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viernes, 26 de marzo de 2021

Buenas noticias de la foca Josefina.

 Hola navegantes.

En entradas anteriores (15-7-18, 17-11-18 y 4-9-20) os hablé de la foca Josefina, que vive desde hace más de 20 años en el estuario del Rio La Rance, en Francia, donde se supone que llegó atravesando las esclusas paralelas a la presa mareomotriz. La conocimos durante nuestra vuelta a Francia en el Corto Maltés, cuando entramos en el río La Rance para conocer sus paisajes y el curioso fenómeno de las mareas artificiales. Josefina se ha hecho una habitante más del pueblo de Plouër-sur-Rance, y va a la playa con los niños. Están tan acostumbrados a ella que ya hasta juegan a su lado sin hacerla caso, como si fuera un perro dormido. Incluso hay un restaurante, "La cala de Mordreuc", que ha hecho de Josefina su logo y ha señalado con carteles el camino a los sitios donde suele descansar.

 El año pasado enfermó, perdió casi la mitad de su peso, se encontraba debilitada y sin capacidad de nadar y de pescar para alimentarse, y la llevaron al Oceanópolis de Brest para intentar diagnosticarla y curarla. Allí ha pasado 3 meses, habiendo engordado 32 kg y recuperado todo su pelaje de color leopardo (cuando está seca) y la capacidad de pescar. Ya recuperada, fue devuelta al río en el mismo lugar donde fue recogida, un día de noviembre con 5ºC en el exterior y 15 ºC en el agua, las condiciones ideales para ella. Esta vez no han intentado devolverla al mar porque probablemente, tras 20 años, ya no sea capaz de integrarse en una manada. La llevaron en una furgo del Oceanópolis, dentro de una jaula, y la depositaron en un pantalán. Con mucha calma husmeó el aire, y tranquilamente se metió al agua que tan bien conoce, desapareciendo enseguida de la vista de sus cuidadores.



Ahora recomiendan a los ribereños que la vigilen y comuniquen cualquier comportamiento anómalo. Lo más preocupante sería el adelgazamiento, pero también verla apoltronada en la arena de la orilla sin ir al agua a pescar, o posturas anormales distintas de la habitual de las focas "en banana". Se sigue recomendando observarla de lejos, porque no deja de ser un animal salvaje que puede morder, transmitir alguna enfermedad, o atacar al interpretar una caricia como una agresión.

La otra buena noticia es que Josefina ya tiene compañía. En entradas anteriores os contaba que en 20 años ninguna otra foca se había atrevido a entrar en La Rance a través de las esclusas, y de lo peligroso que era intentarlo por la proximidad de las turbinas de la energía mareomotriz, que pueden convertir a cualquier ser vivo en carne picada. Pues ya hay 4 focas en La Rance, e incluso hubo 5, pero una de ellas fue encontrada muerta poco después. 

 

A Josefina le queda una esperanza de vida de por lo menos 15 años, y al parecer las focas no tienen menopausia, o sea que podría engendrar a pesar de su avanzada edad. Pero se teme que no sea capaz al haber perdido sus instintos después de tanto tiempo alejada de la vida salvaje y conviviendo con los humanos. Se desconoce cómo trataría a sus hijitos, si  les dejaría acercarse a los humanos, si perderían su carácter de animales salvajes y sabrían sobrevivir, etc. De hecho, aunque nos caiga tan simpática y sobre todo después de haberla conocido y acariciado, Josefina es un ejemplo de fracaso en la reintroducción al medio natural.

A ver si se ha recuperado del todo y dentro de unos meses nos da una "sorpresita". 

Con cuidado, navegantes.

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