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domingo, 9 de julio de 2023

Una paliza tras otra.

 Hola navegantes.

La deserción de Bartomeu nos está trayendo a Luis y a mi la desagradable obligación de hacer etapas larguísimas como la de ayer, 66 millas, para poder cumplir las etapas y llegar a la cita con los siguientes tripulantes. 

Yo suelo planificar etapas de 20 o 30 millas diarias, que vienen a ser 6 u 8 horas de navegación a vela, o sea, como una jornada laboral. Eso nos permite navegar por la mañana, llegar a destino a primera hora de la tarde y tener algunas horas para visitar los sitios y para la intendencia. Pero estas etapas maratonianas forzadas por su deserción nos obligan a estar en el mar haga como haga, y al llegar a destino encontrarnos todo cerrado, lo que nos dificulta la vida práctica y nos impide disfrutar de un poco de turismo. Y no veáis cómo jode tragar millas sin conocer nada. Y además nos obligan a tirar mucho del motor, para poder hacer rumbos directos.

Hoy salimos de Cherburgo lloviendo, y así estuvo toda la mañana. Dejamos por babor el Castillo del Centro, en los gigantescos espigones que protegen el puerto:

Las tres primeras horas estuvimos navegando entre los escollos, siguiendo una ruta paralela a la costa sólo apta para embarcaciones pequeñas. Vuelvo a comprobar que el Navionics no aplica un margen de seguridad al calado que has dado de tu barco. El otro día amplié el del Corto Maltés a 2 metros, y hoy me ha trazado la ruta por bajíos de rocas como éste, rozando la sonda de los 2 metros:


Al final de la zona de escollos está el faro de Gateville, en la Punta Barfleur, alto y delgado como un lapicero, a partir del cual pudimos navegar por aguas libres.


Fijaos cómo vamos aquí de abrigados en el mes de julio:
 

Aunque a media mañana pudimos quitarnos los pescanovas, el cielo siguió cubierto todo el día, con unas cortinas como éstas:



Nuestra intención era llegar a Le Havre, en la desembocadura del Sena (unas 80 millas náuticas) pero finalmente no pudimos. Se hizo evidente que llegaríamos de noche y cambiamos el destino por Ouistreham. Navegamos por la zona del desembarco de Normandía, y la cartografía nos indicaba que el fondo está plagado de pecios de barcos, seguramente el resultado de aquella contienda. Algunos tienen una zona de seguridad donde está prohibido navegar, porque su contenido aún se considera peligroso. Y volvimos a pasar por un campo de tiro.

A pesar del "acortamiento" de la etapa llegamos con todo cerrado, y como hoy es domingo, no sé si encontraremos donde comprar la comida de hoy. Ouistreham es un puerto con esclusa situado en la desembocadura del Río Orne. Catorce kilómetros más río arriba hay otro puerto, en la ciudad de Caen. Al río se entra por una largo canal de 3 millas que comienza en el mar. Al final del mismo se reconoce el faro de Ouistreham:


Para ambos puertos hay que pasar una esclusa, cuya última apertura ayer era a las 18.45 y no llegábamos. Por suerte nos enteramos de que hay un antepuerto con plazas para visitantes, antes de la esclusa, y es donde nos quedamos.

Está recién inaugurado y dragado y, como veis, está casi vacío. Antes de enterarnos de su existencia nos amarramos en un pantalán cutre y ruinoso, partido por la mitad, sin agua ni electricidad ni nada, donde para llegar a la pasarela había que dar un salto sobre el agua.  Creímos tener que pasar la noche allí. Llegamos junto con otro barco holandés con el que habíamos navegado las últimas millas, y cuál no sería nuestra sorpresa al ver salir de él, para amarrar, a una señora como de 70 años que navegaba sola. Hizo la maniobra ella sola y todavía se ofreció para ayudarnos a nosotros con nuestras amarras. Viaja con un perro, y nos pidió disculpas porque tenía una prioridad: llevar a cagar al perro. Servidumbres de los amigos peludos. Esperábamos haber coincidido con ella para charlar un rato, pero tardó en volver y luego no vino a los pantalanes nuevos.

Como incidentes, ayer se me rompió la tapa de la tecla SOS de la baliza. Sí, el mismo fallo que tuvo la anterior y que me obligó a comprar otra, porque de esa pieza tan sencilla no venden repuestos. Alucinante la obsolescencia programada. Es un fallo peligroso, porque sin esa tapa puedes dar a la tecla SOS sin querer, y eso desencadena un rescate que luego, al no estar justificado, te lo cobran. De momento lo he tapado con un velcro.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 7 de julio de 2023

No paseamos a Miss Daisy.

 Hola navegantes.

Ayer os decía que todo apuntaba a que hoy pasaríamos el Raz Blanchard como en una navegación de paseando a Miss Daisy. Pues no ha sido así. El pronóstico daba vientos flojos del SW mientras estuviéramos pasando el Raz. Pero se equivocó en 180 º, y de donde sopló es del NE. Eso produjo el conocido efecto de viento contra corriente (en este caso una corriente de 6 nudos hacia el Norte y un viento de fuerza 4 hacia el Sur), lo que provoca olas grandes y rompientes, en este caso de unos 2 metros. 


Estuvimos en la coctelera como media hora, y en ese momento llegamos a ver los 14 nudos de velocidad en el GPS:


Pero además hubo dos detalles que aumentaron el estrés: antes de salir del Raz, aunque ya en su parte final y habiendo pasado lo peor, se nos paró el motor. Fue una tontería: con los pantocazos se había soltado el tubo de la gasolina y se quedó sin alimentación. Fácil de resolver, pero impresionante pensar que hubiera sucedido 15 minutos antes.

Y el segundo detalle, que las boyas cardinales se prestaban a error, lo que en ese paso puede ser calamitoso. Desde lejos las veías negro-amarillo-negro, o sea, una cardinal Este, cuando en realidad eran cardinales Norte (amarillo-negro). Hasta que no veías con los prismáticos las marcas de los conos no salías de la duda, y eso con el oleaje era una labor de titanes.  La siguiente es la única que pudimos fotografiar de cerca, ya fuera del paso, pero las del Raz estaban igual.


¿La razón del error?. Que no han pintado la base de hormigón y con el tiempo y la humedad ha cogido color negro. Nos pareció una imprudencia temeraria, en el estrecho más peligroso de Francia, esa negligencia con la pintura y poner los conos tan pequeños que a duras penas distinguías su posición con los prismáticos.

Tras pasar el Raz aprovechamos el viento del NE, que fue aumentando de intensidad a fuerza 5, para llegar a Cherburgo dando unos bordos. En las siguientes fotos, Luis y yo frente a los fuertes de su entrada, y ya dentro de la protección de sus enormes espigones.



En Cherburgo hemos aprovechado la tarde para conocer un poco la ciudad con las bicis, y en el apartado de bricolajes para sustituir las poleas de la botavara. Son las que reenvían los cabos de los rizos y del pajarín,  y se me habían roto. Tuvimos la suerte de encontrar el repuesto en una tienda de acastillaje, y entre Luis y yo ha sido muy fácil reponerlas.



Mañana seguiremos hacia el Este.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 6 de julio de 2023

Las rocas habitadas.

 Hola navegantes.

Hoy salimos Luis y yo de Granville al abrirse la compuerta a las 7.38 h. Aunque estaba pronosticado un viento del W de fuerza 2-3, la verdad es que hoy ha seguido de vacaciones y nos hemos hecho casi toda la etapa a motor. Y ha sido larga, 49 millas.  ¡12 horas de motor, pobre Luis, vaya estreno!.

Por el camino nos hemos acercado a Les Écréhous, unas casas construidas sobre unas rocas en mitad del mar, a 6 millas de la isla de Jersey. Al subir la marea el agua llega a las mismas puertas. Primero eran casas de pescadores, pero ahora se han reconvertido en viviendas de veraneo de algunos ingleses. No tienen agua ni luz, y meterse allí es como hacerse el ermitaño.



Como son muy patriotas, algunos izan su bandera todos los días escuchando su himno nacional llorando.

Por el camino he comprobado que el Navionics te calcula las rutas sin añadir un margen de seguridad a tu calado. Yo puse para el Corto Maltés 1,50 metros, y realmente me lleva por sitios donde el fondo es ese, sin añadir unos centímetros:


Hoy me ha trazado la ruta por una zona con 1,6 metros de fondo en bajamar. Si allí se forman olas choco con las rocas del fondo seguro. Para más seguridad lo he aumentado a 2 metros, y quizás lo aumente más todavía.

El puerto de Dielette lo elegimos como escala técnica por su proximidad al Raz Blanchard (10 millas). Además por el camino nos enteramos de que, aunque tiene una puerta con horarios limitados, también tiene un antepuerto con acceso casi durante las 12 horas de la marea. Y ya en el puerto nos enteramos de que lo acaban de dragar, y la zona limitante, que tenía 0,6 metros de calado en bajamar, ahora tiene 1,5, o sea que para el Corto Maltés es de acceso permanente. Eso nos facilita mucho las cosas para elegir el buen momento para llegar al Raz.

Por lo demás el puerto no tiene nada, está a 1,5 millas de la central nuclear de Flamanville, y el núcleo habitado más próximo (Flamanville) está a una media hora de bici. Llegamos tan cansados que no nos hemos molestado en acercarnos.

Mañana intentaremos pasar el Raz Blanchard,  el estrecho entre la Isla Anglonormanda de Alderney (en francés “Isla de Aurigny”) y el Continente. Los franceses le llaman “el infierno líquido”, la gente se despide diciendo “con cuidado”, y se producen corrientes de hasta once nudos que cuando se enfrentan al viento dominante provocan olas rompientes peligrosísimas. La parte continental de ese estrecho es el Cabo de La Hague, que es como un dedo que sale de Francia y se introduce casi hasta el centro del Canal de la Mancha, acelerando los vientos, tanto del Este como del Oeste, en dos grados (si entras con fuerza 5, en su entorno habrá fuerza 7). A pesar de esta descripción apocalíptica, en la vuelta a Francia elegimos bien el momento de pasarlo y fue como una navegación de paseando a Miss Daisy. Todo apunta a que mañana también será fácil.

Me despido con una foto del Corto Maltés en Dielette. Nos hemos amarrado muy cerca del muro que retiene el agua en el interior del puerto, o sea que me imagino que a media noche nos despertemos con el ruido de catarata que produce el agua al retirarse la marea.


Con cuidado, navegantes.

miércoles, 5 de julio de 2023

Un día raro, y medio millón de visitas..

 Hola navegantes.

Hoy ha sido un día muy raro en este viaje. Lo he pasado en Granville con una sensación ambivalente. Por un lado la alegría de contar con Luis y poder seguir la navegación a Londres como estaba previsto, y saber que no fastidio las vacaciones ni hago perder los billetes de avión a mis siguientes tripulantes. Aunque los días perdidos en Granville nos van a obligar a hacer etapas maratonianas, con el riesgo de que si no podemos navegar un día por la meteorología lleguemos tarde a Dover.

Pero por otro lado no paro de dar vueltas a la actitud de mi anterior tripulante y la forma como me dejó tirado por un mareo. Y eso que se supone que también es un veterano y tiene el mismo barco, un Tonic 23. Dejar a un capitán solo con su barco a 1500 km de casa, en un país extranjero, con la dificultad de encontrar tripulantes en el mes de julio, y a riesgo de no poder seguir el viaje ni retroceder, se explicaría por un infarto o algo así, no por un mareo. En fin, espero que el tiempo me ayude a comprenderlo.

La meteorología hoy ha estado tristona, e igual de ambivalente que mi ánimo. Por la noche y por la mañana unos chubascos impresionantes, que escoraban los barcos amarrados al pantalán y hacían silbar la jarcia, lo que contribuía al ambiente depresivo a bordo. Pero por la tarde el viento se ha ido de vacaciones y ha vuelto a salir el sol.

Yo he dedicado el día a gestiones con los siguientes puertos, saber sus horarios de esclusas y de oficinas, calcular las distancias, ver la meteorología,  etc. Y en el apartado de bricolajes, he conseguido un tubito y un empalme para el endulzador del fueraborda, y en la siguiente escala lo instalaré. Las últimas semanas no me hacía falta endulzarlo porque en los canales hay agua dulce.

A media tarde se ha incorporado Luis a la tripulación. Si todo va bien mañana nos espera una etapa larga, hasta Dielette o Carteret, para estar en las condiciones ideales para pasar el Raz Blanchard el viernes, con una corriente de marea favorable de 6 nudos por la mañana. A cambio el viernes nos quedaremos en Cherburgo, una etapa corta gracias a la velocidad con que pasaremos el Raz, y un puerto en el que se puede entrar a cualquier hora, pues no depende de la marea.

Y como anécdota, este blog ha alcanzado hoy la cifra de medio millón de visitas. Es ese número que veis todos los días arriba a la izquierda. Gracias por seguirnos.

Con cuidado, navegantes.

martes, 4 de julio de 2023

¿Milagro o persistencia?

 Hola navegantes.

Contra todo pronóstico, he conseguido un nuevo tripulante que llegará mañana. No sé si decir que ha ocurrido el milagro o que la persistencia dio sus frutos. Ayer y hoy he escrito como a 50 o 100 contactos relacionados con la náutica, y muchos de ellos lo han repetido en sus redes sociales. He repartido mi teléfono por los pantalanes por si salía algún voluntario francés. He puesto anuncios en la oficina del puerto de Granville y en el club náutico:


y hasta he contactado con un profesional, que finalmente no me llamó para citarnos. Me han escrito 6 personas, y  finalmente un navegante español que conoceréis los próximos días, viene mañana a acompañarme. ¡Gracias, Luis!. Lo malo, que tendremos que recuperar las millas no navegadas estos días, en una parte del viaje que ya de por sí tenía etapas largas.

Así que hoy he pasado el día en Granville, casi todo el tiempo bajo la lluvia. Os enseño como está mi barco en la palangana del puerto (mirad al fondo la entrada seca):


cómo se ve la "entrada" al puerto en bajamar:


cómo se ve la "puerta" por la que entramos ayer:


y la diferencia de altura de la marea:


En bajamar había colegios estudiando la fauna de los charcos de marea, con los niños muy divertidos:


Finalmente, he aprovechado para algunos bricolajes, como cambiar la trapa y los cabos de las defensas. No he podido resolver lo del tubo de endulzar el fueraborda que perdí en una esclusa, porque en la tienda de Mercury no tenían el recambio.

Mañana tenía pensado ir en una excursión organizada a las Islas Chausey, frente a Granville, que vimos al pasar. Es casi imposible ir con tu barco porque no tienen puerto, se fondea en un canal entre dos islotes, sometido a fuertes corrientes de marea, y hay que desembarcar con un anexo que no tengo.  Pero la visita depende de las mareas y del número de gente que se apunte, y no me coinciden los horarios para estar para recibir a Luis, ni se va a apuntar nadie con esta meteorología que nos castiga. Espero poder conocerlas a la vuelta.

Con cuidado, navegantes.

Sin salir del shock.

 Hola navegantes.

Ayer salimos de Saint Malo por los pelos. A las 8:20 nos enteramos que la apertura de la esclusa de las 9:39 se había anulado, y por lo tanto la última de la mañana era a las 8:39. Si perdíamos esa no podríamos salir hasta las 18.30 , y perderíamos el día. Sin recoger, con las bicis en la cubierta y con todo lo de la noche empantanado, y avisando a la torre de control de que íbamos a pasar, conseguimos llegar a tiempo. La pasamos 5 barcos, y al salir, en el lado del mar, nos amarramos a una boya para ordenar todo y repasar con mi tripulante los protocolos de seguridad antes de empezar a navegar.

La salida de Saint Malo es la gyncana más difícil de todas mis navegaciones. Está llena de escollos e islotes, y tiene como cien boyas y balizas entre las que marcan el canal principal, los secundarios y las marcas cardinales. 

Salió un viento del W maravilloso que nos entraba por la aleta, y pronosticaba una travesía placentera a vela (nuestro rumbo a Granville era NE). Entre eso y que la marea estaba aún a mitad de la vaciante (y con unos 4 metros por encima de las profundidades de la carta) decidimos tirar hacia Granville por el canal secundario. Está bien balizado, aunque las distancias son enormes (desde una boya había que buscar la siguiente con los binoculares) y discurre entre escollos. Pero nos ahorraba una vuelta de unas 6 millas. En total navegamos entre los escollos como una hora y media, un poco estresante. Como curiosidad, algunas balizas con campana:


Son para que se oigan cuando hay niebla, y la campana suena al moverse el badajo con las olas.

A media mañana Bartomeu se mareó, y estuvo echando los kiries toda la navegación, a pesar de hacer algunas pausas quedándonos a la capa, o para que se bañase. Las pastillas para el mareo las vomitaba y no le hacían efecto.

Llegamos a Granville como media hora antes de abrirse la puerta del umbral sumergido, para poder pasar. Es uno de esos puertos cuya entrada se seca, y sólo se puede pasar a partir de una determinada altura del agua. Un cartel luminoso indica a altura sobre el umbral:


A la hora exacta la puerta se abrió y pudimos entrar. Hay que entrar entre las dos perchas roja y verde:


En cuanto atracamos Bartomeu hizo el petate y se marchó, y me dijo que así no podía seguir, sin darse la oportunidad de intentar otros modernos tratamientos del mareo, como los parches de escopolamina, ni de tomar la decisión en frío el día siguiente. Y eso que también es navegante y sabe que en uno o dos días el cuerpo se amarina. Aún estoy intentando reponerme del shock y,  como sabéis, buscando con urgencia un tripulante que me acompañe hasta Dover. No es cuestión de seguir en solitario hacia el Raz Blanchard, uno de los puntos más calientes de este viaje. Ya sé que en pleno julio y con las vacaciones ya organizadas es una misión casi imposible. Si no lo encuentro tendré que dar media vuelta y volver a Santander con un plan alternativo. Pero claro, perjudico a los siguientes tripulantes que ya tienen sus billetes de avión y sus planes de vacaciones. Me siento como un tonto de capirote enfrentado a una situación absurda que no puedo resolver.

Me despido con una imagen del Corto Maltés en Granville. Esta mañana se levantó viento del Sur que metía las olas por la bocana y el barco se agitaba mucho, imposible hacer nada dentro. Y como es posible que me pase aquí encerrado varios días, pedí que me cambiarán a una plaza más al interior. 


Con cuidado, navegantes.

lunes, 3 de julio de 2023

URGENTE.

 Hola navegantes.

Mi tripulante actual se ha puesto enfermo y se vuelve a España. Necesito con urgencia encontrar un sustituto. Actualmente estoy en Granville (Francia) y la idea es llegar a Dover (Reino Unido) el 14 de julio. Si alguien está interesado que me llame.

La gasolina, y la despedida.

 Hola navegantes.

Ayer acompañe a Ana a Rennes en tren, que se volvía a Santander, y se incorporó Bartomeu Casellas a la tripulación. 

Ahora que hemos terminado las etapas de motor os recuerdo un detalle de la gasolina. En los canales no suele haber surtidores de gasolina (como mucho de gasoil) y tenemos que comprarla en las gasolineras de la carretera. Pues en Francia comercializan una gasolina de 95 octanos e10, que es una mezcla de gasolina y etanol al 10 %. En España es al 5 % (se ve la inscripción e5 en el boquerel) y suele estar subvencionada al ser menos contaminante. 

El problema es que si el depósito conserva la mezcla mucho tiempo puede separarse el alcohol de la gasolina, formarse ácido y dañar el sistema de combustible, el carburador y el sistema de control de emisiones. 

En los coches no suele pasar porque la gasolina se renueva a menudo. El problema en la náutica, y más en la vela, es que la gasolina puede permanecer en el depósito mucho tiempo, y eso favorece la separación de alcohol y los problemas. En la vuelta a Francia con el Corto Maltés nadie nos lo había advertido, y como la gasolina la comprábamos en las estaciones de carretera cerca del canal, nos la habían servido en los bidones sin advertirnos. Y eso contribuyó a nuestros problemas con el motor que finalizaron teniendo que comprar uno nuevo.

El lío en Francia es que en cada región tienen una gasolina, no está unificado para todo el país, como en España. Hemos visto de 95 octanos e5 y e10, y de 98 octanos e5 y sin etanol, o sea, 4 variedades. Por eso con lo que hay que quedarse es que hay que mirar el boquerel y no comprar ninguna e10.

Como ejemplo, en la foto la súper es e5 y la normal e10. Aquí yo habría cargado la súper.

Pues eso, ayer me despedí de Ana en Rennes. Fuimos en tren  y volvimos a ver paisajes conocidos, y algunas cosas nuevas. Como curiosidad, en Francia la empresa de transportes públicos ha comprado BlaBlaCar, sus viajes se anuncian junto a los autobuses y trenes, y hay aparcamientos específicos para los encuentros:



En el tramo del Río Vilaine que atraviesa la ciudad han hecho lo que pretenciosamente llaman "jardines flotantes". Son unos yerbajos en las orillas con unas luminarias que quieren recordar la luz de los faros:


Y volvimos a ver el túnel por donde el Vilaine atraviesa en subsuelo de Rennes, bajo la plaza de la República:

Y aquí un recuerdo del nivel que alcanzaron algunos desbordamientos históricos del río:

Y como curiosidad, otro recuerdo del Covid en los rellanos de la estación: llamar al ascensor con el codo:

Por la noche Ana cogió el autobús a Santander, y Bartomeu y yo volvimos a Saint Malo. Hoy seguiremos navegando hacia el Norte, y sin ella el ruido del mar sonará en mis oídos como una marcha fúnebre.  Esperamos llegar en 2-3 días al famoso Raz Blanchard, y si todo va bien, volver a encontrarnos con ella en Dover dentro de 2 semanas.

Con cuidado, navegantes.

domingo, 2 de julio de 2023

Un día en Saint Malo.

 Hola navegantes.

Ayer pasamos un día de descanso en Saint Malo. De descanso relativo, porque amaneció lloviendo y tuvimos que recoger y limpiar el barco del bardal del día anterior, conectar la electricidad del palo en una escampada, para no hacerlo con los cables mojados:


sellar una grieta del metacrilato de una ventana que se puso de manifiesto con tanta lluvia, y ajustar el reloj de mareas:


Os comento una cosa de este reloj. Tiene una sola aguja útil, la gorda (la del segundero es sólo para que veas si tiene pila). Cuando la aguja gorda está arriba es la pleamar, a la derecha la descendente, abajo la bajamar y a la izquierda la ascendente. Sirve para ver de un vistazo rápido el estado de la marea sin tener que consultar las tablas de mareas, y aunque no afina tanto como éstas, te sirve debido a su inmediatez. De una ojeada ves si está subiendo o bajando, y lo que falta para la pleamar o la bajamar. Por ejemplo, en la foto lleva poco más de media hora bajando. Pues al desembocar en el Canal de la Mancha resulta que ya tenía 3 horas de diferencia con las de Santander. Para que me sea útil he tenido que ajustarlo a las mareas de aquí.

Luego fuimos a recorrer Saint Malo. Lo más bonito son las vistas desde la muralla y cómo cambian según la marea. Hoy la marea ha subido casi 8 metros (en mareas vivas hasta 14). Está rodeado de islas que son accesibles en bajamar:


y una locura en pleamar:


Hay una piscina de mareas que en bajamar usan hasta los niños:

 
y en pleamar sólo asoma el trampolín en mitad de las olas:


Naturalmente hay muchos catetos que se van a la isla en bajamar y cuando ha empezado a subir la marea no son capaces de volver.


Ayer tuvimos que avisar a los de salvamento marítimo porque 3 o 4 personas estaban aisladas en una isla, y la bajamar era a la una de la madrugada. Esperar allí hasta esa hora tenía riesgo de hipotermia, y no os digo si se hubiera puesto a llover.

Como curiosidades, la última gracia sacerdotal. En la Catedral de Saint Vincent han puesto una forma curiosa de dar una donativo: clavando un clavo.
Hay 2 troncos al lado de un altar, con una bandeja de clavos y un martillo.


Hay clavos de 2, 5 y 10 euros. Supongo que no dejen clavarlos  durante la misa, para ostentación del que hace el donativo y que todos se enteren.


Me despido con una imagen del Corto Maltés en Saint Malo.

Con cuidado, navegantes. 

sábado, 1 de julio de 2023

Llegamos al Canal de la Mancha.

 Hola navegantes.

Las etapas van cayendo una tras otra y ya estamos en el Canal de la Mancha. He guardado la guía Imray de las aguas interiores de Francia y he vuelto a sacar el Bloc Marine Atlantique.

Ayer salimos de Plouer sur Rance a las 16 h. como os dije, para que coincidiera todo bien hasta Saint Malo (me refiero a la marea y las esclusas). Fue una navegación pasada por agua y con frío, supongo que lo que se conoce como una "meteorología bretona". La marea artificial en el interior de la presa estaba subiendo, y por lo tanto no había ningún riesgo de varada. Fueron cayendo las millas entre islas, casoplones, campos de fondeo y algún pueblecito. Las hicimos con el motor y el génova, para no fallar la hora de la esclusa, y aún así daba gusto ver a la vela empujar el barco junto con el motor.

En la esclusa de la presa mareomotriz entramos solos, y luego llegó un velerito rojo (a las izquierda en la siguiente foto) con una pareja mayor hecha un chocho:


Casi chocan el palo con el puente que pasa sobre la esclusa, se atravesaron dentro de la esclusa sin control, y no llevaban preparadas las amarras. Pretendían sujetarse sólo con las manos, y bajó de su torre el esclusero a decirles que se tenían que amarrar. Al salir de la esclusa se les paró el fueraborda y se los llevaba la corriente a la zona prohibida, que es donde pueden succionarte las turbinas. Allí se forman remolinos y corrientes de hasta 10 nudos. Les dimos remolque y al coger el cabo la señora no sabía lo que hacer con él. Intentó sujetarlo con las manos pero le faltaba fuerza, y tuve que gritarle que por lo menos le diera dos vueltas a la cornamusa, y como lo hacía por encima del balcón le dije que lo rectificara. Finalmente les sacamos de allí y lo que les había pasado es que se habían quedado sin gasolina. ¡Qué de novatadas!.

Un poco más tarde entramos en la esclusa de Port Vauban, en Saint Malo. Saint Malo tiene dos puertos y elegimos éste por estar más cerca del centro. Es una esclusa enorme, más de 150 metros, y la pasamos solos. Da pena ver tanto trabajo para un velerito de 6 metros.



El susto fue a la salida, que nos encontramos de morros con un mercante gigantesco que estaba entrando en la esclusa, y que lógicamente tuvimos que maniobrar nosotros para esquivarle. Él también pasó solo.

Finalmente llegamos al atraque bajo una lluvia intensa. Hoy pasaremos el día en Saint Malo como final de las vacaciones de Ana, y mañana la acompañaré a Rennes, esta vez en tren, donde intercambiaremos la tripulación con Bartomeu para llegar a Inglaterra (si lo logramos). Lo malo, que parece que ayer se nos enganchó la borrasca en el timón y hoy está lloviendo más todavía.

Con cuidado, navegantes.