En la vuelta a España en el Corto Maltés en 2012 conocimos la ex-isla de Escombreras. Os hablé de ella aquí:
Una ex-isla es una isla situada cerca de la orilla, a la que el crecimiento de las estructuras portuarias ha dejado incluida en la línea de costa, y por lo tanto ha dejado de ser una isla. Ha dejado de estar rodeada de mar para estar rodeada de hormigón.
Pues en una navegación posterior, la de la Isla de Elba, paramos en el puerto catalán de Llançá. Veníamos de resolver un gravísimo problema, porque en el transporte por carretera un remolque mal colocado había hecho un agujero de 30 cm al Corto por debajo de la línea de flotación, lo que casi nos hace interrumpir el viaje. Pudimos arreglarlo en el puerto de Getxo, y luego proseguir el viaje por carretera hasta Llançá. Pero con los nervios, los sucesivos cambios de planes y el apresuramiento, no estábamos muy concentrados. Dormimos en el barco encima de la caja del camión, y el día siguiente echamos el Corto Maltés al agua para empezar a navegar enseguida con dirección a Italia.
Pues resulta que Llançá tiene también una ex-isla y que estuvimos durmiendo justo al lado de ella, pero no nos enteramos. Ahora estamos realizando un viaje por carretera por la Costa Brava, y al recalar otra vez en Llançá nos hemos dado cuenta. Se trata del islote El Castellar o Isla Castella:
Originalmente estaba situado a pocos metros de la playa, pero a partir de los años sesenta se fue uniendo progresivamente a la tierra firme con distintos rellenos. Previamente, como muchas islas costeras, había servido como sitio de vida de pueblos antiguos desde la época del bronce, y se han encontrado allí trozos de cerámica, decoraciones, enterramientos, etcétera, que lo atestiguan. En los siglos XVII y XVIII, debido a las pestes y pandemias, el islote fue utilizado como lazareto para las personas que llegaban al pueblo. Y también, por su situación estratégica, ha sido un lugar de defensa. Todavía hoy se conservan restos de los búnkeres republicanos de la guerra civil.
En 1991 se inauguró el nuevo puerto pesquero y deportivo de Llançá, incluyendo al islote, con lo que se consumó el desastre que venía gestándose desde años antes. El islote ahora es un montículo que ya no sobresale del color azulenco del Mediterráneo sino del color gris ratón del hormigón del muelle:
¡Qué pena!. Y a los de Santander os recuerdo que hace años hubo un proyecto para unir la isla de Mouro con la península de la Magdalena mediante una escollera (sería bien fácil) para hacer un superpuerto como el de Bilbao. Espero que nadie resucite esa locura de proyecto, y que dentro de unos años nadie tenga que dedicar en su blog una endecha a la ex-isla de Mouro.
Con cuidado, navegantes.




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