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martes, 7 de junio de 2016

La isla de Pianosa.

Hola navegantes.

Si creíais que el culebrón de ayer con los ormeggiatori se había terminado, estabais muy equivocados. No sé si os dije que nos colocaron debajo de la grúa. Pues hoy a las 8 vino el gruista y nos dijo que allí no se podía estar a partir de las 8, que necesitaba el muelle para botar los barcos. Busqué a Pascualino, el padre de los dos amarradores que aunque debe estar jubilado, hace las veces de autoridad cuando sus hijos no están. Se parece al enanito gruñón de Blancanieves, pequeño, con su barbita blanca y un solo diente. Llamó a Alessandro, su hijo y el que nos colocó ayer, y dijo que nos marcháramos tranquilos, que allí mandaba él. Les advertí que no se les ocurriera moverme el barco, porque estamos en una zona de poco fondo y no quiero que me le choquen con una roca. Y nos fuimos en ferry a Pianosa con la incertidumbre de lo que pasaría.

Pianosa fue una isla penitenciaria hasta los años 90, y al dejar de serlo ha quedado como una isla fantasma, con edificios a los que no se ha dado otro uso y que se están cayendo.  Hemos hecho una visita en bici de montaña a toda la isla, muy aleccionadora. Aparte de los edificios abandonados y sus historias vimos Il Porticiolo, el puerto de la isla que ya no se usa porque está prohibido navegar en todo el entorno de la isla y los ferries usan uno exterior más grande.

En la cafetería conocimos a César, un uruguayo que está cumpliendo condena y trabaja de camarero. Aunque en Pianosa ya no haya cárcel, mandan a trabajar aquí a internos de la cárcel de Porto Azzurro. Está razonablemente adaptado a su vida, cuando le dan permisos reside en La Espezia, y conoce varias ciudades españolas. Charlamos un rato con él en castellano, que decía que se le estaba olvidando, y nos despedimos deseándole lo mejor. Es el moreno que sale en la foto a la izquierda del Papa, cuando visitó Pianosa.

La foto del fresco que muestra un penado anciano al lado de un ángel es la de la capilla del cementerio. Un preso que pintaba bien decoró esa capilla, la iglesia de la isla y la casa del director. A cambio se le dejaba vivir fuera de los muros, en la zona libre de la isla.

Cuando había reclusos ser cultivaban vides y se fabricaba un vino local. Además de la botella de la foto, que está vacía, se conserva una con vino de los años 50. Ahora no queda ni una sola vid en la isla. Y la foto con el todoterreno es de la llamada Torre de Babel, una estructura en espiral que se construyó al parecer sin ningún objetivo, sólo hacer trabajar a los presos. Más tarde se usó como búnker en la guerra mundial y como cisterna de agua.

Al volver a Marina de Campo el Corto Maltés ... seguía en su sitio. ¡Uf!

Hasta mañana navegantes.

Los "ormeggiatori" italianos.

Son los amarrados de los puertos, y al final os diré algo de ellos.

Ayer salimos de Porto Azzurro con un día de auténtico verano que se mantuvo hasta la noche. Queríamos conocer una cala llamada "de l'Innamotata", o sea, de la enamorada. Teníamos que doblar la Punta Calamita ("Punta del Imán") en el extremo sudeste de Elba. Esta Punta está llena de exploraciones mineras que se ven desde el mar. Esta zona, como Portoferraio, tiene el subsuelo muy rico en minerales de hierro, hasta el punto que se han informado alteraciones magnéticas que afectan a los compases de los barcos. Por eso no me extrañó el nombre de la punta. Aunque fui pendiente de mi compás no pude detectar ninguna anomalía, para lo que supongo que harán falta instrumentos de precisión.

Al mediodía llegamos a la cala, que nos decepcionó porque estaba llena de sombrillas, tumbonas, chiringuitos y demás. Lo que si es impresionante es su acceso, hay que contornear dos islotes llamados "los gemelos", entre los cuales no se puede pasar por haber escollos. Más preocupante aún que un escollo situado en 42º42,949 N y 10º22,239 E, y que según el Navionics está a 2 metros bajo el agua, es una roca que vela a ras de la superficie y no la ves hasta que estás encima ella. Menos mal que yo adopto la precaución básica de pasar a un través de dedo (en el zoom más grande) de todos los peligros para dejar un margen a los posibles errores cartográficos o de posición del GPS, porque si no le hubiera pasado por encima confiado en mí metro cuarenta de calado con la orza bajada.

En esa cala comimos y hacía tanto calor que estrenamos el toldo. Luego vinimos dando bordos a Marina del Campo. Justo antes de llegar el viento, que había sido del SW todo el día, roló al NW y al venir de tierra y encajonarse en el valle, soplaba racheado y con mucha fuerza, entrando de lleno en el puerto. En la punta del espigón me esperaba el ormeggiatore. Me dijo que tenía que echar mi ancla por popa por lo menos con 40 metros de cadena (no los tengo ni para el ancla principal, la de proa) porque el viento en ese momento era muy fuerte y podía echarme contra el muro del muelle. Más dentro había un atraque libre con fondo de 1,5 metros y costaba 50 euros la noche. Mientras empalmaba distintos cabos plomados para conseguir los 40 metros se acercó otro navegante con su zodiac y me contó que la noche anterior se había amarrado en ese muelle, el ancla le garreó y tuvo que cambiarse a un fondeo en la playa para no chocar con el muro.

En ese momento la decisión estuvo clara. Mañana vamos a visitar la isla de Pianosa en ferry (no está permitido ir con tu barco) y vamos a dejar el barco 12 horas sin vigilancia. Si fondeásemos en la playa no tendríamos forma de desembarcar para coger el ferry ni conocer el pueblo. Y si nos quedaramos en el muro, nuestra ancla de popa es sin duda peor que la del barco que nos contó sus problemas, que es mucho más grande que el Corto Maltés. El riesgo era muy alto y decidimos utilizar la plaza más segura, aunque éramos conscientes de que estaban abusando de nuestras circunstancias. Al desembarcar le pregunté al ormeggiatore que dónde estaban las oficinas para ir a pagar, y me dijo que no había, que era el bar. Me acordé de un consejo de la guía Imray, en el sentido de no ponerte chulo los ormeggiatori y resignado me limite a negociar un descuento por quedarnos dos noches, como así fue.

Mañana, como os dije, iremos a Pianosa en ferry. Es una reserva natural y la visita nos llevará todo el día.

Hasta mañana navegantes.

domingo, 5 de junio de 2016

Esto sí es el verano.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Cavo para pasar un día relajado y avanzar un poco hacia el sur. Como hacía un día de auténtico verano nos propusimos fondear en la isla Palmaiola, frente a la punta Nordeste de Elba, para pasar el día y bañarnos. Está deshabilitada y sólo tiene un faro en su cima. Por el camino nos hizo desviarnos de nuestra ruta el ferry que une Elba con el continente. En alta mar tenemos preferencia los veleros sobre cualquier barco de motor, incluso un mercante o un ferry, pero no suelen hacer caso. Fijaos cómo va decorado, como si fuera el arca de Noé.

Suponemos que por ser domingo, la cala a sotavento de la isla estaba llena de barcos, pero a pesar de ello había sitio para todos, el agua estaba maravillosa y decidimos quedarnos.

Después de comer nos vinimos a Porto Azzurro, una navegación de 15 millas a vela, dando algunos bordos porque el viento nos venía de cara, pero muy agradable. Porto Azzurro es un pueblo construido por los españoles en el siglo XVI.  Tiene un fuerte que domina la bahía y que hasta finales del siglo XX fue prisión de delitos políticos y mafiosos. El puerto en origen se llamaba Porto Longone, y en italiano "Longone" se hizo sinónimo de delincuente o mafioso. Por eso se le cambió el nombre por el de Porto Azzurro, para atraer turismo quitándole esa connotación negativa. Hemos rodeado el fuerte y ahora parece estar abandonado. Desde él se tienen unas vistas espectaculares de la bahía.

En el espigón del puerto hay un cartel enorme que dice: "Marina de Porto Azzurro, el oasis de los dioses", y está ocupado por esculturas de dioses mitológicos, entre otros Neptuno en un sitio privilegiado para que se le vea al entrar. Aparte de esto, el pueblo nos ha parecido volcado al turismo, lleno de restaurantes, tiendas de modas y heladerías, y nada más.

Mañana intentaremos llegar a Marina di Campo, de donde salen los ferries para visitar la isla de Pianosa, que es reserva natural y no dejan entrar con tu barco. Hasta mañana navegantes.

Empezó mal y terminó bien.

Hola navegantes.

Se pasó el chubasco de la mañana y al final hizo un día de auténtico verano. A las 11 vino el marinero a preguntar si nos quedábamos o nos íbamos, porque estaba organizando los sitios para los que llegasen el sábado. Llamé a las dos marinas de Cavo, nuestro siguiente puerto de destino, y la primera estaba llena pero por suerte la segunda, el Círculo Náutico de Cavo, si tenía sitio. Es una marina enana, con calado de 2 metros en la punta de los pantalanes (son sólo 3 pantalanes) y de menos de 1 metro en la base de las mismos, pero que a nosotros nos ha servido.

Salimos de Portoferraio esta vez por la izquierda, como debe ser, y nos quedamos en la cala de Nisporto. Al llegar estaba vacía y nos amarramos a una boya de las decenas que había, todas vacías. Luego llegaron otros dos veleros. Allí hemos pasado el día y yo me he dado el primer chapuzón de este viaje y el agua estaba calentita, algo sorprendente para nosotros los del Norte. Aproveché para bucear el barco y donde tuvo la reparación no se nota nada, ha quedado flaman.

A media tarde fuimos a doblar la Punta Nordeste de Elba, que se llama Cabo de la Vida, entre la Isla de Topi (de los Topos) y Elba. Y enseguida apareció el puerto de Cavo, que se distingue porque fuera tiene un muelle enorme para los transbordadores que vienen del continente, donde está absolutamente prohibido amarrar.

Después de colocarnos y hacer los trámites hicimos una excursión a la cima de la colina donde está el mausoleo Tonietti. Es una edificación con forma de torre, preciosa, que se ve desde el mar, construida a principios de 1900 como mausoleo funerario para la familia Tonietti, que explotaba la minería en Elba. Finalmente no se les autorizó el uso funerario y tal vez por eso está en estado de abandono. Es una pena, porque la torre de granito con vetas de colores es preciosa, con esculturas muy simpáticas, entre otras un barco como saliendo de la pared. Sería un lujo estar enterrado allí, en la isla donde vivieron y con vistas a los islotes que la rodean, que seguramente fueron parte de su infancia y de su vida. Porque la verja de hierro que protegía la entrada está rota y se puede subir, por una escalera estrechísima, a lo alto de la torre desde donde se ven a través de un óvalo en el granito. La escalera tiene un trozo roto y es un peligro que se pueda usar, pero así está.

Después recorrimos el pueblo en bici, y es enternecedor que tiene hasta Cinema, pero ¡qué cutre!. El sitio nos ha encantado, no como Portoferraio, y la chica de la marina me ha asegurado que en junio ellos tienen sitio siempre. Claro, con ese calado no serán muchos los veleros que les pidan entrar.

Hasta mañana navegantes.

sábado, 4 de junio de 2016

Más chubascos.

Hola navegantes.

Nos las prometíamos tan felices para Elba, de cala en cala tomando el sol y descansando de las largas travesías, y estamos de nuevo recluidos por la lluvia. Ha caído un chubasco de los que sueltan cuerdas de agua. Hoy celebran en Elba las fiestas napoleónicas, y empezamos a ver por la calle decenas de Napoleones con sus fusiles de avancarga y todo. Luego desfilaron, y cuando iba a empezar el espectáculo descargó el chubasco. Daba pena verlos volver a sus coches impasibles bajo la lluvia, porque aire marcial no lo perdieron. Esperamos que escampe pronto para seguir circunnavegando isla en el sentido de las agujas del reloj.

viernes, 3 de junio de 2016

¡Lo conseguimos!

Hola navegantes. Ya estamos en la isla de Elba. Esta mañana salimos de San Vincenzo con pronóstico de vientos flojos, pero hizo un día tranquilo de verano y pudimos venir navegando a vela hasta Portoferraio, la capital de Elba. 22 millas en seis horas y media.

En las primeras fotos podéis ver nuestras caras de satisfacción por haberlo conseguido, a pesar de los escollos del camino, fundamentalmente el accidente con el remolque y luego nuestros escarceos con el mistral. También van algunas fotos de la entrada a Portoferraio, que es espectacular. Primero se deja a estribor un islote llamado Lo Scoglietto, algo así como El Escollito, que nos recordó a nuestra isla de Mouro, y luego se pasa bajo un castillo y una ciudadela.

En la cartografía ponía un aviso de que al puerto de Portoferraio hay que entrar por la parte izquierda del canal en vez de por la derecha como es lo habitual. Pues lo hice mal por aquello de "¿dónde va Vicente?. Donde va la gente". En efecto, me fijé en lo que hacían los demás barcos, que era entrar por la derecha, y yo fui detrás. Pensé que tal vez el aviso fuera solo para lo ferries. Pero luego lo pregunté en la capitanía y me confirmaron que es una norma para todos los barcos. Sólo hay dos puertos en Italia en que se entra por la izquierda, Portoferraio y Brindisi. Pero la gente no lee las notas de la cartografía y todos entran mal, hasta que un día haya un accidente.

Cuando llegamos el puerto estaba vacío, eran las 16 h. Nos situaron al lado de los barquitos de pesca. Pero a lo largo de la tarde fueron llegando barcos de chárter hasta llenar toda la dársena. Al lado nuestro han amarrado los "macho-man", un velero de chárter con 8 machos a bordo de los que tienen que demostrarlo, y que llevan hasta una muñeca inflable en la botavara. De un gusto patético. Me parece que nos van a dar la noche y van a estropear nuestra perspectiva de la isla.

Esta semana es especial en Italia por su fiesta conmemorativa de la República, y nos han dicho que el puerto está lleno todo el fin de semana. Mañana tenemos que ver si nos encuentran un hueco, y si no empezaremos a contornear la isla recalando en otros puertos, y volveremos a Portoferraio al final del giro.

La tarde la hemos dedicado a una primera vista general de la ciudad. Se visita la casa donde estuvo exiliado Napoleón (es la de la fachada amarilla) y explotando la imagen del ilustre prisionero, han hecho hasta una cerveza que se llama "Birra Napoleón". También nos ha llamado la atención que en la iglesia los bancos están reservados por familias, con un cartelito diciendo a quién pertenece.

Bueno, y no os cuento más porque ya han vuelto los macho-man de cenar y ha empezado el sarao. ¡Qué vida ésta!. Tres semanas navegando para llegar a Elba y acabar a un metro de los descerebrados.

Hasta mañana navegantes.

jueves, 2 de junio de 2016

Nos salió bien la jugada.

Hola navegantes.

Al final nos decidimos y la jugada de dados  nos salió bien. Como daban lluvia hasta el viernes y, con todos los respetos a Solvay por los puestos de trabajo que mantiene, no nos apetecía pasar 3 días a su sombra, en una escampada salimos de Cala de Medici. Y a pesar que había anunciadas tormentas para la tarde, no nos mojamos en todo el camino, viniendo hasta San Vincenzo en un solo bordo de un través. Veinte millas en 4 horas, con puntas de más de 7 nudos al coger las olas.

La entrada a San Vincenzo tiene también su dificultad con olas del SW, las que había hoy, porque hay que atravesarse a las olas y a veces son rompientes, ya que dentro de los espigones hay una playa. Entramos con la mayor izada para mantener la maniobrabilidad si fallase el motor (siempre me pongo en lo peor para que no ocurra) y bajamos las velas dentro del puerto. Por cierto, está mañana al salir de Cala de Medici, que también lo hice con la mayor izada, me dijo un marinero que en Italia está prohibido.

Por si las olas fueran poca dificultad, hay otra incomprensible. En el espigón de babor, el de la baliza roja, han colocado la escultura de cobre de un marinero, que con el tiempo ha adquirido color verdoso y desde el mar parece la baliza verde, la del espigón de estribor. Podéis verla en la primera foto con la isla de Elba, nuestro objetivo, detrás, ya al alcance de la mano. Le comenté esta dificultad al que nos recibió las oficinas de la marina y se sonrió y dijo que ya se lo habían comentado otros navegantes. ¿Estarán esperando a que haya un naufragio para moverla al espigón de estribor?

Todo el espigón, hasta la baliza roja y la escultura del marinero, está coronado por un paseo marítimo que con mal tiempo debe ser peligroso y está prohibido utilizar, pues olas lo salpican. Y desde él se ven las playas, que también están inundadas de restos de posidonia, que están retirando con maquinaria pesada.

Al llegar a San Vincenzo nos hemos enterado de que hoy es fiesta nacional en Italia, el día de la República, y fijaos que en lugar de hacerlo un día festivo, los comercios trabajan más. En vez de cerrar a las 20 horas, como siempre, hoy cierran a media noche.

Mañana, según la meteorología, seguiremos descendiendo por el continente hasta la Punta Falcone o daremos el salto definitivo a la isla de Elba.

Hasta mañana navegantes.

Enclaustrados en Cala de Medici.

Bueno, aquí seguimos enclaustrados por la lluvia. Para que veais la realidad de las vacaciones a vela en el Mediterráneo. Para aderezar la situación os adjunto el vídeo de cómo estaba el mar el día que nos quedamos enclaustrados en Portbou, al principio del viaje. Se prevé una mejoría para por la tarde, ya veremos.


miércoles, 1 de junio de 2016

Otra de mal tiempo.

Hola navegantes.

Hoy queríamos llegar Ana y yo a Cecina, un puerto a mitad de camino de la Punta Falcone desde donde saltaremos a Elba. Pero amaneció lloviendo y así ha pasado todo el día. A las 12.30, hartos de esperar a que escampase nos decidimos a salir.  Pero fuera nos encontramos un viento del SW y olas de 1,5 metros del mismo sector que, junto a la lluvia, hacían la navegación incomodísima. Íbamos sólo con el génova a 4 o 5 nudos pero bien zarandeados. Como hemos venido de vacaciones y no a sufrir decidimos acortar la etapa y meternos a refugio en Cala de Medici. Es una pena porque el paisaje era precioso, lleno de pueblecitos de esos en que las casitas parecen participar en un concurso de humildad, todas preciosas pero sin destacar ninguna. Pero como había que mirar a cada ola que atacaba por el través no podíamos disfrutar de su visión.

Cala de Medici es un puerto moderno, de hace 20 años, al lado de una petroquímica que afea el paisaje desde muy lejos. La entrada es un poco peliaguda con olas del SW como las que había hoy, porque hay que atravesarse a ellas para entrar. De hecho eran tan grandes que un poco más cerca de la playa había surfistas cogiéndolas. Pero dentro el refugio es excelente.

La chica de recepción no supo decirme por qué se llama Cala de Medici. En otras guías la llaman Rosignano Solvay, en honor a la industria química que la rodea. En la guía Imray alaba sus playas de arena blanca, abarrotadas en verano, aunque estas playas blancas al lado de una Industria química a veces se deben al blanqueamiento por las lejías que vierten al mar.

La marina es moderna y tiene hasta acceso para sillas de ruedas a los pantalanes, algo que yo no había visto todavía. Por lo demás, ahora en temporada baja, está desierta y como muerta. Hemos ido a ver el pueblo, Castiglioncello, con toda la ropa de aguas. Como su nombre indica, tiene un castillo pero no antiguo, es del siglo XIX. 

También un paseo paralelo al mar para recorrer sus númerosas playas, todas rodeadas de rocas y haciendo pequeños puertos para barcas pequeñas. Cada playa tiene un bote de salvamento como el de la quinta foto, de remos. Curiosa forma de ir a rescatar a un ahogado, remando. En las playas estaban retirando la posidonia muerta haciendo auténticas montañas que olían mal, como la de la foto.

Para despedirnos hoy, una foto del Corto Maltés en Cala de Medici, pero tened en cuenta que la ducha solar de la cubierta hasta ahora, que llevamos ya un mes navegando, sólo ha estado de adorno. Para mañana se anuncia que seguirá la lluvia y no hemos decido qué hacer. Sobre la marcha.

Hasta mañana navegantes.