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jueves, 20 de febrero de 2020

El calientamanos de gasolina.

Hola navegantes.

El calientamanos de gasolina es un invento que usan mucho los excursionistas y cazadores. Sin embargo mucha gente desconoce su existencia. Consiste en una carcasa de metal que se llena de gasolina como los mecheros, y en su extremos superior una rejilla o un rodete de material ignífugo que produce una combustión lenta en ausencia de oxígeno que se llama "combustión catalítica":




Se carga de gasolina como los mecheros:


Luego se le da fuego a una pequeña mecha que lleva, o se mantiene unos segundos la llama de un mechero cerca:

Al cabo de un rato se sopla para apagar la llama o se pone la tapa (al faltar oxígeno la llama se apaga) y se mete en la bolsa de tela. El quemador catalítico mantiene un hilillo incandescente de color rojo, sin llama, que en pocos segundos hace que toda la carcasa metálica alcance una alta temperatura. Aunque no lo parezca, sin la bolsita de terciopelo llega a quemar. Se mete al bolsillo y allí guarda el calor para las manos. Una carga de gasolina dura de 8 a 12 horas. Además de para las manos también puede meterse al saco de dormir o al cuerpo, debajo de la camiseta. En el saco de dormir la diferencia es abismal, esa pequeñez te calienta todo el cuerpo.

Aunque suele decirse que no hay forma de apagarlo y hay que esperar a que se acabe la gasolina,  si lo abres y separas el quemador del depósito por supuesto se apaga. Hay que hacerlo con un trapo porque quema.

El único inconveniente es que deja un ligero olor a gasolina, que a algunos les molesta. Por eso es mejor usar gasolina "de la buena", de las de mechero, aunque por supuesto también funciona con la gasolina del fueraborda.

Hay varios tutoriales en Google poniendo "calientamanos de gasolina" y se venden entre 7 y 20 euros.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Luchar contra el frío y el calor en el mismo viaje.

Hola navegantes.

Es cierto lo del título, una navegación de 3-4 meses da para pasar en el barco dos estaciones, concretamente la primavera y el verano, y las condiciones cambian radicalmente. Y más si te desplazas mucho. Por ejemplo, en la vuelta a Francia ascendimos las Landas y el Canal de la Mancha en primavera y descendimos por el interior de Francia en pleno verano. En las etapas marítimas y por esas latitudes tan altas, nos moríamos de frío, necesitábamos el calefactor para entrar en calor y secar la ropa, y en algunas etapas nos cayó hasta granizo. Algunas noches el viento parecía venir directamente del Polo Norte, y a pesar de los sacos de dormir de plumas nos despertábamos soplándonos los dedos. Y luego, en las etapas del interior de Francia, era la canícula más horrorosa. Hubo días que no éramos capaces ni de pedalear en la bici por el calor, y muchos días nuestra obsesión era encontrar un local con aire acondicionado para pasar las horas centrales del día cuando estábamos de escala en alguna ciudad o pueblo del interior. Y cuando se nos paraba el motor en los canales, lo prioritario era arrastrar el barco hasta la sombra de un puente (aunque está prohibido amarrarse debajo de ellos) porque al sol era imposible hacer nada, y menos sacar el motor a pulso del pozo y llevarlo a la orilla para repararlo.

El Corto  Maltés no tiene, por supuesto, aire acondicionado como algunos veleros modernos, y tampoco calefacción autónoma. Por eso tenemos que recurrir a los sistemas antiguos. El problema es que cuando sales de casa tienes que llevarlo todo previsto, y que en un barco pequeño la capacidad de estiba es muy reducida y hay que pensar muy bien cada cosa que metes.

Para el frío, hace un par de años instalamos un calefactor, pero sólo sirve cuando estamos en una marina y podemos conectarlo a la electricidad del pantalán.


Esos días es maravilloso, porque aparte de calentar te permite secar toda la ropa mojada en poco tiempo. Los cabitos que veis alrededor de él colgados por el techo son para tender allí la ropa mojada y que le dé directamente el aire seco y caliente del calefactor.



También llevamos un secador de pelo, que es para secar las prendas una a una enchufando el chorro de aire directamente por el interior de las mangas y el cuerpo o las perneras de los pantalones y los jerséis.

Los días que no tenemos electricidad calentamos la camareta con el lumigas, que llevamos siempre cogido con una goma o una brida al puntal que sujeta el palo, o sea, encima de la mesa:



Como la camareta es pequeña, esa minúscula fuente de calor la calienta en pocos minutos. A veces lo usamos para calentar aunque no necesitemos la luz, pero por la noche cumple las dos funciones perfectamente. Además llevamos bolsas de agua caliente para calentar el saco, y calientamanos de gasolina.

En el extremo contrario, cuando lo que nos agobia es el calor usamos el mismo calefactor, que tiene una posición de "frío" en que actúa como un ventilador, y otro pequeño ventilador portátil enroscado en el casquillo de una bombilla. Le instalamos siempre lo más cerca posible de nosotros, encima de la mesa cuando comemos:


y encima de la cama cuando dormimos, colgado justo en el ventanuco de proa, lo que aumenta la corriente de aire que entra por allí:


Además en las escalas en que nos quedamos al sol hacemos sombra en los tambuchos con un  paraguas, que además orientamos hacia el viento dominante para que  recoja más viento y le haga entrar con más fuerza al interior:


Y sobre la bañera nos damos sombra con un toldo que hicimos con una vela vieja:


Y aunque parezca una horterada, también llevamos abanicos:


 Un problema especial es el tema de la nevera, que comentaré otro día.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 17 de febrero de 2020

Los cuatro enormes.

Hola navegantes.

En la vuelta a Italia, que intentaremos en los meses de verano, lo más habitual será encontrarnos vientos suaves de origen térmico, como el Nordeste en Santander. Se producen porque al salir el sol la tierra se calienta antes que el mar, el aire sobre ella se eleva, y el vacío que deja es rellenado por aire más frío procedente del mar. Es un viento que sopla, pues, del mar a la tierra, casi perpendicular a ella, comienza hacia el mediodía, alcanza el máximo entre las 3 y las 5 de la tarde, y luego se desvanece. Suele notarse hasta 20 millas mar adentro, que es la franja de navegación que usamos nosotros. Su intensidad raramente supera la fuerza 5, y es extraordinario para navegar a vela porque te permite rumbos de través, los mejores para un velero, y además ir a rumbo directo buscando el siguiente puerto, sin dar bordos.


Este sistema general de brisas térmicas está luego modificado por la geografía de la costa, ya que en los cabos, en los desfiladeros, y en los cañones de las montañas cerca de la orilla pueden sufrir aceleraciones hasta de 2 grados en la escala Beaufort, y entonces pasan a fuerza 7, que ya es mucho para el Corto Maltés. Pero esos sitios son predecibles y los abordamos con cuidado y con el velamen reducido.

Lo que está claro es que al Mediterráneo, en verano, le afectan poco los grandes sistemas del Atlántico y Continentales (anticiclones y depresiones) ya que son frenados por las montañas que franquean su orilla Norte y Oeste, las de España, los Alpes franceses, suizos y austriacos, y los Balcanes. Esta geografía, junto con el establecimiento de un anticiclón propio en los meses calientes, impiden la entrada de borrascas con el resultado de que casi toda la meteorología es de tipo local, sólo dependiente de las condiciones del lugar.

Pero sobre este panorama idílico hay cuatro vientos enormes a los que temer:

1) El "mistral" ("tramontana"). Es un viento fuerte del Norte al Noroeste más típico del invierno, cuando alcanza fácilmente los 50 nudos (fuerza 10) con rachas en ocasiones de hasta 90 nudos. Afecta al Golfo de León y Golfo de Génova, y se deja sentir hasta en Las Baleares o en Córcega. Suele durar de 3 a 6 días. Aunque con menor frecuencia también se presenta en verano, un promedio de 4 días al mes, por lo que no podemos descartar que algún día nos alcance, pero a este ya le conozco de la navegación a Elba.

Se genera por la suma de vientos del anticiclón de las Azores (que giran en el sentido horario y en Francia, por lo tanto, vienen del Norte: en rojo) con los de una borrasca que ya ha pasado y se sitúa al Este de Europa cuyos vientos giran en sentido antihorario, y atacan a Francia también desde el Norte (en azul). Estos vientos, sumados, se aceleran por efecto embudo entre las grandes cordilleras de Francia: entre el Macizo Central y los Pirineos en la parte occidental, y entre el Macizo Central y Los Alpes en la parte oriental (en verde).


Su peligrosidad deriva de que se presenta sin avisar, sin bajadas del barómetro o incluso subiendo ligeramente, y de que puede alcanzar características de temporal en quince minutos en mitad de un día soleado. Se puede sospechar por el cielo azul intenso (el propio viento aleja las nubes) la visibilidad muy clara, y unas nubes blancas con bordes nítidos en forma de puro o de lente encima de la costa y de las cordilleras:

Los navegantes de Cantábrico  estamos acostumbrados a vientos totalmente predecibles, las borrascas que barren la cornisa cantábrica de Oeste a Este entrando por Galicia, a una velocidad constante, y por lo tanto sabemos exactamente qué día van a llegar y con qué fuerza. Por contra el mistral, según los libros, es impredecible. Sin embargo en nuestra anterior navegación a la Isla de Elba comprobamos que si vas pendiente de los avisos meteorológicos de la radio o de las capitanías, ellos sí que suelen avisarlos desde el día anterior, o por lo menos para el mismo día, y te da tiempo a buscar refugio o a no salir a navegar.

El mistral tiene algo bueno, que es seco. Para los del Norte un temporal es sinónimo de un cielo negro cubierto de nubarrones y cayendo la del pulpo. La visibilidad se reduce, la cubierta está resbaladiza, pasas frío, la ropa no se seca, y si un tripulante se cae al agua no hay quien le encuentre entre tanta oscuridad. Pero el mistral pueden estar soplando con fuerza 8 en el mar, y en tierra la gente en camiseta y tirantes bajo un sol espléndido. A lo que más recuerda es a los días de viento Sur en Santander. La siguiente foto es un día de mistral en Marsella en nuestra navegación a Elba, y deja ver el mar lleno de olas y rompientes bajo un cielo azul, y nosotros viéndolo desde tierra en manga corta.

2) El "libeccio". Es un viento del Sudoeste que sopla sobre la costa italiana del Mar Tirreno, y a diferencia del mistral que es seco, el libeccio va acompañado de chubascos y tormentas, o sea, como los nuestros del Cantábrico. Alcanza fuerza 5 a 8 con facilidad y suele durar de 1 a 4 días. Como en buena parte de las costas del Tirreno la dirección de la brisa marina es precisamente del Sudoeste, no hay que confundirlos. La brisa marina aparece, como dije, a unas horas determinadas y en relación con la insolación, mientras que el libeccio puede aparecer casi de repente y con una violencia muy notable. 

El libeccio lo conocimos también en la navegación a Elba. Acababa de incorporarse Ana a la tripulación, fue su primer contacto con el Mediterráneo, y os reproduzco mis impresiones cuando nos cayó encima, después de habernos acostumbrado a los temporales secos de mistral: "Nos encontramos una ventolera del Suroeste más que del Oeste, y unas olas de 1,5 metros del mismo sector que, junto a la lluvia, hacían la navegación incomodísima. Era justo el viento que os dije que teníamos que temer en el Mar de Liguria, el Suroeste o “libeccio” ... Nos sentimos teletransportados a uno cualquiera de nuestros pasados temporales en Cantabria. Al final fue una travesía llena de pantocazos de los que te sueltan hasta los empastes, sólo con el génova a 4 o 5 nudos, mojados y bien zarandeados. Ana, sin tiempo a amarinarse, se mareó, y entonces aprecié dos cosas. Por un lado cuánto me quiere, porque salir de Cantabria para venir de vacaciones al Mediterráneo en verano, encontrarse eso, y no marcharse en la siguiente escala... Y luego la única ventaja de tener la cartografía en el móvil: lo llevaba colgado del cuello en una bolsa estanca y no necesitaba entrar en la camareta para consultar la posición, porque ese día no pude soltar la caña ... Dada la situación, y como habíamos ido de vacaciones y no a sufrir, decidimos no seguir intentando doblar el brazo a la meteorología, acortar la etapa y meternos a refugio en Cala de Medici ... Al final fue una travesía tormentosa de 13 millas en unas tres horas, y aunque tomadas así, al peso, las 13 millas pueden parecer pocas, fuimos de la primera a la última pasándolo mal, tirando a fatal".  

A ver si no se repite.

3) El "sirocco".  Es un viento del Sur o Sureste, en origen muy seco pues procede de los desiertos africanos, y que podría alcanzarnos en el entorno de Sicilia y el Sur de la península italiana. Normalmente lleva polvo rojo del Sahara. Aunque causa condiciones secas a lo largo de la costa norte de África, cuando alcanza Europa después de haber viajado sobre el Mediterráneo produce tiempo húmedo y frío. Pero si dura más de dos días pierde esa humedad y se denomina "sirocco seco". Es más típico del otoño y la primavera (máximo en marzo y noviembre) y su duración puede ser tan corta como sólo medio día, pero también puede durar hasta 4 días. Mucha gente le atribuye problemas de salud (como en Santander al viento Sur, que en tiempos antiguos fue considerado atenuante de algunos delitos) debido al calor y al polvo a lo largo de las regiones costeras de África. Su intensidad puede alcanzar fuerza 10, pero éste es poco probable que nos pille en verano.

4) El "bora". Es un viento también típico del invierno, que afecta a la costa Este del Adriático, con fuerza de temporal (hasta 60 nudos, fuerza 11). También se produce por la aceleración de los vientos fríos del Norte, que al ser más pesados se encañonan en los relieves de los Alpes y descienden con violencia hacia el mar. En promedio sopla unos 40 días al año, pero especialmente entre noviembre y marzo. En los meses de verano (mayo a agosto) no se dan más de un día al mes, y como la subida del Adriático nos llevará un mes y medio, a lo mejor alguno nos coge. Como el mistral, aparece casi sin avisar.

Aunque es típico de la costa Este del Adriático, sus efectos pueden notarse en la orilla de enfrente, en Italia, y ya muy al Norte del Adriático, en la bahía de Trieste, podría afectarnos directamente. Como nunca he navegado por allí no puedo confirmar si los pronósticos italianos para el bora son tan exactos como los franceses para predecir el mistral.
 

(Respecto a por qué vamos a subir el Adriático por la costa italiana y no por la croata, que ahora está tan de moda, lo comentaré otro día).

Espero no tener que oír a ninguno de estos cuatro enormes rugir en los obenques como si les molestara encontrar al Corto Maltés en su camino, pero a la vuelta os lo comentaré. Y finalmente, para los que dicen que el Mediterráneo es un mar menos bravo que el Cantábrico, recordaros que en nuestra navegación a Elba estuvimos inmovilizados en puerto por temporales el 14% de los días, mientras que en nuestras navegaciones por el Cantábrico no pasa del 3%.

Con cuidado, navegantes.

viernes, 14 de febrero de 2020

Ya cuadró todo.

Hola navegantes.

Hoy nos han traído la colchoneta que habían cortado al revés, y por fin ya cuadra todo el tema "colchonetas". Por lo menos en la vuelta a Italia el descanso lo tenemos garantizado, al menos en lo que dependa de la comodidad de los colchones. En los de más uso, además, hemos puesto una capa de unos centímetros de viscoelástico. El de la primera foto es el que estaba cortado al revés. Los siguientes los de popa y los de proa.



El tema del descanso no es una tontería.  En las travesías largas se llega a la noche más cansado que tras una ruta de montaña, por la necesidad de compensar durante tantas horas los movimientos de las olas, lo que pone en acción todos los músculos del cuerpo. Si a ello se añade el propio movimiento del barco durante las horas de sueño, que también te obliga a activar algunos músculos aunque estés dormido, y el frío que a veces no te deja descansar (el barco está mal aislado y en su interior hace prácticamente la misma temperatura que al aire libre, muchas noches hemos dormido a 10 o 12 ºC) se comprende la necesidad de no empeorarlo con una colchoneta que te haga dormir sobre la madera.

Y más en la travesía que planificamos (nada menos que llegar hasta Venecia navegando desde Santander) que es la más larga que hemos emprendido nunca con el Corto Maltés. La ruta teórica van a ser unas 2.600 millas (más de 4.500 km), pero hay que tener en cuenta que en la vela pocas veces se hacen los recorridos a rumbo directo y los imprescindibles bordos pueden alargar la ruta al doble o al triple. Como comparación, la vuelta a España fueron 2.516 millas reales y la vuelta a Francia 2.065. Esperamos estar en el barco entre 3 y 4 meses, y eso bien se merece asegurar el descanso nocturno.

Aprovecho para enseñaros el invento de la brújula de techo. Es una de esas de montaña con el fondo transparente, que te permite ver la aguja desde abajo. La tengo atornillada en el techo de la camareta justo encima de la cama que yo uso. Tiene que ver con el descanso porque me evita tener que levantarme de la cama por la noche o en la siesta para ver si el barco ha garreado o se ha salido de rumbo. Al acostarme oriento la alidada con la aguja de la brújula, y siempre que entre sueños abro los ojos (que en el barco es muy a menudo) sin salir del saco compruebo que sigue en la misma orientación. Si es así, vuelvo a dormirme y me he ahorrado salir del saco a mirar afuera. Y si se ha desviado es una de dos cosas. Navegando, que el barco ha cambiado de rumbo. Fondeados, que el barco ha garreado (al garrear el ancla el barco se atraviesa al viento y la aguja se desvía unos 90 º) o que se ha invertido la marea o ha rolado el viento. En cualquiera de esos casos el velero se ha orientado hacia otro eje de la rosa de los vientos y la brújula lo detecta, y no me queda otra que levantarme a ver la situación.




Hasta mañana navegantes.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Poner en peligro a los rescatadores.

Hola navegantes.

La tormenta Ciara que está azotando la fachada atlántica de Europa, ha permitido también a algunos presumir de testosterona, sin tener en cuenta el riesgo para los demás.

En La Rochelle, con vientos de fuerza 6-7, fuerte marejada (olas de 2,5 metros) y un aviso de Salvamento Marítimo diciendo que no se saliera a navegar porque las condiciones iban a peor, un velero salió y naufragó frente a la Isla de Ré. De hecho, en esta tormenta el viento alcanzó fuerza 12, el máximo de la escala Beaufort. Por suerte pudieron ser rescatados por un helicóptero, al que se forzó a salir en su rescate en unas condiciones que podrían haber acabado en drama.

En Inglaterra a otros se les ocurrió salir a hacer surf. Para rescatarlos tuvo que echarse al mar un barco de salvamento, que fue volcado por una ola.



Como son barcos excepcionales, autoadrizables y estancos como un submarino, y su tripulación va asegurada con cinturones como los de la Fórmula 1,  el barco pudo enderezarse y nadie salió herido, pero con menos suerte podría haber habido varios fallecidos. Aquí el vídeo:

Clic aquí

 Estos ejemplos tienen que recordarnos la necesidad de mantener la máxima prudencia en el mar, no sólo por nosotros sino también por los rescatadores.

Con cuidado, navegantes.

martes, 11 de febrero de 2020

Barcos volando en el estrecho de Mesina.


Hola navegantes.

Una de las cosas más curiosas que esperamos observar en la navegación de la vuelta a Italia son los "espejismos superiores" del estrecho de Mesina, que te hacen ver cosas alucinantes e inexistentes, como barcos voladores u olas de tsunami.
 

También se llaman "Fata Morgana" (del italiano: hada Morgana), en referencia a la hermanastra del Rey Arturo que, según la leyenda, era un hada cambiante. Es un espejismo o ilusión óptica debido a una inversión de temperatura. Objetos que se encuentran en el horizonte como, por ejemplo, islas, acantilados o barcos adquieren una apariencia alargada y elevada.


El efecto es justo el contrario al de los espejismos del desierto o de las carreteras calentadas por el sol, donde vemos charcos en el suelo, y que se llaman "espejismos inferiores". En éstos, el calor del sol genera una capa de aire más caliente pegada al suelo, bajo una capa de aire frío a unos metros de altura. Estas capas hacen que la luz se refracte con distinto ángulo y vemos debajo de los coches la luz del cielo refractada, que parece un charco. Es el cielo el que ha "bajado".

En el Fata Morgana las condiciones meteorológicas provocan lo contrario, que una capa de aire frío quede pegada al mar o al suelo, y sobre ella se sitúe una capa de aire caliente. En este caso la refracción de las imágenes es al revés, hacia arriba, y son los objetos los que han "subido".


 Si estamos en el mar veremos a los barcos levitando, y si estamos cerca de una ciudad podemos llegar a ver una fila de edificios en el aire.



Esta separación del aire en capas se produce con el tiempo en calma, porque el aire frío  (más denso) queda más cerca de la superficie terrestre o marítima sin ser dispersado por el viento. En los casos más extremos puede actuar como una lente refractante potente e invertir la imagen (como cuando se mira a la lejanía con una lupa). En estos casos los barcos se ven, además de levitando, en posición invertida, con las velas abajo y el casco arriba.

Por alguna extraña razón que no he conseguido aclarar, los Fata Morgana son especialmente frecuentes en el estrecho de Mesina, entre Sicilia y el continente. Suelen ser visibles por la mañana, después de una noche fría, y en condiciones meteorológicas de estabilidad. Ya os imagináis los madrugones que nos vamos a dar Mario y yo cuando naveguemos por el estrecho de Mesina (si llegamos allí) para intentar ver alguno.

Y por cierto, la sangre fría que vamos a tener que mantener, porque a veces lo que se ve deformada y alargada es la propia línea del horizonte, toda entera, y entonces lo que parece es que te viene una ola de tsunami de varios metros de altura:


Imaginaos el susto de madrugada viendo eso.


Con cuidado, navegantes.

jueves, 6 de febrero de 2020

Orza nueva.

Hola navegantes.

Mi modelo de Tonic 23 es el de orza abatible,  que bascula hacia popa dentro de un quillote y hace pasar el calado de 140 a 70 cm. Ese detalle  es el que me permite meterme en todos los ríos, canales y zonas de poco calado que me encuentro a tiro. Yo creo que nunca tendría un velero de quilla fija, que te impide disfrutar de un segundo tipo de navegación, el de las aguas interiores, y a veces lo comparo con alguien que voluntariamente decidiera ser tuerto. Además la bahía de Santander se está colmatando de arena, y en bajamar los veleros de quilla fija tienen vetados casi todos sus preciosos rincones.

La pega es que hay una zona de la quilla a la que no tienes acceso cuando varas el barco cada año para darle la pintura, concretamente el tercio superior que hace su juego dentro del quillote:


Ese trozo de orza va sufriendo la oxidación y el deterioro, y puede llegar a pudrirse el eje o sus anclajes y perder la orza navegando. No sería el primer caso. En el Tonic no es grave, porque el quillote hace suficiente plano antideriva y puedes seguir navegando a vela sin la orza. Pero también puede ocurrir que se atore en posición bajada o intermedia, y entonces lo que no puedes es navegar por las zonas de poco calado, y si eso te pasa en un viaje es un buen problema.


El Corto Maltés tiene más de 30 años y la parte superior de la orza estaba muy deteriorada, por lo que este invierno hemos decidido hacerla nueva para la vuelta a Italia. Es bueno aprovechar los meses fríos y de sol debilucho para hacer estas tareas, que te permiten seguir disfrutando del barco cuando no se puede navegar.

Como el barco dejó de fabricarse en 1991 ya no tienen piezas de repuesto, y hemos tenido que fabricarla a medida. Conseguimos los planos en un foro de navegantes francés, y con ellos nos la han fabricado en un taller de metales de Cantabria. Aquí el trabajo en bruto:



Después hemos tenido que enviarla a galvanizar a una empresa de Asturias, porque en Cantabria nadie lo hace:


Y finalmente darle varias manos de imprimación y luego de patente:



Cuando varemos el barco en marzo simplemente tendremos que sustituir una por otra, y sólo nos queda cruzar los dedos para que entre en el quillote a la primera, y no pase como con las colchonetas.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Colchonetas nuevas.

Hola navegantes.

El intento de dar la vuelta a Italia saliendo de Santander va a ser la navegación más larga que hayamos intentado con el Corto Maltés. Sobre el papel serán 115 días, y hasta ahora los viajes más largos habían sido 105 días para la vuelta a Francia o 93 para la vuelta a España.

Casi cuatro meses en ese velerito hay que aprender a sobrellevarlos. Y uno de los requisitos es descansar bien. Las colchonetas del Corto Maltés son las que traía del astillero, y por lo tanto llevan rindiendo servicio más de 30 años. En pocas palabras, las gomaespumas estaban tan aplastadas que prácticamente dormíamos sobre las tablas. Para no seguir haciendo el faquir, este invierno hemos aprovechado para renovarlas.

El cambio no es fácil porque tienen unas formas asimétricas para adaptarse al barco, los bordes exteriores canteados para amoldarse a la inclinación del casco, y los bordes interiores con unas elevaciones para acomodar las corvas de las rodillas y compensar la escora.


Hemos tenido la suerte de que las fundas de tela se han podido recuperar (es un tejido extraordinario) y sólo ha habido que cambiar las gomaespumas y las cremalleras, que con el salitre se habían bloqueado. Aparte del ahorro, nos ha evitado tener que desarmar también los respaldos, que llevan el mismo tapizado. Aquí veis las colchonetas nuevas y sus difíciles formas.


Por desgracia ya ha empezado a inmiscuirse  Murphy, y una de las gomaespumas nos la hicieron al revés, o sea, hicieron dos de babor en vez de una de babor y una de estribor:


En la foto puede verse la elevación del borde interior para las corvas y cómo el corte corresponde al otro lado. Dentro de lo malo, da tiempo a corregirlo. No quiero ni pensar en que hubiera tenido que salir a una travesía de más de 3 meses con el colchón así.

Con cuidado, navegantes.

martes, 4 de febrero de 2020

Dibufirma del Renacido.

Hola...


Igual que tú sigues nuestra trayectoria, yo he seguido desde lejos la tuya y no te imaginas con qué alegría me entero de tu sobrenombre. Veo que vas a poder seguir nuestra travesía de este verano, en la que veo que tienes más confianza que yo mismo, que cuando salgo sólo me atrevo a decir lo que voy a "intentar". Ojalá se confirmen tus buenos augurios y nos veas navegar con nuestro velerito por Venecia. En el estrecho de Mesina y la puntera y la bota del talón de Italia me acompañará Mario. Un fuerte abrazo.

lunes, 3 de febrero de 2020

La vuelta a Italia en el Corto Maltés.

Hola navegantes.

En el verano de 2020 intentaremos dar la vuelta a Italia con el Corto Maltés. Nuestra intención es hacer rápidamente la costa Cantábrica y llegar al Mediterráneo por el Canal de Midi. En Agde retomar el mar y costear Francia, deteniéndonos en algunas de las islas que ya visitamos en la navegación a Elba. Hacer el Golfo de Génova atajando más que en nuestra navegación anterior, y a continuación con más calma el Mar Tirreno y sus numerosas islas. Antes del Estrecho de Messina visitar algunas de las islas Eolias. Contornear la bota italiana entre Sicilia y el Continente y ascender por el Adriático hasta Venecia. Navegar por la ciudad del amor, la Serenissima, y finalmente llegar a Trieste, el último puerto italiano. Desde allí volver a Santander trayendo el Corto Maltés en un camión.




En total más de 2.600  millas que pretendemos hacer en 3-4 meses. Salida prevista a finales de mayo. Iremos contando aquí los preparativos, y luego las etapas del viaje y las anécdotas como siempre.

Con cuidado, navegantes.

domingo, 2 de febrero de 2020

jueves, 30 de enero de 2020

lunes, 27 de enero de 2020

Entrevista vuelta a Francia.

Hola navegantes.

Esta mañana me entrevistaron en una TV a propósito de nuestra vuelta a Francia en el Corto Maltés.


Podéis ver la entrevista aquí:

 Clic aquí

Con cuidado, navegantes.

domingo, 26 de enero de 2020

Suscribirse al blog, y otros detalles prácticos.

Hola navegantes.

Os recuerdo que podéis suscribiros a este blog para recibir en vuestro correo electrónico las entradas y los comentarios. Sólo hay que introducir vuestro correo electrónico en este apartado, en la columna derecha del blog:


También os recuerdo que podéis pedirme los libros a mi dirección de correo (alvarogaledo@gmail.com) para que os los mande dedicados con una dibucarta o una dibufirma. Además mientras me queden los dibujos originales de los libros os añadiré uno de regalo.


El coste es el  mismo que pidiéndolo a la editorial.

Finalmente informaros que mañana lunes 27 de enero, a las 13:10 h., me entrevistarán en directo en la TV regional "Popular TV Cantabria", en el programa "Contigo Cantabria" de Lucía Pombo, para comentar nuestra vuelta a Francia navegando en el Corto Maltés, 3 meses de mar y de aguas interiores para circunnavegar nuestro país vecino:

 

Podréis verlo en directo en:

http://populartvcantabria.com/en-directo/

Con cuidado, navegantes.

lunes, 20 de enero de 2020

domingo, 19 de enero de 2020

jueves, 16 de enero de 2020

La mayoría de los coches no navegan.


Hola navegantes.

Ya sé que hay excepciones, y yo mismo os enseñé algunos coches que navegan en las entradas del blog de 30-9-15 y 26 y 27-11-15:









Pero en la vida real los coches no navegan.

En la vuelta a Francia en el Corto Maltés pasamos y visitamos algunas islas accesibles en bajamar con carreteras sumergibles. Allí las mareas suben y bajan hasta 14 metros en vertical, y algunas islas cercanas a la costa tienen una carretera accesible en bajamar, pero que con la pleamar queda sumergida. No hay que decir las enormes precauciones que hay que tomar para no verse agarrado por la marea, y algunas tienen hasta sirenas que avisan cuándo hay que dejarlas despejadas para evitar accidentes.

La carretera sumergible más larga y famosa es el Paso de Gois, que une la isla de Noirmoutier al continente. Os lo enseñé en nuestra navegación a Bretaña (entrada del blog de 29-6-15). Alicia y yo lo cruzamos en bici y nos libramos de la pleamar por pelos:



Pues recientemente se ha divulgado el caso típico en otra de las islas, un coche que se despistó y fue alcanzado por la marea. Los ocupantes primero se subieron al tejado del coche (una reacción extraña, pues la marea va a sumergir el coche entero bajo varios metros de agua) y finalmente se decidieron a intentar alcanzar la costa medio andando, medio nadando, hasta que los rescató una lancha. Podéis ver el video aquí, tomado por un dron:
 
Clic aquí

Es curioso que los franceses mantengan estas infraestructuras tan peligrosas abiertas. Por ejemplo, la isla de Noirmoutier es accesible por un puente de carretera a sólo 4 km del Paso de Gois, un "rodeo" ridículo que evita totalmente el riesgo. Pero claro, allí no quedan bien los selfies.

Con cuidado, navegantes.