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miércoles, octubre 07, 2026

El barco de la dinamita.

Hola navegantes. 

En nuestra navegación a Londres con el Corto  Maltés en 2023 os conté que una de las dificultades que nos encontramos al navegar por el estuario del Támesis era la existencia de barcos hundidos de la Segunda Guerra Mundial, en aguas someras y algunos con explosivos. El más peligroso es el SS Richard Montgomery, que se mantiene en aguas poco profundas con 1.400 toneladas de bombas activas en su interior, y ya lleva allí 82 años sufriendo la corrosión del agua del mar. Esta imagen es de antes de hundirse:

 

 Se hundió el 20 de agosto de 1944 en un banco de arena del estuario, cerca de la ciudad de Sheerness, después de haber garreado su ancla. Venía de los EEUU para apoyar el desembarco aliado, y estaba esperando en el estuario la formación de un nuevo convoy con destino a Cherburgo. Actualmente reposa sobre fondos de quince metros, y como el barco es más alto sus superestructuras emergen todavía del agua como un tétrico esqueleto (51º 27,9’ N; 0º 47,0' E) junto al que pasamos nosotros cruzando los dedos. En la siguiente foto, que tomamos nosotros al contornearlo, se ve al fondo un mercante en el canal de navegación:



 En el momento del hundimiento tenía a bordo 6.400 toneladas de bombas, de las que pudieron extraerse 5.000 en las semanas siguientes al naufragio. Las 1.400 restantes (2.000 cajas de bombas de fragmentación, centenares de bombas de 500 Kg., bombas de fósforo blanco y otra bonita colección) son todavía susceptibles de explotar, en lo que sería la explosión no nuclear más importante de la historia y provocaría un desastre en todo el entorno del estuario. Generaría un géiser de agua de un kilómetro de alto y trescientos metros de diámetro, y después del guirigay una ola de tsunami de cinco metros que sumergiría una parte del estuario, los puertos más próximos, y destruiría parte de Londres. 

El naufragio está balizado con un área de exclusión y vigilado por la marina inglesa, pero como está en plena entrada del estuario la zona de exclusión es pequeñísima (unos 400 metros de lado, 200 metros entre las boyas y el pecio) más pensada para que nadie se acerque a curiosear o bucear que para proteger nada en caso de explosión. En las siguientes fotos se ve la pequeña distancia que hay entre las boyas amarillas que delimitan la zona y la superestructura del pecio:

 

 Todo el tráfico de mercantes que se dirige a Londres pasa por fuera de las boyas amarillas, igual que pasamos nosotros con el Corto Maltés. Imaginaos la situación con la niebla que es tan habitual en aquellas latitudes. Desde luego no protege al pecio de un accidente (un simple barco a la deriva con avería de motor y empujado por la corriente, o navegando entre niebla) o un acto terrorista, y menos aún de su propio desplazamiento en el fondo marino por los movimientos de la arena.

 Recientemente se han obtenido unas imágenes impresionantes con sonar, donde se comprueba que está partido por la mitad y se ven hasta sus cañones:



Su ubicación es en la parte Sur del estuario, muy cerca del canal de navegación: 

De hecho ya ha habido dos sustos: en 1980 dos embarcaciones estuvieron cerca de alcanzar el pecio en apenas una semana, y posteriormente ha habido incursiones dentro de la zona de exclusión.

Nadie se atreve ya a intentar extraer los explosivos que le quedan, que en un pecio corroído y partido por la mitad sería un trabajo de benedictino, sacando caja a caja con hombres rana. Pero el gobierno británico, que es el responsable de su vigilancia y el que ha heredado este problemón para varias generaciones, ha detectado zonas de acero tan degradadas que se desprenden con un golpe de herramienta, y que la base de los tres mástiles (los que asoman sobre el agua en las fotos) está tan deteriorada que corren el riesgo de caerse y chocar con el casco y las bodegas, donde permanece la dinamita. 

Por eso se ha aprobado una impresionante operación, que costará 9,5 millones de libras, para retirar estos tres mástiles. Pero la operación no es tan sencilla como ir a cortarlos con una rotaflex. Hay que hacerlo con un entorno que evite las vibraciones, y por supuesto impidiendo que los mástiles cortados caigan sobre el barco. Los trabajos serán realizados por la empresa especializada en obras marítimas Resolve Marine, y si lo consiguen se mantendrán en un museo.

Quitar los mástiles evitará un riesgo pero creará otro, porque el pecio dejará de ser visible sobre el agua y será más fácil chocar con él. Hay que tener en cuenta que los temporales, tan frecuentes en el estuario del Támesis, muchas veces sueltan o mueven de sitio las boyas de señalización. Pasa también en nuestra bahía y en muchas otras del Cantábrico. Ojalá acierten.

¡Salud y República!. 

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