Me vais a decir que soy cansino, pero de lo que se trata es de transmitir la realidad de la navegación en un barco pequeño, sin disimulos. Hoy volvimos a Andernos para recordar con Ana nuestra estancia anterior. La pleamar era a las 14.16 y calculamos todo para llegar dos horas antes. Pudimos ir a vela porque salió una brisa del Este que además refrescaba un poco el ambiente. Pero al llegar a Andernos se había eclipsado y estábamos de nuevo como dentro de un horno.
Hoy la marea era muerta y a pesar de llegar en el último tercio de la marea entrante, y de llevar la orza y el timón subidos (calado 70 cm) cerca del pantalán tocamos fondo. Tuvimos que recular y esperar media hora a que subiera un poco más. Seguramente también influyó que no tuve en consideración el retraso de la marea entre Arcachón y Andernos, que están separados por unas 6 millas, y eso puede tardar en recorrerlo la onda de marea una hora. O sea, la pleamar en Andernos sería una hora más tarde que en Arcachón. En las tablas de mareas no daban esa información pero podría haberla aproximado. Pero llegamos, y la segunda foto muestra cómo fue esa media hora de espera.
El pantalán de Andernos mide 232 metros, el más largo de Francia, y a pesar de eso su extremo se queda en seco en bajamar. Como veis, hoy estaba vacío.
Cuando vine con Gaby la semana pasada Andernos estaba lleno de gente como el Rastro de Madrid un domingo. Fijaos el calor que hará que las calles hoy estaban desiertas, y habían cerrado hasta las heladerías. Sólo faltaban las pelotas de zarzas rodando por el suelo, como en los western.
Salimos de allí un poco apresurados por la marea, y navegando a motor porque ya no hacía viento. Reprodujimos las costumbres del año pasado en el canal de MIDI: navegar bajo el paraguas ir refrescándonos nosotros y la carcasa del motor con agua dulce cada pocos minutos.
Volvimos a ver la señalización chapucera de los canales, por ejemplo esta percha roja hecha con un tubo arrugado de construcción.
Paramos a fondear al nordeste de la Isla de los Pájaros, cerca del canal principal, sobre todo para refrescarnos, y estuvimos casi toda la tarde metidos en el agua. Finalmente salió una brisita del Este otra vez, y pudimos volver a puerto a vela.
Os enseño la inscripción que acompaña en Francia la señal de prohibido aparcar en las plazas reservadas a personas con discapacidad. Dice: "si tomas mi plaza toma también mi discapacidad". Me parece un lema genial. Los más beligerantes pegan este cartel con pegamento en el parabrisas del que ha ocupado una plaza que no le corresponde. Y lo colocan bien centrado en la plaza del conductor, para que le fastidie más.
Y como colofón del tema del calor, el sol ha derretido los puños de mi bici y los ha dejado pringosos. ¡Quién me lo diría cuando en las primeras etapas de este viaje dormía en el saco de plumas!.
Con cuidado, navegantes.






No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios son bienvenidos.