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domingo, 20 de septiembre de 2020

Balance de la navegación por Euskadi.

Tiempo empleado: 14 días (5 a 18 de septiembre).

Millas navegadas: 213.

Pernoctaciones en marinas: 40 % de los días.

Coste por persona y mes: 474 euros. Es menos que en en la mayoría de los viajes anteriores por la facilidad de amarrar fuera de las marinas deportivas en Euskadi. Cuando se navega a vela, no a motor, las marinas son el gasto principal.

Coste de las marinas: desde 14,42 € (la mayoría de las de Euskadi) a 28 € (Laredo) por noche, para un barco de seis metros. 

Consumo de gasolina: 28 litros. Ello supone que hemos hecho a motor, sólo o en combinación con las velas, el 26 % del recorrido, el resto sólo a vela.
 
Lo mejor: haber podido entrar en Armintza y conocido ese precioso pueblo y su entorno.

Lo peor: haber tenido que acelerar la vuelta por un tema relacionado con la Covid. El calor aplastante la mayoría del viaje (en la cabina cerrada el termómetro llegó a marcar 45 ºC).

A continuación una comparación con las navegaciones anteriores:


 Con cuidado, navegantes.


sábado, 19 de septiembre de 2020

Un final fabuloso.

 Hola navegantes.

Ayer salimos de Laredo para llegar a Santander, y fue un día digno de un final de viaje. Nada más salir tuvimos un viento del SE que nos permitió llegar en unas 3 horas al Cabo de Ajo con la mayor y el génova, y el viento por el través, el mejor rumbo para un velero.

Habían pronosticado para la mitad del día "viento variable de fuerza 1 a 4", o sea, como querer definir el color del camaleón, cualquier cosa, y eso nos encontramos en el entorno del Cabo de Ajo. Tres horas entre calma total con las velas muertas, y vientos de Sur de fuerza 4 con rachas de 5 que nos hicieron pensar incluso en tomar rizos, pero duraba tan poco que no lo hicimos. Y finalmente se estableció un viento del E al NE que nos permitió llegar a Santander en un solo bordo casi desde Ajo, con puntas de más de 7 nudos.


Llegamos a Puerto Chico a las 17 horas con un calor como el del desierto de Sahel, hasta dolía la cabeza del calor, algo inaudito en estas tierras lluviosas.

Ahora queda descansar, madurar las experiencias de este verano y cruzar los dedos para que el verano que viene podamos intentar la retrasada vuelta a Italia. Mañana haré un balance técnico de esta navegación por Euskadi.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Toda la cornisa cantábrica de ida y vuelta en un verano.

 Hola navegantes.

A diferencia de ayer, hoy ha sido un día de pura vela. Salimos de Bermeo temprano y hemos llegado a Laredo, 33 millas en 11 horas. Nuestro destino inicial era Santurce, pero salió un viento tan bueno del este que nos dio pena desaprovechado y decidimos alargar la etapa.


Como veis en el trak, un trayecto casi tirado con un boli en paralelo a la costa. Esas rarezas frente al Cabo Villano obedecen a un desgraciado incidente. Se nos calló un cojín al agua cuando estábamos preparándonos para vaciar el WC, y con el lío se vertió una pequeña parte del depósito de negras en la bañera. Ya os imagináis el Cristo que se montó hasta que limpiamos todo e intentamos recuperar el cojín, que finalmente fue imposible porque le pedimos de vista.

Hemos llegado a Laredo a punto de cerrar las oficinas, y tan cansados que ni hemos ido al pueblo. Nos hemos limitado a ducharnos y cenar a bordo, y nos iremos a la cama a la hora de las gallinas, que ayer dormimos muy mal en Bermeo.

Mañana probablemente lleguemos a Santander, y con eso el Corto Maltés habrá navegado este verano, con Covid y todo, toda la cornisa cantábrica, hacia el Oeste en julio y hacia el Este en septiembre. No es lo mismo que haber dado la vuelta a Italia pero nos ha quitado el mono. A ver el año que viene qué nos depara.

Con cuidado, navegantes.


Noche toledana en Bermeo.

 Hola navegantes.

Ayer hicimos la etapa San Sebastián-Bermeo. Fue un día más que veraniego, sahariano, con un sol de plomo y nada de viento. Hicimos toda la etapa a motor y sólo pusimos las velas para dar sombra.

En Bermeo nos hemos quedado en los ataques de tránsito que siguen siendo una tortura. Por alguna extraña razón de las corrientes dentro del enorme puerto, los pantalanes no paran de moverse y las amarras no paran de dar tirones, haciendo crujir las cornamusas e impidiendo cualquier intento de conciliar el sueño. Ya me pasó en ocasiones anteriores o sea que no es algo que se deba a las mareas o las corrientes de hoy. Debe ser algo inherente a la circulación del agua en este puerto, lo mismo que pasa en el de Ribadeo. Ahora mismo estoy sufriendo oyéndolas crujir y temiendo que alguna se arranque.

Hemos recibido la triste noticia de que el ballenero Aitea Guria, del que os hablé en la entradas de 3 y 16 de abril y 2 de mayo de 2017 porque me invitaron a presentar allí la vuelta a España en el Corto Maltés, está destrozado y en dique seco. Al parecer un temporal lo ha desarbolado y le ha destrozado el casco, que es madera, así como la roda y la quilla, y la reparación va a ser de aúpa. Da mal rollo verle allí en el varadero, junto a otros barcos que llevan su restauración parada desde hace años, y mucha pena por nuestros amigos de la asociación Galerna Taldea que tantos esfuerzos han hecho por mantener viva esta reliquia de los balleneros vascos que iban a vela hasta las costas de América a cazarlas.¡Ánimo chicos!.


Mañana continuaremos hacia el oeste, posiblemente a Santurce.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Zarauz y la senda costera.

 Hola navegantes. 

Hoy hemos ido a Zarauz, conocido sobre todo por su playa para el surf. Para los navegantes por ser donde se construyó la nao Victoria, con la que Elcano dio la vuelta al mundo. En su fotogenia siempre está presente el ratón de Guetaria. Tiene una pasarela peatonal sobre las dunas que termina en el biotopo de Iñurritza, un paraje natural en la desembocadura del río en la playa.

 Navegando nunca me he acercado a Zarauz porque la guía Imray es disuasoria. Menciona su puertecito más bien como una piscina y no lo consideran un sitio para barcos de crucero. Está en el extremo oeste de la playa y, realmente, es minúsculo, no creo que se pueda entrar. Tiene dos minidársenas, la primera no tiene ni norays y es como un vestíbulo para pasar a la segunda:


El paso a la segunda no llega a dos metros de ancho y está limitado en altura por una escalera. Allí solo había 5 barcas y 2 motos de agua, y el sistema de amarre es lo más raro que he visto en mi vida. En lugar de echar las amarras al fondo, a un muerto, las echan por el aire a unas cadenas que cruzan el puertecito por arriba, como antes en Santander los cables del trolebus. 

Por supuesto son otro obstáculo infranqueable para un velero. Al parecer cuando alguien quiere acercar su bote a la escalera le echa un lazo como los vaqueros a las vacas y lo acerca. Qué pena no haberlo visto. Nos lo ha contado un vecino que salía el bote con su abuelo, y ya entonces se usaba ese sistema. Ahora los que pueden se van al vecino puerto de Guetaria, que es más cómodo y te permite salir al mar todos los días (en Zarauz no se puede en cuanto hace mal tiempo, y además el puerto se seca en bajamar). 


Después de comer hemos seguido con las bicis la senda costera hasta Guetaria. Se ha construido sobre las rompientes con unos bloques voladizos que podrían utilizarse en cualquier carretera, un sistema original que ha motivado que la placa de la inauguración se haya puesto en uno de ellos convertido en monumento:

Hemos recorrido otra vez Guetaria, donde hoy unos alumnos de alguna escuela de arte estaban haciendo prácticas, y había allí como 30 chicos y chicas tomando medidas y pintando en sus cuadernos una escalera. Luego entramos en la iglesia de San Salvador, para encontrarnos con la sorpresa de que el suelo está inclinado, bastante cuesta arriba hacia el altar:


Bueno, pues mañana se acaba esta pausa, Ana se vuelve a Santander y se incorpora mi amigo Miguel para la navegación de vuelta.

Hasta mañana, navegantes.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Calor sahariano en Donostia.

 Hola navegantes.

Hoy el día ha estado marcado por el calor y las regatas de traineras.

El campo de regatas abarcaba el interior de la bahía de la Concha y unas balizas situadas fuera, y necesitaban todo el espacio al Este de la isla de Santa Clara, que es la entrada única a la bahía. Así pues, el puerto se cerró a partir de las 9, y unos minutos antes todos los barcos que querían seguir el espectáculo salieron en tromba. Un vecino de pantalán, un francés que se dirigía a Hendaya, no pudo salir a tiempo y le hicieron volver, retrasando medio día su travesía. Una faena, pero es que era de los confiados. Yo le advertí de que cerraban el puerto a las 9, y él que seguro que le dejaban pasar. Aún no conoce a nuestra Guardia Civil.

Muy temprano empezaron a botar las traineras. Lo hacen con la grúa del puerto en vez de a hombros por una rampa, como en Santander.


 Luego intentamos ir a ver la competición desde el paseo marítimo, pero era imposible porque según los guardias "no se podía estar en estático", o sea, parados, y sólo se podía circular. Eso por culpa del Covid. Así que nos fuimos directos al monte Higueldo.

Se accede por un funicular de un siglo de antigüedad. Arriba hay un parque de atracciones pequeñito pero con toda la ternura de haber sobrevivido un siglo, aunque comparado con los actuales resulta como comparar el dominó con la videoconsola. Lo principal son las vistas impresionantes que se disfrutan de San Sebastián y su bahía.



También divisamos desde arriba una cala diminuta y batida por las olas, que resultó ser la cala Tximistarri.


Si algún donostiarra sabe para qué se construyó que nos lo aclare, porque a mí no se me ocurre. Desde luego allí no se puede entrar con un barco ni borracho, pero esa obra tuvo que tener alguna utilidad.

Luego fuimos a ver la escultura de Chillida "El peine de los vientos" que a mi espíritu pragmático le sigue pareciendo una colección de tenazas de dentista para sacar muelas

 y a aguantar como pudimos, a la sombra y con los pies en el agua, el calor sahariano que ha hecho hoy en el Norte.

Hasta mañana, navegantes.

sábado, 12 de septiembre de 2020

La capital de Euskadi.

 Hola navegantes.

A la espera de las regatas de traineras de mañana en San Sebastián, hoy hemos ido a conocer Vitoria en autobús.

La ciudad tiene un centro histórico y monumental que llaman "la almendra" y un pasillo verde periférico que une varios parques, de 30 km, que no nos dio tiempo a visitar aunque debe ser precioso (uno de los parques tiene estanques y zonas inundadas, y hasta ciervos; lo veremos en otro viaje).

Nos llamó la atención la visita a la catedral vieja, que está en proceso de restauración desde hace años y se calcula que no terminará hasta 2040. La catedral se estaba cayendo y se cerró al culto por el temor de que se derrumbara encima de los fieles en una misa. Es en la que basó Ken Follet la novela "Un mundo sin fin", y como agradecimiento a la publicidad que hizo de ella tiene una escultura de tamaño natural junto a la entrada.

Se visitan hasta los cimientos y el subsuelo, donde empezó la restauración reforzando los pilares y sus zapatas, y de allí hacia arriba hasta el tejado.

Por el contrario la catedral nueva, de principios del siglo XX, aunque esta terminada y nuevecita, no puede presumir de nada porque a mitad de la construcción se quedó sin financiación y se terminó con menos un tercio del volumen del proyecto original. Se proyectó así:


y de quedó así:


Estaban ordenando a un sacerdote y era un lío, por la procesión de curas que se formó dentro, y porque el culto y las canciones eran en euskera, en castellano y en latín. Menudo lío.

Hicimos la ruta de los murales, fachadas enteras pintadas no por grafiteros sino por los propios vecinos organizados en torno de talleres de arte. Son magníficos y hacen muy entretenida la ciudad, pues te los encuentras detrás de cualquier esquina:


En mitad de la ciudad hay una antigua "nevera". Es una excavación enorme que servía para almacenar nieve y usarla como refrigerante para distintos usos, de las que se conservan algunas en Cantabria y otras provincias del Norte pero en mitad del monte. Aquí la de Vitoria:


Hasta mañana, navegantes.


viernes, 11 de septiembre de 2020

Llegamos a San Sebastián.

 Hola navegantes.

Hoy salimos de Guetaria renunciando a la ducha para la que teníamos cita previa porque nos interesaba llegar pronto a San Sebastián. Por un lado para que Tito llegara bien a coger un blablacar de vuelta a Santander, y por otro porque este fin de semana hay regatas de traineras en San Sebastián y nos preocupaba que no hubiera atraque. Sólo tiene 5 plazas de visitantes, no se pueden reservar anticipadamente, y queríamos coger una de ellas.

El viento no acudió a su cita y tengo que reconocer que hicimos toda la etapa a motor. Pero llegamos temprano y conseguimos un atraque.

Dicen que todos somos iguales en el mar, pero en los puertos está claro que unos son más iguales que otros. Fijaos el barco que tenemos de vecino de pantalán:

Por la tarde llegó Ana para pasar conmigo este largo puente, ya que el martes es festivo en Santander.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 10 de septiembre de 2020

La cuna de Elcano.

 Hola navegantes. 

La navegación de hoy ha sido maravillosa, un día veraniego con una brisa portante del Norte al Noroeste que nos ha permitido hacer un rumbo directo a Guetaria. La primera mitad con el viento por la aleta con la mayor y el espí, y la segunda en empopada con el génova y el espí en orejas de burro. En total 16 millas en unas 5 horas.


En Guetaria he parado muchas veces y cada vez me gusta más. En primer lugar su aproximación es preciosa, con su imagen típica del "ratón" formada por el monte San Antón y la colita que es la unión artificial de la antigua isla con el continente, detrás de la que se encuentra el puerto.


En segundo lugar por ser la cuna de Juan Sebastián Elcano, el primer hombre que dio la vuelta al mundo, aunque luego se ha demostrado que en realidad fue el segundo, ya que el primero fue un esclavo de Magallanes llamado "Enrique el Negro" (ver entrada del blog de 14.11.2019).

Y el tercer lugar por la belleza del pueblo. Hoy hemos dedicado la tarde a subir en la bici al monte San Antón, o sea al ratón de Guetaria, donde está el faro. Es una subida entre bosques y con vistas al mar y al pueblo, hasta alcanzar primero el faro


y luego una atalaya o mirador desde donde antiguamente se avisaban las ballenas, y que tiene vistas desde el Cabo Higuer, antes de Hondarribia, al Cabo Machichaco, antes de Bilbao.


Por el camino un escultor anónimo ha tallado en la piedra arenisca unas esculturas curiosas, la última es un hombre barbudo con alas de águila que nosotros pudimos encontrar gracias a una señora de 72 años que todos los días sube andando al monte y nos lo señaló, porque en realidad está entre unos arbustos, casi inapreciable.



Al bajar se disfruta de una vista general del pueblo y del tómbolo artificial con que se ha unido la isla al continente:


En el capítulo de las anécdotas, hoy hemos tenido la más curiosa de todo el viaje. Aquí hay que pedir cita previa para usar la ducha. Cada barco tiene derecho a 20 minutos, independientemente de la tripulación que lleve, y sólo está abierta una ducha.  Por ejemplo una tripulación de 8 tendría dos minutos y medio cada persona, y entrarían uno tras otro, hombres y mujeres, a la misma. A continuación se desinfecta para el siguiente barco. Un sistema sorprendente. Tampoco dejan afeitarse.

Mañana saldremos para San Sebastián.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

A Lekeitio con la brisa de 95 octanos.

 Hola navegantes.

Hoy salimos de Elantxove sin prisa para una etapa corta, hasta Lekeitio. De hecho, desde un pueblo se ve el otro (desde el mar). Casi no hubo viento y tuvimos que resignarnos a ir a motor, y hoy la vela sirvió sobre todo para darnos sombra, poco más, y lo agradecimos porque hacia un sol de derretirlo todo, como los que pintan los niños. Probamos todas las combinaciones de velas para resignarnos a que así no pasábamos de un nudo.

La llegada a Lekeitio es preciosa, contorneado la Isla de San Nicolás, que está unida a tierra firme por una calzada sumergible (se ve a la derecha):


Yo estuve en Lekeitio hace unos años, y es una pena porque casi toda la isla era un pinar, y ahora ya veis en lo que se ha convertido. Aún así sigue siendo preciosa.

Nos quedamos en el muro en pleno paseo marítimo:


Como llegamos pronto hemos dedicado la tarde a recorrer el pueblo y los alrededores con las bicis. Por supuesto lo primero fue la isla de San Nicolás antes de que subiera la marea:


Esa calzada sumergible es una fuente de emociones fuertes,  ir con la marea baja y arriesgarte a no poder volver, o tener que hacerlo nadando. 


Ahora la Cruz Roja avisa de los horarios de mareas y de la hora segura para iniciar la vuelta:


Recorrimos sus playas, el río Lea, que es el que desemboca en la playa de Karraspio y el que me imagino que motivó la construcción de la calzada, para que sus sedimentos no colmataran el puerto:


y los atractivos del pueblo, la Basílica de la Asunción, grande como una catedral y con medio pueblo a su sombra, y el Palacio Abaroa, que sólo pudimos ver por fuera... 

Como podéis deducir de las fotos, otro pueblo maravilloso en el que debe resultar fácil vivir feliz.

Mañana seguiremos hacia el Este, probablemente hasta Guetaria, para poder llegar el viernes a nuestra cita en San Sebastián para el cambio de tripulación.

Con cuidado, navegantes.

Corrección: por la mañana hablamos con Borja, un navegante de Lekeitio, que nos dijo que los pinos de la isla los están quitando adrede para devolverle su aspecto original, además de estar haciendo excavaciones para sacar a la luz un antiguo fuerte en la cima y un lazareto en la base. También nos confirmó que la calzada sumergible es para contener los sedimentos del río y que no colmaten el puerto de arena.

martes, 8 de septiembre de 2020

Elantxove, otra joya de esta costa.

 Hola navegantes.

Hoy nos levantamos en Armintza con la cubierta llena de unos pececitos de los que estaba el puerto lleno, creo que chicharritos, y que estaban pescando toda la noche los pescadores para usar de cebo. Se ve que en aquella nube de pececitos los más saltarines llegaron a nuestra cubierta y ya no pudieron volver al mar:


Luego salimos siguiendo el trak de la entrada de ayer, sin problemas. Hemos tenido un viento del Nordeste que esta vez nos venía de cara, y además una corriente contraria en el entorno del Cabo Machichaco que hacía desesperante el avance, porque con las velas bien impelidas no hacíamos ni 2 nudos. Muchos ratos nos hemos apoyado con el motor:


Hemos pasado por las peculiaridades tan curiosas que tiene este tramo de costa, que ya os he contado en otros viajes: la central nuclear de Lemoniz, un despropósito a pocos kilómetros de Bilbao que no llegó a funcionar y ha  quedado abandonada sin uso:


La ermita de la isla de San Juan de Gaztelugatxe, superconocida y que no necesita presentación, aunque tal vez no sepáis que han descubierto que está poblada por una especie de lagartijas procedentes de Ibiza, donde están en peligro de extinción (¿cómo habrán llegado?):


La plataforma Gaviota, de extracción de gas, la única plataforma de la costa cantábrica española, con su barco de vigilancia que viene a advertirte si te metes en su zona de exclusión:


El Cabo Machichaco, típico con sus dos faros inconfundibles, el antiguo, abandonado, y el moderno:


La isla de Izaro, frente a Bermeo, que era el logotipo de la productora "Izaro films" y que vimos tantas veces al empezar una película, la reserva de la Biosfera de Urdaibai, y otras. Una etapa bien curiosa.

Finalmente nos hemos quedado a dormir en Elantxove, para mi gusto uno de los pueblos más fotogénicos del Cantábrico, con sus casitas en una ladera empinadídima y las vistas aéreas que se tienen desde arriba:


(El Corto Maltés es el velero pequeño abarloado a otro mayor en el muro):


 Con cuidado, navegantes.

lunes, 7 de septiembre de 2020

¡Qué maravilla, Armintza!.

 Hola navegantes.

Hoy hemos venido a Armintza. No es por ser aprensivo,  pero fijaos lo que dice la guía Imray de Armintza:


Se comprende perfectamente al ver su entrada desde el aire, que es como un embudo con forma de mango de bastón, con un metro de calado en bajamar, y además rodeado de rocas y de rompientes:


Pero claro, eso es en las peores circunstancias, que no se daban hoy. Nosotros entramos a media marea, con la orza subida, y además con las valiosas indicaciones de Borja, un navegante que amarra su velerito (el Gwenole) en Armintza, y de sus compañeros de Bimep, la empresa que gestiona el área marina experimental y las boyas de energía mareomotriz frente al puerto. Por cierto, el Gwenole es el único velero de Armintza, debido al poco calado del puerto (un metro en bajamar y con zonas que se secan) y a que Borja lo eligió con orza abatible.

La entrada es, en efecto, impresionante, porque está rodeada de bajos rocosos y es tan estrecha que no ves que hay una entrada hasta que estás prácticamente dentro, y tienes que hacer un acto de fe en la cartografía para dirigirte derecho a las rocas y creerte que allí hay un hueco.

Pero dentro el puerto está detrás de un muro impresionante que le protege del viento del Nordeste y del oleaje, y hay un microclima y el mar está como una piscina. De hecho estaba lleno de chicos y chicas bañándose y tirándose al agua desde los muros a pesar de la prohibición.

Nos hemos quedado amarrados al muro en una zona con un metro de calado en bajamar, preparada con un sistema extraordinario para amarrar el barco sin tener que calcular y modificar la longitud de las amarras con el cambio de marea. Hay una maroma colgada del muro haciendo comba para amarrar el barco a ella. Al subir la marea el barco arrastra la maroma con su flotación, y la maroma no le deja alejarse del muro.



Aquí podéis ver si Corto Maltés en Armintza:


Como hemos llegado muy pronto nos ha dado tiempo a recorrer el precioso pueblo y sus alrededores. Tiene una pequeña elevación rocosa que separa el pueblo de la playa, y en su cima un altar, los aparatos de vigilancia del área marina experimental de Bimep, y unas vistas aéreas del pueblo y de la playa.


La calma que reinaba hoy en el mar no debe ser representativa de lo que es Armintza. En invierno debe ser terrible y será cierto el comentario de la guía Imray, porque fijaos que las tapas de las alcantarillas del muelle están remachadas al hormigón para que no las lancen por los aires la fuerza de las olas:


Hemos acabado el día compartiendo un montón de anécdotas con Borja y ya tenemos un nuevo amigo. A Borja le conocí el año pasado cuando pasé frente Armintza y él estaba de servicio en la lancha de Bimep. Sin conocernos de nada se ofreció a ayudarme a entrar al puerto cuando volviera a navegar por la zona, y me dio su teléfono, lo que me ha permitido volver a contactar con él. A pesar de estar recién vuelto de vacaciones navegando y por lo tanto con muchos compromisos con su familia y su hijita, ha encontrado el tiempo y el interés para ayudarnos en la recalada y luego hacernos cómoda la estancia en su puerto. Gracias, Borja.

Hasta mañana, navegantes.