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sábado, 16 de mayo de 2020

Más noticias del Baluchon.


 Hola navegantes.

 Os cuento algunas novedades deYann Quenet, del que os conté el 13 de mayo que había llegado de Europa a la Polinesia en un velerito de 4 metros de eslora construido por él mismo, el Baluchon.

Cuenta que su vida en la isla es fenomenal y sus habitantes muy hospitalarios. Hay muchos paseos para hacer y rutas senderistas de buen nivel, ideales para poner en forma las piernas después de 44 días de casi total inmovilidad. Tuvo la suerte de poder echar pie a tierra sólo dos días después de su llegada, al comprobar las autoridades que en realidad llevaba 44 días de cuarentena, los que había pasado en el mar sin contacto con ningún ser humano. Incluso el toque de queda que había a partir de las 20 h se ha levantado, así como otras restricciones. En la foto el Baluchon amarrado a un  muelle junto a otros veleros, donde se ve que en realidad abulta como un anexo (comparar con la zodiac en primer plano).

La navegación entre unas islas y otras no está autorizada, aunque todos esperan que lo esté pronto. De momento sólo se permite rodear Hiva Oa en un radio de 2 millas. Por eso Yann está aprovechando la escala para el mantenimiento del velero, especialmente la patente. La varada no supone ningún problema para un barco tan pequeño. Un simple carretillo con pluma lo saca del agua, igual que al Corto Maltés cuando tenemos que montarlo en el camión:









 Otra ventaja es la poca pintura que necesita. El astillero Marquises Maintenance Service  le ha donado los restos de los botes de pintura que van dejando los barcos más grandes, y con esos restos ha carenado (en las fotos, el antes y el después):



La patente la dio al salir de Lisboa hace un año y había sido muy eficaz hasta el Pacífico. A partir de ahí fue completamente inútil, y ya conté que se había tenido que tirar a limpiar el casco buceando hasta que le rondó un tiburón. 

Respecto a sus planes, si no le permiten navegar entre las islas para conocerlas, planea hacer rumbo a Tahití dentro de 2-3 semanas, las Islas de la Sociedad, las Fidji y Nueva Caledonia. ¡Casi nada!.

 ¡Con cuidado, navegantes!.

jueves, 14 de mayo de 2020

Dibupoema "Maretazos, poema 30" (Jesús Cancio).


Maretazos, poema 30 (Jesús Cancio).

Carpintero de ribera,
hazme un barquito de oro
para llevar mi redera
como si fuese un tesoro
más allá de la escollera.

Haz un barco de oro fino
con aparejo de plata,
tan ágil y peregrino
que no haya bajel latino
que le venza en la regata
ni le aborde en su camino.

Ponle sin tardar la quilla,
que se muere mi chiquilla
por cruzar el mar de altura
a bordo de una barquilla
de gentil arboladura;

que está triste y ojerosa
de tanto mirar en vano
a la extensión luminosa
cuando a la tarde se posa
el sol sobre el Oceano;

que en la noche más serena
el cielo y sus luminarias
recuerdan a mi sirena
un tapiz de pasionarias
encendidas por la pena.

Haz un barquito arrogante,
buen calafate norteño,
que quiere llevar su dueño
a una niña mar avante,
a la perla más brillante
que brotó de un mar de ensueño.

¡Hazme un barquito al instante,
carpintero ribereño!.

Aquí el dibupoema (clic encima): 


miércoles, 13 de mayo de 2020

A por la vuelta al mundo en un velero de 4 metros.

Hola navegantes.

Yann Quenet, un francés de 50 años, ha atravesado el Atlántico y el Pacífico en un velero de 4 metros  y 400 kg de peso, construido por él mismo con un presupuesto de 4.000 euros. La última etapa salió de Panamá, llegó a Hiva Oa, en las islas Marquesas, tras 44 días de mar en su velerito "Baluchon". Ahora pretende continuar para terminar una vuelta al mundo.




Hace 5 años Yann lo intentó saliendo de Francia en otro velero 35 cm más largo, pero muy ancho ("parecía un ladrillo"), pero naufragó entre España y Cabo Verde. No le dio tiempo a sacar la balsa salvavidas y acabó en calzoncillos encima del barco volcado, con la suerte de que le rescató un mercante portugués cuando llevaba en esa comprometida situación 48 horas. El velero no fue capaz de enderezarse solo. Por cierto, uno de los inconvenientes de las patentes autopulimentantes (son las pinturas para la parte baja del barco, con la función de que no se peguen algas y caracolillos, y las de tipo autopulimentante son las que se van desprendiendo al navegar) es que son tan resbaladizas que si el barco vuelca no eres capaz de subirte ni mantenerte encima del barco volcado. En esa posición se convierte en un tobogán.

Tras este fracaso, diseñó un barco autoadrizable (que se desvuelca solo) y nació el "Baluchon". Parte del truco consistió en ponerle espuma de flotabilidad de forma asimétrica en las dos mitades del casco (babor y estribor) para que al volcar una parte flotase más que la otra y se enderezase solo, incluso lleno de agua. Además la quilla termina en un pesado bulbo que hace efecto "tentetieso":



El barco no lleva motor, y las maniobras cuando falta viento o en el interior de los puertos las hace con un único remo por la popa:



Para este segundo intento salió de Canarias con el objetivo de continuar la aventura donde la interrumpió con el barco anterior. Desde Canarias fue capaz de cruzar el Atlántico hasta Guadalupe, donde paró algunas semanas antes de dirigirse a Panamá. Allí continuó su Purgatorio, porque las tarifas del Canal son para millonarios, no se puede pasar el Canal sin motor, y las autoridades del Canal no sabían qué hacer con semejante minivelero. Yann lo resolvió atravesando el istmo de Centroamérica por carretera, en un remolque. Con la mala suerte que lo botó en el Pacífico 100 metros antes del final oficial del Canal de Panamá, donde fue detenido con el argumento de que estaba navegando por el canal sin motor.



Le remolcaron hasta una zona militar, donde le hizo la inspección del barco un soldado de 1,90 metros de estatura que no cabía en el barco ni a gatas. Yann dice que su principal problema durante la inspección era aguantarse la risa, y al acabar los soldados se hicieron una foto con el barco porque nunca habían inspeccionado algo tan pequeño. Finalmente le dejaron seguir, pero ya había llegado el coronavirus y los trámites para abandonar Panamá se habían paralizado. En vez de pagar una mordida para poder despedirse de América se marchó en plan pirata, esquivando los grandes mercantes y portacontenedores que salen del Canal, para afrontar un mes y medio de vela en solitario hasta las islas del Pacífico.


Pese a su pequeño tamaño, el Baluchon está muy bien aprovechado en sus espacios interiores, la cabina cerrada llega hasta la misma regala (el mismo borde del casco) y hasta el espejo de popa, y Yann se ha acostumbrado a estar cómodo en su pequeño  mundo. Viendo estas fotos del interior compruebo que es casi tan grande como el Corto Maltés, que tiene seis metros y pico.






En el Pacífico disfrutó de los alisios y padeció la zona de calmas ecuatoriales. A mitad del camino comprobó que su velocidad era ridícula, y buceando pudo descubrir que tenía el casco colonizado por anatifas, unos moluscos de las aguas tropicales que con su resistencia al agua no dejan avanzar a los barcos. Los despegó buceando, pero no volvió a bañarse hasta las Marquesas, porque en mitad de la tarea le obligó a salir del agua un tiburón de 2 metros que le rondaba.


Al llegar a Hiva Oa le esperaba otra sorpresa, que la Polinesia estaba también en cuarentena por el coronavirus. Deseando descender a tierra, los otros barcos fondeados le informaron de que estaba prohibido. La Polinesia aplica una cuarentena de 14 días a todos los barcos que llegan a sus costas, sin posibilidad de desembarcar. Gracias a la solidaridad de los otros trasmundistas pudo sobrevivir, porque le hacía falta agua y comida, que le ofrecieron en el fondeo. Frutas, huevos, chocolate, cerveza... cuánto lujo!.


Ahora sólo le queda resignarse por el bien superior de la salud, como hemos hecho todos,  y esperar el mejor momento para seguir hacia Australia. Le deseamos lo mejor y seguiremos sus pasos.

Con cuidado, navegantes.

martes, 12 de mayo de 2020

Dibupoema "Si la muerte pisa mi huerto" (Joan Manuel Serrat).


Si la muerte pisa mi huerto (Joan Manuel Serrat).

Si la muerte pisa mi huerto
¿quién firmará que he muerto
de muerte natural?

¿Quién lo voceará en mi pueblo?
¿Quién pondrá un lazo negro
al entreabierto portal?

¿Quién será ese buen amigo
que morirá conmigo,
aunque sea un tanto así?

¿Quién mentirá un padrenuestro
y a rey muerto, rey puesto
pensará para sí?

¿Quién cuidará de mi perro?
¿Quién pagará mi entierro
y una cruz de metal?

¿Cuál de todos mis amores
ha de comprar las flores
para mi funeral?

¿Quién vaciará mis bolsillos?
¿Quién liquidará mis deudas?
A saber…

¿Quién pondrá fin a mi diario
al caer
la última hoja en mi calendario?

¿Quién me hablará entre sollozos?
¿Quién besará mis ojos
para darles la luz?

¿Quién rezará a mi memoria
Dios lo tenga en su Gloria,
y brindará a mi salud?

¿Quién hará pan de mi trigo?
¿Quién se pondrá mi abrigo
el próximo diciembre?

¿Y quién será el nuevo dueño
de mi casa y mis sueños,
y mi sillón de mimbre?

¿Quién me abrirá los cajones?
¿Quién leerá mis canciones
con morboso placer?

¿Quién se acostará en mi cama,
se pondrá mi pijama
y mantendrá a mi mujer,

y me traerá un crisantemo
el primero de noviembre?
A saber…

¿Quién pondrá fin a mi diario
al caer
la última hoja en mi calendario?


Aquí el dibupoema, con las estrofas de arriba en rojo: 


Y aquí la canción:




Postdata: como la dibucarta del 2 de marzo no la saca ningún italiano, la puede intentar cualquiera y se la regalo al que la acierte.

domingo, 10 de mayo de 2020

Delfines fluorescentes.

 Hola navegantes.

Patrick Coyne filmó hace una semanas, en Newport, en la costa californiana, esta escena increíble de delfines jugando alrededor de su velero en plena noche. Se sacan dos conclusiones. La primera que los delfines no duermen por la noche, pero eso ya lo sabemos los navegantes porque a menudo nos acompañan. Por cierto, como no los ves venir por la oscuridad, cuando los oyes casi te caes de espaldas porque de repente escuchas unos resoplidos muy cerca por el costado, como si estuvieras en una película de Bitelchús. Cuando comprendes que son ellos ocurre lo contrario, te da tranquilidad saber que no estás solo en la noche.

La segunda, que como muchos otros seres vivos secretan un a encima, la luciferasa, que oxida la luciferina contenida en el fitoplancton. En las noches de buen tiempo, la energía producida por esta oxidación se transforma en fuente luminosa.




Podéis ver el vídeo de los delfines fluorescentes aquí:

Clic aquí.

Si os fijáis bien, la fluorescencia no es de ellos mismos sino del plancton que se ha activado a su paso, porque también es fluorescente la estela que dejan en el agua.

Hay unas 700 especies marinas que disponen de esa luciferina (gusanos, caracoles, medusas, etc) además del fitoplancton,  y también muchos insectos, los más conocidos las luciérnagas.Todos ellos pueden hacerse luminosos en determinadas circunstancias. Nosotros hemos visto muchas veces medusas fosforescentes, cuando navegando de noche empiezas a ver en la estela bolas luminosas, como balones de fútbol, y son ellas, agitadas por los remolinos del velero. Se llaman "Pelagia Noctilucas" y son capaces de emitir destellos de luz cuando se encuentran en peligro (supongo que pasarles por encima un velero lo consideran un peligro, en mitad de la calma de la noche, porque nunca las vemos por la proa o por los costados, siempre en los remolinos de la estela).
 
Podéis ver el vídeo de las medusas aquí:

Clic aquí.

Clic aquí.

Otras veces la fluorescencia se produce en las olas que llegan a la playa. Se debe a las llamadas "chispas marinas" o noctilucas (mismo nombre) unos organismos microscópìcos, que cuando se asocian a unas algas y entran en contacto con el oxígeno aportado por la agitación del agua en las olas, que oxida la luciferina, hacen brillar las rompientes.

Podéis ver el vídeo de las olas aquí:


Clic aquí.

Con cuidado, navegantes.