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sábado, 8 de agosto de 2026

Naufragar en el canal de Midi.

Hola navegantes. 

Cuando uno piensa en naufragios suelen venirle a la cabeza las imágenes de los grandes temporales en alta mar, o el arrastre de un barco contra los escollos de la costa. Pues aunque os parezca mentira también pueden naufragarse en el Canal de Midi.

Una pareja estaba llevando su velero del Mediterráneo al Atlántico por el Canal de Midi. Se trataba de un velero de diez metros con orza abatible, que con la orza subida tenía un calado de 1,20 metros. El Canal de Midi en condiciones estándar garantiza 1,40 m de calado, pero eso es en mitad del canal y en las condiciones  hidrológicas habituales, porque en verano, con la sequía y las olas de calor, el calado puede reducirse mucho, así como en las orillas. Además aguas abajo de las esclusas pueden acumularse sedimentos en el fondo, debido al movimiento del agua, y generarse zonas de mucho menor calado que son dragadas periódicamente. Por otra parte el salvajismo de la gente hace que a veces se encuentren en el fondo frigoríficos, lavavajillas, motos, y hasta coches tirados al canal después de robarlos, que por supuesto se comportan como una roca.

En un momento el velero se frenó en seco por haber chocado con algo, y empezó a entrar el agua a espuertas. Arrimaron el barco a la orilla, activaron las bombas de achique, y se tiraron a bucear, a pesar de la purulencia del agua marrón de los canales, para ver qué había pasado. El timón había chocado con algo en el fondo, y se había producido una grieta de varios centímetros en el casco por donde estaba entrando el agua.

Entonces empezó el difícil proceso de solicitar ayuda, porque ya os he dicho que en los canales no hay servicios de salvamento, como en el mar. Llamaron a los bomberos para ver si podían achicarles el agua con una motobomba. Los bomberos desconocían este tipo de emergencias y no acudieron, remitiéndoles a otros organismos. Después de un bucle de llamadas inefectivas, porque era domingo y muchos no contestaban o se desentendían,  volvieron a recomendarles llamar a los bomberos, que finalmente acudieron con una motobomba.

El achique con la motobomba por supuesto no era la solución definitiva hasta que se cerrara la grieta del casco. Después de muchas gestiones consiguieron una grúa, que sacó el velero a un prado justo al lado del canal. Habían tenido la suerte de que el accidente se produjo en una zona sin árboles, con un camino de sirga que permitía el acceso de un camión, y que tenían a bordo los puntales para varar. Si se hubiera producido en una zona arbolada, o con el camino más estrecho, el barco se habría hundido hasta tocar el fondo. Y si no hubieran tenido los puntales habrían dejado el barco acostado de lado en el césped, en una posición casi imposible de reparar.

También tuvieron la suerte de que los dueños del prado donde lo habían sacado fueron amables, y les dejaron permanecer allí hasta que finalizaran la reparación. Hubo que sacar el timón, sanear toda la fibra, cambiar el eje que se había doblado, y volver a enfibrar el casco, lo que les llevó tres semanas. Finalmente volvieron a echar el barco al agua y continuaron su viaje. 

Al analizar el accidente comprobaron que en el fondo del canal había una gran roca, que se había desprendido de las paredes que contienen las orillas. También vieron que aunque la orza era abatible el timón no, y entonces al navegar con la orza subida los golpes y frenazos se los llevaba la pala del timón, que es mucho más frágil.

Mi consejo: para navegar por los canales considerad una distancia de seguridad entre el calado del barco y el fondo en cada momento, consultando el estado de la red hidrológica antes de entrar. Aunque el calado estándar del Canal de Midi sea 1,40 metros, por ejemplo el año pasado, con la sequía y las olas de calor, había zonas de sólo 90 cm. Si el barco tiene abatible la orza pero no el timón, dejadla un poco bajada, de manera que siempre quede más baja que la pala del timón. Así, en caso de tropezar con un obstáculo el golpe se lo lleva la orza, que no se daña ya que retrocede hacia atrás, en vez del timón que se rompe seguro. En mi Corto Maltés tanto la orza como el timón son abatibles, y por lo tanto puedo levantar el timón hasta la misma altura que la orza, lo que me da un plus de seguridad.

 Con cuidado, navegantes.

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