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sábado, 21 de mayo de 2016

Isla de Santa Margarita.

Hola navegantes.

Hoy nos hemos quedado en la isla de Santa Margarita, en la entrada de Cannes.  Forma parte del archipiélago de las Lérins, constituido por dos islas, Santa Margarita y San Honorato, y algunos islotes.

Nuestra idea inicial era ir a San Honorato, que tiene un puerto y pasar allí la noche. Pero nos dijeron que ya no tiene un metro de calado como afirma la guía Imray sino 80 cm, y esa diferencia fue suficiente para decidirnos. El Corto Maltés cala 70 cm con la orza subida y cualquier olita nos haría chocar con el fondo. Pero el cambio fue providencial, porque hoy sábado todo Cannes estaba en el estrecho entre Santa Margarita y San Honorato y aquello parecía El Puntal un domingo de verano.

El problema es que pensábamos que Santa Margarita no tenía pantalanes accesibles y por tanto tendríamos que fondear y llegar a la isla a nado. Pero llegamos los primeros y enseguida preguntamos al patrón de un velero que salió cepillándose dientes. Debía haber dormido allí y conocer el sitio. Y en efecto nos dijo que el pantalán de las vedettes que desembarcan a los turistas, por su lado Este, era de acceso libre para estancias de hasta 6 horas, y que calaba más un metro y medio. Nos colocamos allí y hemos podido visitar cómodamente la isla. Además como es temporada baja nos vamos a quedar a dormir aquí y nadie va a decirnos nada.

En toda la isla está prohibido fumar. Está ocupada por bosque de pinos, algunos eucaliptos (una de las pistas que corta la isla de llama la Avenida de los Eucaliptos, y se trata de ejemplares centenarios), y hasta viñas. Tiene una laguna interior que se formó al inundarse una cantera de donde se sacaba la piedra para las fortificaciones, y que ahora es un observatorio ornitológico. Búnkeres de la guerra mundial, playas y paseos entre los bosques, esculturas en troncos de árboles, y especialmente un fuerte donde ahora se ha instalado un museo del mar, que reúne objetos sacados de algunos barcos que naufragaron en la isla y ahora duermen el sueño eterno bajo sus aguas. En este fuerte estuvo prisionero el hombre de la máscara de hierro, el hermano gemelo del rey Luis XIV cuando Francia era una monarquía, al que correspondía el trono y su hermano mantuvo encarcelado con una máscara para que nadie se diera cuenta cuánto se parecía al rey. Se visita su celda y se ve el agujero en la piedra por donde hacía sus necesidades.

A media tarde pasó la gendarmería francesa pidiendo los papeles de los barcos y revisando el material de seguridad. A nuestro vecino le cayó una multa por faltarle algún chaleco. A mi me llamó al pantalán y al ver por mi acento que no soy francés me preguntó por el pabellón del barco. Al contestarle que español dijo que entonces no tenía derecho a hacerme una inspección y no me pidió nada.

En la última foto, el sitio donde vamos a dormir hoy, en el pantalán pequeñito a la izquierda de la foto. Mañana intentaremos llegar a Mónaco.


En Cannes, cosmopolita y presumiendo de desmesura.

Hola navegantes.

Al final la noche en Cavalaire fue mala sólo en su primera mitad. De madrugada se calmó el viento, pudimos dormir un poco y amaneció en la calma más absoluta. Sorprendente.

Nuestra intención era llegar a Cannes, 36 millas para recuperar las que no hicimos el día anterior. Y estábamos resignados a  hacerlas a motor por el pronóstico de vientos flojos, de fuerza 3. Así salimos, pero a lo largo del día fue arreciado y pudimos hacer casi toda la navegación a vela, con espí y la vela mayor. En total fueron 36 millas en unas 9 horas. Además con un sol espléndido que nos hizo sacar ya la protección veraniega, o sea la sombrilla, y bañarnos por el camino.

A medida mañana nos alcanzó por babor el maxi-trimarán francés IDEC, que está entrenando por estas aguas. Ya coincidimos con él anteayer en mitad de la rasca (hasta él había reducido el trapo e iba con la mayor en el tercer rizo y con la trinqueta) pero ayer parece como si hubiera venido a saludar, porque viró a escasos 100 metros. Anteayer nos adelantó camino de Cavalaire y calculamos que iba por menos 5 veces más rápido que nosotros, o sea, a unos 30 nudos.

Al acercarnos a Cannes vimos a un kitesurfista que no conseguía arrancar a planear y se estaba dejando derivar con el viento y la corriente. Nos acercamos a ayudarle pero nos hizo la señal de que todo iba bien, un redondel con el índice y el pulgar, pero ya ya. Seguía derivando descaradamente sin conseguir salir del agua, y finalmente se acercó una zodiac a ayudarle.

La entrada a Cannes es después de rebasar las islas Lèrins,  que iremos a conocer hoy. Pero lo más sorprendente es la multitud de ferries y megayates que están fondeados en su entrada. Es un sitio de moda y más esta semana que celebra el festival de cine, pero su puerto es realmente pequeño. Los ferries fondean fuera y desembarcan a los pasajeros en los botes salvavidas, haciendo largas colas.

Tuvimos la suerte de que, pese al festival que lo tiene todo abarrotado, sí tuvieron sitio para nuestro barquito, y además por un precio módico (15 €). Fuimos a recorrer la ciudad entre celebridades (paseamos un rato detrás Miss Francia en traje de noche). Había un montón de chicos y chicas muy trajeados y con un cartelito pidiendo invitaciones para el estreno de Neon Demon o algo así, una película de modelos. Al parecer a los organizadores les interesa que acuda gente trajeada al estreno, y es una especie de ritual.

Más tarde recorrimos las dos marinas de Cannes para alucinar con el culto al millonario pretencioso y a la desmesura. Y en las siguientes fotos podéis ver a nuestros compañeros de pantalán. Megayates con helicóptero, defensa del tamaño de un microbús, tomas de corriente que parecen las de una central eléctrica de alta tensión, cestitos para dejar los zapatos de los visitantes y que no ensucien el suelo, etc. Otro concepto de la náutica. Al ir a ducharnos (por cierto, para mi una ducha muy original porque confundí el bote del gel con el del aftershave) uno de los megayates había organizado un sarao con música de discoteca a todo volumen que tenía muy contentos a los vecinos.

Hoy presenta Ana nuestra actividad de vela solidaria en el Congreso Nacional de Hematología y Oncología Pediátrica que se celebra en Santander. Deseadla suerte.

Hasta mañana navegantes.

jueves, 19 de mayo de 2016

Nevera nueva y una noche toledana.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Porquerolles temprano, a las 7.30, para una travesía corta. El pronóstico daba vientos del W de fuerza 6 y 7 por la mañana, que arreciarían a 8 por la tarde. Normalmente con este pronóstico no salimos a navegar, pero queríamos llegar al continente y no quedarnos retenidos en las islas, el viento nos vendría por la popa, y teníamos que recoger la neverita. Queríamos hacer las 20 millas que nos separaban de Cavalaire sur Mer antes de que arreciase a fuerza 8. Ni nos planteamos llegar a Ste-. Maxime, donde tenían la nevera, porque está después de un cabo tras el que nos tocaría una ceñida de aproximadamente una hora, algo imposible contra ese muro de viento impenetrable.

La travesía la hicimos sólo con el génova y fijaos cómo soplaría que con el génova reducido al 50 % hacíamos puntas de más de 6 nudos. A las 12 entramos en Cavalaire sin castañuelas, pero con una sensación de alivio indescriptible después de semejante travesía. Habían sido 20 millas en poco más de 4 horas. Y no os dejéis engañar por el sol radiante de las fotos. Ya os dije que aquí los temporales del mistral son secos, con un sol radiante y el cielo despejado. Y el mar poco agitado de la foto de Cavalaire porque ese puerto está precisamente en una ensenada protegida del mistral.

Una vez comidos y tranquilizados nos fuimos en autobús a Ste-. Maxime, donde nos tenían reservada la nevera y donde no pudimos llegar a vela. Una hora y media de autobús de ida, parando en todos los pueblos, y otro tanto de vuelta. Y al volver a Cavalaire ir a hacer la compra sin tiempo de pasar por el barco y trayendo lo del súper en el saco de las velas. Una tarde apoteósica.

Por si fuera poco, al anochecer el viento está arreciando y ya tiene fuerza de temporal (se han medido rachas de fuerza 9). Aunque estamos en una marina muy bien protegida y hemos duplicado las amarras, el barco se mueve como si estuviera navegando en un día de los malos. No creo que podamos pegar ojo y creo que va a ser la peor noche del viaje. Ya hemos salvado a un velero del pantalán de perder el génova, que se le había empezado a desenrollar (el principio de la catástrofe) y nos ha dado muy malas vibraciones. El marinero de guardia nocturna me ha dicho que esto no es en absoluto normal, que es la meteorología del invierno, enero o febrero, y nadie entiende lo que pasa. La predicción es que el viento se calme a lo largo de la noche y mañana se pueda volver a navegar. Deseadnos suerte.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Isla de Porquerolles.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Embiez resignados a una etapa a motor, por el pronóstico de vientos escuálidos del W, y por suerte no acertaron. A media mañana el viento refrescó, y con el espí y la mayor hicimos casi toda la etapa a unos 4 o 5 nudos bajo un sol espléndido. Una gozada de navegación. En total 23 millas en unas 6 horas para llegar a la isla de Porquerolles.

Ya os dije otro día que a los militares franceses les encanta disparar al mar. Íbamos tan tranquilos cuando empiezan a emitir por la radio un aviso de que van a hacer una explosión submarina. Al dar las coordenadas vimos que era cerquísima de por donde navegábamos nosotros. Ante la duda de haber entendido bien llamé al equivalente a Salvamento Marítimo en España para confirmarlo. Ellos no quisieron comprometerse y me dijeron que llamase al barco de guerra encargado de la explosión. No hizo falta porque toda nuestra conversación fue por el canal 16 ya que no me pasaron a otro, y me llama a mi el capitán del barco de guerra para decirme la posición y que había que salir de la zona en menos de media hora y no acercarse a más de 700 metros.

Como ya estábamos fuera de su perímetro y alejándonos no nos preocupamos mucho, aunque nos sorprendió ver a otros barcos que se cruzaban con nosotros en dirección a la zona de la explosión, e iban tan tranquilos. Seguramente no llevaban la radio conectada, como es obligatorio. El caso es que poco después vemos emerger a nuestra popa un submarino, y aparecer por nuestro estribor una patrullera sobrevolada por un helicóptero. ¡Que susto!. Volvimos a comprobar la posición y efectivamente estábamos ya fuera de su zona, pero suponemos que ambos, y sobre todo el helicóptero, estaban confirmando que el perímetro estaba despejado.

A la hora exacta, y después de varios avisos de que la explosión era inminente, hicieron una cuenta atrás por la radio, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y ...

... No vimos nada. ¡Vaya chasco!. Nacho tenía la Gopro preparada y yo los prismáticos, pero nada. ¿Se les mojaría la carga?. Por el contrario, uno de los días que navegué con Mario sí que la vimos y fue como un volcán echando un chorro de agua al aire que tardaba casi un minuto en volver a caer.

Además de estas emociones también vimos y grabamos un pez luna, y mantuvimos una especie de regata con un velero de 42 pies que primero nos adelantaba gastándonos bromas y diciendo que nos invitaba a ron. Pero entonces pusimos el espí y les adelantamos nosotros, y ya no nos despegamos de ellos hasta Porquerolles.

Llegamos a Porquerolles a las 15.30 en plena forma. Es una isla que en el siglo XVI, para atraer habitantes y mano de obra, tuvo el privilegio de que los criminales obtenían asilo e inmunidad mientras se quedasen a vivir en la isla. La mayoría se hicieron ciudadanos honestos. El privilegio se abolió en el siglo XVII. Ahora vive sobre todo del turismo.

Como en todas las islas el agua es un bien escaso. En las torres de agua del pantalán hay un botón verde que limita el tiempo de uso de la manguera, y las duchas son con una ficha de un euro y medio que dura sólo 4 minutos. A los 4 minutos se para y si no has terminado tienes que salir a la calle enjabonado. Hay que calcular bien.

Hemos recorrido toda la isla con las minibicis por senderos como los del año pasado en Bretaña, más hechos para todoterrenos que para bicis, conociendo sitios preciosos. Aquí hay muchos más habitantes que en Embiez pero, igual que allí, cuando ser marcha el último ferry con los turistas se queda todo en una tranquilidad absoluta. Ahora mismo el pueblo está en un silencio absoluto y no se oye ni el viento.

Mañana vuelven a pronosticar vientos fuertes del W y aún no hemos decidido lo que hacer. Nos gustaría poder llegar a Ste- Maxime para recoger la neverita, pero no estamos seguros de poder llegar. Lo decidiremos a las 6 al ver el panorama cuando nos despertemos.

martes, 17 de mayo de 2016

Isla Embiez.

Hola navegantes.

Hoy hemos salido temprano de la isla de Frioul con destino a la isla Embiez.  Desde el principio tuvimos una brisa moderada del oeste y pusimos el espí y el génova atangonado en orejas de burro, haciendo así todo el camino. En total 27 millas en unas 7 horas.

Al poco de salir decidimos atravesar el archipiélago de las islas Riou y adyacentes para ver la cala Monasterio, de la que teníamos muy buenas referencias. La cala nos decepcionó, pero no así los acantilados rocosos de Riou. Estaban llenos de zodiacs de submarinistas.

Como el día estaba tranquilo y casi sin olas aprovechamos para montar a bordo el taller de electrónica de Pepe Gotera y Otilio e intentar arreglar la neverita. Después de desarmarla entera llegamos a la conclusión de que no era un fallo eléctrico sino de la CPU, para lo que el manual recomendaba dirigirse a los servicios técnicos de la compañía. Como no podemos hacerlo navegando tendremos que comprar otra, lo que es una pena porque aún estaba en garantía.

Llegamos a Saint Pierre des Embiez, el puerto de la isla, a las 15.15 en un día de pleno verano. Nos atendió en capitanía una chica muy amable y simpática que hablaba algo de español, porque había vivido en España y en dos países de Sudamérica. Además era una monada. Cualquiera diría que estoy hablando de la cojochica. Nos hizo el favor de llamar a dos puertos de los que vamos a visitar los próximos días para ver si en la tienda náutica tenían la nevera que necesitamos, y como en el segundo la tenían, les pidió que nos la apartaran. Es en Ste-Maxime, donde nos esperan con ella el jueves.

Fuimos a recorrer la isla en bici. La isla es privada, la adquirió Paul Ricard, el de la bebida de aperitivo que es muy famosa en Francia, con la intención de hacer de ella un complejo turístico de veraneo. Al final le gustó tanto que la hizo reserva natural. Está prohibido circular en coche, moto y ciclomotor, sólo andando y en bici. En toda la isla, que recorrimos entera, sólo hay un Magdaleno, algún coche eléctrico del hotel y los servicios, y una roulote enorme de los años 50 que es una hamburguesería. Tampoco se puede fumar en las zonas boscosas, que como es prácticamente toda la isla, es como una isla sin humo.

Además tiene viñedos y fabrican su propio vino local. También un centro de estudio de la ecología local, donde vimos un curioso y sencillo barquito para estudios de los fondos marinos, con una caseta bajo el agua. En su costa Este está separada del continente por una zona de poco fondo en donde el mar ha sido cerrado por un arrecife de posidonia, y allí se ha hecho una especie de estanque donde se estudia la fauna marina. Yo no conocía los arrecifes de posidonia. Al parecer el alga va creciendo hacia la superficie y en su base las raíces se van endureciendo hasta hacer una pared en el mar poco profundo.

En uno de los rincones del camino costero nos sorprendió el detalle de la penúltima foto, donde un enamorado anónimo le desea feliz aniversario a una tal "Van" (¿Vanesa?). Y la última nuestro fiel barquito descansando en la Marina de Embiez después de la galopada.

Para terminar, compartir una triste noticia. Ha fallecido una querida vecina de muchos años, ya décadas, a la que dejé muy enferma en Santander y por desgracia se ha confirmado lo peor. Adiós Lituca.

lunes, 16 de mayo de 2016

Islas de Frioul.

Hola navegantes.

Hoy hemos hecho una etapa corta entre Marsella y Frioul. Nos apetecía conocer estas curiosas islas unidas como siamesas.

Llegamos a las 10.30 y nos sorprendió ver los comercios del pequeño poblado abiertos, porque hoy es festivo en Francia. Nos han explicado que desde 2004 todos los trabajadores tienen obligación de trabajar un día festivo al año, y las ganancias de ese día son para reflotar la caja de las pensiones de los jubilados. Aunque cada empresa puede decidir el festivo que trabaja, el gobierno sugirió que fuera hoy.

Las islas de Frioul son dos en realidad, Ratonneau al norte y Pomeges al sur.  Se unieron por un dique artificial en 1824, posteriormente mejorado, para ampliar la capacidad de la isla como lazareto donde se hacía la cuarentena de los buques procedentes de las Indias. Más adelante en el espacio cerrado de mar que quedó entre las dos islas se construyó el puerto, donde nos hemos quedado hoy.

Antes de la entrada al puerto llama la atención en la costa un barco subido a las rocas. De más cerca comprobamos que es la casa de los prácticos que la han construido con la forma de la proa de un mercante. También nos sorprendió un intercambiador de libros con forma de rinoceronte.

Dedicamos la mañana a recorrer la isla de Ratonneau y la tarde a la de Pomeges. En ambas vimos muchos restos militares (ruinas de cuarteles, baterías defensivas, santabárbaras, búnkeres, nidos de ametralladoras) porque las islas fueron militares hasta 1974. Están plagadas de gaviotas patiamarillas como las de Santander, pero ya con los pollitos crecidos, mientras que en Santander salen de los huevos a primeros de junio.

En la isla de Pomeges nos paró la Guardia de la reserva porque no está permitido recorrerla en bici. Tuvimos que volver al puerto a dejarlas y hacer la excursión a pie. Nos sentó mal que algunos de los monumentos en ruinas no se pueden entrar a ver, pero no te lo avisan desde el principio del camino, con lo que te das la paliza para nada. En Pomeges visitamos el puerto de cuarentena original, el que se usaba antes de construir la escollera de unión de las dos islas. Todavía se ven las muescas que habían hecho en las rocas para amarrar las cadenas de los barcos y usar la propia roca como noray. Una obra de cantería impresionante. Y en Ratonneau las ruinas del hospital Carolina, donde se hacía la cuarentena, que están restaurando.

Finalmente, en el terreno práctico, hoy ha empezado a hacer calor después de 2 semanas invernales, y hace raro pero ya hemos estrenado el ventilador. Aunque ahora de noche vuelve a refrescar y estoy escribiendo esto con el maridillo debajo del jersey. Esto parece otra vez Bretaña.

Mañana intentaremos llegar a la isla de Embiez.