Por desgracia hoy no hemos podido dedicar el día a otra cosa que no fuera escapar al calor. La mitad de la mañana la hemos dedicado a la gestión de nuestro suministro de hielo. La chica de la Capitanía me dijo que no tienen congelador (me extrañó porque en viajes anteriores sí tenían). Los dos sitios donde me dijo que podía conseguir hielo no existen, y los supermercados tienen carencia de hielo por el aumento de demanda por la canícula. Entonces me mandó a un supermercado grande en las afueras de Arcachón. Al decirle que se me derretiría mientras volvía con él en la bici me sugirió ir en taxi. ¡Muy lista la tía, 4 taxis al día para comprar hielo durante las dos semanas de estancia en la bahía!.
Entonces hice una de las gestiones geniales que dicen que me caracterizan. Hablé con el dueño de un supermercado a 5 minutos del puerto y le dije que iba a comprarle la comida de dos personas durante 2 semanas, más la despensa para el viaje de vuelta a Santander, que equivale a otras dos semanas. En total más de 500 €. Que si a cambio podría congelarme los frigolines en la misma nevera donde guarda el hielo, y me dijo que sí.
Pues con esto resuelto, decidimos hacer una navegación corta únicamente para ir a fondear en el centro de la bahía, esperando que allí corriera el aire. Al pasar por la gasolinera vi que tenían un puesto de helados y me paré a investigar. La gasolinera está a 50 metros de la Capitania. No sé si os lo podréis creer, pero allí venden hielo y además también pueden congelarme los frigolines, y por si fuera poco también tienen granizados, nuestro principal lujo en esta canícula. ¡Y la chica de la Capitania sin saberlo!.
Por desgracia nuestras expectativas de que corriera el aire en mitad de la bahía no se cumplieron. Ha sido un día de un calor sahariano sin una brizna de viento. Y aquí estamos en el barco a 34 ºC temiendo la noche que nos espera.
Con cuidado, navegantes.

























































