Visitas al blog:

jueves, 26 de marzo de 2026

Presentación en Santander.

 La navegación del pequeño velero de menos de siete metros “Corto Maltés” de Santander al Mediterráneo por el Canal de Midi, en el verano de 2025. La exploración de 10 de las 13 islas que jalonan su costa y sus tres mares interiores navegables: el Étang de Leucate, el Étang de Berre y el Étang de Thau, que son planos de navegación interior como el Mar Menor de Murcia. Estos tres mares interiores son de poco calado (entre uno y ocho metros) y por lo tanto sólo accesibles con veleros pequeños o de orza abatible.

 En total cerca de 1.200 millas en tres meses, de las cuales 460 por las aguas interiores, navegando por cinco ríos (el Garona, el Aude, el Hérault, el Ródano y el Pequeño Ródano) y franqueando 141 esclusas.

 



La principal calamidad fueron las olas de calor, que tuvieron que sufrir agravadas por la tala de los árboles del Canal de Midi, que se había quedado sin sombra. Y la segunda los temporales del mistral, que les obligaron a permanecer en puerto o a modificar sus planes de navegación muchos días. 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

Rana a bordo.

Hola navegantes. 

 Releyendo el libro clásico de Jean-Yves Le Toumelin "Kurun autour du monde", en el que cuenta su vuelta al mundo en un velero de 10 metros entre 1949 y 1952, me he encontrado con esta anécdota curiosa. 

 


Al salir de Ciudad del Cabo después de cruzar el Cabo de Buena Esperanza, se encontró que llevaba a bordo una rana. En etapas anteriores había llevado de polizón un lagarto, pero éste tiene mucha utilidad a bordo porque se come las cucarachas y no pide nada más. No se muere de hambre y te hace un buen servicio. De hecho los marinos antiguos intentaban capturar un lagarto al pasar por las Galápagos para que les hiciera ese trabajito. El lagarto pasa desapercibido porque vive en los rincones más estrechos del barco, y sólo comprendes de qué vive cuando las cucarachas van desapareciendo y, si llegas a divisarle, le ves cada día más gordo. 

Pero una rana era un problema. Tendría que alimentarla con productos verdes, pero los que tenía le durarían sólo una semana y el viaje previsto, hasta Santa Helena, era mucho más largo. La rana es un animal anfibio pero de agua dulce, en agua salada no sobreviviría. No sería capaz de nadar hasta la costa (decenas de millas). Pensó hacerle una pequeña balsa y que las corrientes la llevaran a la orilla, pero allí las olas del oeste rompen con furia y se estrellaría contra las rocas. Así que decidió conservarla. En recuerdo de su anterior lagarto, que se llamaba Joseph, la bautizo "Josephine". Desgraciadamente, poco después de acabar con los alimentos verdes la rana desapareció, y no volvió a saber de ella.

 En nuestros viajes en el Corto Maltés por suerte nunca hemos tenido cucarachas, lagartos, ratas ni otros indeseables. Pero en los canales, que solíamos dormir debajo de arboledas enormes (hasta que las talaron) a veces hemos tenido a bordo animalillos terráqueos que se descuelgan de los árboles sobre la cubierta. Muchas veces han sido caracoles, mantis, arañas, otros insectos, una vez una culebra, y al menos en dos ocasiones, que yo recuerde, una rana.

 Las dos veces la encontramos en el interior de la camareta, no en la cubierta, y allí la sorpresa fue aún mayor. ¡Una rana dentro del barco!. Supongo que eran ranas arbóreas que habían llegado al barco desde arriba, porque no me imagino a una rana saliendo del agua y trepando por el casco a ver lo que se cuece dentro del barco.  Aunque es cierto que muchas veces nos hemos quedado en amarraderos con el agua llena de ranas, que nos amenizaban la noche con su croar. Lo que sé seguro es que las que nos visitaron no eran la rana de San Antonio, la más típica de las ranas arbóreas, con una aspecto característico y un color verde brillante también muy típico, que conocemos bien.  

Encontrar una rana a bordo es un hallazgo simpático y sin trascendencia en los canales, porque el agua es dulce y puedes devolverla a su lugar de vida. Pero te hace pensar cuánto tiempo llevará embarcada, si la habrás alejado mucho de su hábitat original y de su "familia", si será capaz de encontrar su "casa", y otras lindezas. Nosotros, sin  tantos miramientos como Le Toumelin, las tiramos enseguida al agua. 


 

sábado, 14 de marzo de 2026

Dibucarta del Étang de Leucate y las primeras islas.

Hola navegantes. 

 Retomo aquí los recuerdos de nuestra navegación por las islas y mares interiores del Mediterráneo francés el pasado verano. Después de dos semanas de sufrir las olas de calor en los canales, llegamos por fin al mar. Los cuatro horizontes abiertos hasta donde se pierde la vista, solos a muchas millas del semáforo en rojo más cercano, poder bajar a prepararte un café sin miedo a que llegue la siguiente esclusa, la sombra de las velas, nada de ruido ni del fueraborda ni de las chicharras, el viento que aleja los horizontes y refresca el ambiente, al agua limpia, y navegando a cinco nudos sin consumir una gota de gasolina... eso es vida.

 El primer día "retrocedimos" unas millas hacia el Oeste para conocer el Étang de Leucate, del que os hablé en otra entrada cuando estaba preparando este viaje:

 Clic aquí.

 En su entorno está el "Lydia", un mercante que se varó voluntariamente en la playa dentro de un proyecto de relanzamiento turístico de esa zona, promovido por el gobierno de De Gaulle.Un hecho curioso y único en el mundo, aunque ahora está un poco abandonado.

A pesar de nuestras dudas iniciales por el escasísimo calado (entre 80 cm y 2 metros) y por tener que pasar bajo un puente que no estaba muy claro, conseguimos entrar a navegar por el étang. Os lo conté aquí:

Clic aquí.

 Y después iniciamos la ruta por las islas, siempre en dirección Este. 

Esta es la dibucarta de aquellas etapas (clic encima para verla mejor) Se empieza a leer en la oreja derecha, y como siempre se la regalaré al primero que la transcriba en los comentarios. Animaos que es muy fácil.

 

 Con cuidado, navegantes.

martes, 3 de marzo de 2026

Chorraditas que también hay que conocer.

Hola navegantes. 

 En la náutica deportiva no todo son grandes decisiones estratégicas o resolver graves problemas de las velas, el casco o el motor. También hay que saber cuando un problema es ridículo y fácil de abordar sin quemarte las cejas para resolverlo. Uno de esos es el que os voy a contar hoy. 

 Aparentemente se había roto un trozo de la vela mayor, que flameaba cuando recibía el viento. Al bajar la vela y mirarlo de cerca comprobamos que era el refuerzo de un ollao del tomador del primer rizo. Es una goma o un cabito que sujeta una franja de la vela mayor alrededor de la botavara para hacer la vela más pequeña cuando el viento arrecia. Yo prefiero goma que cabo, porque al ser elástica absorbe los tirones que las rachas de viento dan a la vela así recogida, y es más difícil que se desgarre. Esa goma o ese cabito atraviesan la vela de lado a lado a través de un ollao, para permitir atar la vela recogida en la botavara.

 Para que el mismo ollao, que suele ser metálico, no desgarre la vela se refuerza con  un trozo de tela redondo que suele ir pegado, no cosido, a la vela. En nuestro caso ese refuerzo redondo se había roto y despegado:


 La solución es facilísima, porque como ese refuerzo no aguanta fuerzas de tracción, como la vela, sino que está solo para proteger la tela del roce del ollao, es suficiente con pegarlo. Para eso hemos usado una cinta adhesiva de velería de doble cara, recortando un trozo con la misma forma que el que se ha despegado. Se aprieta entre las manos y basta.

 

Una solución que te evita desarmar la vela y llevara a una velería, total para que te hagan ellos lo mismo. Muchas gracias a Ángel, de la Velería Nordeste en Santander, que siempre está ahí para ayudarme desinteresadamente.


 Con cuidado, navegantes.