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jueves, 12 de noviembre de 2020

Los foils empiezan a cascar.

 Hola navegantes.

Ya comenté en anteriores entradas que en la Vendée Globe estaban participando veleros con foils, que al volar sobre el agua en vez navegar dentro de ella, consiguen velocidades de vértigo y quieren pulverizar el récord de la vuelta al mundo. Pero también que por esos mares extremos del hemisferio Sur, donde toda incomodidad tiene su asiento, los foils añadían los choques con el mar cada vez que se posan, y un riesgo más a los muchos que de por sí acechan a los navegantes. Un barco de varias toneladas apoyado en un ala... Sí, los aviones también van así, pero en el aire no van golpeando constantemente con las olas, ni se pueden hacer vías de agua, ni hay objetos sumergidos o mamíferos marinos o tortugas contra los que puedas chocar, ni están dirigidos por un único tripulante solitario, que obviamente necesita dormir de vez en cuando y deja el barco navegando sin vigilancia.

Pues a los 4 días de la salida ya ha ocurrido el primer accidente. El barco de Kevin Escoffier ha tenido una vía de agua por el fallo de una de las válvulas de la caja que soporta el foil de estribor, y se ha inundado hasta la mitad:

Clic aquí. 

Al parecer podrá hacerse cargo de la situación, pero fijaos lo que hace ir esponsorizado que hasta en esa situación extrema, antes de ponerse a achicar se pone a grabar un vídeo para subir a las redes. Alucinante.

martes, 10 de noviembre de 2020

 Dibufirma de Rafael:



lunes, 9 de noviembre de 2020

El navegante manco, en cabeza de la Vendée Globe.

 Hola navegantes.

En las entradas de 4-6-20 y 28-8-20 os hablé de Damien Seguin, un marino francés al que le falta la mano izquierda, y que después una larga lucha ha conseguido que le dejen participar, en igualdad de condiciones, en la Vendée Globe, compitiendo con marinos sin ninguna minusvalía.

La Vendée Globe es una regata de vuelta al mundo sin escalas, sin asistencia y en solitario, pasando por el Sur de los tres grandes cabos (Buena Esperanza, Lewin y Hornos). Se la considera el Everest de la vela, la prueba más difícil a la que puede enfrentarse un marino. Pues Damien va a hacerlo, y con una sola mano. Aquí podéis ver el vídeo de la salida, las ovaciones de sus propios competidores y el beso de su  mujer:

Clic aquí. 

Por si fuera poco, a las 24 horas de la salida ¡va en cabeza!. Como lo oís, se ha situado el primero de la flota. Aunque por supuesto no significa nada en una regata que durará 40 o 50 días, es un buen comienzo y dice mucho de Damien. ¡Animo!.

 


 

viernes, 6 de noviembre de 2020

Más sobre Jo Le Guen.

 Hola navegantes.

En la entrada del 23 de octubre os hablé de Jo Le Guen, un marino Bretón de 73 años que está intentando dar la vuelta al mundo en un velero de 8 metros. He vuelto a leer su libro "Les traversées de la colère", donde relata entre otras cosas sus anteriores travesías, que ya os resumí en aquella entrada. Pero son tan impresionantes que no me resisto a daros más detalles.


Respecto a sus travesías a vela, una de ellas fue en un trimarán de 15 metros con el que dio la vuelta al continente americano, desde Nueva York a San Francisco, pasando por el Cabo de Hornos. Fueron 99 días sin escalas, con la particularidad de que los hizo con su mujer embarazada (!). Obviamente el mérito es más de su mujer, Anne Liardet, que de él, que no iba embarazado, pero ahí queda.

Respecto a sus travesías oceánicas a remo, es impresionante la historia de la segunda, en 1997, que hizo en una piragua para dos, con un recluso. Jo había dado 90 conferencias en cárceles francesas para compartir con los presos las ansias de libertad  que desbordan sus aventuras, y concretamente su primera travesía del Atlántico a remo, que fue en 1995 en solitario. Fruto de estos contactos surgió la idea de que la embarcación para la siguiente travesía a remo la realizasen los reclusos en sus talleres ocupacionales. Y así se hizo. La construyeron en la cárcel de Moulins, y allí conoció a Pascal Blond, un convicto condenado a 15 años. La travesía fue de Canarias a Barbados, emplearon 49 días, remaron 10 horas diarias cada uno, bebieron 10 litros de agua cada uno al día, y perdieron unos 15 kg, pero lo consiguieron.

Después vino la travesía catastrófica, el intento de pasar el Cabo de Hornos remando, en el año 2000. Salió de Nueva Zelanda (por cierto, un mes después de nacer su cuarto hijo) y al cabo de dos meses, antes del Cabo, sufrió congelaciones en los pies. Su comunicación con tierra era a través de un teléfono satelital Iridium, que entonces era propiedad de Motorola y la compañía había decidido finalizar ese servicio. Pero en los océanos había dos hombres cuya vida dependía de él, concretamente Jo en su piragua y Philippe Monnet, que estaba intentando la vuelta al mundo a vela contra los vientos dominantes. Motorola consintió en mantener el servicio hasta que regresaran.

Gracias al Iridium fue recogido por un mercante y trasladado a Punta Arenas, en Chile, donde le operaron (perdió en dos operaciones todos los dedos de los pies) y luego trasladado a Francia. Tuvo la suerte de que en el mercante iban las mujeres de dos oficiales, las dos enfermeras, y le dieron los cuidados necesarios hasta que pudo ser recogido por un helicóptero y trasladado al hospital (estuvo un mes y medio tratado con morfina por los dolores). Como curiosidad, cuenta que por el camino de quedaron dormidos a la vez el médico y los dos pilotos, o sea que estaban volando con el piloto automático sin nadie despierto.

En su libro cuenta que cuando iba a ser recogido por el mercante estuvo dudando cómo llevarse los objetos fetiche que le habían acompañado durante la travesía, y fijaos los que eran: dibujos de sus hijos, un gri-gri, unas plumas de albatros, agua de una fuente bretona, unas fotos de sus hijos y unas braguitas de su mujer. Lo tuvo que dejar todo confiando en que tarde o temprano recuperaría la embarcación, pero no fue así.

En la convalecencia, y sin poder andar, participó en la búsqueda y el rescate de otro loco francés, Rémi Bricka, que ya había cruzado el Atlántico sobre unos esquíes flotantes en 1988, y ahora, en 2000, lo había intentado con el Pacífico y estaba perdido en algún lugar del océano al Sur de Hawaii. En otra entrada os hablaré de él. Consiguió encontrarlo en mitad del mar siguiendo sus últimas posiciones conocidas y devolverlo a puerto sano y salvo.

Posteriormente, y desde la silla de ruedas mientras se le curaban los pies, se comprometió en la lucha contra la marea negra del petrolero Erika. 

Mañana os contaré más.

viernes, 30 de octubre de 2020

Pero ¿qué les pasa a los mayores?.

 Hola navegantes.

Pues sí, parece una epidemia. No paro de enterarme de marinos que ya estaban consagrados antes de que yo empezara a afeitarme y que ahora, en vez de pensar en un merecido descanso, se siguen empeñando en poner sus días en peligro.

El último es éste, Wilbur Spaul, de 70 años, que el 27 de septiembre salió de San Francisco en un velero de 2,70 metros de eslora con intención de llegar a Oahu, en las Islas Hawaii (o sea, medio Pacífico en esa cascarita). Al barco, por cierto, le ha bautizado "Chubby Girl" ("Gordita") por su aspecto rechoncho.

 Espera llegar en 2 ó 3 meses, a la increíble velocidad de 1,5 nudos, a tiempo para apagar allí las 71 velitas.

Wilbur tiene tras de sí una vida dedicada a la navegación. Navega tanto en el Atlántico como en el Pacífico, ha tenido varios veleros, y en 1981, con 32 años, ya cruzó de California a Hawaii en un velero de 3,05 metros de eslora, en 34 días.

Si lo consigue le aplaudiremos hasta con las orejas. Y si me entero de la razón de ese extraño aparejo, con una vela mayor enana, menos de la mitad del foque, os lo trasladaré.

Con cuidado, navegantes.


jueves, 29 de octubre de 2020

Vídeos sobre el Baluchon y su capitan, Yann Quenet.

 Hola navegantes.

 En las entradas de 13 y 16 de mayo, y de 14 de octubre de 2020, os hablé de este navegante francés que está dando la vuelta al mundo en un barco de 4 metros, construido por él mismo. Aquí 3 vídeos para conocer el barco y el personaje:

Clic aquí

miércoles, 28 de octubre de 2020

Juguetes caros y peligrosos.

 Hola navegantes.

Están empezando a difundirse imágenes de los entrenamientos para la Copa América, en Auckland, Nueva Zelanda. Y se confirma que esos juguetitos, más que barcos, son aviones que llevan una pequeña parte metida en el agua para poder decir que "navegan", pero realmente son aviones ya que se desplazan por el aire. Sólo los foils, las "alas" que sustentan el barco y que suelen ser de carbono, cuestan 150.000 euros la pareja (sí, ciento cincuenta mil euros). 

 


En el vídeo podéis ver la velocidad a la que se desplazan (los barcos de motor acompañantes casi no pueden alcanzarlos, y eso que son catamaranes). También podéis ver que cuando levantan el foil de barlovento para que no arrastre por el agua (como un perrito cuando levanta la pata para hacer pis) es como una guillotina vertical a ras del agua, y eso que están navegando entre otros barcos por la bahía. Y finalmente que cuando el barco se levanta y sale del agua, la pala del timón en realidad va por el aire, por lo que el control sobre ese bólido lanzado a 40 nudos es mínimo.

 Clic aquí.

Algunos barcos de la Vendée Globe también van a intentar dar la vuelta al mundo sobre foils, y se van a meter por las aguas más difíciles del planeta encima de esos alerones. Las posibilidades de que se rompan con las grandes olas de los mares australes son muchas, y en este caso lo que están poniendo en peligro es la vida de los tripulantes, porque por allí abajo no hay nadie que les pueda socorrer. Y todo por batir un récord. 

Con cuidado, navegantes.

martes, 27 de octubre de 2020

Otro palo.

 Hola navegantes.

Vaya por delante que lo que voy a comentar lo considero una minucia en comparación con lo que están sufriendo otros en el terreno personal, familiar o laboral. 

El verano pasado el estado de alarma por la Covid abortó nuestra navegación prevista de dar la vuelta a Italia. El proyecto consistía en salir de Santander hacia el Este, atravesar Francia por el Canal de Midi, y ya en el Mediterráneo contornear la costa Francesa, Mónaco e Italia hasta llegar, subiendo el Adriático, hasta Venecia como sitio mítico. Luego seguir un poco más hacia Eslovenia, hasta un puerto fácil para cargar el Corto Maltés en un camión y volver a Santander por carretera.

 

En marzo se implantó el estado de alarma que finalmente duró hasta junio, lo que impidió aquella navegación que tenía que haber empezado en mayo y probablemente haber terminado en septiembre. Tuvimos que conformarnos con un recorrido por la costa cantábrica, en julio hasta las Rías Altas (y además lidiando con el confinamiento en los puertos de Lugo) y en septiembre por todo Euskadi. Toda nuestra ilusión se centraba en prorrogar los planes un año e intentar la vuelta a Italia en 2021.

Anteayer se decretó un  nuevo estado de alarma, que se prevé que durará 6 meses (!). Aunque aún no se ha definido en toda su extensión ni en las medidas que contemplará, que pueden depender de cada Comunidad Autónoma, es otra cucharada de hiel a nuestro proyecto. Porque estamos hablando de que el estado de alarma finalice en abril, y nosotros tendríamos que salir en mayo, obviamente habiendo hecho antes todos los preparativos, que incluyen la preparación del barco con el cambio de la orza, y sacar los billetes de avión de mis acompañantes en cada etapa. Aunque es prematuro preocuparse, por todo lo que puede ocurrir este invierno, es un jarro de agua fría, y no por inesperado, sino porque presagia las opciones más pesimistas.

El verano pasado ya tenía hecho hasta el cuaderno de bitácora que utilizaría en este viaje, lleno de alusiones al destino final, Venecia, para animarnos por el camino:


A ver si finalmente es posible reproducir esta foto pero con el Corto  Maltés:

Con cuidado, navegantes.

lunes, 26 de octubre de 2020

Ultimas novedades de Jon Sanders.

 Hola navegantes.

En la entrada de 28-2-20 os hablé de Jon Sanders, un marino australiano de 81 años que empezaba su undécima vuelta al mundo a vela, en solitario, en un velero de 10 metros de eslora. Su principal objetivo, pues ya no tiene nada que demostrar, es sensibilizarnos sobre la contaminación con plásticos de los Océanos. 

Pues está a punto de conseguirlo. Salió de Australia en noviembre de 2019, y como a muchos navegantes le pilló el confinamiento de la pandemia en el Caribe, donde estuvo inmovilizado 3 meses. En julio pudo por fin cruzar el Canal de Panamá, llegar a la Polinesia, y finalmente salir de Tahití el 18 de septiembre con destino a Australia. Tan seguro estoy de que lo consigue como de que llegará a su país sin fanfarrias, y su hazaña pasará desapercibida. Así es el mundo de la vela.

Supongo que le quedará la satisfacción personal de haberlo conseguido y ser el hombre más mayor que ha dado la vuelta al mundo a vela. Ojalá estas cosas se difundieran más para ver qué tiene que enseñarnos, porque como dice el refrán, "la mar quiere a los cobardes, a los valientes ya los tiene". A todos nos gustaría llegar a su edad navegando, sin que  nos haya deglutido el mar.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 21 de octubre de 2020

La vuelta al mundo con 73 años.

Hola navegantes.

Jo Le Guen es un marino francés (Bretón, por supuesto)  del que ya os hablé en la entrada de 13-1-18 porque iba a atravesar el Atlántico en un velero marcha atrás. Además es famoso en Francia por sus travesías oceánicas a remo. En 1995, remando en solitario y sin asistencia, atravesó el Atlántico de Este a Oeste en 103 días. En 1997, con un compañero, remó de Canarias a Barbados en 49 días. En 2000 intentó cruzar el Cabo de Hornos a remo, saliendo de Nueva Zelanda. Después de 60 días tuvo que abandonar, fue recogido por la marina chilena a punto de naufragar y sufrió congelaciones en los pies, que motivaron la pérdida de algunos dedos. En 2006 volvió a cruzar el Atlántico a remo, de Senegal a Guyana (ya tenía 59 años). Además tiene en su haber varias travesías oceánicas a vela.

 Como no es de los que se sientan en el butacón a ver la tele acariciando a un gato, Jo se ha propuesto, con 73 años, dar la vuelta al mundo en solitario siguiendo la ruta de Magallanes y Elcano. Lo va a intentar en su velero de 8 metros, un Dufour bautizado "Juan Elcano", de casi 40 años años de antigüedad.

Jo salió del puertecito de Lanildut, en el Finisterre francés, el 9 de octubre, con la idea de volver en septiembre de 2022 (2 años de viaje) a Sevilla, donde llegó Elcano hace 500 años. Después de cruzar el Golfo de Vizcaya  tuvo que refugiarse, el 17 de octubre, en el puerto de Portimao, en Portugal, para protegerse de un temporal con vientos de 50 nudos.

 En cuanto se aclare ese cielo de Apocalipsis, Jo pondrá rumbo directo a Sudamérica, al Estrecho de Magallanes, siguiendo luego la ruta de la escuadra de Elcano:

 


El periplo lo ha iniciado sin espónsores ni publicidad, con una previsión de gasto de 36.000 euros que intenta sufragar con donaciones. Tiene línea directa con los alumnos de su región, a los que irá informando de las  incidencias del viaje y comentando aspectos de la colonización española y portuguesa de las tierras que se fueron "descubriendo". Será también una lección viva de historia, pues irá reviviendo las aventuras de la escuadra, incluyendo la muerte de Magallanes en Filipinas por cometer la tontería de tomar partido en una guerra tribal confiado en la superioridad de su armamento, y donde les contará, expresamente, la historia del esclavo Enrique el Negro, que fue en realidad el primer hombre en dar la vuelta al mundo, antes que Elcano aunque nos cueste reconocerlo (ver entrada del 14-11-19).

Con cuidado, navegantes.

lunes, 19 de octubre de 2020

Lo del Green Dragon tenía truco.

 Hola navegantes.

En la entrada del 15 de octubre os conté la aventura del Green Dragon, un velero de 21 metros de eslora en el que 5 mujeres supervivientes de un cáncer de mama, sin experiencia de navegación, iban a intentar dar la vuelta a España. No me leí toda la prensa, pero en la que cayó en mis manos se daba a entender que iban solas, en todas las fotos salía sólo el grupo de mujeres, y así se recogió en los foros náuticos, siempre sorprendidos por el intento.

Ya os manifestaba mi extrañeza porque 5 personas inexpertas pudieran hacerse con un barco de esas dimensiones y potencia, que normalmente es manejado por cerca de 20 tripulantes. También que se dejara semejante capital (390.000 euros en su último precio de segunda mano) en manos inexpertas, y encima para circunnavegar España en invierno, cuando ya hay a menudo temporales, y con fechas fijas de recalada en algunos puertos, lo que te obliga a salir a navegar haga como haga, pues no puedes llegar tarde a una escala donde te esperan todos los medios y los espónsores.

Poco a poco se va conociendo la realidad. En el vídeo de la salida de Bilbao me llamó la atención escuchar a bordo voces masculinas, y que en las imágenes salieran las 6 mujeres (las 5 tripulantes más la capitana) cuando alguien más estaba sujetando la cámara, obviamente. Además se veía, de refilón, a algunos hombres a bordo. Supuse que eran los medios de comunicación embarcados para la salida, y que más adelante abandonarían el barco.

Ahora se ha sabido que va a bordo una tripulación profesional, como recoge esta noticia del Marca:




Esto no quita mérito a las mujeres participantes, sino a los organizadores por intentar engañarnos.

Con cuidado, navegantes.


domingo, 18 de octubre de 2020

Objetivo: 150 km/hora a vela.

 Hola navegantes.

Lo habéis leído bien. Alex Caizergue, que ya ostenta el récord mundial de velocidad a vela (con kitesurf) con 107 km/hora, quiere alcanzar los 150. Para ello está desarrollando con un equipo de ingenieros el proyecto Syroco. 

Se trata de un vehículo, mitad cohete y mitad kitesurf, impulsado por una cometa de kitesurf y, por supuesto, con un foil para que salga del agua y navegue por el aire:


El foil será oscilante, pudiendo deslizarse completamente a babor o a estribor, al lado contrario del que esté tirando la cometa:


A bordo irán dos tripulantes, de momento sin nada más que el asiento y los controles del aparato:


Aparte de la búsqueda del récord de velocidad, que es lo más inmediato,  los inventores intentan ayudar a descubrir alternativas más ecológicas, sin combustibles fósiles, para el transporte marítimo. Aunque eso será a más largo plazo y como contribución a la investigación básica, porque no creo que nadie esté pensando hacer transporte marítimo con este tipo de cohetes.


 Con cuidado, navegantes.

viernes, 16 de octubre de 2020

Cuatro arco iris en El Sardinero.

Hola navegantes.

Ayer en El Sardinero vimos el espectáculo de un arco iris doble. La luz del Sol es blanca, pero el blanco no es un color propiamente dicho sino un conjunto de colores. Bajo ciertas condiciones se separan y aparece el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el añil y el violeta. Para que se separen el rayo de luz debe pasar de un medio a otro, del aire al agua por ejemplo. Por eso suelen aparecer después de haber llovido y el aire está cargado de gotitas de agua, o cuando hay niebla, y cuando en esas condiciones aparecen los primeros rayos de sol. El de ayer sobre la isla de Mouro era completo, como enmarcando un cielo de pintor:

El que solemos ver es el arco iris principal o primario: sus colores son más fuertes y tiene el rojo arriba y el violeta abajo. Se debe a que el rayo de luz solar incide en la mitad superior de una gota de lluvia. Al pasar del aire al agua cambia de dirección, igual que cuando metemos un palo en un estanque nos parece que se ha doblado. Ese cambio es distinto para los diferentes colores que componen la luz solar. El rojo se curva menos y los otros se van curvando más hasta el violeta. El rayo blanco se convierte así en un conjunto de rayos de distintos colores que se van separando más a medida que avanzan. Y terminan saliendo de la gota al exterior, cada color en distinto ángulo. Cuando hay millones de gotas vemos un arco de color rojo porque todas nos envían la luz roja bajo el mismo ángulo, otro arco amarillo, otro naranja, etc.

Al cabo de un rato apareció el arco iris secundario, que ya es mucho más difícil de ver, casi un espectáculo único. El segundo arco se produce a partir del rayo de Sol que penetra por la mitad inferior de la gota, y nos es devuelto después de dar dos botes internos. En el transcurso de esos rebotes internos los rayos se cruzan y salen de la gota en orden inverso. El segundo arco es más débil porque en cada rebote se pierde energía y el ángulo de salida es mayor. Por eso el segundo arco se ve más alto y con los colores cambiados: el rojo abajo y el violeta arriba.



Fuera del arco iris el cielo es más oscuro porque los rebotes dentro de la esfera de cada gota dejan un ángulo muerto sin luz. Y entre el primario y el secundario suele ser aún más oscuro porque la pérdida se ha duplicado, y esa franja se llama "Zona Oscura de Alejandro".

Como ayer los arcos iris, primario y secundario, se reflejaban además en el agua de la orilla, veíamos 4 a la vez:

 


Aquí os enseño además, sacada de la web, una imagen inédita: 6 arco iris a la vez, porque al primario y al secundario se ha sumado uno terciario, que es la reflexión del primario saliendo del agua, y a su vez los 3 son reflejados en el agua de la orilla:


Ojalá podáis ver estos arco iris alguna vez. Es un espectáculo bonito y bastante raro.

¡Con cuidado, navegantes!.

jueves, 15 de octubre de 2020

Cinco supervivientes de cáncer de mama dan la vuelta a España.

 Hola navegantes.

Cinco mujeres supervivientes de un cáncer de mama han iniciado esta semana, saliendo de Bilbao, una aventura náutica que pocos se atreverían: dar la vuelta a España a vela, ¡y en invierno!.

El barco que han elegido es el Green Dragon, un Volvo 70 de 21,5 metros de eslora, considerado uno de los Fórmula 1 del mar, o sea un auténtico dardo sobre las olas. Ha participado en regatas oceánicas y en el Mediterráneo, y para que os hagáis idea de lo que estamos hablando, su precio de segunda mano era de 450.000 euros, luego rebajado a 390.000 (!).

 

 Normalmente, en regata, es tripulado por 20 tíos de esos que tienen las espaldas como una vela latina, para que comprendáis también las fuerzas que intervienen en su gobierno y las dificultades que tendrán estas mujeres para hacerse con él: 

Las mujeres que abordan el reto son María Aldama, maître de 38 años, Marian Cáliz,  arquitecta de 48 años, Lorena Madrid, ambientóloga de 39 años, Fátima Domínguez, licenciada en Bellas Artes de 56 años, y Nuria Gómez, científica marina de 44 años. Al timón, y como directora deportiva de la expedición, va la campeona olímpica gijonesa Ángela Pumariega, medalla de oro en la clase Elliott 6 metros en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. En esta noticia del Diario Montañés tenéis más detalles:


El desafío lo lidera una asociación para la investigación sobre el cáncer de mama, buscando una oportunidad para visibilizar esta patología y recaudar dinero para los fines de la asociación, y que es la que ha conseguido los espónsores. 

Como siempre en estos desafíos, lo principal es demostrar que el cáncer es un mal trago en la vida, un paréntesis del que se acaba saliendo más o menos tocado, pero que después la vida se reanuda y tenemos que sacarle todo su partido. No permitir que el tiempo corra más deprisa que nosotros, vivir cada día con toda su intensidad, no posponer los proyectos que nos atraen, y sobre todo no ponernos nosotros mismos más límites que los nos imponga la naturaleza. Espero que estas chicas, que ya han doblado Finisterre, nos ayuden a comprenderlo.

Aquí va mi pequeño homenaje a las valientes, la dibufirma del Green Dragon:

 

Con cuidado, navegantes.
 

miércoles, 14 de octubre de 2020

El Baluchon llegó a Nueva Caledonia.

 Hola navegantes.

En las entradas de 13 y 16 de mayo de 2020 os hablé del francés Yann Quenet, del que os conté que había llegado de Europa a la Polinesia en un velerito de 4 metros de eslora construido por él mismo, el Baluchon. En Polinesia le tocó aguantar la cuarentena del Covid y tras un descanso continuó rumbo a Australia, ya con el objetivo declarado de terminar una vuelta al mundo.

El 3 de septiembre partió de Raiatea, en la Polinesia, y acaba de llegar a Nouméa, en Nueva Caledonia, tras 32 días y 2.500 millas de mar. Las condiciones meteorológicas han sido peores que en sus anteriores travesías, incluyendo la rotura de la vela, que tuvo que reparar por el camino y fue origen de una caricatura de Yves Deniaud imaginándosele pegando la desgarradura con cinta adhesiva para velas, con la ayuda del bichero:


En Nouméa no ha tenido que hacer cuarentena pues se ha considerado como tal los 32 días que ha pasado aislado en el mar, y al llegar le hicieron una PCR que fue negativa. Sus aventuras han salido hasta en la prensa local:


Su siguiente objetivo era Australia, donde pensaba haber comprado un coche de segunda mano y atravesar la isla-conrtinente por carretera, con el barco en la baca, y retomar el mar en la costa Oeste para seguir navegando por el Océano Indico. Si lo hiciera sería la primera vuelta al mundo a vela en que algunas etapas se hubieran cubierto de esta curiosa manera. Pero Australia ha cerrado sus puertas de forma indefinida a la inmigración por culpa de la Covid, y no es seguro que pueda cumplirlo. Su plan B es alcanzar directamente la Isla de Reunión, en el Océano Indico, pasando por el Norte de Australia sin detenerse. Serían 7.000 millas de un tirón, algo casi milagroso si lo consigue con ese barquito.

De momento tiene que quedarse en Nueva Caledonia hasta abril de 2021 para dejar pasar la temporada de los ciclones, donde disfrutará de un merecido descanso y pondrá a punto el barco con algunas mejoras que quiere hacerle.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Droga hasta en la mesa de cartas.

 Hola navegantes.

Es una pena pero a veces los veleros que despiertan nuestra admiración son usados para navegaciones menos nobles. En los últimos meses la policía española se ha incautado de cerca de 35 toneladas de hachís en seis veleros clásicos, todos de la misma organización, cada uno de los cuales serviría para el anuncio de Puleva.

Ha sido la mayor operación de la policía española contra el tráfico marítimo de hachís. Se ha detenido a 9 personas, de origen ruso y búlgaro, en una operación desarrollada en varios lugares del Atlántico. La operación ha sido muy compleja, por el cambio frecuente de nombre y de pabellón de los barcos, la experiencia de las mafias implicadas y la necesidad de operar a través de cinco países diferentes. Se desarrolló con apoyo de 4 patrulleras, un helicóptero y un avión de vigilancia.

Todo se inició en octubre de 2019, al detectar el primer velero implicado y descubrir que la organización tenía su base en Baleares. En los meses siguientes detectaron otros veleros, todos ellos de alta gama, de los que hacen temblar la chequetera. Fijaos:

El 26 de marzo se detuvo al Phase One a 80 millas al Sur de Mallorca, un velero de 17,20 metros de bandera holandesa, transportando 4.244 kg de hachís. El 14 de julio al Hanna, en el Golfo de Cádiz, de 14,50 metros de eslora, pabellón británico, con 360 kg. Y en septiembre al Sweet Breeze, al Eagle Ray, al Amaalta y al Carla.

El Sweet Breeze, de 21,99 metros y pabellón británico, fue detenido al Sur de Fuerteventura con 10.700 kg. El Eagle Ray, de 18,60 metros y pabellón británico, en el Estrecho de Gibraltar con 9.300 Kg. El Amaalta, de 17,20 metros y pabellón alemán, en las costas de Mauritania con 4.500 Kg. (tenía una vía de agua y finalmente se hundió al llegar a puerto). Y el Carla, de 16,20 metros y pabellón holandés, al Sudeste de Fuerteventura con 6.000 kg.

Es impresionante tanto la cantidad de hachís incautada (cerca de 35 toneladas) como la categoría de los seis barcos implicados, cuyo valor se ha estimado en más de 5 millones de euros.


 En el siguiente vídeo podéis ver cómo llevaban los alijos, ocupando absolutamente todos los espacios del barco, hasta el baño o la mesa de cartas, única forma de comprender que cada uno transportase esas toneladas. 

Clic aquí.
 

Supongo que los veleros acabarán dentro de unos años en una subasta, y algún afortunado podrá disfrutar de ellos para fines más nobles.

Con cuidado, navegantes.


domingo, 4 de octubre de 2020

La afición imprudente.

 Hola navegantes.

Cuando Miguel y yo volvíamos de San Sebastián en el Corto Maltés repitieron insistentemente por la radio un aviso de Securité que no entendíamos. Decían que un velero había salido de Hendaya 24 horas antes con un navegante solitario, y que al no tener noticias de él se pedía a todos los barcos de la zona que extremáramos la vigilancia y notificáramos a Salvamento Marítimo si le avistábamos.

Nos parecía sorprendente el aviso, porque infinidad de navegantes solitarios salen al mar y, por supuesto, tardan más de 24 horas en dar noticias de su paradero. Y las condiciones climáticas eran excelentes, de ahí no se derivaba ningún peligro.

Ahora han publicado los detalles en Voiles et Voiliers y se explica todo. Era un navegante de 74 años que ya había sufrido un infarto esquiando, le habían tenido que evacuar en helicóptero, y después de curarse le habían prohibido la navegación en solitario.

A pesar de eso el 17 de septiembre salió de Hendaya en su velero, un Evasión 22 como el de la foto:


Por la tarde, al no regresar a puerto, su mujer dió el aviso y Salvamento Marítimo inició su búsqueda, empleando helicópteros, y hasta un Falcón 50 de la Marina Nacional:


Una semana después apareció el barco, sin nadie a bordo, varado en la isla francesa de Oléron, 200 millas al Norte de su puerto de partida, y casi simultáneamente un pesquero español de Pasajes encontró su cadáver en alta mar.

Posiblemente nunca se sepan los detalles del drama que ocurrió en el pequeño velero ni las razones de esa salida imprudente. Pero tiene que servirnos para recordar que la vida es lo más importante y que en temas de salud no hay que ser más listo que los médicos.

Con cuidado, navegantes.


domingo, 27 de septiembre de 2020

El barómetro a bordo.

 Hola navegantes.

La proliferación de aplicaciones y páginas web que nos dan el pronóstico del tiempo con precisión milimétrica nos hacen, por una parte, creernos demasiado esas predicciones acompañadas de vídeos que parecen irrefutables, y por otro lado prescindir de los sistemas clásicos, como el barómetro.

Pero a veces se nos olvida que si salimos de la zona de cobertura del teléfono nos quedamos huérfanos de la información,  y que puede haber fenómenos locales (que no recogen las predicciones de zonas amplias) o imprevistos (como las galernas) que sólo podemos predecir con el barómetro de a bordo. Sorprendentemente el barómetro no está en la lista de equipamientos obligatorios en un barco, y sin embargo sí lo está, para las navegaciones oceánicas, un cronómetro, que se usa para medir bien el tiempo en los cálculos de la posición en longitud.

La presión atmosférica normal, a nivel del mar, es de 1013 mb ó 760 mmHg. Esta presión disminuye con la altura (cuanto más alto, menos pesa la columna de aire) a razón de 1,333 mb ó 1 mmHg por cada 10 metros. Por eso lo primero que hay que hacer al comprar un barómetro es calibrarlo al nivel donde va a ser usado, ya que normalmente se ha calibrado en la fábrica, que puede estar a muy distinta altitud. En los analógicos se calibra con un tornillo en su parte posterior, y en los digitales con teclas específicas.

La utilidad del barómetro a bordo es que la presión atmosférica experimenta variaciones asociadas con los cambios meteorológicos, precediéndolos.

Como regla general, la presión alta corresponde a un anticiclón, una zona de aire frío, estable y estacionario generalmente asociado a buen tiempo. En la navegación corresponde a una zona de calmas, es decir, sin vientos, ya que el aire frío y pesado desciende lentamente en sentido circular y comienza a girar, por el efecto Coriolis, casi imperceptiblemente en sentido horario en el hemisferio Norte y antihorario en el hemisferio Sur.

Por el contrario la presión baja suele corresponder a una borrasca, una zona de aire caliente y por eso inestable (tiende a ascender, produciendo cambios en la superficie al rellenarse su vacío con aire circundante), que se desplaza de Oeste a Este arrastrando frentes, nubosidad y lluvia, o sea, lo que la gente entiende por "mal tiempo". Y en nuestra zona (centro y Este del Cantábrico) también se asocia a las galernas, temporales súbitos y violentos con fuertes ráfagas del Oeste al Noroeste (pueden superar la fuerza 10: más de 50 nudos  o 100 Km/h) en primavera y otoño, que se caracterizan precisamente por su aparición brusca en los días muy calurosos, por una marcada bajada del barómetro, y por la dificultad de predecirlas. Por todo eso no suelen aparecer en los partes meteorológicos, y a lo sumo se dice que "puede haber" galernas pero no la hora, ni el lugar, ni la intensidad.

Atendiendo a esos criterios generales, en los barómetros la zona de la izquierda, que es la de bajas presiones, suele estar rotulada como "lluvia o viento" o "mal tiempo", la intermedia como "variable", y la derecha, que es la de altas presiones, como "buen tiempo". Y hay que recordar que se refiere al tiempo que hará en las próximas horas o días, no al tiempo actual.


 Pero esta rotulación vale sólo para la información casera de los que no navegan. A nosotros nos da igual que llueva o que haga sol, lo que nos interesa de verdad es su asociación con la fuerza del viento y con el hecho de que los cambios en el barómetro preceden a los cambios meteorológicos, de manera que te permiten prepararte. Lo usamos como una medida de seguridad, no para ir a la playa.

Yo anoto cada hora en el cuaderno de bitácora la presión atmosférica,  sobre todo de cara a predecir los fuertes vientos. Con carácter general memorizo la siguiente regla:

  • Una bajada de 1 mb/hora durante 2-3 horas significa que viene fuerza 6 (25 nudos).
  • Una bajada de 3 mb en 1 hora significa que viene fuerza 8 (40 nudos, o sea, temporal).
  • Una bajada de 5 mb en 1 hora significa que viene fuerza 10 (50 nudos, o sea, temporal duro).
(no sólo la memorizo sino que la llevo cerca del barómetro en una chuleta).

 Cualquiera de esas circunstancias te obliga, si estás en puerto, a no salir, y si te pilla navegando a buscar el puerto de refugio más cercano si tiene fácil acceso, y si no lo tiene o está demasiado lejos para alcanzarlo, a preparar el barco y prepararte tú para lo que se avecina (tomar rizos en la mayor, sacar el tormentín, ponerse el chaleco, el arnés y la ropa de aguas, preparar un termo con bebida caliente y preparar comida, calcular la ruta de huida, trincar todo a bordo, etc).

En la vida real, me he encontrado algunas veces con bajadas de 1 ó 2 mb/hora que, efectivamente, se han asociado a fuerza 6 (o algo más) muy pocas horas después, y he podido defenderme gracias a estar avisado. Normalmente han sido galernas, o mejor dicho, "galernitas". Alguna de las que recuerdo fue una con Luis, camino de Francia, con la suerte de que pudimos refugiarnos a sotavento del Monte Buciero (donde nos encontramos a un barco de guerra de la armada española fondeado buscando el desvente del monte, como nosotros) y otra vez volviendo de Bayona (la de Francia) a Hondarribia con Ana.

Recientemente he decidido cambiar en el Corto Maltés el barómetro analógico clásico, el de aguja, por uno digital. Tiene la ventaja de que memoriza el histórico de las presiones en una gráfica (lo que tiene especial utilidad si te has olvidado o no has podido apuntarlas) y el inconveniente de que no puedes hacer toc-toc con la uña en el cristal para ver si empieza a subir la aguja, la estampa tópica del marino preocupado:

 
A la derecha del barómetro, en la bolsa de las chuletas, veis la de las luces de navegación y la del barómetro. Los barómetros analógicos tienen también una aguja loca que mueves tú con la mano (en la primera foto, la dorada) en teoría para dejarla sobre la otra marcando la lectura anterior, pero con los pantocazos del barco esa aguja no se mantiene en su sitio, y no te sirve.
 
Yo os aconsejo vivamente que llevéis un barómetro a bordo, y que os acostumbréis a interpretarlo y a verificarlo periódicamente. Porque, como dice la última frase del libro de navegación Glénans de 1972, tres verificaciones valen más que una afirmación.
 
Con cuidado, navegantes.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Dibufirma del Gwenole.

 Dibufirma del Dheler 25 "GWENOLE", de nuestro amigo Borja, que nos hizo de anfitrión en Armintza. 



jueves, 24 de septiembre de 2020

El paso de Gois no es simpático.

 Hola navegantes.

En la navegación a Bretaña con el Corto Maltés uno de los sitios más curiosos de conocer fue el paso de Gois (lo conté en la entrada del blog de 29-6-15). Es un tramo de la carretera departamental nº 948 que en pleamar está cubierto por el mar y cuando baja la marea queda expuesto al aire y se puede circular por él, y que une la isla de Noirmoutier con el continente. Se tiene conocimiento de este paso desde 1700 aunque se le han ido haciendo mejoras progresivas. En 1840 se estableció una línea regular de paso con carromatos tirados por caballos, en 1924 se hicieron las rampas de acceso y se pavimentó la calzada, y en 1939 se asfaltó. Actualmente está en algunos trozos pavimentado y en otros asfaltado. 


Existen otros pasos así en el mundo,  pero la particularidad del de Gois es su longitud (unos 5 kilómetros) y la altura del agua que le cubre con la marea alta (entre 1,30 y 4 metros) que permite navegar sobre la carretera. Antes de 1971, en que se construyó el puente sobre el paso de Fromentine, era la única vía de comunicación de esa isla con el continente.

Mi sobrina Alicia y yo fuimos a conocerlo con las bicis y nos tuvimos que hacer 25 kilómetros a primera hora de la mañana, para llegar con la bajamar. En los últimos kilómetros fuimos viendo algunos carteles de tráfico que nos iban poniendo en situación, y no debe haberlos en muchas partes del mundo. Se veía un coche con el agua por el capó que decía “Peligro. Calzada sumergible”, y cien metros más adelante el agua ya había tapado al coche y decía “Riesgo de ahogo”. 

 



 Y más adelante, ya a la vista del paso, un enorme cartel con los horarios de mareas iluminados y las horas en que se podía pasar ese día. Estos carteles tan útiles y curiosos se pusieron por primera vez en 1830 para evitar los accidentes por desconocimiento. Finalmente, en el mismo paso, un cartel atemorizante mostraba la inundación progresiva de la carretera, que había engullido a un coche:

 

Como Alicia y yo llegamos justo en bajamar la zona estaba llena de coches de pescadores y de gente mariscando. Todo lo que abarcaba nuestra vista estaría dentro de poco unos cuatro metros por debajo del nivel del mar. Había un camión-grúa circulando de arriba abajo por las inmediaciones para resolver imprevistos (un simple problema de arranque se salda con un siniestro total si te alcanza la marea). 

Vimos cosas sorprendentes, como señales de tráfico que dentro de unas horas sólo se verían buceando:

 

 y tramos de carretera con señalizaciones marítimas, como marcas cardinales, para los barcos que se aventuran a cruzar sobre la carretera:

Cada quinientos metros más o menos la carretera tiene unos refugios por si a alguien le sorprende la subida de la marea que tenga donde guarecerse. Los más sencillos son unos simples postes de madera con una escalinata, y los más complejos un balconcillo encima de un poste:

 


 

Poco después todo lo que habíamos visto al llegar estaba bajo el agua, y la siguiente foto es una hora después de la primera:


A pesar de lo pintoresco del paso, en realidad pone de manifiesto la limitación de las obras públicas cuando se construyó (lo normal hubiera sido hacer un puente, o un paso que sobrepasara el nivel de la pleamar, evitando riesgos e inconvenientes). 

 

Pero lo han convertido en un reclamo turístico y siempre me sorprendió (y más al verlo de cerca)  que los franceses mantengan estas infraestructuras tan peligrosas abiertas. Por ejemplo, la isla de Noirmoutier es ahora accesible por un puente de carretera a sólo 4 km del Paso de Gois, un "rodeo" ridículo que evita totalmente el riesgo. Pero claro, allí no quedan bien los selfies.

 Viene todo esto a cuento porque en el famoso paso acaba de fallecer ahogada una mujer. El día 21 Salvamento Marítimo de Francia recibió una llamada comunicando que un coche había quedado atrapado en el paso por la marea, que ese día era de las de coeficiente más alto del año. Enseguida se radió un Mayday dirigido a todos los barcos de la zona y se enviaron dos lanchas rápidas y algunos vehículos por tierra. En el coche iban 5 ocupantes. Cuatro de ellos fueron recuperados a salvo por los bomberos, pero el quinto, una mujer de 66 años, fue arrastrada por la marea, que al subir barre la carretera como un río caudaloso, no se puede con ella y arrastra hasta los coches. Fue encontrada sin vida más tarde por un helicóptero de la marina. Seguro que a sus familiares ya no les hace tanta gracia ese paso.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Más sobre los barcos que vuelan.

 Hola navegantes.

En la entrada del 9-11-19 os hablé de los veleros sin quilla, esos que tienen unos apéndices como esquíes acuáticos (se llaman "foil")  y que en realidad vuelan sobre el agua, y de sus peligros. Os recomiendo volver a leerla, pero se resumen en que navegan a 30-40 nudos entre otros veleros que no pasamos de 3-5 nudos, con un apéndice levantado que es como una guillotina. Aquí podéis ver a uno de ellos, e imaginaros si esa cuchilla que lleva levantada por barlovento se cruzase con un barco en su camino:

Clic aquí

(Al ver el vídeo tened en cuenta que la mayoría está a cámara lenta; sólo al final se aprecian unas imágenes con la velocidad real).

Por si fuera poco, resulta que el Trimarán gigante "Gitana 17", dotado de foils y que va a intentar batir el récord de la vuelta al mundo, ha contratado para su tripulación a dos pilotos de avión en vez de a dos marinos. Sí, lo habéis oído bien, a dos pilotos de avión, lo que da idea de cómo consideran los responsable a este "vehículo".


Es el trimarán volante más rápido del  mundo y va a salir a primeros de noviembre, aprovechando la mejor ventana meteorológica, para intentar batir el récord de la vuelta al planeta, que está en poder de Francis Joyon desde 2017 con 40 días y 23 horas. 

Aunque comprendo a los fanáticos de la tecnología, creo que en estos veleros han ido demasiado lejos. Mientras no hagan para ellos circuitos náuticos cerrados y separados de las demás embarcaciones, es como dejar correr a un Fórmula 1 por las carreteras normales, corriendo a una velocidad 10 veces superior a los demás coches y encima con un alerón cortante sobresaliendo de la carrocería. Y encima con el volante suelto, porque como veis en el vídeo, a. elevarse el barco el timón queda fuera del agua. Una locura. Y eso sin hablar de los peligros para los propios tripulantes, aunque vayan, como veis en el vídeo, con casco y ropa de protección como la de los motoristas. En mi opinión eso no es navegar a vela, es volar bajo, y eso es otro deporte. Aunque por supuesto no es más que una opinión y puedo estar equivocado. Pero si me cruzo con uno de ellos desde luego me apresuraré a quitarme de su camino, aunque con  mi velocidad no creo que pudiera hacer nada.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Dibufirma del Sausalito.

 Dibufirma del Puma 26 "SAUSALITO":



domingo, 20 de septiembre de 2020

Balance de la navegación por Euskadi.

Tiempo empleado: 14 días (5 a 18 de septiembre).

Millas navegadas: 213.

Pernoctaciones en marinas: 40 % de los días.

Coste por persona y mes: 474 euros. Es menos que en en la mayoría de los viajes anteriores por la facilidad de amarrar fuera de las marinas deportivas en Euskadi. Cuando se navega a vela, no a motor, las marinas son el gasto principal.

Coste de las marinas: desde 14,42 € (la mayoría de las de Euskadi) a 28 € (Laredo) por noche, para un barco de seis metros. 

Consumo de gasolina: 28 litros. Ello supone que hemos hecho a motor, sólo o en combinación con las velas, el 26 % del recorrido, el resto sólo a vela.
 
Lo mejor: haber podido entrar en Armintza y conocido ese precioso pueblo y su entorno.

Lo peor: haber tenido que acelerar la vuelta por un tema relacionado con la Covid. El calor aplastante la mayoría del viaje (en la cabina cerrada el termómetro llegó a marcar 45 ºC).

A continuación una comparación con las navegaciones anteriores:


 Con cuidado, navegantes.