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jueves, 27 de agosto de 2026

Los riesgos de prestar tu barco.

Hola navegantes. 

Normalmente desarrollamos con nuestro barco una relación, vamos a llamarla afectiva, mucho más intensa, por ejemplo, que con el coche. En el barco se viven aventuras y sentimientos muy intensos que se recuerdan toda la vida. Por eso no es habitual prestar el barco a otra persona a no ser que tengas una confianza absoluta en ella. Yo solo he prestado el Corto Maltés una vez, y a un amigo navegante que tiene el mismo barco y del que me fiaba, pues había navegado conmigo varias veces. Sin embargo el coche no me cuesta nada prestarlo.

Laura Dekker es una chica holandesa navegante, que dio la vuelta al mundo con 16 años en solitario, vía Canal de Panamá, cabo de Darwin y Cabo de Buena Esperanza. Lo hizo en su velero de casco rojo bautizado "Guppy", un Gin Fizz muy bien preparado y mantenido. Su caso fue muy mediático, porque intentó iniciar la vuelta al mundo con 13 años y las autoridades de justicia de Holanda se lo impidieron, e incluso retiraron la custodia de sus padres por imprudencia. El barco se lo prestaba su padre. Ella siguió adelante con la batalla jurídica, y consiguió que con 14 años la justicia le autorizase el viaje. Así pues, empezó la navegación de la vuelta al mundo con 14 años y la terminó con 16.

Después de la vuelta al mundo escribió un libro contando su historia, y se estableció en Nueva Zelanda con otros proyectos. 
 
 
 
Una de sus ilusiones declaradas era ayudar a otros adolescentes como ella a realizar grandes navegaciones. Con ese espíritu, en 2018 fue contactada por una asociación de Los Ángeles llamada "Life Sail" que hacía descubrir la vela y el mar a niños y adolescentes. Le pidieron prestado el barco, Laura aceptó, y tuvieron que hacer previamente el transporte desde Nueva Zelanda a California.

La navegación no se desarrolló como estaba previsto, y la tripulación (Laura no iba a bordo) efectuó numerosas escalas en lugar de hacer una ruta directa navegando principalmente a motor, como estaba previsto, para evitar la temporada de los ciclones.

El 10 de agosto, fondeados en una de las islas del Norte del archipiélago de las Cook, el barco garreó y se plantó sobre los arrecifes. En pocas horas se convirtió en un precio, y en pocos días de ser batido por las olas como un botafumeiro se transformó en un montón de desechos. No hubo recuperación posible. Laura montó en cólera por la pérdida de su querido barco, en el que había navegado en solitario ocho años, y sin tener ningún problema. Además había propuesto a la tripulación del transporte ayudarles en la ruta elegida y la meteorología, y no habían hecho caso de esa oferta. 

Desconozco quién se hizo cargo finalmente de la pérdida del barco, si la asociación, el seguro, o nadie, pero aquí quiero resaltar la pérdida afectiva que supuso para Laura, y la decepción de haber cedido su barco queriendo ayudar a una fundación altruista y que terminara así.

Mi consejo: ser extremadamente prudente y exigente cuando prestas tu barco. Si no estás absolutamente seguro de las capacidades y la seriedad de quien te lo pide, no lo prestes

 Con cuidado, navegantes.

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