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miércoles, 11 de agosto de 2021

Miguel y yo, a la mili.

 Hola navegantes.

Como Miguel y yo fuimos objetores de conciencia, hoy parecía que los militares nos querían recuperar. Luego lo veréis.

Ayer salimos de Otranto con un vientazo del NW, justo de morro, con el tormentín y la mayor rizada. En el siguiente puerto, San Foca, a 10 millas, no tenían atraque pero me dijeron que llamara por la tarde por si acaso. Así que salimos preparados para otra noche de mar y alcanzar Brindisi, a 40 millas, que con los bordos se convertirían en 80.

A lo largo del día se fue calmando el viento y nosotros aumentando la superficie vélica. A las 17 horas llegamos a San Foca comprobando que para avanzar esas 10 millas nos habíamos hecho 20, confirmando el pronóstico para el resto de la noche, y sobre todo para hoy, que empeoraba (NW fuerza 5-6). Paramos allí para bañarnos y preparar la cena en un fondeo tranquilo, a sotavento de su escollera, y luego afrontar la noche más descansados. Y menos mal que lo hicimos.

La noche en sí fue tranquila. Primero se calmó el viento y luego salió un terral del SW que nos permitió hacer la mayor parte de la noche a vela. 

La primera presencia militar fue a eso de las 23 h. que entramos en un campo de tiro. No habíamos escuchado avisos a los navegantes anunciando que hoy lo fueran a utilizar, y pasamos confiados. Pues cuando íbamos por la mitad empezamos a oír detonaciones en varios puntos de la costa. Muertos de miedo terminamos comprobando que eran fuegos artificiales, por una celebración que no hemos encontrado, pues el ferragosto es el día 15.

A eso de la 1 de la madrugada, estando yo de guardia, veo acercarse a una patrullera a la velocidad del relámpago. Como es habitual venían con un foco que te enchufan a la cara para deslumbrarte. Iluminé mi vela para que me vieran mejor, y retiré la línea de vida que arrastro por la popa para que no se trabara en su hélice, ya que se colocaron a mi popa. Me preguntaron si era italiano, de donde venía y a dónde iba, que qué llevaba en la cuerda de la popa que había retirado, y que si iba solo. Después de completar el interrogatorio de barco a barco me dijeron que despertara a Miguel para verle la pinta. Con todos los trámites completados se marcharon como habían venido, desapareciendo en la oscuridad en pocos segundos. Por lo menos no nos hicieron una inspección en plena noche, y no nos reclutaron.

Cuando ya nos faltaba sólo una hora para Brindisi, se adelantó el anunciado viento del NW, y nos pasamos no una sino 4 horas dando bordos contra un vientazo de fuerza 5-6 que no quería dejarnos pasar, agravado porque teníamos que respetar el dispositivo de separación de tráfico de los mercantes, y esquivando ferries, que tienen preferencia. Con la mayor rizada y el Génova reducido a la mitad, y habiendo dormido sólo 2-3 horas, no se me ocurre nada mejor para definir un purgatorio.


Pero llegamos bien contentos, porque si hubiéramos dormido en Otranto o en San Foca es seguro que hoy no habríamos pasado, y allí tampoco teníamos donde habernos quedado. Lo peor de la navegación de este verano está siendo el rollo de encontrar atraque. Nunca lo hubiera imaginado, y me está impidiendo disfrutar a tope de lo que me gusta. Ahora me dicen que de Brindisi hacia el Norte no tendré problemas, ya que en esta zona la saturación se debe a los que van a Grecia, que toman los puertos italianos del Sur del Adriático como punto de partida para el salto. Pero algo parecido me dijeron más atrás, y se repitió.

En cualquier caso hemos llegado a Brindisi 2 días antes, pues el cambio de tripulación lo hacemos el sábado. Aquí los castillos de su entrada, que aprovecharemos para conocer bien estos días:



Nos hemos quedado en el Cantiere Navale Bálsamo, en pocas palabras lo más cutre de este viaje. Las "marinas" en Italia solo tiene de Marina el nombre. Algunas no tienen ni aseos ni duchas, y cobran sólo por un puesto en el muelle. La de hoy es un astillero que además alquila plazas de amarre. Al salir del pantalán caes en el área de carenado, llena de suciedad, motores, cubos de aceite, olor a patente, etc. La única ducha y retrete es la de los obreros del astillero, y no tiene ni un bar o cafetería. Y por eso cobran 30 euros al día. Un pecado.

 Y para volver al tema militar, mientras entrábamos íbamos introduciéndonos en un tinglado de la marina lleno de barcos de guerra, gabarras, y finalmente una de las que se sumerge para coger en su interior un barco menor y transportarlo, un lúgubre augurio de lo que yo temía que quería hacer con el Corto Maltés.



La parte curiosa, que en mitad del agua aceitosa del astillero apareció una tortuga gigante pescando. Algo sorprendente. Al parecer se ha aclimatado y vive aquí desde hace años.

Con cuidado, navegantes.

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