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lunes, 28 de septiembre de 2026

Salvado por un dron.

Hola navegantes. 

La situación de hombre al agua suele producirse en condiciones meteorológicas muy adversas, y por supuesto pone en peligro tu vida. Pero otras veces uno se cae al agua de una manera tonta, en condiciones tranquilísimas, y no por eso es menos peligroso.

Un navegante francés acababa de echar su barco al agua después de una invernada en seco. Encontró que el motor no le funcionaba, pero como la travesía que iba a hacer era muy corta, desde Vannes hasta su boya en el Golfo de Morbihan,  decidió salir sólo a vela. Os recuerdo que en el Golfo de Morbihan las corrientes de marea pueden alcanzar los cuatro o cinco nudos entre las islas. El navegante salió en solitario ya cerca del anochecer, y con la marea bajando.

Al llegar a su boya  llevaba el bichero en una mano y en la otra el cabo de amarre, es decir, no estaba agarrado al barco. A pesar de las condiciones tranquilísimas se cayó al agua. Consiguió amarrar el barco a la boya, y os recuerdo que el barco estaba con las velas izadas.  Al acercarse a la popa vio que no conseguía subir. No tenía instalada la escalera de baño porque solo tenía una plegable que estibaba dentro de la cabina. Además tenía puesto todo el traje de aguas y las botas, que al cargarse de agua incrementaban su peso, lo que le impidió salir por la popa a pulso.

Era el mes de abril y el agua estaba todavía fría, a 11 ºC. Se hizo la siguiente composición de lugar: estaba a punto de anochecer, iba a afectarle la hipotermia, le resultaba imposible subir al barco, no estaba seguro de llegar nadando a la orilla, y la marea era vaciante, o sea, arrastraba hacia el mar. Si no alcanzaba la orilla le llevaría al mar abierto igual que se vacía la espuma por el desagüe de un baño, y su cabeza flotando en el agua, por la noche, sería imposible de ver desde la orilla.

Cuando ya se imaginaba cruzando la Estigia vio que se acercaba una persona por la orilla intentando gritarle algo, y un poco después un barco de cultivadores de ostras con dos personas a bordo, que le recogió. El sol ya estaba negro bajo el horizonte y no veían su cabeza, pero el náufrago orientó hacia sus linternas el reflectante del chaleco y pudieron localizarle. Le prestaron ropa seca, le recalentaron, y el accidente quedó solo en un susto. Pudieron volver al barco a recoger las velas y terminar de colocarlo todo. 

A posteriori se enteró de cómo había ocurrido su salvamento. Por un cúmulo de circunstancias, dos cultivadores de ostras estaban probando sobre el golfo de Morbihan un dron para vigilar sus cultivos desde el aire. Con la cámara del dron vieron un velero con las velas izadas y que no se movía de su sitio, y sin nadie a bordo. Considerándolo sospechoso, fueron por la orilla a ver lo que pasaba y desde la orilla le vieron en el agua. A continuación cogieron su lancha para ir a rescatarle. Si no se hubieran dado todas estas circunstancias es muy probable que hubiera fallecido de frío o ahogado.

Mi consejo: aplicar el conocido refrán marinero de que siempre hay que llevar una mano para trabajar y otra para el barco, es decir, nunca hay que soltarse de una agarradero del barco a menos que vayas con el arnés. Navegando en solitario siempre hay que llevar una escalera instalada en popa, y si es plegable que se pueda soltar desde el agua. Como nunca sabes cuándo navegarás en solitario es mejor llevarla siempre. No sirve de nada si está amarrada al balcón de popa por arriba, puesto que allí no se llega desde el agua para soltar el nudo. Hoy los veleros nuevos deben salir del astillero con una escalera desplegable en la popa, accesible desde el agua. Pero los antiguos no, y es responsabilidad del capitán instalarla para casos como el que os he contado

 Con cuidado, navegantes.

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