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viernes, 24 de julio de 2026

Perder un barco fondeado.

Hola navegantes. 

Una pareja de navegantes belga que estaba navegando por el Caribe decidió ir a conocer la Isla Aves, de Venezuela. No está situada en el arco de islas del Caribe sino ciento ochenta y cinco kilómetros más hacia el oeste, es decir en mitad del Mar Caribe. Mide apenas unos 375 metros de largo y 50 de ancho. Su altura máxima es de sólo 3 metros sobre el nivel del mar. Es básicamente un banco de arena, como la punta del Puntal en mitad del Mar Caribe, y queda parcial o totalmente sumergida durante las tormentas o los huracanes. Nunca ha tenido habitantes permanentes, y sólo desde 1978 existe una base militar de Venezuela construida sobre pilotes, precisamente para que cuando la isla queda sumergida la base militar no desaparezca. Está ocupada por unos 20 militares, que se renuevan rotativamente. Pero cuando los belgas llegaron la base todavía no estaba construida.



Al llegar a la isla en un día tranquilo dejaron su velero, el "Loumaran", de diez metros de eslora fondeado y desembarcaron con el chinchorro. Su intención era practicar inmersiones y se construyeron un pequeño refugio con tienda de campaña en la playa, para pernoctar allí. 

La segunda noche le sorprendió un ciclón que arrancó su tienda de campaña y se llevó el barco. Le vieron garrear hacia altamar, pero con las olas que había les resultó imposible alcanzarlo. Así que se vieron aislados en una isla desierta.

El tercer día divisaron un barco en el horizonte y decidieron dirigirse a él con el chinchorro, que tenía un pequeño fueraborda. Al cabo de un rato les pareció que el barco había pasado de largo, y por lo tanto dieron la vuelta para volver a la isla. Pero no fueron capaces de encontrarla en la oscuridad, porque se había hecho de noche y no había luna. En pleno pánico volvieron a dirigirse hacia el barco pero ya no se le veía. Cuando yo se daban por muertos apareció el barco navegando en su dirección, y además con el "Loumaran" a remolque. Puede decirse que volvieron a nacer. Ya rescatados, pudieron seguir hasta Martinica para reparar el barco, que quedó muy dañado en el rescate y posterior remolque, y finalmente acabaron vendiéndolo.

Mi consejo: no dejar nunca el barco solo en un fondeadero desconocido. Y lo que ya es demencial es irse a dormir a la playa dejando el barco vacío. El tripulante que se quede a bordo tiene que ser capaz de levantar el fondeo, arrancar el motor, saber manejar el barco a motor y saber utilizar la radio. Tener en cuenta que incluso en un fondeadero perfecto, con fondo de arena y el mar en calma, el barco puede garrear. Hay animales, como las rayas gigantes, que juegan con el ancla y son capaces de desclavarla. En la foto, la mantarraya gigante que desclavó el fondeo de un navegante, y a la que luego consiguió dar caza. 


Y también puede haber fondos que aparentemente son de arena, y consisten en una fina capa encima de lajas de roca, y allí el ancla no agarra. Si llegáis a fondear a un sitio que el sexto sentido os dice que es estupendo para irse, hacedle caso y no os quedéis allí de noche.

En la letra pequeña de muchos contratos de alquiler de veleros especifica que no se pueden dejar fondeados sin nadie a bordo. Eso supone un pequeño problema para el grupo, porque si se van a cenar fuera o hacer un poco de turismo, siempre tiene que quedar una persona a bordo.

 Con cuidado, navegantes.

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