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martes, 30 de junio de 2026

A Biganos ¡en tren!.

Hola navegantes. 

Así es, hoy hemos ido al puerto de Biganos, donde se suponía que nuestro barquito podía dañar las estructuras portuarias, en tren. El sitio es precioso como lo recordábamos, lleno de casitas de pescadores multicolores a la orilla de un río donde los barcos locales amarran a estacas. 



Estas son las estructuras portuarias que se supone que podíamos haber dañado. Unas estacas clavadas en la orilla, a las que las barcas se amarran a través de una anilla que sube y baja con la marea. 





La disculpa que nos han dado para no acogernos es bochornosa y casi hubiéramos preferido que nos dijeran que no querían recibir a nadie de fuera. Hay un montón de sitios vacíos, y lo único que pasaría es que nos habríamos quedado varados en el barro, igual que están todos los demás. 


Pero por otra parte los atraques no tienen puntos de luz y no hubiéramos podido poner los ventiladores ni la neverita portátil, o sea que habría sido una noche de calor y de mosquitos bastante incómoda. O sea que a lo mejor nos han hecho un favor.



Algunas casas están construidas sobre pilotes porque en las mareas vivas el agua rebosa la orilla del río e inunda el pueblo. También inunda un aparcamiento de coches que hay en las afueras.



Como en el puerto hay un edificio de Capitanía me acerqué a ver si me daban alguna explicación del rechazo. 


 En teoría abrían a la una y media, y a las dos todavía estaba la capitanía cerrada. Entonces creo que lo entendí todo; yo tendría que llegar a Biganos con la pleamar, que esta tarde es a las 8 y pico. Lógicamente tendría que haber alguien de la Capitanía para esperarme y asignarme un atraque en mitad de ese laberinto de canales. Supongo que no le apetecía estar trabajando a esa hora y prefirió decirme que no fuera.


Después fuimos a ver el Lago Verde, en Biganos. Era una explotación de áridos que había dejado un agujero en la tierra. Cuando dejó de extraer y cesó su actividad el agua subterránea fue filtrándose y se ha hecho una laguna preciosa, rodeada de vegetación, que se usa sólo para la pesca. Está prohibido bañarse. Los peces que hay allí los infiltraron artificialmente precisamente para dedicar la laguna a la pesca. 




El entorno del lago está rodeado por una pista ciclable de esas a las que ya están acostumbradas nuestras minibicis. Bueno, "ciclable"  es como la llaman ellos. 



La población de Biganos se quedó encantada con esa transformación inesperada e involuntaria de su entorno, que les vino como una lotería.

También hemos ido al puerto de Le Teich, donde estuvimos en nuestra visita anterior. Igual que a Biganos se llega remontando el cauce de un río algunas millas hacia el interior. Este se seca completamente y los barcos se quedan apoyados en el barro del fondo, que es del tipo de las arenas movedizas. En nuestra visita anterior casi engulle a un piragüista que se bajó del kayak antes de tiempo.





Cerca del puerto han hecho una playa artificial en una excavación a la orilla del río, que se rellena desde el río a través de una compuerta. Antes estaba más salvaje, ahora está rodeada de arena fina que seguramente han traído desde otra parte, y tiene hasta servicio de salvamento.


En bajamar se pueden ver en el barro del fondo las marcas de los barcos que entraron un poco justos, y llegaron a su atraque arando el fondo de barro con la quilla.


Hoy había varios autobuses con escolares que seguramente habían ido a visitar la reserva ornitológica, y aquello estaba muy animado.

En resumen, dos puertos muy interesantes y muy diferentes de las marinas a las que estamos acostumbrados. Qué pena que nos hayamos visto obligados a visitarlos en tren y en bici en vez de con el barco. ¡Qué lastima!. Nos queda el consuelo de que por lo menos hace unos años, en los buenos tiempos de la náutica, fuimos capaces de venir con el Corto Maltés.

 Con cuidado, navegantes.

lunes, 29 de junio de 2026

La navegación ya no es lo que era, o esto me pasa por preguntar.

Hola navegantes. 

Va a ser verdad el dicho de que nunca hay que volver a un sitio donde has sido feliz. Esta navegación está siendo decepcionante. Aparte de la ola de calor que nos ha hecho muy incómoda la primera semana, estamos viviendo ahora el problema con los puertos, que nos hace sentir que vivimos fuera del escenario. 

Ya os conté que en el puerto de La Vigne, donde estuvimos dos veces en nuestra estancia anterior (y no nos cobraron nada) ahora me dicen que en el caso de que me encontraran un sitio de amarre no podría dormir a bordo porque lo prohíbe la alcaldía. En otras palabras, tendría que dejar el barco vacío e irme a dormir a un hotel.

Otro día pedimos amarre en el puerto de Audenge. Por teléfono no parecía haber ningún problema y me pidieron que les mandara los papeles del barco y mi documentación. Se lo mandé todo por email y me contestaron que no tenían plaza para ese día, lo cual es increíble tanto desde mi punto de vista como desde los responsables de la Capitanía de Arcachón. A esos puertos pequeños nunca va nadie. Le pregunté que cuándo sería el primer día de esta semana que tendría una plaza libre, y no me contestó. 

Finalmente está el puerto de Biganos. Desde nuestro punto de vista es el más bonito de toda la bahía de Arcachón y estuvimos en él en nuestra estancia anterior. Os pongo una foto de aquella estancia como recuerdo de los momentos felices. 


Donde nos quedamos la vez anterior (detrás, en la foto) había como un metro de calado en bajamar, y el Corto Maltés cala 70 cm. Tampoco allí nos cobraron nada. Pues esta ha sido su respuesta ahora: 

"La quilla y el calado de su barco nos hacen pensar que usted no podrá acceder a la plaza, y que el comportamiento del barco en marea baja corre el riesgo de dañar las estructuras portuarias".

¡Dañar las estructuras portuarias con un velero de fibra de seis metros y medio!. Estructuras que por cierto se limitan a unas estacas clavadas en el fondo, a las que hay que amarrarse. ¡Y eso que le había dicho que ya había estado allí con el mismo barco sin ningún problema!. Se nos han quitado las ganas de seguir preguntando y vamos a terminar la semana aquí, en el puerto de Arcachón. 

Entre estas novedades deprimentes en Francia, las orcas en Galicia, Asturias y ya hasta en Euskadi, la tala de árboles en el canal de Midi que convierte en un sufrimiento llegar al Mediterráneo, y la evolución general de la náutica hacia el lujo desmesurado, donde quieren cobrarte hasta por respirar, se nos están quitando las ganas de seguir viajando con el barco. Como veis me encuentro en un momento bajo.

Y otra cosa, si alguna vez venís a Arcachón intentad que no os den amarre en la base de los pantalanes. En bajamar se quedan en seco y el fondo no es blandito, son placas de hormigón llenas de artistas.




En fin, los días que nos quedan nos planteamos ir a ver los puertos de la bahía en tren o en bici. ¡Menudo consuelo!.

 Con cuidado, navegantes.

Postdata. Como la entrada de esta mañana me ha salido muy pesimista, intento corregirla con la navegación de esta tarde, que hemos vuelto a fondear en la Isla de los Pájaros en pleamar. Para transmitir que a pesar los contratiempos, esto de navegar merece la pena. 






domingo, 28 de junio de 2026

La duna de Pilatos.

Hola navegantes. 

Parece que el tiempo ha empezado ya a cambiar. Hoy a ratos ha hecho hasta frío y estamos preparándonos para una noche de tormentas. Además ha estado soplando por la tarde un viento del Oeste bastante fuerte, que levantaba olas en la bahía y refrescaba mucho el ambiente.

Hemos aprovechado el día para una excursión en bici a conocer la duna de Pilatos. Casi 40 km con nuestras minibicis de rueda pequeña, una paliza. Pero que ha merecido la pena. 

Con sus 110 metros de altura es la duna de arena más alta de Europa, y sirve como punto de referencia para encontrar la entrada de Arcachón desde alta mar. Se lleva formando 4.000 años por los arrastres de arena que trae el viento del Oeste. Los mismos arrastres que han producido el Banc d'Argin en la entrada de la bahía de Arcachón. De hecho en la cartografía y en las fotos del satélite se ve que el Banc d'Argin y la duna de Pilatos están en la misma dirección Este-Oeste y uno frente a otra.



La duna lleva muchos años creciendo entre uno y cinco metros anuales hacia el Este, engullendo un pinar que tiene detrás y algunas casas que se construyeron allí. Un desastre irremediable porque no hay forma humana de parar el avance de semejante montaña de arena. 


A la duna se sube por su ladera Este, la que da al pinar. Recientemente han habilitado unas escaleras para que sea más cómoda la subida, pero la mayoría preferimos seguir subiendo por la arena. 


Es una subida muy dificultosa porque las piernas se te hunden hasta el tobillo, y mucha gente pierde allí los zapatos. Los zapatos que otros se encuentran se dejan en las empalizadas para que el que los ha perdido pueda encontrarlos. A veces pierden hasta los calcetines. 


Desde arriba se tiene una vista magnífica del océano, el Banc d'Argin, las bocas de Arcachón para entrar en la bahía, y la misma ciudad de Arcachón. La ladera Oeste, la que da al mar, se utiliza para algunos deportes como el parapente o deslizarse con paipo por la cuesta de arena.

A la vuelta vimos en el puerto un dispositivo que todavía no es muy habitual en España. Un sitio para vaciar y limpiar los retretes químicos. Será algo cada vez más necesario, ya que muchos barcos están cambiando el retrete de bomba por un retrete químico, desde que es obligatoria la instalación de un depósito de aguas negras a bordo y en los barcos pequeños no cabe. 


 Con cuidado, navegantes.

sábado, 27 de junio de 2026

Por fin un día de pura vela.

Hola navegantes. 

Así es, por fin hoy hemos disfrutado de un día veraniego sin el agobio del calor de la última semana. 

Ha salido un viento refrescante del Oeste que hemos aprovechado para ir al Banc d'Arguin. Pero antes de nada hemos pasado por la famosa cola de ballena que está fondeada frente a una playa en Arcachón. Es una obra escultórica que se instaló en 2011 con ánimo de ser perecedera, es decir, mantenerse allí sólo un verano. Pero gustó tanto a los arcachoneses que decidieron mantenerla. Durante el invierno se retira para que no se deteriore, y vuelve a instalarse durante la primavera y el verano y cada año pintada de una manera. Este año ha sido de color blanco con estrellitas.


Después fuimos navegando al Banc d'Arguin. Es ese conjunto de arenales que se encuentran en la entrada de la bahía de Arcachón, algunos emergidos y otros sumergidos, y que cambian de aspecto cada año debido a los temporales. Eso es lo que obliga a cambiar el balizamiento del canal de entrada cada año. Fondeamos en el primero de los islotes, que emergía aproximadamente uno o dos metros de la superficie del mar, y que nos imaginábamos que en pleamar quedaría completamente sumergido, como así fue. Tenía este aspecto, con la duna de Pilatos al fondo:


Supongo que hay tantos barcos porque me parece que hoy es sábado. Pero si pensáis que son muchos, a consolarse, porque he leído que en temporada alta se han contado aquí más de 900 barcos (sí, 900).

Aparte de la cartografía, hay que ir muy pendiente del aspecto del mar, porque a veces los arenales sumergidos que velan pocos metros por debajo de la superficie sólo se diferencian por un cambio en el aspecto de las olitas o en el color del agua:


En la foto anterior, el color más claro correspondió a un arenal que velaba a poco más de un metro bajo el agua, y tuvimos que pasarlo con la orza y el timón subidos.

Cuando la marea sumergió el arenal en el que habíamos fondeado empezaron a llegarnos las olitas procedentes del golfo de Vizcaya, y el fondeo resultó incómodo. Con toda la tarde por delante y aquel viento tan maravilloso, decidimos volver a ir a la Isla de los Pájaros. Pero esta vez llegamos en pleamar y nos tocó fondear en el mismo lugar que hace unos días habíamos varado. El espectáculo era curioso porque las casas que habíamos visto en mitad del arenal ahora estaban en mitad del mar. 


Y al volver a puerto todavía nos quedó tiempo para ir a ver el observatorio de Santa Cecilia. Es una estructura metálica de color negro, de treinta y dos metros de altura, construida con vías de tren remachadas con el mismo sistema de la Torre Eiffel. Ahora sirve como observatorio de toda la ciudad y la bahía de Arcachón, pero en origen su utilización fue muy distinta. 


Era para el tratamiento de los tuberculosos. Cuando la medicina no era científica el tratamiento se basaba en respirar aire puro y un ejercicio moderado. Entonces les hacían venir a pasear a esta colina, donde hay un bosque enorme de pinos, para respirar el aire sano. Después les hacían subir por unas rampas que en vez de escalones tenían piedras de río, redondas como los bíceps de un forzudo. No sé si alguno conseguiría llegar arriba. 


Luego les hacían pasar por una pasarela metálica situada a quince metros sobre el suelo, para superar el vértigo que iban a sentir después en la torre. 



Y finalmente tenían que subir los treinta y dos metros de la torre por una escalera de caracol colgada de cables como los de los ascensores, que no paraban de moverse especialmente cuando hacía viento. ¡Menudo tratamiento!.

Como curiosidad, la torre original tenía una segunda plataforma más arriba de la actual, que se perdió. Tenía forma del mástil y la cofa de un velero. 


Aspectos curiosos que intentan vincular a los arcachoneses con el mar. 

Y me despido con dos chorraditas. Primero el kit que llevamos siempre encima estos días de calor (la pomada es la de las picaduras): 


Y la segunda el curioso campo de tiro de los militares en Las Landas para esta semana. Les ha salido de floritura:


Terminarán haciendo uno con forma de corazoncito.

 Con cuidado, navegantes.

viernes, 26 de junio de 2026

Parece que vuelve el fresquito.

Hola navegantes. 

Ayer el día se despidió con una tormenta con aparato eléctrico, como si la naturaleza quisiera demostrar de lo que es capaz cuando se le deja suelta. Eso contribuyó a refrescar el ambiente y hemos vuelto a dormir con manta. Hoy amaneció nublado, y aunque enseguida se despejó, todo el día sopló un viento del Oeste que refrescaba el ambiente, y el calor de hoy no tiene nada que ver con lo que hemos padecido esta semana. Ahora estamos en el barco con 28ºC. Ojalá sea el principio de un cambio definitivo.

Hoy hemos ido a recorrer la península de Cap Ferret. Está al otro lado de la bahía y hemos ido en una vedette. No fuimos con el Corto Maltés porque en el puerto de La Vigne, el único de esa costa y donde nos quedamos en una visita anterior, nos dijeron que ya no está permitido dormir a bordo. Y claro, no íbamos a ir allí para dejar el barco vacío y dormir en un hotel. 

Con las bicis fuimos hasta el famoso faro de Cap Ferret. Es típico por su silueta altísima de color blanco con el copete rojo, así como por la luz que emite que es de color rojo y de 360 grados de horizonte. Encima de la puerta tiene una escultura de un velero y un delfín, que también son típicos.




 En este faro es donde trabajan los prácticos que te dan indicaciones por la radio sobre cómo entrar y salir por las bocas de Arcachón, cuando la niebla o el mal tiempo impiden la visibilidad. Desde lo alto del faro tienen una visión perfecta de la entrada de la bahía.

En sus inmediaciones se conserva un búnker de la segunda guerra mundial que se puede visitar, y donde se hace una exposición de la historia y las sucesivas modificaciones del faro.


Después fuimos hasta la misma punta del Cap Ferret, donde se juntan las aguas del Atlántico con las del golfo de Arcachón. Allí las corrientes son enormes y la arena se mueve todos los años. Se han puesto protecciones en la orilla para que las corrientes no se lleven la arena de las playas, y empalizadas en la parte superior de las dunas para que crezcan en altura cuando el viento arrastra la arena. En la orilla de enfrente de Cap Ferret domina siempre la imagen la Duna de Pilatos, que iremos a visitar otro día.


Por la tarde fuimos a ver el puerto de La Vigne para recordar los viejos tiempos. Toda la península de Cap Ferret está ocupada por un pinar muy frondoso, por el que tuvimos que desenvolvernos en unas pistas complicadas con nuestras mini bicis.


La guía Imray avisa de que las agujas de los pinos pueden terminar en el agua y allí obstruir los conductos de refrigeración de los motores. Pero yo he estado varias veces en Arcachón y nunca lo he visto. 

El puerto de La Vigne fue originalmente un lago interior de agua dulce. Los temporales y las corrientes de marea fueron socavando la orilla hasta que finalmente el lago se unió con el mar y el agua se mezcló. Una vez hecha esa comunicación con la bahía de Arcachón se prefirió mantenerla abierta para construir allí un puerto deportivo. Todas las ranas y otros anfibios que vivían en el lago fueron desplazados, y ahora viven por los alrededores, y por la noche es habitual oír el croar de las ranas desde el barco. 



El puerto es pequeñísimo y está abarrotado. Tanto es así que para ganar espacio no han colocado fingers, y los barcos se amarran de una forma muy original. No tienen ni finger ni una amarra al fondo por la proa. Se amarran estrechamente al pantalán por la popa, solidarizándose con él como si el barco fuera el mismo finger. Esta unión tan estrecha evita que la proa se desplace hacia la derecha y a la izquierda. Para evitar que se estropeen los espejos de popa o los motores fueraborda colocan unas protecciones especiales, para que lo que apoye sea el espejo de popa. 



Al volver a Arcachón pasamos por delante de una tienda de bicis, y aprovechamos para sustituir los puños que se habían derretido durante la ola de calor.


 Con cuidado, navegantes.