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jueves, 28 de noviembre de 2024

Black Friday.

Hola navegantes. 

Para no ser menos que los demás, hasta el domingo os ofrezco dos de mis libros por el precio de uno. Podéis escribirme a alvarogaledo@gmail.com 

 Un saludo.

sábado, 23 de noviembre de 2024

Curiosidades náuticas de la Isla de Sao Miguel (Azores).

Hola navegantes. 

Hemos pasado una semana de vacaciones en  la Isla de Sao Miguel (Azores). Hace unos años estuve en las de Faial y Pico en velero, ambas más al Oeste, pero esta vez hemos ido en avión. Aunque no haya sido un viaje de navegación, aprovecho para contaros algunas curiosidades relacionadas con la náutica.

Durante los primeros días de nuestra estancia el famoso anticiclón de las Azores parecía haberse desplazado a otro lugar y sufrimos un tiempo invernal, y el paso de varias borrascas. Desde el avión se veía la costa Norte (sobre todo) de la isla azotada por un viento de fuerza 6 ó 7, y todo el océano lleno de olas hostiles a la vida. Suele decirse que desde al aire, cuando se está buscando un velero en apuros, la forma de distinguir una vela de una ola rompiente es contar su duración; si dura menos de 10 segundos es más posible que sea una ola, y si dura más de 10 segundos es más posible que sea una vela. En este caso no se cumplía, porque todas las olas duraban más de 10 segundos.

Sao Miguel es una de las islas más al Este del archipiélago, y está separada por más de 120 millas de las siguientes por el Oeste. Lo más característico es la cantidad de lagunas que tiene, formadas por el agua de la lluvia que ha rellenado los cráteres volcánicos, y que se ven desde el satélite.

Incluso hay un pequeño volcán en mitad del mar, en su costa Sur, con un cráter perfectamente redondo al que se puede entrar en embarcaciones pequeñas, y un pitón alto como un baluarte, y que vimos perfectamente al sobrevolarlo. Se llama el Islote da Vila:

Sao Miguel tiene poco turismo náutico, ya que todos los navegantes que cruzan el Atlántico prefieren detenerse en Horta, la capital de la Isla de Faial (más al Oeste) que está mejor dotada en servicios náuticos, tiendas de acastillaje, velerías, etc. Por eso el puerto de Ponta Delgada, la capital de Sao Miguel, estaba casi vacío:

Algunos de los amarres estaban ocupados por peniches-vivienda con aspecto de no moverse nunca, supongo que apartamentos de alquiler o de Airbnb:

Los veleros de paso han empezado a dejar sus recuerdos con pintadas en el suelo del muelle y en las rocas de la escollera, como se hace en Horta desde hace décadas. Pero claro, aquí la costumbre es reciente y todavía queda  mucho muelle para pintar. 

 


Me han dicho que ya se hace en todas las islas del archipiélago. Por cierto, en Horta el perfeccionamiento ha llegado a hacer las pintadas con relieve, incorporando algún objeto (una camiseta, un ancla...) a la obra, endurecida con barniz o con resina para que dure:

 

En algunos puertos de la isla de Sao Miguel todavía pueden verse las embarcaciones de remos con las que se cazaban las ballenas. Increíble perseguir a una ballena con esos barquitos:

Algunos puertos de la costa Norte, más expuestos, no tienen ni siquiera pantalanes. Los barcos se sacan a tierra todos los días con su remolque, para no dejarlos expuestos a las olas y los vientos en el puerto. Por ejemplo el de Porto Formoso:


Se amarran al muro para desembarcar el pescado, y enseguida los suben al muelle de hormigón con un cabrestante. Por supuesto que muchos días no se puede salir a pescar, pero por lo menos los barcos no corren peligros a flote.

Algunos de los enormes lagos de los cráteres volcánicos se usan en verano para deportes náuticos, como vela ligera o kayak. Por ejemplo el de Sete Cidades al Oeste, o el de Furnas al Este. Parecen lagos suizos, pero los días de fuerte viento se agitan como si estuvieras en el mar. Nosotros los visitamos los dos primeros días, en que el viento cortaba como una navaja nueva, y tenían este aspecto:

 

 

Hasta se nos rompió el paraguas. El de Sete Cidades se llama así porque dentro de un cráter enorme hay 7 más pequeños, algunos inundados y otros no. Los dos más grandes están comunicados entre sí pero son de distinto color, uno azul y otro verde, el segundo por el crecimiento de algas. Nosotros fuimos en un día muy nublado en que el sol brillaba con poca convicción,  y los dos los vimos grises. En el verde había una máquina cortacésped, como la que vimos en la navegación a Londres en el Corto Maltés para limpiar los canales de Bretaña, supongo que para trabajar en verano y despejar la laguna de algas para poder navegar por ella:

Clic aquí

El lago más mítico de la isla es la Lagoa do Fogo y su accesorio, Lagoa do Fogo Petit, lo que más nos han gustado de toda la isla:


 

Se llama así por ser el último que erupcionó (en 1563) tragándose la lava una parte de la ciudad Ribeira Grande, al Norte. Este lago no es navegable porque no tiene accesos rodados, sólo a través de un  sendero de montaña increíble, con escalones tallados en la tierra, y bastante resbaladizos con todo lo que llueve allí:

 


 La excursión merece la pena, porque está rodeado de unas playas de arena fina volcánica que podrían competir en finura con las del Cantábrico. En poca ocupación ganan las de Sao Miguel con creces, y estábamos Ana y yo solos en mitad del paraíso:

El resto de la isla es muy fácil de visitar, pues está al alcance de un coche de alquiler (por cierto baratísimo: 85 € dos días un Renault Captur, un cochazo, porque no tenían uno más pequeño) ya que sólo  mide 60 x 13 km. Es la meca del turismo de senderismo, con más de 40 rutas señalizadas que recorren paisajes selváticos, de árboles impresionantes, ríos caudalosos y cascadas increíbles. Allí lo que no falta es el agua:



 

 Y por supuesto los restos de actividad volcánica, con grietas en cualquier campo o cuneta por donde sale humo sulfuroso, charcos y pozas de los ríos donde el agua hierve, baños termales, y hasta hornos naturales donde se cocina el cocido simplemente dejando enterrada la olla con sus ingredientes durante unas horas bajo el suelo:


Los restaurantes tienen hoyos asignados, marcados con su nombre, y los particulares pueden ir a enterrar su olla pagando una pequeña cantidad al encargado.

En resumen, una isla paradisíaca, que bien merece la visita y que, por lo menos cuando hemos ido nosotros, en noviembre, no está invadida por el turismo. Eso sí, hay que llevar ropa variada porque, como dicen allí, tienen las cuatro estaciones cada día.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Navegar con 100 años.

Hola navegantes. 

 Es médico, quiso especializarse en histología pero no pudo por ser daltónico, y finalmente eligió la neumología. Fue jefe de servicio en el Hospital de Perpignan durante 35 años, pero aquello queda ya muy lejos. Porque Jean Diet tiene 100 años, y ahora vive retirado en Port-Vendrés, disfrutando entre otras cosas de su velero.


Detrás de ese rostro arrugado como un cartón acanalado y del audífono se esconde una juventud por supuesto de médico, pero también de navegante (ha recorrido los siete mares y cruzado dos veces el Cabo de Hornos), de montañero (con ascensiones al Himalaya) y de miembro de la resistencia francesa durante el nacismo, lo que le costó la cárcel. Ahora que no vive a contrarreloj lo que le llena es la vela, y continúa navegando un día a la semana en su velero "Gros Leon", un Gib Sea 33 de 1975, tanto en verano como en invierno y con cualquier clase de tiempo. Lleva haciéndolo desde que se jubiló en 1985, y se hace acompañar por tres amigos también de una edad venerable (el timonel y responsable actual, Christian, tiene 80 años) y hacen salidas de un día. En la siguiente foto, Jean es el flaco vestido de azul marino.

Jean usa bastón, pero lo deja nada más embarcar y en el barco se mueve sin ayuda. Sus hijos le han impuesto una pulsera de telealarma por si se cae al mar o tiene un accidente. Una mañana de invierno se cayó al agua desde el pantalán, y después de un rescate dificultoso, de recogerle rígido como un fueraborda frío, y de recalentarle, se negó a que le llevaran a casa. Él había ido a navegar, y no quiso dejar de disfrutar del mar por ese pequeño incidente.

Aunque en la foto anterior se le ve pequeño y esmirriado, al conocer su historia se comprende su talla de gigante. Además ha transmitido su afición a uno de sus hijos, que está preparando un velero para dar la vuelta al  mundo. Enhorabuena, Jean.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Miedo al Sr. Roca.

Hola navegantes. 

 No sé por qué razón hay tanta resistencia a bajar a usar el WC de un velero. Reconozco que es incómodo, sobre todo cuando navegas a contraviento, cuando el mal tiempo lo menea todo, cuando estás con el traje de aguas que cuesta mucho quitárselo y algunos no tienen bragueta, y cuando estás medio mareado y entrar a la camareta puede acabar de darte la vuelta al estómago. Algunos navegantes parece que tienen miedo de encontrarse con el espectro del Sr. Roca esperándolos y buscan cualquier disculpa para no bajar.

Pero orinar por la borda del velero es muy peligroso, y es responsable de la mitad de los accidentes de hombre al agua, a juzgar por los ahogados que llevan la bragueta abierta. En otra entrada os comenté los peligros de orinar por la borda, tanto los hombres como las mujeres:

 Clic aquí

Y aparte del peligro, está la eterna pregunta de cuánta parte del chorrito se quedará en la cubierta, lo que a los otros tripulantes no les hace ninguna gracia. 

Algunos barcos de competición han desarrollado inventos para no tener que ir a la borda pero tampoco tener que entrar a la cabina. Por ejemplo el trimarán gigante Edmond de Rothschild, para su participación en la Route du Rhum de 2022, tenía un pocito en el suelo de la cubierta, justo detrás de la rueda del timón, para poder orinar allí sin moverse del puesto de gobierno. El pocito absorbía hacia el mar la orina, debido a la depresión de aire que se produce debajo del barco por la velocidad debido al efecto Venturi. Es igual que los achicadores que hay en el suelo de los veleros de vela ligera para evacuar el agua se se embarca en las maniobras. A mí me queda la duda de si el patrón será capaz de afinar la puntería hacia el pocito con las olas y la escora.

 Por cierto, para las chicas reconozco que ir a orinar con el traje de aguas puesto es una pesadilla, y especialmente en esos barcos pequeños de los de vivir de rodillas. Por eso se han inventado unas copas o embudos para que puedan orinar de pie (o de rodillas en un barco pequeño) pero sin tener que quitarse el traje de aguas. Os lo conté aquí:

Clic aquí 

Se recomiendan para muchos deportes y actividades de la naturaleza, pero en la vela encuentran un uso muy adecuado.

Con cuidado, navegantes.

martes, 5 de noviembre de 2024

Dibucarta del golfo de Morbihan.

Hola navegantes. 

He recuperado el original de otra de las dibucartas de la navegación a Bretaña. Se trata de cuando llegamos  a Vannes, la última ciudad accesible en barco del Golfo de Morbihan.

El Golfo de Morbihan es enorme, unos 150 km2, pero su entrada es muy angosta, unos 700 metros, y por ella entra y sale la marea con un chorro grandioso que puede superar los 9 nudos y adquirir la forma de ríos o torrentes dentro del mar. Es la segunda corriente más fuerte en Europa. Ni que decir tiene que cuando la marea vaciante se enfrenta a vientos del Sureste al Suroeste se forma una barra en la entrada, con olas cortas y rompientes. El interior del golfo está salpicado de numerosas islas e islotes (30 ó 60 según la forma de considerarlos) casi todos con vegetación abundante y playas donde se puede desembarcar. Sólo dos, la Île aux Moines y la île d'Arz, están habitadas. Una leyenda atribuye la creación del golfo a las lágrimas de las hadas desalojadas del cercano bosque de robles y hayas de Brocelianda, donde se sitúan las aventuras de la Mesa Redonda y otros cuentos y leyendas. Las hadas habrían echado luego sus coronas al agua, que se habrían convertido en las islas.

Aunque en general la corriente de marea sigue el recorrido de los canales entre islas con la regularidad de un mapa de carreteras, en algunas zonas puede generar remolinos que atrapan al barco, y en muchos lugares hay contracorrientes en dirección contraria a la principal. El golfo recibe las aguas de cuatro ríos, el Auray, el Vincin, el Marle y el Noyalo, que son parcialmente navegables y que terminamos explorando con el Corto Maltés. De hecho estos ríos son los que dieron origen al golfo, cavando un estuario demasiado profundo como para llegar al mar, que ya se había retirado más lejos en la era cuaternaria. Cuando se descongeló, el golfo estaba integrado por pantanos separados del mar, y unos miles de años más tarde el océano acabó por invadir la cuenca. 

Un tercio de la superficie del golfo se seca en bajamar, y su profundidad oscila entre 20 metros en las zonas centrales de los canales más hondos, hasta sólo 20 cm. entre algunas islas y muchas zonas se secan en bajamar. De un extremo a otro hay 20 kilómetros, una distancia tan grande que la marea creciente tarda más de dos horas en recorrerla y las tablas de mareas tienen la información doble: por un lado los horarios en Port-Navalo, justo en la boca de entrada, y por otro lado en Arradon, en su extremo Norte, pudiendo haber diferencias de hasta 2 h. 45 min. 

Desde el punto de vista de la naturaleza posee un ecosistema variado, notablemente por la presencia de un herbario del alga zostera, el segundo más importante de Francia. Es la misma que hay en la bahía de Santander, contribuye a estabilizar los fondos, a reducir la turbidez del agua y a favorecer la oxigenación y la producción de fitoplancton. Sus hojas sirven de refugio y zona de desove a multitud de especies. Lo malo es que si intentas fondear sobre ellas tienen un agarre muy malo para el ancla y es frecuente que el barco garree, efecto que padeceríamos varias veces durante nuestra estancia. Además el golfo tiene gran interés ornitológico, tanto por las especies permanentes como las migratorias.

 Entramos en el golfo a mitad de la marea creciente. Aquél estaba siendo un verano moroso, y aunque estábamos en julio, por la mañana el cielo había estado cubierto de nubes grises, prietas y redondas como un cerebro. Por suerte al mediodía se despejó y cuando afrontamos el paso lucía un sol espléndido. Sólo habría faltado que volviera al escenario la niebla espesa que se comía los colores que habíamos tenido la víspera, que nos había hecho navegar tocando la bocina de niebla. La corriente era tan fuerte que podía empujarnos en línea recta contra los bajos que rodean la entrada, y el barco no ser capaz de tomar la curva hacia la derecha que hay que seguir para continuar hacia Vannes. Es lo mismo que un coche que se sale en una curva por exceso de velocidad. Cuando un barco es llevado por la corriente obedece mal al timón, porque en realidad sobre el agua está casi quieto. En cuanto llegamos al paso nos agarró una corriente que parecía que estábamos en el Amazonas. Las boyas parecía que navegaban como una zodiac rápida, aunque obviamente estaban paradas, y cerca de las orillas rocosas y de los bajos se formaban olas como las de los ríos caudalosos. A la entrada nos arrastraba a 9,2 nudos. Cualquier fallo en esa corriente habría sido irreversible, porque mi fueraborda no da más de 5 nudos en las mejores condiciones, y si me hubiera ido por el canal equivocado no habría podido dar marcha atrás y en ese laberinto de islas era fácil varar o chocar contra un bajo. Pero por suerte todo salió bien y llegamos a Vannes remontando el río Marle. Allí hicimos una pausa para el cambio de tripulación, y luego me pasé casi un mes con Ana añadiendo ese maravilloso golfo a nuestro palmarés.

Esta es la dibucarta de aquella etapa (clic encima para leerla mejor). Se empieza a leer en el pelo y se la daré al primero que la transcriba abajo, en el apartado de "comentarios".

Con cuidado, navegantes.

jueves, 24 de octubre de 2024

Dibucarta de la paloma de Yeu bis.

 Repito esta entrada a ver si alguien se anima a intentarlo.

En la navegación a Bretaña recalamos en la Isla de Yeu. En mitad de la travesía hacia la isla me llevé un susto de muerte. Mi sobrina Alicia estaba en la camareta y yo iba solo al timón, cuando de improviso noté que algo se me posaba en la cabeza. Supongo que me quedé blanco como un molinero. En aquella soledad en mitad del mar lo primero que piensas es en algún espíritu, si es que logras pensar en algo. Al recuperarme, y con el corazón como queriéndose escapar de su jaula, me di cuenta de que era una paloma y por cierto muy anillada (en ambas patas) que había intentado posarse encima de mi cabeza pero con mi reacción de susto se espantó. 

Después de un rato trazando arabescos en el aire se posó en la cubierta, y estuvo allí como una hora dejándonos varias cagadas. Eso es una cosa habitual en las navegaciones. Algún pájaro se aleja mucho de la costa y luego se encuentra sin fuerzas para volver, y se posa en el primer barco que encuentra. Normalmente hasta se dejan dar de comer o de beber. 

Nosotros estábamos a siete millas náuticas del continente, una distancia enorme para hacerla incluso volando. Le dimos pan pero no lo quiso, sin embargo nos dimos cuenta que cuando salpicaba una ola encima de la cubierta se acercaba a chupar las gotas con el pico. Intentamos darle agua dulce pero tampoco la quiso, por no acercarse a nosotros. Finalmente desertó cuando en una de las maniobras sacamos el génova y se asustó con el ruido y con el meneo de la vela. No volvimos a verla.

Esta es la dibucarta de aquel episodio (clic encima para leerla mejor). Se empieza a leer en el ojo derecho, y se la daré al primero que la transcriba abajo, en los comentarios.


 Con cuidado, navegantes.

viernes, 18 de octubre de 2024

Un interesante debate.

Hola navegantes. 

 La última entrada la aporté también en un foro de navegantes, donde se ha creado un interesante debate sobre la actitud a adoptar ante los ataques de orcas. Han aportado sus conocimientos jurídicos varios abogados, con  la opinión unánime de que es casi seguro que un juez levantaría una sanción o multa que hubiera impuesto una autoridad administrativa a un capitán por haber usado petardos para defenderse de un ataque de orcas que hubiera puesto en peligro la vida de sus tripulantes:

Clic aquí.

 O sea, el sentido común. También ha habido opiniones discrepantes, todas interesantes de conocer, y otras irritadas de esos que no se callan ni debajo del agua, como en todos los foros de internet, pero también curiosas de leer. Os aconsejo visitarlo.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 14 de octubre de 2024

¡Pero vaya morro! (más sobre las orcas).

Hola navegantes. 

Para que nadie entienda mal lo que voy a decir, empiezo por declarar que soy socio de Greenpeace desde hace 33 años, y que cuando era más joven participé como marinero voluntario durante cinco veranos en las campañas de uno de sus veleros.

 Pues bien, he podido leer el informe de un grupo de trabajo auspiciado por el Ministerio para la Transición Ecológica, sobre los ataques de orcas a los veleros. Se celebró en Madrid en febrero de 2024, con la participación de 29 expertos en mamíferos marinos, pesquerías y conservación del medio ambiente, pero ningún representante de la náutica deportiva.

 Podéis leer el informe completo (37 páginas) aquí:

Clic aquí.

 Entre las principales conclusiones, nos recuerdan en una tabla lo que según ellos es ilegal en España si te atacan las orcas (una lista de 14 acciones) y lo que es legal (una lista de 2).

Para los que no entiendan el inglés las resumo: 

ILEGALES:

1. Lanzar petardos.

2. Arrastrar cadenas por la popa.

3. Derramar gasolina, cloro o lejía.

4. Encender bengalas.

5. Lanzar pequeñas bombas.

6. Atacarlas con "armas" como bicheros o garfios.

7. Arrastrar piedras.

8. Derramar basura o aguas grises por la borda.

9. Electrocución.

10. Usar la bocina de niebla desde la cubierta. 

11. Golpear dos tubos en la cubierta.

12. Usar pingers (son aparatos electrónicos que emiten sonidos que les molestan).

13. Poner pinchos en la pala del timón.

14. Dar marcha atrás.

Yo sólo echo el falta los cañones de los payasos, esos de los que salen flores al dispararlos. Todas las ilegales están deducidas del RD 1727/2007, de protección de los cetáceos, ignorando lo que dispone la ley 14/2014, de navegación marítima (de rango normativo superior que el RD citado) que establece que ante una situación de  peligro el patrón debe adoptar las medidas que le permitan proteger a la embarcación y asegurar la vida humana. Os lo detallé aquí:

Clic aquí

Yo no soy biólogo, pero sí médico, y conozco bien la fisiología de un mamífero, el ser humano,  que no debe ser muy diferente de la de otros mamíferos, entre otras las orcas. Y si alguien piensa que arrastrar una cadena por la popa, hacer sonar una sirena o el ruido de dos tubos golpeados en la cubierta, fuera del agua, o encender una bengala en la cubierta, fuera del agua, va a dañar a una orca, creo que anda muy desencaminado. Y aunque lo hiciera, cuando lo que está en juego es una vida humana creo que es evidente a quién hay que dar la prioridad. Ya se han hundido varios veleros y los tripulantes se han salvado de milagro, es sólo cuestión de tiempo que alguien pierda la vida. Imaginaos que una manada de lobos atacase en Madrid los carritos de los niños o las ruedas de las bicis, y nuestro gobierno nos dijera que no se podía hacer nada que les molestase.

 Y ahora lo que da justificación al título:

LEGALES:

1. Derramar arena. Os lo conté aquí: clic aquí.

2. Esta es la buena: pegar pequeñas protuberancias en el timón. ¿Sabéis qué?. es un sistema que se detalla en un anexo en el citado informe, a base de pegar pequeños conos en la pala, adjuntando hasta su diseño técnico, y redactado en castellano cuando todo el informe lo está en inglés:



 Este prototipo, bautizado "orcamyst", lo ha diseñado uno de los principales autores del informe, Renaud de Stephanis, y según la revista Voiles et Voiliers de octubre de 2024, es meramente experimental y su eficacia está por demostrar:

Si de las dos cosas "legales", una la está patrocinando uno de los autores del informe y sin que esté demostrada su eficacia, echad cuerpo a tierra porque la cosa pinta muy mal.


Con cuidado, navegantes.

domingo, 6 de octubre de 2024

¡600.000 visitas!.

Hola navegantes. 

Este blog acaba de recibir la visita número 600.000. 

(es el número y la gráfica debajo del título).

 ¡Quién nos lo iba a decir cuando lo empezamos en 2012!. Estábamos preparando nuestra primera gran navegación en el Corto  Maltés, la vuelta a España, y todo eran dudas e incertidumbres, y por qué no decirlo, miedos. Pero alguna vez tiene que ser la primera, y teníamos que decidirnos. Reproduzco la primera entrada del blog, donde veréis nuestra sensación subjetiva al emprender aquella "hazaña":

Sábado, 3 de marzo de 2012.

Presentación.

"Así lo ve la gente: si no vamos, somos idiotas. Si vamos y no tenemos éxito somos incompetentes. Y si tenemos éxito es porque lo podía haber hecho cualquiera" (Bertrand Piccard, médico -psiquiatra- y piloto suizo que dio la primera vuelta al mundo en globo en 1999). Luis y yo nos hemos decidido y vamos a intentar dar la vuelta a España en un Tonic 23, velero de serie de menos de 7 metros. Saliendo de Santander nos dirigiremos al oeste, bajaremos por la costa de Portugal, cruzaremos el estrecho de Gibraltar y volveremos al Cantábrico por el Canal de Midi. Salida prevista en mayo de 2012. Aquí podréis seguir nuestra navegación y los preparativos.
Álvaro.



 Aunque en aquella navegación se montó alguna de aquí te espero, marinero, la verdad es que la terminamos con éxito, teniendo en cuenta los cinco factores que luego he podido madurar (aunque entonces no los tenía tan claros) que os comenté aquí:

Clic aquí.

 Después vinieron otras navegaciones igual o más difíciles, como la vuelta a Francia, la vuelta a Italia, o la navegación a Bretaña, a la Isla de Elba o a Londres, aparte de las muchas veces que hemos recorrido la cornisa cantábrica, que ya conocemos como la palma de la mano. Todas las terminamos bien y sin ayuda de ningún elixir, pero aquella vuelta a España fue como la primera novia, que te deja una impronta especial. Las siguientes navegaciones han podido ser más difíciles, pero ya no teníamos ese miedo innato a salir de la bahía para movernos por alta mar con un barco tan pequeño. Porque aunque en barcos mayores lo habíamos hecho muchas veces, todos nos decían que era imposible moverse por alta mar con un barco menor de 8  metros. Vete a saber. Nosotros lo intentamos aquella primera vez y lo logramos, y luego ya sabéis que lo hemos repetido muchas otras. Y este blog no intenta otra cosa que enseñar a los que tengan un barco pequeño, y estén con las mismas dudas que nosotros, que no solo es posible, sino que te da muchas satisfacciones y que podemos hacer cosas que los más grandes no pueden.

Y respecto a que sea peligroso, tened en cuenta la reciente desgracia del megayate Bayesian, que se hundió  mientras estaba fondeado en Sicilia por recibir una bofetada de aire de 54 a 60 nudos (100 a 110 km/hora). O sea, el viento que podéis experimentar en el coche al sacar la mano por la ventanilla en una autopista. Está claro que tener un barco más grande (en este caso, 56 metros de eslora) o escandalosamente más caro (40 millones de dólares) no aleja el peligro, porque muchos barcos más pequeños aguantaron las mismas rachas sin ningún daño.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 4 de octubre de 2024

Dedicatorias.

Hola navegantes. 

Ya sabéis que hago las dedicatorias de los libros con una dibucarta o la dibufirma de vuestro barco (o con vuestro nombre, si no tenéis barco, o el de la persona a la que se lo queréis regalar). Por ejemplo, esta última del velero Sun Fast 26 llamado "LAGUNTXU", en el libro de la navegación a Bretaña:

 O esta, del motovelero Myabca 31 llamado "RESFRIAO" en el de la vuelta a Italia:

 


 Si queréis la vuestra podéis escribirme a alvarogaledo@gmail.com.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Recordatorio.

Hola navegantes. 

Os recuerdo la presentación de la navegación a Londres el próximo lunes 7 en Santander.


 Las fotos son con el Corto Maltés sobre un mar de estampita, frente al Arco de Etretat, en los acantilados de Normandía. Es la imagen icónica de esa costa, y sale en todas las postales y folletos.


Las fotos no están bien encuadradas porque nos las hicieron desde una moto de agua. ¡Qué recuerdos!. Espero que podáis acudir para compartirlos.

Como en la presentación no podré vender libros, si alguno tiene interés que me escriba a alvarogaledo@gmail.com para hacerme un bizum y se lo llevaré ya dedicado con una dibucarta.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

POSTDATA.

En la foto, mi amigo David (thelowcostsailor.com) a punto de aplicarme la ley marcial por no conseguir entender lo importante que es la electrónica en la navegación. 



lunes, 23 de septiembre de 2024

Las cinco razones del éxito.

Hola navegantes. 

 A veces me preguntan la razón de que me salgan bien las navegaciones. Después de mucho pensarlo he llegado a la conclusión de que depende de cinco factores:

1. Tener tiempo. Es el fundamental. Yo suelo hacer navegaciones de unos 3 meses y sin ese tiempo no habrían sido viables. Muchos dirán que eso les resulta imposible, y lo dejan para la jubilación. Es el típico error, porque al llegar a la jubilación tus circunstancias familiares y de salud pueden haber cambiado, y entonces ya no puedes navegar por otras razones. Cuando estaba en activo yo me pedía permisos sin sueldo de 2-3 meses, que juntaba al mes de vacaciones. La gente suele decirme que qué suerte poder hacerlo, porque se quedan con la parte del "permiso" y no se fijan en la parte de "sin sueldo". Obviamente tienes que organizarte para ahorrar en los otros meses lo que vas a dejar de ingresar durante el permiso. Y en mi vida profesional he renunciado voluntariamente a oportunidades de promoción porque significaban disponer de menos tiempo libre. Dinero podremos tener más o menos, pero tiempo siempre tendremos menos. A todos en la vida nos llega a un momento en que tenemos que elegir entre el tiempo o el dinero. La mayoría elige el dinero, y me parece que se equivocan.

 2. Tener un barco pequeño. Puede parecer una herejía, pero es la verdad. Para las navegaciones costeras es suficiente un 23 pies, y aguanta bien las condiciones meteorológicas habituales (hasta fuerza 6 y olas de 2-2,5 metros). Y cuando nos han sorprendido condiciones peores no pronosticadas (vientos de fuerza 7 con rachas de 8, y olas de mayor factura,  como de 2,5 a 3 metros) también las hemos aguantado navegando con prudencia. En la siguiente foto, olas de 2,5 metros en el Raz Blanchard:

 

 Y aquí la forma de saber la altura real de las olas desde el barco:

Clic aquí.

Además ya he dicho muchas veces que cuando no salimos de puerto por la meteorología tampoco lo hacen los barcos mayores, porque a nadie le gusta pasarlo mal en el mar. A cambio, con un barco pequeño podemos recorrer el interior de los países por los ríos y canales, encontramos siempre plaza en las marinas, y caemos simpáticos en los puertos y nos ayudan. Si en vez de intentar abarloarnos a un  pesquero donde están trabajando, con un modesto barco de 6 metros, ateridos de frío o sudando como si tuviéramos la alcachofa de la ducha dentro de la gorra, lo hiciéramos con uno de 10 metros, con las chicas en topless y los chicos con un cubata, supongo que la recepción sería diferente.

Finalmente, en caso de avería mayor un barco pequeño es fácil de llevar a casa en un camión o en un remolque.

3. Tener un barco simple. Me refiero a con poca electrónica y pocos equipamientos. En los barcos las cosas se estropean mucho más que en los coches, por ejemplo. Hay un dicho marinero que especifica que toda mecánica, incluso la más simple, conoce un estado normal, natural, estable, llamado “avería”, y que sólo en algunos casos puede, durante una duración limitada, mantenerse en un estado anormal, antinatural y totalmente inestable llamado “de funcionamiento”. Cuantos más equipos tienes más cosas se te pueden estropear, y si te has acostumbrado a ellos te cuesta navegar sin su ayuda. Conozco amigos que han anulado viajes por fallarles el equipo de viento, o el molinete del ancla, o la nevera, o el plotter, o el radar, o el AIS o vete a saber qué, cuando yo navego habitualmente sin todos ellos. Y cualquier avería en un puerto extranjero y en verano puede ser un inconveniente imposible de superar: los talleres están de vacaciones o bajo mínimos, las esperas para que te atiendan son largas, las piezas de repuesto tardan en llegar, pierdes la cita con los siguientes tripulantes, y se te adelgaza la billetera pagando la estancia en una marina mientras te lo arreglan. En el peor de los casos tienes que dejar el barco en el puerto de la avería y volver a por él el verano siguiente.

4. Hacer una buena planificación. Ir a Londres o a dar la vuelta a Francia navegando no es salir de Santander hacia el Este hasta que llegues. Hay que calcular la distancia total y el tiempo de que dispones, y dividirlo para saber las millas que tendrás que hacer cada día (¿ah, si?). Del tiempo de que dispones hay que descontar un día para arbolar y desarbolar, uno o dos días para cada intercambio de tripulación, un 10 % por inclemencias meteorológicas, los días que dedicarás a visitar las ciudades (porque no todo va a ser navegar y navegar) decidir si descansarás un día a la semana o no, y si harás navegaciones nocturnas o no (prolongar una navegación por las noche equivale a 3 ó 4 días de navegación normal). Y en los ríos, canales, y otros andurriales del interior de los Continentes, calcular las enormes demoras en las esclusas (entre 15 y 45 minutos según su tamaño y la frecuentación). La distancia que calculas en el mar hay que multiplicarla por 1,5 para incrementarla en un 50 %, porque en las etapas de ceñida la distancia por lo menos se duplica. Y en sitios específicos, como en Bretaña o Normandía, a lo anterior tienes que añadir las horas en que los puertos o las esclusas estarán cerrados por la marea (¡ah, bueno!). En la siguiente foto, el puerto de Plouër Sur Rance cerrado por la bajamar:


5. Estar dispuesto a vivir mucho tiempo en un sitio precario. Aunque dicho así parece muy duro, en la realidad no lo es tanto. Costeando puedes parar en puerto todos los días, lo que supone un desahogo, y tienes los aseos y las duchas de las marinas. Casi todos los que viajan en veleros grandes prefieren ir al baño o a ducharse en los de las marinas para quitarse trabajo e incomodidades a bordo (tener que vaciar el depósito de aguas negras, limpiar entero el baño después de cada ducha, desatascar los pelos del desagüe, etc). O sea que tampoco eso es una ventaja de los veleros grandes. Además, con lo que te ahorras en la compra del barco, el mantenimiento y las marinas por ser de pequeña eslora, puedes ir a dormir a un hotel siempre que te apetezca, y todavía estás ganado dinero.

Dicho esto, aclarar que coincido con todos los navegantes en que lo más difícil es tomar las decisión de partir, y atreverse a seguirla. Espero que nuestras experiencias os ayuden a hacerlo.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Presentación de la navegación a Londres en Santander.

Hola navegantes. 

La Asociación "Mil Velas", de Santander, me ha invitado a contarles la navegación en el Corto Maltés desde Santander a Londres. Será el lunes 7 de octubre, a las 19 h., en el Club de Regatas, en la C/Infantas 3 (Plaza de Pombo) de Santander.


En el libro relato aquella difícil navegación del verano de 2023, donde ascendimos toda la costa atlántica de Francia, cruzamos Bretaña por los canales, luego el Canal de la Mancha y finalmente nos metimos por el río Támesis hasta Londres (y luego la vuelta, claro). Y todo ello en un velero de 23 pies con un fueraborda de 6 CV:

 


Hasta ahora ha sido la peor de las navegaciones realizadas con el Corto Maltés por los temporales, las averías y la deserción de un tripulante, que me dio una patada en la espinilla (metafóricamente hablando, claro) a 1.500 km de Santander en su primer día de navegación por un simple mareo, y allí me dejó tirado. Y a eso obedece el título. El gafe de Murphy se embarcó en Granville (Francia)  y cogió tanta confianza a bordo que terminé acostumbrándome a él como a una cefalea o a un dolor de muelas. Durante todo el viaje el cenizo se me aparecía como un duendecillo haciéndome sus malditos comentarios y predicciones negativas al oído. Si hubiera tenido presencia física real le habría entablillado la lengua. Al final yo le miraba como el que mira a una verruga en el pie, que te molesta pero te acostumbras a vivir con ella. Al final del libro veréis que, aunque nos hizo el viaje más incómodo, ganarle la batalla y seguir pensando que esto de la vela merece la pena fue otra victoria, además de la principal que fue conseguir llegar a Londres. Porque os aseguro que el cenizo no va a hacernos dejar de navegar. 

 En esta entrada podéis ver la valoración que hice del barco, el Tonic 23, para navegar hasta Londres:

Clic aquí.

Como siempre podéis pedirme el libro a alvarogaledo@gmail.com, y os lo enviaré dedicado con una dibucarta y con una chapa con el logotipo del Corto Maltés. Además hasta el día de la presentación os ofrezco juntos el de la vuelta a Italia y el de la navegación a Londres por 30 € los dos (su precio normal son 40 € los dos).

 

 Con cuidado, navegantes.