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sábado, 5 de septiembre de 2020

El chollo del rumbo directo.

 Hola navegantes.

Hoy salimos Tito y yo de Santander a las 9.45 con destino a Laredo, enfrente de Santoña. En teoría 26 millas. Hemos tenido un viento maravilloso del Norte más que del Nordeste, que nos ha permitido hacer un rumbo directo pegados a la costa como si hubiéramos navegado a motor. Es la ventaja del viento por el través. Fuimos con la mayor y el espí casi toda la jornada, a una velocidad escasa (a veces menos de 2 nudos) pero al hacer rumbo directo la distancia se acorta. Por ejemplo hoy hemos hecho 21 millas (menos que las 26 teóricas porque vinimos muy pegados a la costa, y las teóricas son a través de waypoints más alejados), mientras que la última vez que vinimos fue dando bordos de ceñida como locos y nos hicimos 39 millas, casi el doble. Aquí podéis ver el trak de hoy y compararlo con el del 22 de junio:




Así da gusto. Muchas veces digo que si la vela fuera siempre así no existirían las motoras. Yo es la primera vez que puedo venir a Laredo a rumbo directo.

Por el camino pasamos frente al polémico faro de Ajo, pintado por Okuda. A mí personalmente me parece un adefesio, pero tengo que reconocer que desde el mar la parte que vemos los marinos sigue siendo como antes, una torre blanca con una franja negra. Supongo que fue una exigencia de las autoridades de la marina para no tener que cambiar los libros de faros y la cartografía, donde se describen las características de cada faro.



En Laredo fuimos a ver el antiguo puerto, uno pequeñito orientado al Norte que se construyó a finales del siglo XIX y que ahora parece mentira que a eso lo consideraran un puerto. Es una ensenada batida por las olas donde yo no entraría con el barco ni aunque me prometieran uno nuevo. Quizás hace dos siglos tenía más protección y luego se destruyó, pero ahora sería una amarradero suicida.



Eso sí, se llega a él a través de un túnel y es un sitio perfecto para terminar un paseíto urbano.

Mañana seguiremos hacia el Este, con destino previsto en Santurce. 

Con cuidado, navegantes.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Enfermó la foca Josefina.

 Hola navegantes.

En las entradas de 15-7-18 y 17-11-18 (que os aconsejo volver a leer) os hablé de la foca Josefina. La conocimos en nuestra vuelta a Francia con el Corto Maltés. 

 Es una foca que desde hace más de 20 años vive en los alrededores del pueblecito de Mordreuc, en el río La Rance (el de la presa mareomotriz) como una vecina más, y en verano va a dormitar a la rampa donde se bañan los niños. Su nombre científico es "L9" y su apellido científico “994”, pero todos la conocen por "Josefina". Primero la llamaban “Arthur” dando por hecho que era un macho. Fue abandonada por su madre en la bahía del Monte Saint-Michel, criada durante seis meses en el Oceanopolis de Brest, y vuelta a liberar allí para ver si se reunía con su manada. Pero reapareció en La Rance. Se supone que entró en una de las aperturas de la esclusa y luego no supo, o no quiso, volver al mar a través de esa infraestructura tan peligrosa arriesgándose a ser succionada por las turbinas y terminar en carne picada. 

Al principio a los vecinos les molestaba, porque cogió la costumbre de subirse a los botes fondeados para tomar el sol, y decían que acababa con la pesca. Los de Oceanopolis volvieron a capturarla y la devolvieron a la colonia de Mont Saint-Michel, pero Josefina reapareció una semana después en La Rance. Esta segunda vez es poco probable que fuera accidental y posiblemente remontó el río y la esclusa adrede. Ahora se ha hecho una vecina más del puerto de Mordreuc, es famosa y sale hasta en las postales.

 

Pues la pobre Josefina se ha puesto enferma y no saben lo que tiene. El 23 de julio la llevaron al Oceanopolis de Brest para ver si los veterinarios diagnosticaban la causa de pérdida de peso (de sus 90 Kg ordinarios a 43). 

 

Aunque poco a poco va engordando, la verdad es que todos los análisis y pruebas que le han hecho han sido normales, y la situación tiene perplejos a los veterinarios. 

 

Nosotros dijimos que lo que le faltaba era una foca macho que se atreviera a pasar las esclusas como ella, y a lo mejor está adelgazando por la soledad y la tristeza, por no poder formar una familia en ese sitio tan bonito que tienen que repetirte el nombre. Ojalá acierten con lo que tiene, y si no ojalá que la devuelvan a La Rance con un compañero, ya que parece que entre los machos de su especie no hay uno que tenga la curiosidad y la valentía que tuvo ella.

Mañana empezaremos nuestra navegación hacia el Este para recorrer Euskadi, y precisamente la primera etapa (que solemos pernoctar en Santoña) parece que quisiera gafarnos, porque acaban de aislar al pueblo durante 14 días por el coronavirus.   Os prometo que no lo hacemos adrede, aunque parezca que vamos buscando al virus para provocarle. En julio navegamos hacia el Oeste (las Rías Altas de Galicia) con los municipios costeros de Lugo confinados, y ahora que vamos hacia el Este resulta que confinan a Santoña.

Con cuidado, navegantes.






jueves, 3 de septiembre de 2020

El decano de mis tripulantes.

Hola navegantes.

En varias entradas de este blog os he hablado de navegantes veteranos, que con 70, 80 o 90 años se han lanzado a travesías oceánicas o incluso a dar la vuelta al  mundo a vela en los más variados artilugios. La palma de la edad se la lleva Angela Besana, que con más de 100 años continúa regateando (entrada de 28-2-20), y la de la rareza Jean-Jacques Savin, que con 72 años atravesó el Atlántico en un barril (entradas de 27-12-18 y 10-5-19). En este enlace se habla de algunos de ellos:

Clic aquí.

Puede pensarse que es la filosofía "de perdidos al río" y que cuando tienes la mar de años y ya has hecho en la vida las cosas importantes, la muerte te da menos miedo (y por lo tanto el riesgo) ya que te queda poco que perder. Con ese criterio sería preferible morir en poco tiempo haciendo algo que te gusta que lentamente a lo largo de unos cuantos años de dependencia. Por otra parte la muerte es sólo una de las muchas maneras de perder la vida. Hay otras, como apalancarse en un trabajo aburrido e improductivo o en el butacón delante de la telebasura, y hay gente (de todas las edades) que elige el riesgo de la primera por cumplir su sueño.

Traigo esto a colación porque hoy he tenido la suerte de compartir una tarde de navegación con el que ha sido mi tripulante más veterano, Higinio, con 92 años. Nació en Santander y se introdujo en el mundo náutico a través de las traineras. Luego se pasó a la vela ligera, que aún practica en verano. Hasta hace poco se nadaba 1.500 metros varias veces a la semana. Siempre recordaré en un remolque, frente a su casa en Madrid, su velerito 420 amarrado durante los duros inviernos. Con él introdujo en la vela a sus 8 hijos y uno de ellos, Mario, me acompaña habitualmente en las travesías con el Corto Maltés.

Sólo pudo hacer un curso de vela el hijo mayor, que luego fue enseñando a los hermanos. Navegaban sobre todo en los pantanos de Madrid, especialmente el de Entrepeñas, donde dormían en un refugio, y en verano en Gandía, donde veraneaba la familia. El barco dormía en la arena y lo botaban cada día desde la playa, y cuando había olas era un espectáculo pues con la inconsciencia de la adolescencia, tolerada por Higinio y con el pánico de su madre, al volver a la playa lo hacían planeando una ola con la orza medio subida (no del todo pues entonces se cruzaba el velero y volcaban) avisando a los bañistas.

Un verano recorrieron parte de la costa mediterránea con dos 420 desde Gandía hacia el Sur, durmiendo en las playas en sacos de dormir y duchándose en los campings. Un equipo les seguía en un coche por la costa para la intendencia.

Pues Higinio está pasando unos días en Santander y hemos disfrutado de una  bonita tarde de navegación, abriéndonos nuestra biblioteca interior para compartir las anécdotas náuticas y de todo tipo. El tiempo acompañó, pues hizo una tarde despejada, con viento del Nordeste de fuerza 3-4, con unas olitas de esas que derraman música en los oídos pero no frenan el barco, y con una temperatura agradable, lo que es raro con el Nordeste (suele ser un viento frío que te obliga a navegar bien abrigado). Nos recorrimos media bahía con Higinio a la caña, y yo bien animado al ver que alguien que por su edad sólo debería estar para dejarle el sitio en el autobús, aún tiene energía, habilidad y reflejos para saltar a un velero y patronearlo. Gracias, Higinio.

martes, 1 de septiembre de 2020

En septiembre recorreremos Euskadi.

 Hola navegantes.

En la entrada del 19-4-20 os informaba que la Covid-19 nos obligaba a abortar la vuelta a Italia prevista para este año, y de las navegaciones alternativas.

 

En el mes de julio fuimos a las Rías Altas y en septiembre estábamos con ganas de ir a la bahía de Arcachon, donde ya estuvimos en 2014 y de la que tan buenos recuerdos tenemos.

Por desgracia la situación actual de los rebrotes hace muy incierto el viaje a Francia, arriesgándonos a una cuarentena imprevista, y por eso vamos a limitarnos a recorrer la costa de Euskadi. Será una navegación sin prisas, intentando entrar a los pocos puertecitos de esa Comunidad que nos quedan por conocer. Así que a finales de esta semana volveremos a arremangarnos para salir a navegar, y en este blog os iré contando, como siempre, las anécdotas y sucedidos.

Y respecto a ir navegando a Venecia, mantendré esa ilusión  mientras el Corto  Maltés mida 23 pies, y ojalá pueda ser en 2021.

Con cuidado, navegantes.