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jueves, 3 de diciembre de 2020

Se vuelve otro octogenario que seguía a Elcano.

Hola navegantes.

En la entrada de 24-2-20 os hablé de Bill Hatfield, que con 81 años había finalizado la vuelta al mundo en solitario en su velero de 11 metros, en la de 1-12-20 de Jon Sanders, igualmente una vuelta al mundo en solitario con 81 años en un velero de 10 metros, y en las de 21-10-20 y 6-11-20 de Jo Le Guen, que con 73 años empezaba una vuelta al mundo siguiendo la ruta de Elcano, en solitario en  un velero de 8 metros. Jo Le Guen está ya por Sudamérica.

Pues hay otro octogenario que se ha propuesto seguir la ruta de Elcano, aunque esta vez en un gran catamarán Outremer 45, bautizado AventuraZero, y en compañía de su  mujer, Gwenda, y sus dos hijos, Ivan y Doina. Se trata de Jimmy Cornell, el Gran Manitu de la vela inglesa, con 200.000 millas navegadas en varias vueltas al mundo, y autor de varios libros técnicos de navegación, entre otros dos que son la biblia de los navegantes trasmundistas: uno sobre las grandes rutas para cruzar el globo, y otro sobre las escalas en esas travesías. Su  mujer y sus hijos son, a su vez, autores de varios libros sobre sus aventuras por los mares a lo largo de toda su vida. En las fotos, la familia Cornell en 1974, cuando su primera vuelta al mundo (para la nostalgia) y en la actualidad.



Aparte del reto de navegación había un reto técnico, dar la vuelta al mundo en un barco de vela con motorización eléctrica y cero emisiones de CO2 (de ahí el nombre del catamarán). Jimmy y su familia iniciaron la circunnavegación en La Grande Motte, en Francia, y ya habían llegado a Las Canarias. Cuál no sería mi sorpresa al ver en su blog que se dan media vuelta abandonando el proyecto, y vuelven a Francia. Es la primera vez en su vida que Jimmy se ve obligado a abandonar un proyecto.

La razón es la insuficiencia de la generación eléctrica. El barco lleva unos alternadores que cargan las baterías aprovechando el giro pasivo de las hélices de los dos motores cuando navega a vela. En las pruebas de mar antes del viaje conseguían cargar 600 vatios navegando a 6 nudos y 800 vatios a 8 nudos, lo que era suficiente para el consumo (un consumo, por cierto, muy goloso, pues llevan 2 frigoríficos, cocina eléctrica, winches eléctricos, etc). Pero en la travesía hasta Canarias vieron que la generación en condiciones "reales" era sólo de 336 vatios, y que aún reduciendo el consumo al mínimo las baterías se descargaban.

 En cruceros cortos puedes aceptar ese riesgo porque puedes cargar las baterías en los puertos, pero en la travesía de un océano no puedes arriesgarte. Los constructores del catamarán, el astillero Outremer, la única solución que le daban era instalar un generador de gasolina, lo que sería contrario al espíritu del viaje. Ante este problema insoluble la tripulación ha decidido abandonar el proyecto y volver a casa, saliéndoles la insatisfacción como un eccema. Pero así es la vida. Yo siempre digo que en la vela vale más un barco de segunda mano, y sobre todo si el dueño anterior lo ha cuidado bien, que uno nuevo. Y más aún si con el nuevo te vas a lanzar a un proyecto como éste, porque cualquier vicio oculto al salir del astillero va a dar la cara en países lejanos, donde cualquier dificultad se crece hasta el infinito.

Lamento este abandono casi como si fuera un viaje mío, y les deseo la mejor suerte para el próximo proyecto. A ver qué hacen ahora con ese barcarrón. 

Con cuidado, navegantes.


martes, 1 de diciembre de 2020

Se hundió el primer barco con foils.

Hola navegantes.

En la entrada de 12-11-2020 os conté que la Vendée Globe estaban participando veleros con foils, y que ya habían comenzado a romperse. Pues justo aquél del que os hablé, el de Kevin Escoffier, que había tenido una vía de agua, finalmente se ha hundido en los "cuarenta rugientes" (que es como se llama a los mares en la latitud 40 º Sur). Es ese que os conté que antes de ponerse a achicar grabó un vídeo de la inundación, como si fuera algo para tomarse a broma o un espectáculo para sus seguidores en las redes.

Kevin se ha salvado de milagro. Pudo pasar a la balsa salvavidas, y tuvo la suerte de que inmediatamente detrás (a 22 millas) navegaba otro de los participantes en la regata, Jean Le Cam, que le recogió esta madrugada después de una odisea. Llegó a la posición de la balsa, la vio, y bajó a desprecintar el motor para el acercamiento (lo llevan precintado para no hacer trampa en la regata). Al volver a cubierta había perdido de vista la balsa entre las olas, y sólo unas horas después volvió a verla y pudo recuperar a Kevin. La desgracia ha estado cerca, espero que no se consume con otro barco. Y también espero que los organizadores saquen alguna conclusión.

Ahora ese barco que cuesta una suma faraónica descansa en el fondo del Océano Austral, a unas 600 millas al Sudoeste del Cabo de Buena Esperanza. Ya os dije que sólo los foils cuestan 150.000 euros, y el barco de Didac Costa, un bombero español que está participando en la regata, sin foils y de segunda mano, que costó 400.00 euros, es el segundo más barato de la flota. Supongo que los nuevos cuestan algunos millones de euros.

Yo soy claramente contrario a esos "vehículos" (más que "barcos") que navegan fuera del agua, como un avión volando bajo,  y más aún ponerlos a prueba con un ser humano dentro por los mares más arbolados del planeta. Sus precios demenciales contribuyen a mantener una imagen no ya elitista sino absolutamente inaccesible de la vela, muy alejada de la realidad. Un barco como el Corto Maltés se consigue hoy día por unos 6-8.000 euros, y te permite disfrutar del mar como con los millonarios.

En el otro extremo, las vueltas al mundo a nivel humano, no competitivo, contaros que Jon Sanders, el australiano de 81 años del que os hablé en las entradas de 28-2-20 y 26-10-20, ha conseguido finalizarla. Aquí le veis recogiendo muestras para estudiar los microplásticos que contaminan el Océano:

 

Ha sido una vuelta al mundo tranquila en un velero de 10 metros, y que se ha visto interrumpida por la Covid. Aún así consiguió llegar a Bundaberg, su puerto de partida en Australia, a finales de octubre. Me parece que en otra entrada dije que si lo conseguía le aplaudiría hasta con las orejas, y aquí estoy intentándolo.

Con cuidado, navegantes.

domingo, 29 de noviembre de 2020

El Atlántico sin las dos manos.

 Hola navegantes.

Hay algunos que parece que les han bautizado con agua de mar. Les pase lo que les pase, vuelven. Y si no mirad éste:

Howard Blackburn fue un pescador de Terranova que fue sorprendido en 1883 por una niebla helada en una barca de remos, con un compañero. Tenía 24 años. Estuvo 5 días y 5 noches remando, sin comida ni agua, sin guantes, y los tres últimos acompañado del cadáver de su amigo, que falleció de hipotermia en aquella temperatura siberiana. Cualquiera habría aligerado la barca del peso del cadáver, pero Howard lo mantuvo a bordo, cargando por lo tanto con 80 o 90 kg de más, con tal de llevarlo a casa para darle sepultura. Cuando sintió que él también se congelaba, dejó que se le pegaran las manos a los remos en la buena posición para poder seguir remando. Llegó a tierra y salvó la vida, pero perdió todos los dedos de las manos y algunos de los pies y parte de los talones, porque intentó abrigarse las manos con los calcetines y empeoró las cuatro extremidades.


 Con esa experiencia cualquiera habría abandonado el mar. Pues Howard, en 1899, cruzó el Atlántico en solitario en un barco de vela, manejándolo con sus muñones. Entonces sólo dos hombres habían cruzado el Atlántico a vela en solitario, y ambos tenían las dos manos operativas, claro. Howard salió de Massachussett, en EEUU, y llegó a Gloucester, en Inglaterra, 62 días después. 

Le debió parecer insuficiente, y en 1901 volvió a cruzar el Atlántico, esta vez hasta Lisboa, en solitario, en un velero de 25 pies llamado "Great Republic", prácticamente el mismo tamaño que el Corto Maltés, que es de 23 pies, pero sin cabina o con una cabina minúscula:


 Esta vez invirtió 39 días en el viaje. La verdad es que viendo sus muñones en la primera foto lo que yo me pregunto no es cómo manejaba las escotas, sino cómo se bajaba los pantalones o cómo se hacía la comida. El ser humano es increíble.

Y yo que estaba pensando catalogar de héroe a Damien Seguin por participar en la Vendée Globe con un mano, ahora voy me entero de la historia de este tío.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 28 de noviembre de 2020

La mejor foto del siglo.

 Hola navegantes.

El concurso Mirabaud Yatch Racing Image que premia la mejor foto náutica del siglo, se ha atribuido a ésta:

 Es el trimarán gigante Fujifilm navegando en 2002 cerca del "agujero del diablo", un paraje donde se forma olas huecas como la de la foto, que hacen como un agujero en el mar.

La foto la tomó Gilles Martin-Raget desde un helicóptero  que seguía la "ruta de los faros", una competición alrededor de los famosos faros del Atlántico franceses, esos que adornan los pósters de los días de tormenta. Y el sitio es el Pasaje de Fromveur, entre la isla de Ouessant y la de Bannec, frente al Finisterre francés. Por allí pasamos con el Corto Maltés en la vuelta a Francia, pero claro, un día en que la meteorología lo permitía, no un día como el de la foto. Es un paso estrecho (como de 1 km) y poco profundo, barrido por las corrientes de marea. Cuando en un paso estrecho el viento se opone a la corriente se forman o bien olas cortas y rompientes, o bien olas piramidales que no rompen en línea pero se elevan y un instante después se engullen ellas mismas formando esos agujeros. Las dos son peligrosísimas, aunque nunca las he visto como la de la foto.

Una de las principales responsabilidades cuando se navega con un barco pequeño es estudiar bien la meteorología, precisamente para no verte en situaciones como la de la foto. El Fujifilm pudo salir airoso, pero el Corto Maltés habría hecho un schuss precioso hacia el centro de la ola, y se habría quedado allí, en el fondo, para el descanso eterno.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 27 de noviembre de 2020

El Atlántico en windsurf.

 Hola navegantes.

Lo habéis leído bien, el francés Christian Marty en 1981 (con 36 años) cruzó el Atlántico en una tabla de windsurf, uniendo el continente africano y el americano en 37 días.

Christian había conseguido ya algunos récords en ese mismo deporte en las Antillas y entre el continente y la isla de Córcega, y se propuso lo que parecía imposible. 


Lógicamente tuvo que hacer algunas adaptaciones a la tabla, que ya de por sí era un  modelo especialmente concebido para ese intento. Era de 3,5 metros de eslora y 0,75 de manga y pesaba 20 kg. Como la mayoría del recorrido iba a ser de empopada, el rumbo más difícil por el equilibrio en las olas y por no poder "colgarse" de la vela sino tener que sujetarla a pulso, planificó hacer la travesía sentado. Para ello se fabricó una especie de cojín de cuero que llevaba colgado del chaleco, y tuvo que diseñar un segundo wishbone (la botavara de las velas de wind) para poder alcanzarlo desde la posición sentada. El segundo wishbone se hacía firme al principal:

Aunque llevaba un barco nodriza de acompañamiento para transportarle la comida, su propósito era hacer toda la travesía sin abandonar la tabla. Para ello diseñó un inflable que rodeaba la tabla por la noche, y donde tendía un colchón y un saco de dormir estanco:

En ese habitáculo dormía, comía, se duchaba y hacía sus necesidades. Además por la noche sustituía el palo de la vela por un pequeño mástil con un reflector radar y unos bastoncillos luminosos (para que no le perdiera de vista el barco nodriza) así como una reserva de flotabilidad (o sea, otro inflable en la punta) para que en caso de vuelco la tabla no se quedara boca abajo.

El color del fondo lo eligió azul-verdoso para no atraer a los cetáceos, porque ya comenté en otra entrada que si la obra viva de un barco se pinta de blanco, vista desde más abajo por una ballena puede confundirla con un congénere y venir a "jugar". 

En el barco nodriza llevaba un arsenal de repuestos: 30 velas de distintas superficies (desde 2,8 a 9 metros cuadrados) varios palos y wishbones, 8 sacos de dormir para sustituir a los que se mojasen (se fabricaron especiales, con cierre de velcro en vez de cremallera, para poder abrirlos de un golpe si la tabla se volcaba mientras dormía, lo que le ocurrió varias veces), 40 "sacos-pipí" (pequeñas bolsas con una cápsula absorbente para orinar sin salir del saco), y por supuesto la comida y el agua para la travesía, contando la de Christian y la de los 6 miembros de la tripulación del barco nodriza.

También llevaba unas orzas especialmente lastradas para pasar la noche. No navegaba con ellas y las ponía sólo para dormir. Eran de fibra, de 1,5 metros de largo y 6 Kg de lastre de plomo en el extremo. A pesar de este equilibrio adicional, las primeras noches no paraba de volcar y tuvieron que mejorar la estabilidad de la tabla añadiendo unas defensas inflables del barco nodriza en cada banda. 

Christian llevaba siempre una mochila con material de supervivencia, por si acaso el barco le perdía de vista y se quedaba abandonado en mitad del Océano: botiquín y aseo, bengalas, destilador de agua de mar, líneas de pesca, una especie de cometa para aumentar su velocidad si le faltaba la vela, y un walkie-talkie. De todas formas los walkie-talkies se estropearon a mitad de la travesía y perdieron esta forma de contacto, haciendo aún más peligroso cualquier despiste. 

El barco nodriza, aunque imprescindible en este caso, fue una fuente de problemas. Era un velero de 22 metros de eslora con 6 tripulantes, especialmente preparado para este desafío. En la primera salida, desde Dakar, tuvo una avería en el timón que les obligó a regresar a solucionarlo, con lo que la primera etapa de la travesía se repitió dos veces. En muchas ocasiones la tabla de windsurf, que es veloz como un dardo (a veces, 20 nudos) navegaba más deprisa que el velero, y se tenía que parar a esperarles y que no le perdieran de vista en mitad del Océano. Sorprendentemente en la tabla no llevaba una brújula, y cuando se adelantaba la única forma que tenía Christian de no salirse del rumbo marcado era calculando a ojo su ángulo con las olas, como veis algo muy poco científico pero que sirvió. Si no hubiera afinado podría haberse salido del rumbo del velero, y que luego no se hubieran reencontrado.

 Por la noche el barco hacía pasadas en zig-zag cruzando la deriva de la tabla para no perderla de vista, y algunas noches la abordaron, provocando su vuelco. También se echaron a perder, por distintos motivos, las dos zodiac que llevaban para traspasar el equipo del barco nodriza a la tabla.

El momento más peligroso de la travesía fue cuando una noche la tabla volcó, el saco de dormir se separó de ella, y Christian fue a recuperarlo a nado. Otra ola enderezó la tabla, y al recibir de nuevo el viento se puso a derivar más deprisa de lo que él nadaba. Llegó a estar a más de 200 metros de ella a pesar de sus esfuerzos, y fue recuperado por casualidad. Los del velero no vieron el vuelco, y como se enderezó sola, al volver a ver sus luces no se imaginaron lo que había pasado en ese corto intervalo. Creyeron que todo seguía normal y no hicieron nada para acercarse. La casualidad quiso que uno de los bordos en zig-zag se acercaran al náufrago, que a gritos consiguió que se fijaran en él.

Finalmente llegó a Kourou, en la Guyana Francesa, tras 37 días sin abandonar la tabla.

Christian era piloto de profesión, y por desgracia falleció en un accidente de un avión Concorde, que pilotaba, a los 54 años.

 Con cuidado, navegantes.

 

jueves, 26 de noviembre de 2020

El manco se clavó la navaja.

 Hola navegantes.

En las entradas del 4-6-20 y 9-11-20 os hablé de Damien Seguin, el navegante francés que nació sin la mano izquierda y ha conseguido llegar a participar en igualdad de condiciones en la Vendée Globe, la vuelta al mundo a vela en solitario, e incluso en algunas etapas ir en primera posición.

Pues ha tenido un accidente a bordo y se ha clavado la navaja en el brazo izquierdo, el malo, porque lógicamente la navaja la llevaba en la derecha. Él mismo pudo contactar por radio con el servicio médico y coserse la brecha con puntos de steri-strepp, como podéis ver en este vídeo:

Clic aquí.

Aparte del mérito que tiene, me sigue llamando la atención esa necesidad obsesiva de filmarlo todo. Me supongo que es una concesión a sus espónsores, para aumentar las visitas a sus redes sociales. Si no pasa nada a bordo el público se aburre. Pero a mí me da pena por ellos, que más que navegantes los han transformado en youtubers.


Este hombre no para de sorprendernos mientras se come los meridianos. Aquí le veis en otra regata subiendo al palo para arreglar una polea. Muchos navegantes no son capaces de hacerlo con las dos manos, y él lo hace con una sola y sin adaptarse un garfio u otro tipo de prótesis para poder ayudarse algo con la izquierda:

Clic aquí.

Por otra parte, siguen rompiéndose los foils. Ahora le ha tocado a  Thomas Ruyant, en el barco LinkedOut, que ha roto el foil de babor cuando se encontraba en segunda posición y tendrá que acabar la vuelta al mundo sin él. Esperemos que la cosa no empeore con una vía de agua.

Con cuidado, navegantes.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Una casita en primera línea del mar...

 ... a lo mejor no es tan buena idea, por lo menos en la costa del Atlántico. Fijaos cómo llega el mar a Saint-Malo en cuanto hay una marea de coeficiente cercano a 100 y un poco de mar de fondo (no se trata de un temporal, es el oleaje normal de hace 2 días). Creo que los pisos de las primeras casas deben parecer una sucursal del infierno. Juzgad vosotros mismos y pensad en intentar conciliar el sueño allí dentro:

Clic aquí.

Obviamente en bajamar y con buen tiempo las casitas sí que lo valen, con estas vistas:


Viendo el vídeo parece mentira que en la vuelta a Francia nosotros estuviéramos tan tranquilos en esa misma escollera de estacas (las plantan allí para frenar la fuerza de las olas) paseando por una arena que en el vídeo está varios metros debajo de la superficie.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Reforzar un candelero.

Hola navegantes.

En la navegación de este verano a las Rías Altas, un "voluntario" nos terminó de romper la base de uno de los candeleros de estribor. Fue en el puertecito de Tapia de Casariego y os lo conté en la entrada del 1-8-2020. Aunque no te guste, en la navegación acabas siendo un navaja suiza, y ya entonces había hecho una reparación provisional. Lo sellé todo desde fuera con masilla epoxi y añadí un orificio de drenaje en la regala, para que el agua no se estancara justo allí, donde hacía un charco. Quedó en la lista de lo pendiente a la espera de la reparación definitiva.

 Todos los candeleros son importantes, pero especialmente ese, que es del que cuelgo los puntales cuando voy a navegar por zonas donde tendré que varar. De ahí la preocupación por tenerlo fragilizado, y encima filtrando agua.

Ahora en Santander he tenido el tiempo para solucionarlo. Después de despegar el eskay del interior de la camareta, en la siguiente foto podéis ver, por dentro (en el techo del baño) la rotura de la fibra y las grietas por donde se colaba el agua de la lluvia.

Lo primero fue sanearlo todo y llenar bien todas las fisuras con masilla epoxi:


 Después encargar un chapón de acero inoxidable de 2 mm de espesor, que permitiera transmitir los esfuerzos del candelero, en vez de a la base de fibra, a dos de los tornillos que sujetan el raíl del escotero del génova, que son pasantes y tienen sus tuercas a unos 15 cm del tornillo del candelero.

Finalmente llenar todo el lecho entre el chapón y la fibra con masilla epoxi, y apretar. Ahora ha quedado el candelero tan impermeable y mucho más duro que los demás, en una reparación hecha toda desde dentro. Por fuera no se va a notar cuando le quite los pegotes.

Para rematarlo, ya que había tenido que hacer una ventana en el revestimiento de eskay, lo he tapado con una madera sujeta con los otros tornillos del raíl del escotero, que además, prolongada hacia popa, me ha creado una pequeña repisa para colgar el papel y colocar pequeños objetos del baño. Lo que se entiende por matar dos pájaros de un tiro.


 Con cuidado, navegantes.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Los foils empiezan a cascar.

 Hola navegantes.

Ya comenté en anteriores entradas que en la Vendée Globe estaban participando veleros con foils, que al volar sobre el agua en vez navegar dentro de ella, consiguen velocidades de vértigo y quieren pulverizar el récord de la vuelta al mundo. Pero también que por esos mares extremos del hemisferio Sur, donde toda incomodidad tiene su asiento, los foils añadían los choques con el mar cada vez que se posan, y un riesgo más a los muchos que de por sí acechan a los navegantes. Un barco de varias toneladas apoyado en un ala... Sí, los aviones también van así, pero en el aire no van golpeando constantemente con las olas, ni se pueden hacer vías de agua, ni hay objetos sumergidos o mamíferos marinos o tortugas contra los que puedas chocar, ni están dirigidos por un único tripulante solitario, que obviamente necesita dormir de vez en cuando y deja el barco navegando sin vigilancia.

Pues a los 4 días de la salida ya ha ocurrido el primer accidente. El barco de Kevin Escoffier ha tenido una vía de agua por el fallo de una de las válvulas de la caja que soporta el foil de estribor, y se ha inundado hasta la mitad:

Clic aquí. 

Al parecer podrá hacerse cargo de la situación, pero fijaos lo que hace ir esponsorizado que hasta en esa situación extrema, antes de ponerse a achicar se pone a grabar un vídeo para subir a las redes. Alucinante.

martes, 10 de noviembre de 2020

 Dibufirma de Rafael:



lunes, 9 de noviembre de 2020

El navegante manco, en cabeza de la Vendée Globe.

 Hola navegantes.

En las entradas de 4-6-20 y 28-8-20 os hablé de Damien Seguin, un marino francés al que le falta la mano izquierda, y que después una larga lucha ha conseguido que le dejen participar, en igualdad de condiciones, en la Vendée Globe, compitiendo con marinos sin ninguna minusvalía.

La Vendée Globe es una regata de vuelta al mundo sin escalas, sin asistencia y en solitario, pasando por el Sur de los tres grandes cabos (Buena Esperanza, Lewin y Hornos). Se la considera el Everest de la vela, la prueba más difícil a la que puede enfrentarse un marino. Pues Damien va a hacerlo, y con una sola mano. Aquí podéis ver el vídeo de la salida, las ovaciones de sus propios competidores y el beso de su  mujer:

Clic aquí. 

Por si fuera poco, a las 24 horas de la salida ¡va en cabeza!. Como lo oís, se ha situado el primero de la flota. Aunque por supuesto no significa nada en una regata que durará 40 o 50 días, es un buen comienzo y dice mucho de Damien. ¡Animo!.

 


 

viernes, 6 de noviembre de 2020

Más sobre Jo Le Guen.

 Hola navegantes.

En la entrada del 23 de octubre os hablé de Jo Le Guen, un marino Bretón de 73 años que está intentando dar la vuelta al mundo en un velero de 8 metros. He vuelto a leer su libro "Les traversées de la colère", donde relata entre otras cosas sus anteriores travesías, que ya os resumí en aquella entrada. Pero son tan impresionantes que no me resisto a daros más detalles.


Respecto a sus travesías a vela, una de ellas fue en un trimarán de 15 metros con el que dio la vuelta al continente americano, desde Nueva York a San Francisco, pasando por el Cabo de Hornos. Fueron 99 días sin escalas, con la particularidad de que los hizo con su mujer embarazada (!). Obviamente el mérito es más de su mujer, Anne Liardet, que de él, que no iba embarazado, pero ahí queda.

Respecto a sus travesías oceánicas a remo, es impresionante la historia de la segunda, en 1997, que hizo en una piragua para dos, con un recluso. Jo había dado 90 conferencias en cárceles francesas para compartir con los presos las ansias de libertad  que desbordan sus aventuras, y concretamente su primera travesía del Atlántico a remo, que fue en 1995 en solitario. Fruto de estos contactos surgió la idea de que la embarcación para la siguiente travesía a remo la realizasen los reclusos en sus talleres ocupacionales. Y así se hizo. La construyeron en la cárcel de Moulins, y allí conoció a Pascal Blond, un convicto condenado a 15 años. La travesía fue de Canarias a Barbados, emplearon 49 días, remaron 10 horas diarias cada uno, bebieron 10 litros de agua cada uno al día, y perdieron unos 15 kg, pero lo consiguieron.

Después vino la travesía catastrófica, el intento de pasar el Cabo de Hornos remando, en el año 2000. Salió de Nueva Zelanda (por cierto, un mes después de nacer su cuarto hijo) y al cabo de dos meses, antes del Cabo, sufrió congelaciones en los pies. Su comunicación con tierra era a través de un teléfono satelital Iridium, que entonces era propiedad de Motorola y la compañía había decidido finalizar ese servicio. Pero en los océanos había dos hombres cuya vida dependía de él, concretamente Jo en su piragua y Philippe Monnet, que estaba intentando la vuelta al mundo a vela contra los vientos dominantes. Motorola consintió en mantener el servicio hasta que regresaran.

Gracias al Iridium fue recogido por un mercante y trasladado a Punta Arenas, en Chile, donde le operaron (perdió en dos operaciones todos los dedos de los pies) y luego trasladado a Francia. Tuvo la suerte de que en el mercante iban las mujeres de dos oficiales, las dos enfermeras, y le dieron los cuidados necesarios hasta que pudo ser recogido por un helicóptero y trasladado al hospital (estuvo un mes y medio tratado con morfina por los dolores). Como curiosidad, cuenta que por el camino de quedaron dormidos a la vez el médico y los dos pilotos, o sea que estaban volando con el piloto automático sin nadie despierto.

En su libro cuenta que cuando iba a ser recogido por el mercante estuvo dudando cómo llevarse los objetos fetiche que le habían acompañado durante la travesía, y fijaos los que eran: dibujos de sus hijos, un gri-gri, unas plumas de albatros, agua de una fuente bretona, unas fotos de sus hijos y unas braguitas de su mujer. Lo tuvo que dejar todo confiando en que tarde o temprano recuperaría la embarcación, pero no fue así.

En la convalecencia, y sin poder andar, participó en la búsqueda y el rescate de otro loco francés, Rémi Bricka, que ya había cruzado el Atlántico sobre unos esquíes flotantes en 1988, y ahora, en 2000, lo había intentado con el Pacífico y estaba perdido en algún lugar del océano al Sur de Hawaii. En otra entrada os hablaré de él. Consiguió encontrarlo en mitad del mar siguiendo sus últimas posiciones conocidas y devolverlo a puerto sano y salvo.

Posteriormente, y desde la silla de ruedas mientras se le curaban los pies, se comprometió en la lucha contra la marea negra del petrolero Erika. 

Mañana os contaré más.

viernes, 30 de octubre de 2020

Pero ¿qué les pasa a los mayores?.

 Hola navegantes.

Pues sí, parece una epidemia. No paro de enterarme de marinos que ya estaban consagrados antes de que yo empezara a afeitarme y que ahora, en vez de pensar en un merecido descanso, se siguen empeñando en poner sus días en peligro.

El último es éste, Wilbur Spaul, de 70 años, que el 27 de septiembre salió de San Francisco en un velero de 2,70 metros de eslora con intención de llegar a Oahu, en las Islas Hawaii (o sea, medio Pacífico en esa cascarita). Al barco, por cierto, le ha bautizado "Chubby Girl" ("Gordita") por su aspecto rechoncho.

 Espera llegar en 2 ó 3 meses, a la increíble velocidad de 1,5 nudos, a tiempo para apagar allí las 71 velitas.

Wilbur tiene tras de sí una vida dedicada a la navegación. Navega tanto en el Atlántico como en el Pacífico, ha tenido varios veleros, y en 1981, con 32 años, ya cruzó de California a Hawaii en un velero de 3,05 metros de eslora, en 34 días.

Si lo consigue le aplaudiremos hasta con las orejas. Y si me entero de la razón de ese extraño aparejo, con una vela mayor enana, menos de la mitad del foque, os lo trasladaré.

Con cuidado, navegantes.


jueves, 29 de octubre de 2020

Vídeos sobre el Baluchon y su capitan, Yann Quenet.

 Hola navegantes.

 En las entradas de 13 y 16 de mayo, y de 14 de octubre de 2020, os hablé de este navegante francés que está dando la vuelta al mundo en un barco de 4 metros, construido por él mismo. Aquí 3 vídeos para conocer el barco y el personaje:

Clic aquí

miércoles, 28 de octubre de 2020

Juguetes caros y peligrosos.

 Hola navegantes.

Están empezando a difundirse imágenes de los entrenamientos para la Copa América, en Auckland, Nueva Zelanda. Y se confirma que esos juguetitos, más que barcos, son aviones que llevan una pequeña parte metida en el agua para poder decir que "navegan", pero realmente son aviones ya que se desplazan por el aire. Sólo los foils, las "alas" que sustentan el barco y que suelen ser de carbono, cuestan 150.000 euros la pareja (sí, ciento cincuenta mil euros). 

 


En el vídeo podéis ver la velocidad a la que se desplazan (los barcos de motor acompañantes casi no pueden alcanzarlos, y eso que son catamaranes). También podéis ver que cuando levantan el foil de barlovento para que no arrastre por el agua (como un perrito cuando levanta la pata para hacer pis) es como una guillotina vertical a ras del agua, y eso que están navegando entre otros barcos por la bahía. Y finalmente que cuando el barco se levanta y sale del agua, la pala del timón en realidad va por el aire, por lo que el control sobre ese bólido lanzado a 40 nudos es mínimo.

 Clic aquí.

Algunos barcos de la Vendée Globe también van a intentar dar la vuelta al mundo sobre foils, y se van a meter por las aguas más difíciles del planeta encima de esos alerones. Las posibilidades de que se rompan con las grandes olas de los mares australes son muchas, y en este caso lo que están poniendo en peligro es la vida de los tripulantes, porque por allí abajo no hay nadie que les pueda socorrer. Y todo por batir un récord. 

Con cuidado, navegantes.

martes, 27 de octubre de 2020

Otro palo.

 Hola navegantes.

Vaya por delante que lo que voy a comentar lo considero una minucia en comparación con lo que están sufriendo otros en el terreno personal, familiar o laboral. 

El verano pasado el estado de alarma por la Covid abortó nuestra navegación prevista de dar la vuelta a Italia. El proyecto consistía en salir de Santander hacia el Este, atravesar Francia por el Canal de Midi, y ya en el Mediterráneo contornear la costa Francesa, Mónaco e Italia hasta llegar, subiendo el Adriático, hasta Venecia como sitio mítico. Luego seguir un poco más hacia Eslovenia, hasta un puerto fácil para cargar el Corto Maltés en un camión y volver a Santander por carretera.

 

En marzo se implantó el estado de alarma que finalmente duró hasta junio, lo que impidió aquella navegación que tenía que haber empezado en mayo y probablemente haber terminado en septiembre. Tuvimos que conformarnos con un recorrido por la costa cantábrica, en julio hasta las Rías Altas (y además lidiando con el confinamiento en los puertos de Lugo) y en septiembre por todo Euskadi. Toda nuestra ilusión se centraba en prorrogar los planes un año e intentar la vuelta a Italia en 2021.

Anteayer se decretó un  nuevo estado de alarma, que se prevé que durará 6 meses (!). Aunque aún no se ha definido en toda su extensión ni en las medidas que contemplará, que pueden depender de cada Comunidad Autónoma, es otra cucharada de hiel a nuestro proyecto. Porque estamos hablando de que el estado de alarma finalice en abril, y nosotros tendríamos que salir en mayo, obviamente habiendo hecho antes todos los preparativos, que incluyen la preparación del barco con el cambio de la orza, y sacar los billetes de avión de mis acompañantes en cada etapa. Aunque es prematuro preocuparse, por todo lo que puede ocurrir este invierno, es un jarro de agua fría, y no por inesperado, sino porque presagia las opciones más pesimistas.

El verano pasado ya tenía hecho hasta el cuaderno de bitácora que utilizaría en este viaje, lleno de alusiones al destino final, Venecia, para animarnos por el camino:


A ver si finalmente es posible reproducir esta foto pero con el Corto  Maltés:

Con cuidado, navegantes.

lunes, 26 de octubre de 2020

Ultimas novedades de Jon Sanders.

 Hola navegantes.

En la entrada de 28-2-20 os hablé de Jon Sanders, un marino australiano de 81 años que empezaba su undécima vuelta al mundo a vela, en solitario, en un velero de 10 metros de eslora. Su principal objetivo, pues ya no tiene nada que demostrar, es sensibilizarnos sobre la contaminación con plásticos de los Océanos. 

Pues está a punto de conseguirlo. Salió de Australia en noviembre de 2019, y como a muchos navegantes le pilló el confinamiento de la pandemia en el Caribe, donde estuvo inmovilizado 3 meses. En julio pudo por fin cruzar el Canal de Panamá, llegar a la Polinesia, y finalmente salir de Tahití el 18 de septiembre con destino a Australia. Tan seguro estoy de que lo consigue como de que llegará a su país sin fanfarrias, y su hazaña pasará desapercibida. Así es el mundo de la vela.

Supongo que le quedará la satisfacción personal de haberlo conseguido y ser el hombre más mayor que ha dado la vuelta al mundo a vela. Ojalá estas cosas se difundieran más para ver qué tiene que enseñarnos, porque como dice el refrán, "la mar quiere a los cobardes, a los valientes ya los tiene". A todos nos gustaría llegar a su edad navegando, sin que  nos haya deglutido el mar.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 21 de octubre de 2020

La vuelta al mundo con 73 años.

Hola navegantes.

Jo Le Guen es un marino francés (Bretón, por supuesto)  del que ya os hablé en la entrada de 13-1-18 porque iba a atravesar el Atlántico en un velero marcha atrás. Además es famoso en Francia por sus travesías oceánicas a remo. En 1995, remando en solitario y sin asistencia, atravesó el Atlántico de Este a Oeste en 103 días. En 1997, con un compañero, remó de Canarias a Barbados en 49 días. En 2000 intentó cruzar el Cabo de Hornos a remo, saliendo de Nueva Zelanda. Después de 60 días tuvo que abandonar, fue recogido por la marina chilena a punto de naufragar y sufrió congelaciones en los pies, que motivaron la pérdida de algunos dedos. En 2006 volvió a cruzar el Atlántico a remo, de Senegal a Guyana (ya tenía 59 años). Además tiene en su haber varias travesías oceánicas a vela.

 Como no es de los que se sientan en el butacón a ver la tele acariciando a un gato, Jo se ha propuesto, con 73 años, dar la vuelta al mundo en solitario siguiendo la ruta de Magallanes y Elcano. Lo va a intentar en su velero de 8 metros, un Dufour bautizado "Juan Elcano", de casi 40 años años de antigüedad.

Jo salió del puertecito de Lanildut, en el Finisterre francés, el 9 de octubre, con la idea de volver en septiembre de 2022 (2 años de viaje) a Sevilla, donde llegó Elcano hace 500 años. Después de cruzar el Golfo de Vizcaya  tuvo que refugiarse, el 17 de octubre, en el puerto de Portimao, en Portugal, para protegerse de un temporal con vientos de 50 nudos.

 En cuanto se aclare ese cielo de Apocalipsis, Jo pondrá rumbo directo a Sudamérica, al Estrecho de Magallanes, siguiendo luego la ruta de la escuadra de Elcano:

 


El periplo lo ha iniciado sin espónsores ni publicidad, con una previsión de gasto de 36.000 euros que intenta sufragar con donaciones. Tiene línea directa con los alumnos de su región, a los que irá informando de las  incidencias del viaje y comentando aspectos de la colonización española y portuguesa de las tierras que se fueron "descubriendo". Será también una lección viva de historia, pues irá reviviendo las aventuras de la escuadra, incluyendo la muerte de Magallanes en Filipinas por cometer la tontería de tomar partido en una guerra tribal confiado en la superioridad de su armamento, y donde les contará, expresamente, la historia del esclavo Enrique el Negro, que fue en realidad el primer hombre en dar la vuelta al mundo, antes que Elcano aunque nos cueste reconocerlo (ver entrada del 14-11-19).

Con cuidado, navegantes.

lunes, 19 de octubre de 2020

Lo del Green Dragon tenía truco.

 Hola navegantes.

En la entrada del 15 de octubre os conté la aventura del Green Dragon, un velero de 21 metros de eslora en el que 5 mujeres supervivientes de un cáncer de mama, sin experiencia de navegación, iban a intentar dar la vuelta a España. No me leí toda la prensa, pero en la que cayó en mis manos se daba a entender que iban solas, en todas las fotos salía sólo el grupo de mujeres, y así se recogió en los foros náuticos, siempre sorprendidos por el intento.

Ya os manifestaba mi extrañeza porque 5 personas inexpertas pudieran hacerse con un barco de esas dimensiones y potencia, que normalmente es manejado por cerca de 20 tripulantes. También que se dejara semejante capital (390.000 euros en su último precio de segunda mano) en manos inexpertas, y encima para circunnavegar España en invierno, cuando ya hay a menudo temporales, y con fechas fijas de recalada en algunos puertos, lo que te obliga a salir a navegar haga como haga, pues no puedes llegar tarde a una escala donde te esperan todos los medios y los espónsores.

Poco a poco se va conociendo la realidad. En el vídeo de la salida de Bilbao me llamó la atención escuchar a bordo voces masculinas, y que en las imágenes salieran las 6 mujeres (las 5 tripulantes más la capitana) cuando alguien más estaba sujetando la cámara, obviamente. Además se veía, de refilón, a algunos hombres a bordo. Supuse que eran los medios de comunicación embarcados para la salida, y que más adelante abandonarían el barco.

Ahora se ha sabido que va a bordo una tripulación profesional, como recoge esta noticia del Marca:




Esto no quita mérito a las mujeres participantes, sino a los organizadores por intentar engañarnos.

Con cuidado, navegantes.


domingo, 18 de octubre de 2020

Objetivo: 150 km/hora a vela.

 Hola navegantes.

Lo habéis leído bien. Alex Caizergue, que ya ostenta el récord mundial de velocidad a vela (con kitesurf) con 107 km/hora, quiere alcanzar los 150. Para ello está desarrollando con un equipo de ingenieros el proyecto Syroco. 

Se trata de un vehículo, mitad cohete y mitad kitesurf, impulsado por una cometa de kitesurf y, por supuesto, con un foil para que salga del agua y navegue por el aire:


El foil será oscilante, pudiendo deslizarse completamente a babor o a estribor, al lado contrario del que esté tirando la cometa:


A bordo irán dos tripulantes, de momento sin nada más que el asiento y los controles del aparato:


Aparte de la búsqueda del récord de velocidad, que es lo más inmediato,  los inventores intentan ayudar a descubrir alternativas más ecológicas, sin combustibles fósiles, para el transporte marítimo. Aunque eso será a más largo plazo y como contribución a la investigación básica, porque no creo que nadie esté pensando hacer transporte marítimo con este tipo de cohetes.


 Con cuidado, navegantes.

viernes, 16 de octubre de 2020

Cuatro arco iris en El Sardinero.

Hola navegantes.

Ayer en El Sardinero vimos el espectáculo de un arco iris doble. La luz del Sol es blanca, pero el blanco no es un color propiamente dicho sino un conjunto de colores. Bajo ciertas condiciones se separan y aparece el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el añil y el violeta. Para que se separen el rayo de luz debe pasar de un medio a otro, del aire al agua por ejemplo. Por eso suelen aparecer después de haber llovido y el aire está cargado de gotitas de agua, o cuando hay niebla, y cuando en esas condiciones aparecen los primeros rayos de sol. El de ayer sobre la isla de Mouro era completo, como enmarcando un cielo de pintor:

El que solemos ver es el arco iris principal o primario: sus colores son más fuertes y tiene el rojo arriba y el violeta abajo. Se debe a que el rayo de luz solar incide en la mitad superior de una gota de lluvia. Al pasar del aire al agua cambia de dirección, igual que cuando metemos un palo en un estanque nos parece que se ha doblado. Ese cambio es distinto para los diferentes colores que componen la luz solar. El rojo se curva menos y los otros se van curvando más hasta el violeta. El rayo blanco se convierte así en un conjunto de rayos de distintos colores que se van separando más a medida que avanzan. Y terminan saliendo de la gota al exterior, cada color en distinto ángulo. Cuando hay millones de gotas vemos un arco de color rojo porque todas nos envían la luz roja bajo el mismo ángulo, otro arco amarillo, otro naranja, etc.

Al cabo de un rato apareció el arco iris secundario, que ya es mucho más difícil de ver, casi un espectáculo único. El segundo arco se produce a partir del rayo de Sol que penetra por la mitad inferior de la gota, y nos es devuelto después de dar dos botes internos. En el transcurso de esos rebotes internos los rayos se cruzan y salen de la gota en orden inverso. El segundo arco es más débil porque en cada rebote se pierde energía y el ángulo de salida es mayor. Por eso el segundo arco se ve más alto y con los colores cambiados: el rojo abajo y el violeta arriba.



Fuera del arco iris el cielo es más oscuro porque los rebotes dentro de la esfera de cada gota dejan un ángulo muerto sin luz. Y entre el primario y el secundario suele ser aún más oscuro porque la pérdida se ha duplicado, y esa franja se llama "Zona Oscura de Alejandro".

Como ayer los arcos iris, primario y secundario, se reflejaban además en el agua de la orilla, veíamos 4 a la vez:

 


Aquí os enseño además, sacada de la web, una imagen inédita: 6 arco iris a la vez, porque al primario y al secundario se ha sumado uno terciario, que es la reflexión del primario saliendo del agua, y a su vez los 3 son reflejados en el agua de la orilla:


Ojalá podáis ver estos arco iris alguna vez. Es un espectáculo bonito y bastante raro.

¡Con cuidado, navegantes!.

jueves, 15 de octubre de 2020

Cinco supervivientes de cáncer de mama dan la vuelta a España.

 Hola navegantes.

Cinco mujeres supervivientes de un cáncer de mama han iniciado esta semana, saliendo de Bilbao, una aventura náutica que pocos se atreverían: dar la vuelta a España a vela, ¡y en invierno!.

El barco que han elegido es el Green Dragon, un Volvo 70 de 21,5 metros de eslora, considerado uno de los Fórmula 1 del mar, o sea un auténtico dardo sobre las olas. Ha participado en regatas oceánicas y en el Mediterráneo, y para que os hagáis idea de lo que estamos hablando, su precio de segunda mano era de 450.000 euros, luego rebajado a 390.000 (!).

 

 Normalmente, en regata, es tripulado por 20 tíos de esos que tienen las espaldas como una vela latina, para que comprendáis también las fuerzas que intervienen en su gobierno y las dificultades que tendrán estas mujeres para hacerse con él: 

Las mujeres que abordan el reto son María Aldama, maître de 38 años, Marian Cáliz,  arquitecta de 48 años, Lorena Madrid, ambientóloga de 39 años, Fátima Domínguez, licenciada en Bellas Artes de 56 años, y Nuria Gómez, científica marina de 44 años. Al timón, y como directora deportiva de la expedición, va la campeona olímpica gijonesa Ángela Pumariega, medalla de oro en la clase Elliott 6 metros en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. En esta noticia del Diario Montañés tenéis más detalles:


El desafío lo lidera una asociación para la investigación sobre el cáncer de mama, buscando una oportunidad para visibilizar esta patología y recaudar dinero para los fines de la asociación, y que es la que ha conseguido los espónsores. 

Como siempre en estos desafíos, lo principal es demostrar que el cáncer es un mal trago en la vida, un paréntesis del que se acaba saliendo más o menos tocado, pero que después la vida se reanuda y tenemos que sacarle todo su partido. No permitir que el tiempo corra más deprisa que nosotros, vivir cada día con toda su intensidad, no posponer los proyectos que nos atraen, y sobre todo no ponernos nosotros mismos más límites que los nos imponga la naturaleza. Espero que estas chicas, que ya han doblado Finisterre, nos ayuden a comprenderlo.

Aquí va mi pequeño homenaje a las valientes, la dibufirma del Green Dragon:

 

Con cuidado, navegantes.