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jueves, 9 de agosto de 2018

Otra forma de llegar a París.

Quién lo diría, pero esto es también la entrada a París:


Es el río Oise, un afluente del Sena, por el que hoy hemos navegado 52 millas. Parece el Amazonas y está a pocos kilómetros de la capital de Francia. Pese a su belleza, ha sido un día agotador, que hemos hecho tan largo por las ganas de llegar a París. La meteorología ha sido el otro extremo de la ola de calor de los días anteriores. Toda la mañana con chubascos que nos han obligado a ponernos otra vez la ropa de aguas y de invierno, y con tanta lluvia que parecía que el río y el aire se habían hecho una misma cosa. Y con detalles de los que dan mal yuyu, como esta barcaza, tocaya de nuestro barquito, totalmente hundida en la orilla:


O que el motor vuelve a cargar mal la batería, ese problema que creíamos haber resuelto en Fécamp al soldar un cable suelto del alternador. Es una de las cosas malas de los viajes y que te llena de impotencia: cualquier cosa que te arreglan mal no puedes reclamarla, porque cuando te das cuenta ya estás muy lejos. Y por otra parte en un viaje como éste usas en 3 meses el barco tanto como otros en 20 años, y lógicamente las averías y desgastes se van acumulando en poco tiempo.

Y ahora una imagen que explica por sí sola la necesidad de una titulación específica para los canales. Fijaos la de señales y balizas que tiene este puente, y te las encuentras de golpe con una barcaza viniéndote de frente. La conclusión es que los veleros deportivos tenemos que pasar por el vano de la derecha
aunque esté fuera de las balizas verde y roja que marcan el canal navegable. ¿Simpático, no?.


Pero a pensar en lo bueno: hoy nos hemos quedado en la desembocadura del Oise en el Sena, y mañana culminamos esta travesía entrando en París. Lo que parecía imposible será realidad mañana.

Y mañana os lo contaré, navegantes.

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