En este caso se trata de un velero de 12 metros y medio de eslora y casi nueve toneladas de peso, que navegaba entre Guadalupe y la isla de Antigua. Con un viento alisio por el través bien mantenido y pocas olas, en pleno día pescaron una dorada. Uno de los tripulantes pasó a la plataforma de popa para recuperarla, agarrado con la mano izquierda al balcón de popa y sosteniendo en la mano derecha el gancho para subirla a bordo.
Después de haber manejado el sedal con ambas manos el guante estaba mojado, y en una ola se le resbaló del balcón, cayendo al agua. La tripulación estaba bien adiestrada y enseguida enrollaron el foque, apretaron la tecla MOB del GPS, y lanzaron una colchoneta al agua para marcar la zona. Aunque reaccionaron enseguida porque estaban todos en la cubierta viendo el accidente, el velero recorrió unos 170 metros antes de poder dar la vuelta, y cuando lo hizo ya no le veían.
Aunque el náufrago no llevaba chaleco ni arnés, en este caso se dieron varias circunstancias favorables: el agua estaba caliente, era en pleno día, toda la tripulación estaba en cubierta, y el náufrago sabía nadar y no se lesionó nada en la caída. Al cabo de un rato buscándole terminaron viendo la colchoneta y después al naufrago, pudiendo subirle a bordo sin más problemas.
Mi consejo: la plataforma de baño, que es tan útil y práctica en los fondeos, da una falsa sensación de seguridad y no debería usarse jamás en navegación si no se va con el chaleco y el arnés. En caso de hombre al agua y si hay suficiente tripulación, una persona tiene que encargarse exclusivamente de no perderlo de vista y señalar con el dedo la dirección en la que se encuentra. Otros tienen que encargarse de apretar la tecla MOB del GPS e ir lanzando el agua todos los objetos flotantes que se pueda (defensas, chalecos de repuesto, colchonetas, etc) para marcar con estos objetos una línea entre el barco y el náufrago. El náufrago tiene que intentar recuperarlos y juntarlos para hacerse más visible. Arriar o dejar flameando las velas enseguida y arrancar el motor, pero no meter la marcha avante hasta estar seguro de que no quedan cabos en el agua. Un sobreaccidente muy habitual es trabar un cabo con la hélice, y entonces quedarse sin la propulsión del viento y sin la del motor.
Para recuperar al náufrago si está consciente, y sobre todo si hay olas, no hay que intentar acercarse a él con el barco porque podría golpearse en la cabeza con el casco. Hay que arrastrar un cabo por la popa, al que tiene que agarrarse, y una vez agarrado meter el punto muerto y acercarle a la plataforma de baño, por donde podrá subir. Y por supuesto vuelvo a insistir en que esta línea de vida por popa deberíamos de llevarla siempre.
¡Salud y millas!.
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