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domingo, 16 de enero de 2022

Publicidad náutica (25).

 Hola navegantes.

Este es el cartel de un salón náutico de venta de barcos de ocasión en Francia. 


Concretamente se celebra en Crouesty, a la entrada del Golfo de Morbihan, donde estuvimos con el Corto Maltés en 2015, en nuestra navegación a Bretaña. Crouesty está a la entrada del enorme golfo, que tiene unos 150 km2, pero su entrada (47º 33,0’ N; 2º 55,3’ W) es muy angosta, 700 metros, y por ella entra y sale la marea con un chorro grandioso. Puede superar los 9 nudos y adquirir la forma de ríos o torrentes dentro del mar, siendo la segunda corriente más fuerte en Europa. 

Ni que decir tiene que cuando la marea vaciante se enfrenta a vientos del Sureste al Suroeste se forma una barra en la entrada, con olas cortas y rompientes. El interior del golfo está salpicado de 60 islas e islotes con vegetación abundante y playas, la mayoría deshabitadas. Aunque en general la corriente de marea sigue el recorrido de los canales entre islas con la regularidad de un mapa de carreteras, en algunas zonas puede generar remolinos que atrapan al barco, y en muchos lugares hay contracorrientes. Una leyenda atribuye la creación del golfo a las lágrimas de las hadas desalojadas del cercano bosque de Brocelianda, donde se sitúan las aventuras de la Mesa Redonda y otros cuentos y leyendas. Las hadas habrían echado luego sus coronas al agua, que se habrían convertido en las islas.

El golfo recibe las aguas de cuatro ríos principales, el Auray, el Vincin, el Marle y el Noyalo, que son parcialmente navegables y que pensábamos explorar. Un tercio de la superficie del golfo se seca en bajamar, y su profundidad oscila entre 20 metros en las zonas centrales de los canales, hasta sólo 20 cm. entre algunas islas y muchas zonas por encima del cero, es decir, que se secan en bajamar. De un extremo a otro hay 20 kilómetros, una distancia tan grande que la marea tarda más de dos horas en recorrerla y las tablas de mareas tienen la información doble: por un lado los horarios en Port-Navalo, justo en la boca de entrada, y por otro lado en Arradon, en su extremo Norte.

La dificultad principal es afrontar el paso en el momento correcto de la marea. Hay que presentarse en la entrada del golfo media hora antes de la pleamar en Port-Navalo, y hacer las 12 millas que separan Crouesty de Vannes en 2-3 horas a favor de la marea. Alicia y yo decidimos pasar en el momento que más tiraba porque nos seducía la experiencia de sentirnos arrastrados a más de 9 nudos por la corriente, y que pocas veces en su vida el Corto Maltés ha ido tan veloz. En cuanto llegamos al paso nos agarró una corriente que parecía que estábamos en el Amazonas. Las boyas parecía que navegaban como una zodiac rápida, aunque obviamente estaban paradas, y cerca de las orillas rocosas y de los bajos se formaban olas como las de los ríos caudalosos. A la entrada nos arrastraba a 9,2 nudos. Cualquier fallo en esa corriente habría sido irreversible, porque mi fueraborda no da más de 5 nudos de velocidad en las mejores condiciones (sin viento ni olas) y si me hubiera ido por el canal equivocado no habría podido dar marcha atrás y en ese laberinto de islas era fácil perderse, varar o chocar contra un bajo. Pero llevábamos todo el recorrido marcado con puntos de GPS en el plotter, y la carta del golfo memorizada en la cabeza, y todo fue emocionante pero sin incidentes.

Pues en ese puerto curioso a la entrada del golfo se celebra todos los años un salón del barco de ocasión, y os traigo el cartel anunciador de este año. Con el lema "Realice sus sueños de niño" presenta un  niño a la rueda de timón de un barco, levantando el pulgar por haber conseguido ya su "sueño", con la más tópica camiseta marinera de rayas blancas y azules, y con una cara muy bien lograda entre niño y adulto expresando satisfacción. Un bonito cartel que logra su objetivo, porque realmente los barcos de ocasión son baratos, no se han deteriorado como los coches, y si su dueño anterior ha sido cuidadoso puede que incluso estén mejor que uno nuevo, recién salido del astillero.

Con cuidado, navegantes.

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