13/06/2023 La Rochelle-Bourgenay
Dejar atrás un puerto nos
expone a la añoranza una vez queda en la estela; poner rumbo a otro que,
con un poco de fortuna, habrá de correr la misma suerte; es la
eterna disyuntiva del marinero: proa, popa; lo que dejamos, lo que
anhelamos no son necesariamente lo mismo.
Nuestro
propósito este día es alcanzar la isla de Yeu, pero un obstinado viento
del norte (al ponerlo por escrito caigo en la cuenta de que contrarío el
espíritu de la navegación deportiva: la única brisa mala es la ausente)
nos obliga a dar amplios bordos tras hacer media travesía a motor entre
la isla de Ré y el continente. Su persistencia conseguirá que montemos
el tormentín y naveguemos sobre un mar color berilio encrespado, aunque
manejable con la nueva vela. A media tarde caemos en la cuenta de que el
propósito diseñado a primera hora es demasiado ambicioso para las
condiciones reinantes. Nada tiene de deshonroso resignarse a lo que
imponen mar o meteorología: buscaremos abrigo en el puerto más próximo.
Este resulta ser Bourguenay, una estrecha entrada que conduce a una
marina abrigada y calma como un útero. Cualquier renuncia es mejor que
una mala experiencia. En ese aspecto me tengo por un tripulante
afortunado: el capitán siempre respeta esa máxima.
14/06/2023 Bourgenay-L’Herbaudiere
De Bouguenay a L’Herbaudier alternaremos motor, vela y escollos (alguno
aparece a golpe de vista y prismáticos llenándonos el corazón de
congoja). Navegamos una mañana de plata fundida ante la mítica población
de Les Sables d’Olone, punto de partida y llegada de la regata Vendée
Globe. El lugar no tendría nada de singular de no conocer ese dato. De
hecho, la costa vista desde el mar consiste en una sucesión de feos
apartamentos y enormes edificios turísticos sin gracia ninguna. El
puerto de L’Herbaudier es, con diferencia, el más intrincado de cuantos
hayamos atracado en toda la travesía.
Escollos
a ambos lados de un estrecho canal dragado, en cuyo frente se alzan dos
imponentes espigones que dan cobijo a un centenar de barcos y al
servicio francés de salvamento de esa localidad en el estuario del río
Loira. Puertos como este confirman la pasión de los franceses por la
náutica deportiva, aunque es seguro que nuestro capitán recalará en
otros significativamente peores.
Por lo demás, en L’Herbaudier
daré cuenta de la mejor ración de ostras, acompañadas en esta ocasión de
langostinos y pan con mantequilla, de toda la travesía. La camarera que
las sirve acompaña con un festivo ho-ho-ho la exclamación de asombro
que profiero en el momento en que las tengo delante, boccati di cardinalle.
Nota
luctuosa: hoy ha muerto nuestro amado perro Cody, tras varios días de
enfermedad; no puedo más que dar gracias por los años de felicidad que
nos regaló. Una imagen que siempre asociaré a la dicha es la de su
compañía al navegar, a pesar de no gustarle en absoluto.
Miguel Cabero (https://caberomiguel.blogspot.com/)
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