Así es. Cuando antes de la navegación fui al taller y le pedí que me pusiera las cubiertas de tacos más gordas que cupieran por la horquilla, al mecánico se le descolgó la mandíbula y me preguntó asombrado que para qué las quería. Pues hoy lo habría comprendido. En las primeras fotos podéis ver las pistas por las que nos hemos metido y luego comprenderéis lo que pasó.
Salimos de la Toja con un viento fanfarrón del NE que se encajonaba entre la isla de la Toja y el continente, levantando borreguitos y alcanzando fuerza 5, y 6 en las rachas. Como nuestro destino era Vilanova y nuestro rumbo precisamente hacia el NE, nos pasamos toda la mañana dando bordos contra ese viento despiadado y además esquivando los numerosos bajos y mejilloneras que encontramos por el camino. Pero llegamos sanos y salvos a Vilanova hacia las 13.30 h.
La tarde la dedicamos a recorrer la isla de Arosa en las bicis. Está unida al continente por un enorme puente, como el de la isla de Re en Francia, solo que más bajo y los veleros no pueden pasar por debajo. Y al otro lado del puente nos sorprendió lo preciosa que es la isla. Aparte de tener una pequeña ciudad y varios puertos, han sabido conservar su lado salvaje en la mitad Sur. Hay una senda costera que se puede recorrer en bici, a través de una sucesión de playitas preciosas, con arena blanca, el agua de color turquesa y los pinares llegando casi hasta la orilla y prácticamente sin urbanizar. Te parece que estás en el Caribe. No dábamos crédito a tanta belleza aquí al lado. Lo malo fue que por esas pistas de motocross las bicis sufren mucho, y como es lógico se nos pinchó una rueda. En toda la isla no hay un taller ni tienda de bicis y tuvimos que volver a Vilanova con las orejas gachas y con las bicis en el maletero de un taxi. Así es la vida.
Mañana será un día tristón porque el sábado a primera hora se marcha Ana. Ha sido una quincena fabulosa. Por la noche viene mi amigo Mario para ayudarme en la primera mitad de la navegación de vuelta a Santander, que terminaré con mi sobrina Alicia.
Hasta mañana navegantes.