Así es, también el amor puede jugarte malas pasadas en la navegación. En los años sesenta un navegante austríaco se desplazó a Australia para construirse su velero. Eligió Australia por estar lo más lejos que se le ocurría de Austria, y así estar seguro de que una vez el barco construido no le quedaría más remedio que salir a navegar. Porque aunque os parezca mentira, cuando terminó de construirlo todavía no sabía navegar a vela.
En aquella época los navegantes a vela tenían un aura de aventureros que atraía mucho a las mujeres, no como ahora que por navegar se entiende moverse por las páginas de Internet sin salir de tu casa, y los que tienen un barco de verdad lo mueven poco. "Navegar por Internet" es la expresión más ridícula que existe. Nos hemos acostumbrado, pero imaginaos que se dijera esquiar por Internet, cabalgar por Internet o escalar por Internet. Pero bueno, al lío.
Nuestro protagonista se había enamorado en Australia de una chica llamada Roslyn, un diamante en bruto de dieciocho años, que estaba decidida a irse a navegar con él aunque tuviera que escaparse de su casa. Por varios motivos a nuestro protagonista no le gustaba. Además el padre de la chica era funcionario del estado, y habría sido capaz de mover cielo y tierra, llegando a utilizar a la Armada australiana en caso necesario, para detenerle. Con Roslyn rompió amistosamente.
Pero cometió el error de anunciar públicamente la fecha de su salida para intentar dar la vuelta al mundo. El asunto se complicó con la súbita aparición de una antigua novia, Elizabeth, que advertida de la fecha, justo el día anterior fue desde Austria decidida a embarcarse con él. En la cena de despedida estuvieron los medios de comunicación, que filmaron a Elisabeth junto al navegante, dando énfasis a la historia humana más que a la de navegación. En la cena se bebió mucho alcohol, lo que por falta de costumbre hizo que nuestro protagonista se fuera a la litera sin ser completamente dueño de la situación.
A la mañana siguiente Elizabeth se había marchado, y el navegante describe así literalmente la situación: "yo estaba sumamente impresionado, la chica tenía verdadera talla y me había ahorrado una buena escena". Qué más quisiera.
Porque después de salir de puerto, a un par de millas lejos de tierra Elizabeth salió del pañol de las velas, donde se había escondido todo el tiempo, decidida a dar la vuelta al mundo con él sin preguntar. El asunto se complicó aún más porque los primeros días la meteorología fue nefasta, y Elizabeth estuvo seis días mareada y vomitando. El asunto terminó, por supuesto, dejándola en otro puerto de Australia para que desde allí se volviera a Austria en avión, y él continuar la vuelta al mundo en solitario. Aventura que terminó, por cierto, siete años después con un naufragio al llegar a Australia, después de haber conseguido dar la vuelta al mundo.
El austriaco tenía mucha suerte con las mujeres. Esto cuenta de una que conoció en Barbados: "A partir de Barbados mi ritmo decreció de un modo terrible. Mucha culpa de ello la tuvo una joven canadiense llamada Pamela, que vivía en Barbados y estaba casada allí, cosa de la que me enteré luego. El día de mi partida apareció con dos maletas y varias bolsas de supermercado en el muelle. Había comprado por valor de 200 $ en el supermercado haciendo que mandaran la cuenta a su marido. Yo me encontraba prácticamente en quiebra, y ella era una chiquilla dulce y deliciosa, así que después de estar seguro de que no iba a exigirme que la llevara conmigo hasta Gran Bretaña la acepté a bordo hasta Antigua, de donde regresaría en avión. Para recorrer las doscientas millas empleamos todo un mes, pues íbamos encontrando en nuestro camino las bellas islas del Caribe, sobre todo las francesas. Como regalo de despedida Pam me dejó toda una caja de fotografías. Debía de haber centenares, pues cuando las arrojé por la borda la estela del Taboo era una larga fila de papelitos. Así fue desapareciendo Pam en el horizonte, lo cual estoy seguro de que le habría gustado". Sin comentarios.
Mi consejo: ser muy claro respecto a tus intenciones con todos los tripulantes que vayan a acompañarte en un viaje a vela, sean hombres o mujeres. Dejar claro lo que esperas de ellos a bordo durante el viaje. Para las chicas que buscan embarcarse como barco-estopistas es especialmente importante dejar claro con el capitán, desde antes de embarcar, si están abiertas a relaciones afectivas o no, siendo especialmente claras si es que no. Es mejor hacerlo así y que esté claro desde el principio. Los capitanes suelen ser hombres mayores que ellas, vamos a suponer que con madurez intelectual, que pueden admitir cualquiera de las dos respuestas con naturalidad. ¿O es mucho suponer?.
Con cuidado, navegantes.
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