Hoy sigo con las anécdotas de otros navegantes que nos enseñan algo. Kurt Smith es un navegante que dio la vuelta al mundo como dice él "sin prisas", en su velero "Nicole". Su plan era ir haciendo etapas entre los países, y entre una y otra volver a España para retomar su vida profesional y ganar algo de dinero. Una de esas etapas la hizo por el Cabo de Hornos hasta Chile, donde dejó el barco para unos meses.
Encargó el mantenimiento del barco durante su ausencia a una pareja de amigos, que cuando terminaron dejaron el grifo de fondo del motor cerrado. Es una válvula que coge agua del mar para refrigerarlo. Algunos navegantes se acostumbran a dejarlo cerrado para evitar riesgos de inundación, pero claro, hay que acordarse de abrirlo cuando se va a poner el motor en marcha, si no se quema. Forma parte de su rutina. Otros prefieren dejarlo abierto precisamente para evitar el riesgo de incendio si se te olvida abrirlo.
Siendo conscientes de estas diferentes manías de cada capitán, los que le habían hecho el mantenimiento dejaron un gran letrero en inglés sobre el motor diciendo "grifos de fondo del motor cerrados", con letras grandes y en rojo.
Kurt también había encargado a uno de los marineros chilenos del club que pusiera el motor en marcha una vez a la semana. El marinero que fue a hacerlo no sabía inglés, y no dio importancia a ese cartel escrito en rojo que no entendía. Entonces puso el motor en marcha y se fue a hacer otras cosas en el club. El motor estuvo funcionando unas dos horas sin refrigeración. Como no se había quedado nadie a bordo nadie oyó las alarmas, y se quemaron todos los cables del motor y fue un milagro que el barco no se incendiara entero. Al cabo de las dos horas otros navegantes que estaban fondeados en las proximidades vieron salir del barco un humo negro, y apagaron el motor. Hubo que mandar a un mecánico y un electricista que pusieran cables nuevos en toda la instalación eléctrica del barco, y repararan los daños en el motor.
Mi consejo: obviamente para navegar por el mundo hay que aprender inglés, que es el idioma internacional de la náutica para las comunicaciones y las gestiones con las autoridades. Eso no te garantiza entenderte siempre, porque en la radio de los barcos y de los puertos hay personas de todas nacionalidades y cada una pronuncia el inglés con su acento típico, a veces muy cerrado y casi incomprensible. En mi experiencia el colmo fue la navegación a Londres, donde a veces ni yo ni mi acompañante, que usa el inglés de forma habitual en su trabajo, éramos capaces de entender las instrucciones que nos daban. Y al pedirles que las repitieran lo hacían con un tono aún más cerrado, como si disfrutaran por no hacerse entender. Además en otros países dan las instrucciones por la radio en dos idiomas, el del país y el inglés, con lo que tienes dos oportunidades para entenderlo. En Inglaterra obviamente sólo lo hacían en uno, el inglés, y si no lo entendías a la primera no tenías una segunda oportunidad.
Y respecto a dejar tu barco al cuidado de otra persona, es algo que a nadie le gusta pero que finalmente muchas veces no te queda más remedio que hacer. Aquí solo se puede decir que se lo encargues a alguien de confianza, y tocar madera para que no ocurra una serie de circunstancias tan atípicas como las que le pasaron a Kurt.
Por cierto, el libro de Kurt se titula "La vuelta al mundo sin prisas", de Editorial Juventud, y es muy recomendable.
Con cuidado, navegantes.
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