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martes, noviembre 03, 2026

El Canal de Suez sin marcha atrás.

Hola navegantes. 

 Son cosas que nunca pensamos, pero una de las condiciones para navegar por el Canal de Suez es que el barco disponga de marcha atrás. Supongo que se exige para que si un barco bloquea el canal no se produzca un embotellamiento, y los que le siguen puedan salir en marcha atrás. Es lo que ocurrió en marzo del 2021 con el portacontenedores Ever Given, de 400 metros de eslora y que transportaba 20.000 contenedores. Estuvo atravesado en el canal seis días, produciendo miles de millones de perdidas en el comercio mundial. También se exige disponer de marcha atrás en el Canal de Panamá, pero no en los canales pequeños como en el canal de Midi o en otros por los que he circulado por Francia. Y eso que los canales de Francia tienen cientos de esclusas, donde hay que frenar y maniobrar, mientras que el Canal de Suez no tiene ninguna.

El Tara Tari es un barco de construcción amateur con fibra de yute, de unos siete metros de eslora, del que os hablé en otra entrada cuando su segunda propietaria, Capucine Trochet, cruzó con él el Atlántico. Es una chica con una enfermedad en las piernas, que había construido las crucetas con sus propias muletas como señal de superación. Os hablé de él aquí:

 Clic aquí.

Pero antes que ella su primer propietario, el que lo había construido (Corentin de Chatelperron), navegó desde Bangladesh a Francia, para lo cual tuvo que utilizar el Canal de Suez. 


El motor era uno viejo reciclado de un camión, sin inversora. Es decir no tenía una palanca para meter la marcha atrás. El motor fallaba más que una escopeta de feria, de hecho el barco acabó el viaje sin motor. Exigirle tener inversora era una tontería, porque el Canal de Suez tiene entre 200 y 300 metros de ancho y el Tara Tari podía cambiar de rumbo dentro del canal sin ningún problema, simplemente dando la vuelta en marcha avante. Pero eso pasa muchas veces, unas normas que están hechas para grandes mercantes se aplican indistintamente a los veleros deportivos.

Cuando el inspector del canal se presentó a bordo para comprobarlo todo, Corentin ya tenía pensada la solución. El motor era tan viejo que se arrancaba con una palanca rotatoria como esas con las que se arrancaban inicialmente los "Dos Caballos"  y los 4L. Lo hizo dando vueltas a la palanca en sentido inverso, y después de varios intentos fallidos el motor arrancó. No me preguntéis los detalles, pero como en esas condiciones todo en el motor ocurre "al revés",  el tubo de escape se convirtió en la toma de aire y viceversa, con lo que el humo del escape llenó toda la camareta,  asfixiando al inspector. El asustado funcionario no volvió a bordo, pero finalmente como Corentin había demostrado que el barco podía dar marcha atrás le autorizaron a cruzar el Canal de Suez. Debe ser el primer y único barco que ha pasado por allí sin inversora.

Aunque ya no hay barcos sin inversora, ésta se te puede estropear. Es lo que me pasó a mí en la vuelta a Francia: en el canal de Midi, de tanto luchar con las algas, se rompió la palanca de la marcha atrás y el barco sólo funcionaba en marcha avante. Ni siquiera entraba el punto muerto. Eso nos ocurrió en los páramos de Francia y en pleno verano. Pasaron por el camino de sirga dos operarios del canal en su coche y les paré para pedirles ayuda. Con su propio teléfono hicieron como diez o quince llamadas a sus jefes, a distintos talleres y servicios técnicos, y la conclusión final era que mi problema no tenía solución. Los talleres o estaban demasiado lejos y no venían a ver el motor (tenía que llevárselo yo, a distancias de cincuenta o cien kilómetros, ¡¿cómo?!), o estaban de vacaciones, o no lo cogían si no era de su marca. Y Voies Navigables de France no tenía servicios de remolque para llevarme a algún sitio habitado. Se ve que al no estar en peligro una vida humana, como pasa en las averías en el mar, lo otro no era prioritario.

Finalmente sólo me podían sugerir pedir remolque a otro barco que pasara por el canal (pero había días enteros en que no nos cruzábamos con ninguno) o tirar del barco por el camino de sirga. Al oírlo se me puso cara de puzzle, por la mezcla de asombro, incredulidad, ira, desesperanza, vulnerabilidad... que me generaba. ¡Por el camino de sirga! ¿Y al llegar a un cruce de canales pasaba el cabo a la otra orilla nadando? ¿Y al llegar a un puente me ponía los pies de gato y pasaba el cabo por debajo, escalando sus paredes? ¿Y al llegar a una esclusa activaba el mecanismo desde la orilla por telepatía? Parecía uno de esos programas de reírse de la gente con la cámara oculta, o una realidad paralela, pero por desgracia era real. 

Por lo menos les pedí que me ayudasen en las cuatro esclusas que quedaban hasta llegar al primer sitio habitado, Joinville, y poder gestionar un posible arreglo. A eso accedieron y las pasamos con su “ayuda”. Ellos nos esperaban en las compuertas de entrada, nosotros llevábamos el barco al ralentí y al pasar las compuertas parábamos el motor (ya nos quedábamos absolutamente sin maniobrabilidad) y les echábamos las amarras. Ellos tenían que frenar nuestra arrancada para que no chocásemos con las compuertas de la proa, y facilitarnos el amarre. Pero su ignorancia de los barcos era absoluta. Nos frenaban antes la proa que la popa, con lo que el barco mantenía su inercia en la popa y se atravesaba dentro de la esclusa, o anudaban los cabos a los norays sin darnos el extremo para regular su tensión. Por suerte o de milagro llegamos a Joinville, después de hacernos sólo doce millas en casi nueve horas, avaros de agua fría y de desodorante. Para llorar.

 Mi consejo: mimad vuestro motor. Aunque puede parecer superfluo en un barco de vela, eso es cierto sólo en el mar. Cuando entras a un puerto o a una escusa la integridad del velero depende de él.

Con cuidado, navegantes.