Ayer dedicamos el día a distintas gestiones en Arcachón y a recorrer alguno de sus rincones. Aquí seguimos con la ola de calor (toda Francia está de color negro en los mapas) y se pasa menos calor en la ciudad, donde puedes encontrar alguna sombra o entrar a una cafetería con aire acondicionado, que en el mar donde sigue sin soplar la más mínima brisa.
Fuimos a reparar la bici de Ana, que con tanto tute se había quedado con el cambio de marchas bloqueado. Con la mala suerte de que el taller cerraba a las 12 (!), al ir a recogerla estaba cerrado y tuvimos que quedarnos a comer en las inmediaciones. Además no lo han arreglado bien y sólo entran dos de las tres marchas. Tendremos que volver. También fuimos a buscar una lavandería.
Pasamos por la Jetée Thiers, uno de los espigones que saliendo del paseo marítimo se adentran en el mar. Allí hay una colección de huellas de los pies descalzos de los navegantes famosos, como el Paseo de la Fama en Los Ángeles, sólo que allí dejan la huella de la mano.
Sorprende que algunos parece que tienen sólo 4 dedos, por ejemplo Eric Tabarly. Supongo que tenía un dedo en martillo (montado hacia arriba)
y por eso no apoyaba en el suelo ni al dejar su huella. Pero da pena poder inmiscuirse así en las intimidad de estos personajes. Aunque nos dimos cuenta de que nadie contaba los dedos y a nadie le sorprendía que faltara uno.
En la ciudad está prohibido ir los hombres con el pecho descubierto. La multa es de 150 €.
En Mónaco era igual, y realmente había policías por la calle controlándolo.
Por la tarde hicimos una corta navegación, sólo para intentar encontrar una esquina de fondeo donde soplara la brisa, pero no fue posible. Tuvimos que aguantar la canícula metiéndonos mucho en el agua y a la sombra del toldo y del paraguas.
En la Capitanía me reencontré con Michel, uno de los responsables que se acordaba de mí de nuestra estancia larga anterior, que fue hace más de 10 años. ¡Menuda memoria!. Entonces nos ayudó a conseguir un atraque en algunos puertos donde normalmente no admiten barcos de tránsito, y cuando acabe este maldito calor volverá a ayudarnos. Con esta canícula no queremos ir a los puertos del interior de los ríos, porque allí corre menos el viento y al estar lejos del mar el calor se nota más. Además no tienen electricidad ni agua en el atraque, y la estancia se nos haría todavía más dura.
Por la noche fuimos a las playas y al centro a ver si había alguna actividad relacionada con la noche de San Juan, pero no había nada de nada.
Y me despido con una preciosa puesta de sol en la bahía de Arcachón.
Así por fuera es magnífica. Sorprende pensar que la totalidad de la dársena está dedicada por debajo al cultivo de ostras y de mariscos desde la época romana. De los campos de cultivo hay que mantenerse alejado, especialmente entre 3 horas antes y después de la bajamar. Aunque a nadie se le ocurriría meterse a navegar por allí, porque se ve asomar un bosque de estacas, y las ostras que hay debajo cortan como las rocas de un lapiaz. Lo malo es que las corrientes en los canales entre los parques de ostras pueden alcanzar los 6 nudos, y es fácil salirse.
Con cuidado, navegantes.







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