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domingo, 19 de julio de 2026

Atrapado por un dedo.

Hola navegantes. 

En el velero vivimos rodeados de cuerdas que nosotros llamamos cabos, que suponen siempre un peligro. El peor de todos es que el barco vuelque y te quedes atrapado debajo enganchado en algún cabo, y mueras ahogado. Pero hay muchos otros peligros, como que un cabo te atrape un brazo, una pierna, el cuello... y te produzca una herida o un ahogamiento. En la vela la cosa más tonta puede terminar en un pandemonio. Por eso muchos navegantes llevamos un cuchillo de monte o una navaja al alcance de la mano en la bañera, para poder cortar un cabo y liberarte en pocos segundos. Pero a veces esto es insuficiente.

Un navegante con muchos años de experiencia hizo su primera salida al mar después de dos años de una enfermedad de su mujer. Tenía un velero de cuarenta y dos pies al que el astillero le había puesto como regalo un winchi eléctrico, que él no necesitaba. Es una especie de cabrestante que se mueve con un motor eléctrico para facilitar las maniobras. Como no depende de tu fuerza muscular es capaz de aplicar tensiones de varias toneladas. Pero al dejar de apretar el interruptor no se para inmediatamente, sino que tiene todavía un recorrido por inercia de dos o tres centímetros. Por un descuido, el cabo que se enrollaba en el winchi le atrapó el dedo índice sin poder soltarse.  El navegante dejó de apretar el botón eléctrico, pero esa inercia de 2-3 cm le pilló el dedo. Desde la posición del winchi no alcanzaba el cuchillo que tenía en la bitácora, ni el teléfono móvil que tenía en el bolsillo de la chaqueta. El barco llevaba el timón automático conectado y se dirigía irremediablemente a chocarse con la costa, pero desde su posición tampoco alcanzaba para desconectarlo. Su esposa estaba convaleciente de un ataque apopléctico, o sea, un accidente cerebrovascular, y tenía afasia, y no entendía lo que él le gritaba.

Al acercarse a la costa su barco pasó entre otros fondeados y se puso a gritar ayuda. Casi por milagro el capitán de otro barco comprendió la situación, y en su zodiac se acercó al barco del protagonista. En cuanto pudo hablar con él subió a bordo, cogió el cuchillo, cortó el cabo y le liberó, aunque se había amputado una falange del dedo índice, que sólo colgaba de la mano por un pellejo. Entre los dos consiguieron fondear el barco y allí acabó la peripecia náutica, aunque la peripecia médica continuó durante mucho tiempo.

Mi consejo: en el barco llevar siempre una navaja en el bolsillo, no en la bañera. Un cabo puede atraparte en cualquier espacio del barco, incluso en la proa al ir a la maniobra del espinaker, del tormentín o del fondeo. Yo antes llevaba una navaja, y daba otra a mi tripulante, sólo cuando el tiempo empeoraba mucho, pensando en la posibilidad de una caída al agua y la necesidad de cortar la línea del arnés. Pero después de esta experiencia que os he contado me parece más prudente llevarla siempre encima. Por cierto, las navajas del barco tienen que ser sin pincho en la punta, o con la punta redondeada, para no clavársela a nadie cuando una ola te desequilibra. 



Y si decides poner en tu barco un winchi eléctrico, elige uno de los más modernos, que son reversibles. Es decir, tienen un botón para aflojar la tensión y no sólo para aumentarla.

 Con cuidado, navegantes.

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