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viernes, 26 de junio de 2026

Parece que vuelve el fresquito.

Hola navegantes. 

Ayer el día se despidió con una tormenta con aparato eléctrico, como si la naturaleza quisiera demostrar de lo que es capaz cuando se le deja suelta. Eso contribuyó a refrescar el ambiente y hemos vuelto a dormir con manta. Hoy amaneció nublado, y aunque enseguida se despejó, todo el día sopló un viento del Oeste que refrescaba el ambiente, y el calor de hoy no tiene nada que ver con lo que hemos padecido esta semana. Ahora estamos en el barco con 28ºC. Ojalá sea el principio de un cambio definitivo.

Hoy hemos ido a recorrer la península de Cap Ferret. Está al otro lado de la bahía y hemos ido en una vedette. No fuimos con el Corto Maltés porque en el puerto de La Vigne, el único de esa costa y donde nos quedamos en una visita anterior, nos dijeron que ya no está permitido dormir a bordo. Y claro, no íbamos a ir allí para dejar el barco vacío y dormir en un hotel. 

Con las bicis fuimos hasta el famoso faro de Cap Ferret. Es típico por su silueta altísima de color blanco con el copete rojo, así como por la luz que emite que es de color rojo y de 360 grados de horizonte. Encima de la puerta tiene una escultura de un velero y un delfín, que también son típicos.




 En este faro es donde trabajan los prácticos que te dan indicaciones por la radio sobre cómo entrar y salir por las bocas de Arcachón, cuando la niebla o el mal tiempo impiden la visibilidad. Desde lo alto del faro tienen una visión perfecta de la entrada de la bahía.

En sus inmediaciones se conserva un búnker de la segunda guerra mundial que se puede visitar, y donde se hace una exposición de la historia y las sucesivas modificaciones del faro.


Después fuimos hasta la misma punta del Cap Ferret, donde se juntan las aguas del Atlántico con las del golfo de Arcachón. Allí las corrientes son enormes y la arena se mueve todos los años. Se han puesto protecciones en la orilla para que las corrientes no se lleven la arena de las playas, y empalizadas en la parte superior de las dunas para que crezcan en altura cuando el viento arrastra la arena. En la orilla de enfrente de Cap Ferret domina siempre la imagen la Duna de Pilatos, que iremos a visitar otro día.


Por la tarde fuimos a ver el puerto de La Vigne para recordar los viejos tiempos. Toda la península de Cap Ferret está ocupada por un pinar muy frondoso, por el que tuvimos que desenvolvernos en unas pistas complicadas con nuestras mini bicis.


La guía Imray avisa de que las agujas de los pinos pueden terminar en el agua y allí obstruir los conductos de refrigeración de los motores. Pero yo he estado varias veces en Arcachón y nunca lo he visto. 

El puerto de La Vigne fue originalmente un lago interior de agua dulce. Los temporales y las corrientes de marea fueron socavando la orilla hasta que finalmente el lago se unió con el mar y el agua se mezcló. Una vez hecha esa comunicación con la bahía de Arcachón se prefirió mantenerla abierta para construir allí un puerto deportivo. Todas las ranas y otros anfibios que vivían en el lago fueron desplazados, y ahora viven por los alrededores, y por la noche es habitual oír el croar de las ranas desde el barco. 



El puerto es pequeñísimo y está abarrotado. Tanto es así que para ganar espacio no han colocado fingers, y los barcos se amarran de una forma muy original. No tienen ni finger ni una amarra al fondo por la proa. Se amarran estrechamente al pantalán por la popa, solidarizándose con él como si el barco fuera el mismo finger. Esta unión tan estrecha evita que la proa se desplace hacia la derecha y a la izquierda. Para evitar que se estropeen los espejos de popa o los motores fueraborda colocan unas protecciones especiales, para que lo que apoye sea el espejo de popa. 



Al volver a Arcachón pasamos por delante de una tienda de bicis, y aprovechamos para sustituir los puños que se habían derretido durante la ola de calor.


 Con cuidado, navegantes.

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