Visitas al blog:

miércoles, 29 de julio de 2026

Saltar del barco en marcha.

Hola navegantes. 

Es una axioma fuera de toda duda que nunca hay que abandonar un barco a no ser que esté hundido o completamente incendiado. Aparte de estas dos circunstancias, se está mucho más seguro en un barco a medio destruir que en una balsa salvavidas, por mucho que su nombre mueva a confusión e incite a saltar a ella cuanto antes. En el barco tienes la comida, el agua, los medios de supervivencia, y es más fácil de ver desde un helicóptero de rescate que una balsa salvavidas.

Jo, pero a veces los nervios o la desesperación te juegan una mala pasada. En los años setenta los tripulantes de un trimaran que estaba dando la vuelta al mundo se encontraron a una persona nadando a ochocientas millas de la costa de Martinica. ¿Qué hacía nadando en mitad del Caribe con cuatro mil metros de fondo?. No venía de un barco que acabara de hundirse, ni se había caído de un avión o de un globo, ni se había escapado de un submarino; tampoco estaba intentando batir un récord de natación. La única posibilidad, que luego se confirmó,  es que hubiera saltado de un barco en marcha.

Tras recogerle, el redivivo les contó su historia. Navegaba en un barco en el que el ambiente se había convertido en carcelario. Era un velero muy lento, afectado por las calmas y con un balance y un cabeceo insoportables, sin timón automático, y variando continuamente la ruta. La tripulación era un perro enorme, una mujer con la que no le unía la más mínima simpatía, y un matrimonio en vías de separación que había decidido, quién sabe por qué, hacer la travesía juntos. Y el acabose es que él se embarcó la víspera de la salida en Canarias sin conocer a nadie. O sea, todos los elementos se encontraban reunidos para un crucero infernal, como así sucedió. En un momento de desesperación el hombre se tiró al agua con la ropa puesta, sin pensarlo más, y al parecer no hicieron nada para recogerle.

Mi consejo: tanto desde el punto de vista del capitán como del aspirante a barco-stop, es importante hacer una salida de navegación juntos antes del viaje definitivo, para irse conociendo. Se han publicado muchas sorpresas al encontrarse, por ejemplo, con un capitán alcohólico que se pasaba el día bebido en su camarote, o adicto a lo más variado, así como capitanes incompetentes que daban una imagen muy diferente al presentarse, pero a la hora de la verdad conducían al barco a la catástrofe. Ha habido incluso casos en que los tripulantes encarcelaron al capitán en su camarote para gobernar el barco sin su influencia, y al llegar al primer puerto se volvieron a su país en avión, dejándole solo. También he conocido algún personaje que aspiraba a barco-stop, que presumía de un gran currículum por haber dado la vuelta al mundo a vela, sin especificar que no había ido de capitán ni de tripulante, sino de cocinero. Y otro que presumía de no sé cuántas travesías el Atlántico, pero que no las había hecho a vela sino de empleado en un transatlántico. Naturalmente la experiencia de navegación de esos aspirantes era cero.

En pocas palabras, conocerse antes de comprometerse.

 Con cuidado, navegantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios son bienvenidos.