En los temas de seguridad en la náutica a veces hay cosas curiosas o incomprensibles. Por ejemplo es obligatorio llevar un chaleco salvavidas por cada persona a bordo, pero no es obligatorio llevarlo puesto. Sería como si en el coche fuera obligatorio llevar los cinturones de seguridad, pero no llevarlos abrochados. Mucha gente lleva los chalecos en un pañol y no se los pone nunca, y a pesar de eso están legales.
Siguiendo con las anécdotas sucedidas a los demás y que pueden enseñarnos algo, os cuento ésta. Un navegante estaba de guardia por la noche cuando salió a la bañera su hijo de 12 años preparándose un bocadillo. En la estela del barco había plancton fosforescente, y le llamó mucho la atención. Estaban navegando de noche y con espí, el padre estaba pendiente del espí y no se dio cuenta de que el niño se acercaba a la plataforma de popa para meter los pies en el agua y ver cómo brillaban sus botas con el plancton. Con una ola el niño se cayó al mar.
Las condiciones eran las peores para un hombre al agua: no llevaba chaleco y por lo tanto no llevaba luz de señalización; iban navegando con espinaker, es decir, en empopada, el rumbo peor porque es cuando más deprisa te alejas del náufrago y cuando más difícil es arriar las velas para volver a recogerle; y no había nadie que se quedara mirando al sitio de la caída. A lo que se sumaban los nervios y la angustia de haber visto caer a su propio hijo.
Como pudo el padre hizo la maniobra para arriar el espinaker, arrancar el motor y retroceder. Tuvo la suerte de que no le ocurriera el accidente más típico: con los nervios, arrancar el motor antes de haber recogido todos los cabos del agua, y que la hélice se trabe en uno de ellos. Entonces te quedas sin la propulsión de las velas y sin la del motor.
A su hijo le había perdido de vista. Le llamó a gritos y pudo oír la respuesta del niño. Guiado aproximadamente por la dirección de la voz se fue acercando a donde creía que estaba, pero seguía sin verle. Entonces el niño tuvo la idea genial: empezó a gritar a su padre la luz del barco que veía. "Papá, ahora veo la verde", o "papá, ahora veo la roja". El padre, sabiendo en qué posición respecto al barco estaba su hijo, fue modificando el rumbo según el niño le decía. Cuando el niño dijo que veía la verde y la roja supo que le tenía justo delante, avanzó recto despacio y el mismo niño fue el que le dijo cuándo tenía que parar. Una vez detenido, el niño se acercó nadando al barco y subió sin más problemas.
Este caso terminó bien pero de milagro.
Mi consejo: en el corto Maltés reconozco que no llevamos siempre el chaleco. Pero considero obligatorio el chaleco con arnés en algunas circunstancias: siempre que se navega de noche, cuando hay niebla, cuando el viento supera fuerza 5 o incluso menos si vamos de empopada con el espí, cuando se navega en solitario, o cuando las olas nos hacen dar grandes balances o pantocazos. Por otra parte yo adopto la posición de hacer caso al más prudente (otros dirían al más miedoso): si cualquiera de la tripulación sugiere que es el momento de ponerse los chalecos y los arneses, nos los ponemos todos. Si alguien pregunta si no sería prudente coger un rizo, se le coge. Y además, como ya os he dicho otras veces, siempre navego con una línea de vida arrastrando por la popa. Podéis ver los detalles aquí:
Por otra parte, yo evito navegar con espí de noche, precisamente por lo difícil que es la maniobra de arriarlo y retroceder sobre tus pasos para recoger un hombre al agua. Y si me ocurriera, si la brisa es floja creo que intentaría dejar las velas como están y retroceder con el motor en marcha atrás, con tal de no perder al náufrago de vista y evitarme la maniobra de arriarlo. En esa maniobra se pierden varios minutos, te alejas unos cientos de metros, y seguro que pierdes de vista al que se ha caído.
Con cuidado, navegantes.
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