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jueves, octubre 29, 2026

El acabóse.

Hola navegantes. 

En el barco es muy práctico llevar un vehículo terrestre auxiliar para los recados y la intendencia (ir a la compra, a por gasolina, etcétera). Y por supuesto para visitar los sitios a los que llegas, que no todo va a ser navegar y navegar, también hay que disfrutar del resto de la Creación. Lo más habitual siempre fue llevar una bici, y en nuestra primera larga navegación, la vuelta a España en 2012, llevábamos una. Como a bordo íbamos Luis y yo, tener una sola bici nos obligaba a turnárnosla en las escalas. 

Para las siguientes navegaciones fue un gran adelanto conseguir llevar dos bicis plegables, que nos permiten los desplazamientos a las dos personas que normalmente navegamos, y hacer los recados y las visitas juntos. Nos caben estibadas en el tambucho de la bañera, y a la gente le cuesta creer que podamos llevar dos bicis en un barco de seis metros y medio.


Muchas veces he dicho que si por falta de espacio tuviera que elegir, preferiría llevar las bicis que las velas de repuesto.

Pero desde que la náutica se está convirtiendo en un pasatiempo para los de monedero abultado, los vehículos "auxiliares" que estamos viendo en los puertos son el acabóse. En otras entradas os he contado haber visto vehículos anfibios, quads, motos... pero fijaos en este:


No uno sino dos coches deportivos de alta gama en la popa de un mega-yate. La foto es de Mónaco, el centro neurálgico de los millonetis de todo el mundo, por ser un paraíso fiscal y un escenario perfecto para sus extravagancias. Me encantaría ver a ese mega-yate con esa carga navegando en un mistral de fuerza 8 o 10 en el Mediterráneo. Probablemente no navegue nada o casi nada, porque muchos millonarios se compran en Mónaco un barco para vivir, en vez de comprarse un piso.

Pero a consolarse, que como dijo aquel que tras el fallecimiento de su suegra le presentaron la factura del entierro:

- "Todo tiene sus inconvenientes".

 Porque efectivamente, los barcos están atracados tan cerca unos de otros, y sin un miserable seto de separación como los adosados, que se enteran de la vida, las discusiones, las intimidades y las extravagancias del vecino. Contra eso no puede nada el dinero. En la siguiente podéis ver el parking de los carromatos, e imaginaros la discusión de un matrimonio en uno de los del medio:


 Con cuidado, navegantes.

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