En varias entradas os he comentado los peligros de los veleros con foils, esos que navegan fuera del agua a velocidades inauditas y con el foil de barlovento cortando el aire como una cuchilla. El que os voy a contar hoy es un caso real ocurrido en marzo de 1983. El trimarán gigante Paul Ricard tenía 16,5 m. de eslora, 17 m. de manga, y un peso de 17 toneladas. En la foto podéis ver el foil de barlovento fuera del agua como una cuchilla:
El Muscadet es un pequeño crucero familiar de madera contrachapada, de 6,4 metros de eslora, o sea, casi como el Corto Maltés:
En marzo de 1983, durante un entrenamiento frente a la Trinité-sur-Mer, ambos barcos se cruzaron y el trimarán con su foil en el aire rebanó al Muscadet como si fuera un bloque de mantequilla. El foil pasó a menos de un metro de una niña de nueve años que estaba en la camareta. No hubo desgracias personales de milagro, pero faltó muy poco.
Desde entonces los barcos con foils se han construido cada vez más grandes y más rápidos, con lo que el peligro aumenta. Y todo apunta a que quieren dejarlos seguir navegando a perpetuidad entre los demás veleros, que navegamos diez veces más despacio y sin cuchillas por el aire. Y haciendo rodajas también a los cetáceos que duermen en la superficie, a los que cortan con la quilla o con el foil de sotavento, el que va sumergido. Porque se acercan a ellos a 30-40 nudos y sin hacer ruido, ya que el casco va por el aire.
Mi consejo: si navegando a percibís en el horizonte un barco similar, estad muy atentos a su trayectoria. Van a tanta velocidad que no podréis hacer nada por evitarlos. Si ellos no os ven y se os echan encima lo mejor que podéis hacer es cruzar los dedos y saltar al agua.
Con cuidado, navegantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios son bienvenidos.