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jueves, 13 de julio de 2017

Exigimos mucho a las minibicis.

Así es. Cuando antes de la navegación fui al taller y le pedí que me pusiera las cubiertas de tacos más gordas que cupieran por la horquilla, al mecánico se le descolgó la mandíbula y me preguntó asombrado que para qué las quería. Pues hoy lo habría comprendido. En las primeras fotos podéis ver las pistas por las que nos hemos metido y luego comprenderéis lo que pasó.

Salimos de la Toja con un viento fanfarrón del NE que se encajonaba entre la isla de la Toja y el continente, levantando borreguitos y alcanzando fuerza 5, y 6 en las rachas. Como nuestro destino era Vilanova y nuestro rumbo precisamente hacia el NE, nos pasamos toda la mañana dando bordos contra ese viento despiadado y además esquivando los numerosos bajos y mejilloneras que encontramos por el camino. Pero llegamos sanos y salvos a Vilanova hacia las 13.30 h.

La tarde la dedicamos a recorrer la isla de Arosa en las bicis. Está unida al continente por un enorme puente, como el de la isla de Re en Francia, solo que más bajo y los veleros no pueden pasar por debajo. Y al otro lado del puente nos sorprendió lo preciosa que es la isla. Aparte de tener una pequeña ciudad y varios puertos, han sabido conservar su lado salvaje en la mitad Sur. Hay una senda costera que se puede recorrer en bici, a través de una sucesión de playitas preciosas, con arena blanca, el agua de color turquesa y los pinares llegando casi hasta la orilla y prácticamente sin urbanizar. Te parece que estás en el Caribe. No dábamos crédito a tanta belleza aquí al lado. Lo malo fue que por esas pistas de motocross las bicis sufren mucho, y como es lógico se nos pinchó una rueda. En toda la isla no hay un taller ni tienda de bicis y tuvimos que volver a Vilanova con las orejas gachas y con las bicis en el maletero de un taxi. Así es la vida.

Mañana será un día tristón porque el sábado a primera hora se marcha Ana. Ha sido una quincena fabulosa. Por la noche viene mi amigo Mario para ayudarme en la primera mitad de la navegación de vuelta a Santander, que terminaré con mi sobrina Alicia.

Hasta mañana navegantes.

miércoles, 12 de julio de 2017

En la isla de la Toja.

Hola navegantes.

El principal motivo para venir a Pedras Negras era conocer su senda costera. Es un paseo de madera construido entre bosques y las rocas de la costa, con vistas permanentes a las islas de Ons y Sálvora. Una preciosidad, con numerosas playas de arena blanca entre escollos y rocas que sobresalen del agua. En su recorrido un curioso monumento que dedujimos que está dedicado a los voluntarios de la limpieza del vertido de petróleo del Prestige, porque los personajes parecen portar una mascarilla y un traje de protección, pero nada estaba aclarado en una placa o similar.

Lo que no nos habían contado es que toda la península, salvo la línea de costa por donde discurre el sendero, es de propiedad militar, está separada por un vallado de espinos, y tiene búnkeres con auténticos cañones apuntando al mar. Suponemos que protege la base naval militar de Marín, en la ría de Pontevedra.

Después de recorrerlo hicimos una navegación de 14 millas para volver a entrar a la ría de Arosa, concretamente a la isla de la Toja. Esta situada en una zona de poco fondo y rodeada de escollos, que nos hizo ir pendientes del plóter hasta el puerto. Es un puerto inaugurado hace pocos meses y que no venía en nuestras guías náuticas ni en Google Maps y tuvimos que encontrarlo dejándonos llevar por la intuición. Se trata de unos pantalanes separados de la costa y a los que se llega por una larga pasarela. Los hicieron así buscando la zona profunda de la lengua de mar que hay entre la isla de la Toja y la Punta Borrelo. En el atraque llama la atención la fuerte corriente lateral, que se debe a la marea, ya que no han construido un espigón de piedra que proteja los pantalanes de los elementos. Hoy estamos bien, pero cuando sople duro debe ser un sitio incomodísimo.

Dedicamos la tarde a recordar los sitios de La Toja y el Grove que ya conocíamos de un viaje anterior. En la capilla de San Calampio, esa que está cubierta de conchas, los desaprensivos se han dedicado a firmar autógrafos en ellas, a pesar de la optimista prohibición del párroco. ¡Qué país!. ¿Hará falta que pase una generación para dejar de ver estas muestras de espíritu pueblerino?.

Por otra parte la isla de la Toja nos recordó muchísimo al proyecto urbanístico de Cortegada, sólo que aquí se consumó: chalets para gente de gorda billetera, un golf, un puente que la una al continente y un puerto deportivo. La historia no siempre se repite.

Mañana seguiremos navegando hacia el interior de la ría y conoceremos la isla de Arosa.

Hasta mañana navegantes.

martes, 11 de julio de 2017

La isla de Ons.

Hola navegantes.

Esta mañana salimos temprano de Pontevedra para aprovechar la marea vaciante. Hasta la ría de Pontevedra fuimos a motor, de la ría salimos aprovechando el viento terral que era del Este, con el espí y el Génova atangonado en orejas de burro. En ese tramo si mirábamos a estribor teníamos la maravilla de la isla de Tambo, y si mirábamos a babor lo que veis en la segunda foto.  ¡Ay señor!. Y entre la salida de la ría y la isla de Ons fuimos un rato a motor y la última mitad a vela.

Llegamos a Ons en plena bajamar y el muro del espigón de desembarco sólo tenía agua en su extremo. Allí no pudimos quedarnos y fuimos a una de las boyas que gestionan los restaurantes locales. Nos habían dicho que te dejan usarlas a cambio de comer en ellos, como si hubiera una relación directa, pero no es así. Vino a recogernos un botero y nos explicó que daba igual de quién es la boya y si comes o no en el restaurante. Lo que les interesa es fomentar que la gente desembarque en la isla, porque eso beneficia a todos. Que para la vuelta le pidiéramos a cualquiera que nos llevara al barco, que lo haría.

Como pensábamos dar la vuelta completa a la isla y no nos daba tiempo a comer sentados, compramos simplemente bocadillos y bebida y empezamos a caminar bajo un sol de justicia. Fuimos al mirador de donde se ve la vecina isla de Onceta, de acceso prohibido. Luego al "Buraco do Infierno", una excavación kárstica que se ha hundido y ha dejado un hueco de cuarenta y tantos metros de hondo, y al faro. Volvimos al puerto, tomamos el café en uno de los restaurantes y su botero nos devolvió al barco sin más explicaciones. Gracias chicos. La excursión fue mucho más relajada sabiendo que el barco estaba seguro en una boya que, como ocurrió en nuestra vuelta a España, amarrado en el muro y temiendo que tocara el fondo en la bajamar.

Ya con muy poco viento nos hemos venido al puerto de Pedras Negras, que es como se llama el de San Vicente del Mar, el último antes de volver a entrar a la ría de Arosa. Acabaremos las vacaciones de Ana aquí en la ría de Arosa porque la huelga de autobuses no parece bien encaminada, amenaza con hacerse indefinida, y hemos decidido hacer el siguiente cambio de tripulación en Vilagarcía, que tiene tren.

Hasta mañana navegantes.

lunes, 10 de julio de 2017

Remontamos el río Lérez hasta Pontevedra.

Hola navegantes.

En mi incultura general desconocía que se podía llegar a Pontevedra en barco, aunque sea en uno de poco calado. Pero al estudiar la cartografía de la ría de Pontevedra vimos que en su esquina nordeste está el río Lérez, que llega hasta la ciudad de Pontevedra. Pasa por debajo de varios puentes, pero los dos primeros, que permiten llegar hasta la ciudad, son navegables sin desarbolar (12 metros de vano). Y no solo eso, en la propia ciudad hay unos pantalanes con sitio para los barcos de paso. Pero el río tiene poco calado, con zonas de 1,1 metros (el Corto Maltés con la orza subida cala 70 cm) por  lo que el instrumento más utilizado hoy iba a ser el escandallo, como veis en la primera foto. Nos decidimos a intentarlo hoy.

Había que subir con la marea creciente, porque así si varamos sólo tenemos que esperar unas horas a que suba la marea para reflotar. La bajamar era hoy a las 11.42 y decidimos iniciar la remontada del río dos horas después. Hubiera sido mejor hacerlo cerca de la plea, pero entonces no nos quedaba tiempo para ver Pontevedra. En la espera dimos otra vuelta por Combarro, encontrando que en bajamar medio pueblo estaba en el agua en una agradable tertulia mientras cogían almejas con los rastrillos.

Para hacer un poco más de tiempo fuimos a ver de cerca la isla Tambo. Es un inmenso eucaliptal con algunos pinos, casetas militares en cualquier playa accesible, y un curioso faro en una península, al que se accede por una escalera de caracol situada en el exterior, en vez de en el interior. Un lugar precioso que ojalá pronto podamos disfrutar.

A las 13.55 entramos en el río, que está bien balizado. Nos dejamos arrastrar a poca velocidad por la marea, con el mínimo de motor para tener maniobrabilidad con el timón. A su entrada, y llevando ya dos horas subiendo la marea, solo tenía medio metro de agua bajo la quilla, más dentro el río era más profundo. Hasta su primer meandro la vista hacia popa era deliciosa, pues está centrado por la isla Tambo. Luego se entra en un paisaje urbano no muy bonito, con barrios y coches alrededor.

Las aproximaciones a los dos puentes fueron un poco estresantes. Siempre pasa, aunque hagas un acto de fe para creerte el vano que dice la guía náutica, conforme te acercas la perspectiva engaña y siempre te parece que no vas a caber. Por suerte pasamos sin problemas y a eso de las 14.30 amarramos en el Club Naval de Pontevedra.

Nos recibió primero Moncho, el marinero, y como por aquí no deben venir muchos veleros de paso, luego el presidente del club, que nos explicó sus problemas con la colmatación de lodos de la ría, que está dejando inutilizables algunos amarres en bajamar. Aquí en Galicia estamos sorprendidos por la amabilidad de todo el personal de las marinas, gracias chicos.

Dedicamos la tarde a conocer Pontevedra, una bonita y entrañable ciudad con un centro histórico muy completo y una enorme zona verde en el entorno de un afluente al río Lérez.

En el apartado de chascarrillos, os enseño un barco de nombre Serenguetti, con la decoración acorde, y lo que pasa por querer reutilizar la cartelería de las señales de tráfico.

Mañana intentaremos explorar la isla de Ons. Hasta mañana navegantes.

domingo, 9 de julio de 2017

Mucho bueno.

Hola navegantes.

Hoy salimos tarde de Vilagarcía porque no había viento y porque tuvimos que resolver temas de intendencia. Entre otros conseguir gasolina, porque el surtidor del puerto hace tiempo que no surte, y tuvimos que ir con la bici al de carretera. 

Pero antes de salir de la ría de Arosa se levantó un NW maravilloso que nos hizo cambiar los planes sobre la marcha. Nuestro plan inicial era haber parado en la isla de Ons, la única isla habitada del parque natural ¡aunque en invierno solo viven 4 personas!.

De la ría de Arosa salimos dando bordos y un pescador desde su barca fue nuestro Ángel de la guarda, porque me había distraído con temas domésticos en el interior del barco y nos avisó:

"Ahí hay pedras"

señalando a nuestra proa. Viramos a toda velocidad y efectivamente habíamos rebasado la baliza roja y nos dirigíamos a un bajo rocoso que calaba 90 cm, cerca de la Isla Rua. Pero íbamos con la orza bajada y habríamos tocado. Mil gracias.

Al pasar entre Ons y el continente íbamos a toda vela y pensamos que podíamos estirar la etapa y dejar Ons para la vuelta, y además hoy es domingo y la isla estaría llena de turistas. Por eso decidimos llegar hasta Combarro, en el fondo de la ría de Pontevedra. Las últimas millas, entrando en la ría, las hicimos con el espí y la vela mayor a toda máquina, entre 5 y 6 nudos, y a rumbo directo. Lo que siempre soñamos. Pasamos dejando la Isla Tambo, de propiedad militar, a estribor, y llegamos a puerto después de hacernos 32 millas en 7 horas y media, pero todas a vela. ¡Qué gusto!.

Hoy en vez de fotos os pongo los apuntes del cuaderno de bitácora de las tres islas que hemos contorneado: Rúa, Ons y Tambo. La última es una pena que no se pueda visitar porque tiene un aspecto tentador: un puro bosque. Ojalá termine propiedad de la Xunta, como las otras islas atlánticas, y podamos algún día visitarla.

Combarro me ha producido una sensación ambivalente. Estéticamente es precioso, con sus hórreos y el casco viejo reflejándose en la ría. Pero por dentro es decepcionante, porque todos esos hórreos son restaurantes y tiendas de quincallería veraniega y productos de turisteo, poco auténtico, la verdad. Como acercarse a una mujer hermosa y de cerca ver que todo es maquillaje.

Mañana intentaremos llegar por el río Lerez hasta Pontevedra, donde hay unos pantalanes en pleno centro urbano, para recordar nuestras navegaciones por el interior de Francia. Habrá que ir con mucho cuidado y la marea creciente, pues tiene zonas donde solo cala 1,1 metros. Mañana os contaremos si llegamos.

sábado, 8 de julio de 2017

Muchos delfines.

Pues sí, en la ría de Arosa estamos viendo más delfines que en toda la navegación. Hoy quedamos con nuestros amigos de Vigo para una navegación tranquila, con su hijito de 3 años. El plan era llegar a la isla de Arosa, al desembarcadero de Xufre, y desde allí ir a alguna de las playas de la isla. Pero al salir había un viento del NW de fuerza 5, que aunque era muy cómodo para la ida (solo con el Génova íbamos a 5 nudos) nos iba a poner complicada la vuelta, dando bordos interminables y con un grumetillo tan pequeño. A la media hora hice la prueba de cambiar de rumbo y poner el que llevaríamos a la vuelta, para ver las condiciones de navegación, y por unanimidad decidimos cambiar el plan. Daríamos unos bordos entre las bateas, volveríamos a comer a Vilagarcía e iríamos a la playa de Vilagarcía por la tarde.

El nuevo plan se vio premiado por la presencia de delfines entre las bateas, ¡Dios, cuántos delfines!. La mayoría nadando despacio para alimentarse, pero algunos incluso saltando fuera del agua jugando de dos en dos. El grumetillo nunca los había visto tan cerca y fue un premio inesperado. Yo no les hice fotos porque por experiencia sé que si lo intentas no disfrutas de su presencia, más pendiente de la cámara que de los delfines. Y además las fotos nunca salen bien, porque nadan tan deprisa que siempre disparas cuando ya se han sumergido. O sea que hoy no hay fotos.

En el aspecto práctico, los planes para el siguiente cambio de tripulación se nos complican por la huelga de autobuses. Amenaza con hacerse indefinida, por lo que es probable que lo hagamos en Vilagarcía, que tiene tren, en vez de en Muros que no tiene. En los próximos días lo decidiremos.

Hasta mañana navegantes.

viernes, 7 de julio de 2017

¡Ay, la monarquía!

Hola navegantes.

Hoy salimos sin prisa de Pobra do Caramiñal porque había una niebla espesa que dificultaba la navegación. En dos horas y media de una navegación a vela apacible, entre las bateas y rodeados de delfines, llegamos a la isla de Cortegada. Tiene un pantalán minúsculo y que además queda en seco en bajamar, pero tuvimos la suerte de llegar al final de la marea creciente, con tiempo suficiente para ver la isla.

Cortegada se la regalaron al rey Alfonso XIII en 1910 para que se construyera una residencia de verano. ¿Os suena a los de Santander?. Aquí fue peor pues había un poblado de pescadores y campesinos, y con las expropiaciones fueron obligados a trasladarse a vivir a Carril, en el continente. El caso es que ya se había empezado a construir el Palacio de la Magdalena, en Santander, en una península que también le regalaron, y Cortegada la dejó como territorio de caza.

En 1977 Juan de Borbón, el abuelo del rey, vendió al ayuntamiento de Santander la península, que le habían regalado, por 150 millones de pesetas, y en 1978 la isla de Cortegada, que le habían regalado, se la vendió a una constructora por 60 millones de pesetas. En la segunda foto podéis ver lo que pensaban construir en ella: chalets, un campo de golf, un puente y un puerto. Y en la tercera foto el pueblecito de los pescadores. Por suerte en este caso la oposición popular impidió el desaguisado y Cortegada es ahora propiedad de la Xunta, aunque para recuperarla tuvo que pagar lo que había pagado la constructora al abuelo del rey. Aunque parezca kafkiano es real.

Cortegada está ocupada por un bosque denso de laureles, eucaliptos, pinos y otros árboles que crecieron cuando se abandonó su cultivo a raíz de las expropiaciones. Se visitan también las ruinas del poblado y se insinúa bajo el agua el "camino del carro", uno que en bajamares vivas permitía circular entre la isla y el continente, con las ruedas bajo el agua, para llevar provisiones y productos del campo del continente a la isla y viceversa.

Después de la visita vinimos a la Marina de Vilagarcía de Arousa. Todos nos habían prevenido sobre sus altos precios y hemos alucinado porque ha sido la segunda más barata de todo el viaje. 8,75 euros por noche con todos los servicios y en temporada alta, que deja en un auténtico robo los 25 que cobran en Cudillero, por ejemplo, en temporada baja, por amarrarte a una boya sin acceso a tierra, sin agua, sin electricidad, ni aseos ni por supuesto wifi ni nada que se parezca. Otros que van a matar a la gallina de los huevos de oro.

Para terminar, dos curiosidades náuticas. La penúltima foto, un soporte para convertir una defensa vertical del barco en una defensa horizontal de pantalán. Y la última, el estado de las eslingas de la grúa del puerto de Carril. Hay que estar muy desesperado para dejar que izen a tu barco con eso.

Hasta mañana navegantes.

jueves, 6 de julio de 2017

Pocos... pero los hay.

Esos días mágicos en que nada se tuerce y todo lo de la navegación parece bonito. Hoy salimos de Sálvora sin prisa porque nos esperaba una etapa corta. Al ir a despedirnos de nuestros amigos una familia de caballos salvajes estaba pastando a la orilla del sendero y ni se espantaron.

Navegamos hasta el islote Arenoso, gemelo del islote Pedregoso pero de arena en vez de piedras. Bien mirado es una fotocopia reducida del Puntal de Santander, arena blanca y dunas, con el matiz de que éste es un islote separado de la costa y vecino al Pedregoso, lo que te hace divagar acerca de las extrañas corrientes que han dado lugar a ese arenal en mitad de la ría. Fondeamos y a pesar de estar en temporada alta éramos el único barco en el islote. ¡Menudo baño, menuda comida y menuda siesta!. Además en el entorno había algunos delfines nadando despacio para alimentarse.

Por si fuera poco a media tarde apareció nuestro amigo Eduardo, que con su barco el Xarpa se está dedicando unos años al vagabundeo náutico, y ahora está recalando en Pobra do Caramiñal. Nos estaba siguiendo por el blog y se acercó a saludarnos. Y tanto bueno no lo considero desmerecido porque al navegar hacia Pobra, donde pasaremos hoy la noche, nos cayera encima un chubasco de libro que nos obligó a cambiar el bañador por todo el traje de aguas. Y al llegar a Pobra de nuevo un sol de los de derretir coletas. No hay quien lo entienda.

Por si os parecen pocas emociones, al volver de cenar ¿qué diréis que vimos en el pantalán?. Una nutria cenándose un pescado. Parece de ciencia ficción pero fue así. Estaba en el finguer tan tranquila y ni siquiera se espantó cuando me puse a hacerle fotos.

Mañana seguiremos hacia el interior de la ría de Arousa e intentaremos visitar la isla de Cortegada, otra de las del parque natural y la única situada en el interior de una ría en vez de en su salida al mar.

Hasta mañana navegantes.