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miércoles, 24 de febrero de 2021

Esculturas sumergidas en la costa del Mediterráneo.

 Hola navegantes.

En la navegación con el Corto Maltés a la isla de Elba conocimos, por casualidad, el Cristo del Abismo. Es una escultura de Jesucristo en el fondo del mar, frente a la bahía de San Fructuoso, en Italia (44º 18,84’ N; 9º 10,42’ E). Os reproduzco aquí la experiencia, como la cuento en el libro "Un tripulante llamado Murphy":

"Habíamos leído en la Guía Imray el siguiente comentario:

“Un amigo, Jan Roos, cuando buceaba en esta bahía fue sorprendido por encontrar una estatua de Cristo de unos cuatro metros de alto bajo el agua, en la posición señalada. En la base de la estatua está escrito: Il Cristo degli Abissi”.

Le preguntamos al “ormeggiatore” por la estatua y nos dijo que, en efecto, allí estaba y nos indicó más o menos la zona. Después de poner el toldo sobre la bañera, porque allí dentro no corría la brisa y el calor era insoportable, nos bañamos para ir a conocerla. Y cuando la vimos nos impresionó por su belleza y el halo de misterio y de majestuosidad que la rodeaba. La llaman “Il Cristo degli Abissi” (“el Cristo del Abismo”) y es una escultura colocada en 1954 en el fondo del mar a 17 metros de profundidad, en homenaje a los fallecidos en el mar. El Cristo está con la cabeza y las manos vueltas hacia la superficie, dicen que en señal de paz pero también puede interpretarse como buscando el aire, y está asentado sobre una base con forma de caracola. Es de bronce aunque por las incrustaciones marinas parece de piedra o de hormigón, de unos dos metros y medio de altura y pesa 260 Kg. La idea nació del buceador Duilio Marcante que, tras la muerte de su amigo Dario Gonzatti en 1947 durante una inmersión (Dario fue el primer italiano en utilizar equipo autónomo de buceo) insistió en la colocación de una estatua de Cristo sobre el fondo marino en un lugar cercano al accidente. Fue creada por el escultor Guido Galletti con bronce procedente de la fundición de medallas, campanas y elementos navales (incluso hélices de los submarinos estadounidenses donados por la U.S. Navy) y la colocó la Marina Italiana. Tras la muerte de Marcante se colocó una placa en la base de la estatua en su memoria. En 2003 fue restaurada para preservarla de la corrosión y de las incrustaciones que la afectaban y, sobre todo para volver a colocar la mano desprendida por culpa de un ancla, que pudo ser recuperada por un buzo. Ahora está prohibido fondear y sólo puedes quedarte cogiendo una boya, como hicimos nosotros.

Una segunda estatua de bronce fue creada con el mismo molde y sumergida en la isla de Granada, en el Caribe. Fue un regalo de la marina italiana por haber rescatado a los pasajeros del MV Bianca C, un barco de pasajeros que se hundió en 1961 junto a sus costas. Gracias a los pescadores, barcos y pequeñas embarcaciones del país, se rescataron a más de setecientas personas que fueron llevadas al hospital de la isla. El barco se hundió debido a una explosión en la sala de máquinas, en la que murió un trabajador. Rápidamente el fuego se extendió, por lo que fue necesario evacuar el barco, y las llamas terminaron consumiendo y hundiendo la nave ante la incapacidad de los habitantes de Granada de sofocar un incendio de tal magnitud. Como agradecimiento les fue entregado un Cristo de bronce igual al de San Fructuoso. El molde de Galletti dio origen, por fin, a una tercera escultura, que está en Cayo Largo, Florida, a ocho metros de profundidad. La estatua de arcilla original se exhibe en el Museo Nacional de Actividades Submarinas de Rávena, Italia.

Fue impresionante bajar buceando al fondo a hacerle compañía y ver el Cristo entre cardúmenes de peces que se movían a la vez como un latido, en aquella luz tamizada por el agua, y sintiendo la presión de las profundidades en las gafas submarinas, los oídos y hasta en la piel del pecho, que hacía ondulaciones desplazándose sobre los músculos pectorales al descender. Nunca había buceado tan profundo a pulmón y yo mismo no me lo creía, pero como demostración recogí del fondo una pinza de nariz que había perdido otro buceador. Aunque para nosotros, y para el autor de la Guía Imray, el descubrimiento del Cristo había sido una novedad inesperada, el sitio ya estaba publicitado y el buceo para observar la estatua era una de las excursiones más populares de la costa de Liguria. Más adelante llegaron barcas y excursiones de buceo desde otros pueblos de la costa para verla, y el propio “ormeggiatore” tenía un embudo de visión submarina para que pudieran verla desde su lancha, sin ni siquiera bañarse, los que no se atrevían o no podían bucear tan hondo. Al parecer el Cristo se ha convertido en el símbolo de la pasión por el buceo y el mar, y para nosotros fue una de las mejores sorpresas de esta navegación. Murphy: 19, Corto Maltés: 17.


 Posteriormente me he enterado de que hay por lo menos otras 10 estatuas o grupos escultóricos sumergidos en distintas partes del mundo. El más grande es una de 60 toneladas en Bahamas, y el más variopinto un grupo humano de 500 esculturas de tamaño natural, incluyendo un hombre hecho sólo de orejas, en México. Y muy cerca de donde estábamos, en la Isla Gallinara, hay otro Cristo por encima del que pasamos, sin saberlo, en la navegación de ida, y del que os contaré algo en el siguiente capítulo".

Hasta aquí  la transcripción. Bueno, pues este verano, si conseguimos salir para intentar la vuelta a Italia,  no sólo volveremos a pasar por allí,sino que conoceremos otro grupo escultórico sumergido. Lo han colocado en los fondos marinos de la costa francesa, en el archipiélago de las Lèrins, a sólo 3 millas al Sur de Cannes. El archipiélago está constituido por dos islas, Santa Margarita y San Honorato, y algunos islotes. San Honorato fue un ermitaño que ocupó la isla del Sur, y según una leyenda Santa Margarita sería su hermana. En la navegación a Elba nuestra idea inicial era ir a San Honorato, la de más al Sur y más pequeña, que tiene un puerto y pasar allí la noche porque en Santa Margarita no hay muelle para visitantes. Pero nos habían dicho en la capitanía de Cannes que ya no tiene un metro de calado, como afirma la guía Imray, sino 80 cm, y esa diferencia fue suficiente para decidirnos. El Corto Maltés cala 70 cm con la orza subida y cualquier olita nos haría chocar con el fondo. Por eso nos quedamos en Santa Margarita. Pues en el estrecho entre ambas acaban de instalar, en enero, un grupo de seis esculturas monumentales (2 metros de altura y 9 toneladas cada una) a entre 3 y 5 metros de profundidad:

Están realizadas por el escultor británico James de Caires, que se ha inspirado en "el hombre de la máscara de hierro", un personaje misterioso que estuvo encarcelado en la prisión de la isla de Santa Margarita. A este personaje le hicieron célebre Voltaire y Alejandro Dumas. Se cree que era el hermano gemelo del rey Luis XIV cuando Francia era una monarquía, al que correspondía el trono, y que su hermano le mantuvo encarcelado con una máscara para que nadie se diera cuenta cuánto se parecía al rey. Los derechos dinásticos de los hermanos gemelos corresponden al que nace primero, lo cual es un puro azar pues si el parto es por cesárea se saca primero al que por parto natural hubiera sido el segundo. Por eso son frecuentes las rivalidades, sobre todo si uno de los hermanos tiene fácil el gatillo. "El hombre de la máscara de hierro" estuvo encarcelado, sin juicio ni archivos policiales, durante 34 años, de los cuales 11 en Santa Margarita. Sólo se le dejaba salir para asistir a misa, eso sí, todos los días. Aunque esta teoría del hermano gemelo del rey es la más extendida, en realidad la identidad del enmascarado no está clara. Hay más de 60 nombres que distintos investigadores han atribuido al personaje, incluyendo la hipótesis de que fuera una mujer, y la de que fuera el médico que hizo la autopsia al anterior rey, Luis XIII, en la que descubrió que era estéril y por lo tanto el sucesor era ilegítimo. 

Las esculturas recién sumergidas son de cemento marino no contaminante, y se espera que sirvan de refugio a numerosas especies, aparte de suponer un atractivo turístico para la zona. Cuando pasemos por allí sin duda que iremos a conocerlas.

Con cuidado, navegantes.

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