiene que estar preparado para varar por si te sorprende. La mayoría de los puertos tienen unas limitaciones de entrada dependiendo de la marea, y cuanto menor es el calado más amplio es el margen para entrar y salir. Por otra parte en su interior suelen secarse, y es más fácil la varada con un barco pequeño y de orza abatible. Algunos de los puertecitos están situados en el interior de los ríos que desembocan en la bahía, y navegar por esos ríos, que también se secan en bajamar, es una complicación adicional, y sólo posible con barcos pequeños. La mayoría de los veleros de tránsito se quedan en el principal puerto, el de Arcachón, el único con aguas profundas, y se limitan a ese sin conocer más.
En nuestra visita larga anterior a la bahía de Arcachón, en 2014, pudimos recalar en algunos de esos puertecitos donde nos facilitaron mucho las cosas tanto nuestro pequeño tamaño, como la simpatía que despertábamos por haber llegado hasta allí con el Tonic 23. En algunos ni siquiera nos cobraron. Ellos dicen que venimos "del océano", y por venir del océano tenemos una noche gratis. Os aseguro que con un barco más grande no habríamos podido pasar. Por desgracia este año las cosas habían cambiado, y nos hemos encontrado con el chasco de que en esos puertos pequeños no querían visitantes, y hasta avisándoles de nuestro pequeño tamaño y de que ya habíamos entrado en esos puertos en una visita anterior, sólo nos pusieron dificultades. Ha sido la principal decepción de esta navegación.
Este año no hemos tenido en el barco ninguna avería. Pero os recuerdo otra de las principales ventajas de un barco pequeño, que es que en caso de una avería larga o insuperable puedes llevarlo a tu puerto de origen en un camión. A los que destacan como argumento en contra el alto coste de este transporte, les recuerdo que el precio tan bajo de un barco pequeño al compararlo con uno grande te permite hacer un transporte en camión cada verano durante toda tu vida de navegante, y aún así te estás ahorrando dinero. Y lo mismo digo para la posibilidad de irte a dormir a un hotel en las noches incómodas a bordo, aunque yo no lo he hecho nunca.
Respecto a la vida a bordo, por supuesto tienes que acostumbrarte a llevar una vida espartana. Aun así en el Tonic 23 hemos llegado a viajar cuatro personas con relativa comodidad. Su espacio de estiba es suficiente, y yo por ejemplo llevo hasta velas de repuesto y dos bicicletas plegables. El refinamiento último fue cuando conseguí hacerle una duchita, y fue lo que me convenció de que ya no necesitaba uno más grande.
Desde mi punto de vista las ventajas de un barco pequeño superan a los inconvenientes. Por supuesto no es más que una opinión y puedo estar equivocado. Pero yo estoy encantado con el Tonic 23, y espero poder seguir muchos años con él. Es más, estoy convencido de que con un barco más grande navegaría menos.
Con cuidado, navegantes.


















