Ayer vinimos en tren a Burdeos para el cambio de tripulación. Burdeos está bonita como una caja metálica de galletas, como está siempre, una ciudad preciosa volcada en el río con unos monumentos y jardines impresionantes que ya os he contado otras veces. Podéis ver las historias de nuestras visitas anteriores con el Corto Maltés poniendo "Burdeos" en el buscador que hay arriba a la izquierda, y dando a la lupa.
Lo que nos da mucha pena es ver el pantalán de honor tan vacío como siempre. No hay ni un solo barco, y echamos de menos la silueta de nuestro bravo Corto Maltés allí amarrado.
Como no tengo nada nuevo que contar de nuestra navegación, hoy os voy a contar una tierna historia de otro navegante. El navegante suizo Etienne Messikommer terminaba una etapa de 4.000 millas necesarias para poder participar en la siguiente Golden Globe Race, una vuelta al mundo a vela en solitario, sin asistencia, sin escalas y sin electrónica. Al entrar en la rada de Brest la gente vio que tenía algo escrito en la vela:
Estaba pidiendo la mano de su chica de esa manera original. Lo había escrito con pintura en una de las trinquetas. La prueba de calificación para la vuelta al mundo le había llevado 40 días, y tomó la decisión uno de calma total en el que pudo tomarse el tiempo de reflexionar sobre su petición y luego de pintar la vela. Luego se vio obligado a calcular el tiempo para llegar a Brest de día, y que su novia pudiera leer su mensaje.
Para que la historia termine bien, la feliz y afortunada elegida ha dicho "sí".
Con cuidado, navegantes.


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