Hoy había un pronóstico otra vez de vientos del NE, que volverían a venirnos de cara. Por eso decidimos aprovechar el terral, que es el viento nocturno y que suele ser inverso al del día, en nuestra costa: del Sur. Nos levantamos a las 6 para salir de Motrico con el sol, y en efecto disfrutamos las dos primeras horas de un viento del Sur que nos entraba por el través de estribor, permitiéndonos navegar a 4,5 nudos. Luego se paró y tuvimos que seguir "a la francesa" (con la mayor y el motor) el resto de la etapa, menos una hora en que el viento refresco y volvimos a navegar sólo a vela. En resumen, unas tres horas a vela y otras tres "a la francesa".
A media mañana pasamos frente al famoso ratón de Guetaria, la península con forma de ratón:
Al llegar a San Sebastián le estaba contando a Juan la típica confusión que ha producido algunos naufragios en su entrada. Con niebla o mala visibilidad, y viniendo del Oeste, puede confundirse el Monte Urgull con la Isla del Santa Clara. Como la isla hay que dejarla a estribor para entrar a la bahía de La Concha, confundirla con el Monte Urgull te lleva a intentar entrar por el río Urumea, que está lleno de piedras hasta su desembocadura y tiene enseguida un puente muy bajo, o sea, naufragio seguro.
Pues a pesar de saberlo, y de la buena visibilidad, la isla estaba oculta tras el Monte Igueldo y el Monte Urgull parecía la isla de Santa Clara. Yo estaba maldiciendo mi mala memoria pues estaba seguro que el Jesucristo estaba en el monte Urgull y le estábamos viendo en la Isla de Santa Clara. E íbamos decididos a dejar nuestra supuesta Isla de Santa Clara por estribor, abocando directamente al Rio Urumea. Al final apareció la isla y se aclaró todo, pero entramos en San Sebastián preocupados porque esta confusión se hubiera producido un día de niebla.
En San Sebastián nos quedamos en un atraque con el Monte Igueldo de fondo:
Hacía un sol de derretir coletas y todo costaba hacerlo. Fuimos en las bicis hasta el final de la bahía, donde está el "Peine del viento", el grupo escultórico de Chillida, y los bufones que escupen aire hacia arriba cuando llegan las olas:
Al final de la tarde intentamos ir a desembarcar en la Isla de Santa Clara, pero estaba petada de barcos y en el intento que hicimos de fondear el ancla garreó, con el riesgo de chocarnos con otro velero. Así que lo dejamos y fuimos a coger una boya en mitad de la bahía simplemente para darnos un baño.
Ahora estamos en el barco con los tres ventiladores a tope, intentando aguantar este calor insoportable hasta que refresque y podamos procurar conciliar el sueño. Mañana iremos a Ondarribia.
Con cuidado, navegantes.





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