En otra entrada os hablé de los peligros de orinar por la borda, sus consecuencias, y la forma de evitarlo:
Hoy voy a contaros el desgraciado accidente de Florence Arthaud, que se cayó al agua por hacer pipí por la borda, y casi le cuesta la vida. Es una navegante francesa famosísima, con varias regatas oceánicas en su haber. Navegando en solitario desde Roma hasta Marsella se le ocurrió hacer pipí desde la plataforma de popa. Ella reconoce que es una malísima costumbre, y que lo hacía a pesar de las recomendaciones de todos los navegantes con los que había compartido viajes, que además eran varones y lo tenemos un poco más fácil.
Navegaba con una meteorología muy clemente, unos 15 nudos de viento del sudeste y con pocas olas, condiciones en las que uno tiende a confiarse y ahí radica la mayoría de los accidentes. Navegaba con el génova y la mayor desplegados al cien por cien, y con el piloto automático. El barco lo conocía de sobra, y con él había hecho a los veinte años su primera travesía del Atlántico. Desde entonces llevaba varios años navegando con el mismo.
Quitándose la ropa de aguas en el balcón de popa una ola la arrojó al mar. Como no llevaba una línea de vida arrastrando por la popa, y el barco navegaba con piloto automático, lo vio alejarse sin poder hacer nada. Lo primero que hizo fue quitarse toda la ropa de aguas y las botas, que tiraban de ella para el fondo. Tuvo la suerte de que utilizaba un teléfono móvil estanco y que lo llevaba encima, y que el accidente ocurrió cerca del Cabo Córcega, con cobertura de la red telefónica. A cambio la mala suerte de que se cayó sin las gafas de ver de cerca, y no era capaz de leer la pantalla. Como inciso, recordaros la importancia de llevar en el bidón de supervivencia unas gafas de cerca si ya las necesitamos.
Como no encontraba el número de las emergencias marítimas llamó a su madre, que tenía memorizado el teléfono en la letra M de "mamá", y sólo tuvo que buscar una letra. Y también tuvo la suerte de que su madre le contestó y pudo decirle lo que le había ocurrido. Le dio más o menos la posición, porque por supuesto no tenía las coordenadas de GPS, y su madre, al pertenecer a una familia de navegantes, supo lo que hacer. Llamó a Salvamento Marítimo y le dio la posición aproximada que le había comentado Florence. En Salvamento Marítimo, sabiendo el alcance de cobertura de las antenas del Cabo Córcega, que es de unos quince km, pudieron definir un círculo de búsqueda.
El helicóptero de rescate salió a su búsqueda en una noche calificada de cuatro sobre cinco. En esta clasificación el número uno corresponde a una noche de luna llena, y el número 5 a la oscuridad total, en la cual los prismáticos son inútiles. Florence tuvo también la suerte de que se había caído con una linterna frontal, y cuando oyó el helicóptero la encendió, facilitando un poco su localización. Finalmente la recuperaron después de haber estado en el agua dos horas. Fue llevada a tierra y unas horas después su barco fue localizado y pudo volver a él en una motora. Se puso muy contenta porque en el barco se había quedado su gato, y le recuperó sano y salvo.
Mi consejo: yo os he dicho en otras entradas que considero absolutamente prohibido orinar por la borda, así como la necesidad de llevar una línea de vida arrastrando por la popa. Esas dos tonterías pueden salvar muchas vidas en el mar. Por otra parte también os conté en otra entrada un invento que hay para que las chicas puedan orinar de pie:
Surgió de las necesidades del mundo militar, y poco a poco se ha extendido a los deportes de la vida civil. Recientemente he empezado a ver anuncios de ellos en las revistas náuticas. Las chicas que naveguéis y que alguna vez hayáis tenido que ir a hacer pipí al baño con el barco escorado y dando pantocazos, resbalando por estar el suelo mojado, y teniendo que quitaros el chaleco, el arnés, y toda la ropa de aguas, y luego volver a poneros todo, creo que comprenderéis por qué lo recomiendo.
Con cuidado, navegantes.
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