Visitas:

sábado, 22 de julio de 2017

Navegando por la conocida costa asturiana.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Ribadeo lloviendo y sin viento. Ya os dije que un velero había varado justo en la salida del pasillo de nuestro pantalán. Como el Corto Maltés cala muy poco no teníamos ningún problema para salir por donde él estaba varado. Nos habían dicho que la zona más profunda estaba a su estribor (1) y por allí pensábamos pasar. Pero al acercarnos nos dimos cuenta de que su mástil estaba tan inclinado que lo habríamos chocado con el nuestro. Así que en el último momento le pasamos por babor (2) ante la sorpresa de sus tripulantes que nos esperaban por estribor. Era la zona de menos calado pero que fue suficiente para nuestro barquito.

En la segunda foto veis la bonita isla Pancha, con un puente peatonal, a babor al salir de la ría del Eo.

A largo de la mañana se fue levantando un vientecito primero del NW y luego del SW que nos permitió navegar toda la mañana a vela a unos buenos 4-5 nudos, alcanzando Navia, nuestro destino, a la hora de comer. Habían sido 17 millas en 4 horas, todas a vela y casi sin llover.

En Navia nos hemos quedado en el pantalán de cortesía, y ya bajo un sol de justicia hemos visto unas regatas locales de traineras justo por delante de nuestro costado de babor, todo un espectáculo. Fuimos a ver la laguna inundable a la derecha del río, una preciosa laguna rodeada de pinos, y luego a mariposear por Navia, que celebra el fin de semana medieval y había un mercado medieval y pasacalles.

Mañana temprano haremos el cambio de tripulación y espero seguir navegando apaciblemente hacia Santander. Hasta mañana navegantes.

Una pausa.

Hola navegantes.

Ayer nos tomamos un día de descanso en Ribadeo. Conocimos el bonito pueblo con pazos, casas de indianos y algunas iglesias. Visitamos la casa que sirve de línea de enfilación para la entrada a la ría, que resultó ser la Capitanía. En la guía Imray dice que es una casa octogonal, pero es hexagonal. En la tercera foto el Corto Maltés en el puerto de Ribadeo, desde la Atalaya.

Por la tarde hicimos una excursión a Castropol, en la orilla asturiana. Fuimos en el transbordador porque no estábamos seguros de poder dejar amarrado nuestro barco durante la visita. Otro pueblo precioso, sobre todo su vista desde el mar, presidida por la iglesia. El transbordador no sé si pasará la ITB, pero su extintor estaba oxidado, sin presión y sin retimbrar. Todo un ejemplo.

Por la noche empezaron a llegar los barcos que están haciendo el camino de Santiago por mar. Hay que hacer 100 millas para que te den la Compostela. Nosotros vamos a hacernos cerca de 1.000 pero no nos motivan esos reconocimientos religiosos y no vamos a pedirla. En el barco que amarró a nuestro lado venía Andoni, un viejo conocido de Hondarribia, y cenamos con su tripulación y la de otro barco. El capitán de éste último había conocido al navegante vasco Jose Luis Ugarte y es amigo de Unai Basurto, y ha navegado con los dos, así que durante la cena hablamos mucho de sus aventurillas náuticas.

La noche, paradójicamente, fue de las malas. A pesar de estar en puerto, los pantalanes están frente a la entrada entre los espigones y entra la corriente de la ría de forma perpendicular a los barcos. Eso les hace coger un balance de babor a estribor como si estuviéramos en un fondeo abierto. Ese balance te menea en la cama, no te deja dormir, y fuerza las amarras de una forma espectacular. Los crujidos de las amarras tampoco te dejan dormir y, lo que es peor, las desgasta. A mí se me ha roto una y se me han desgastado otras dos.

Por la mañana era bajamar y se marcharon los barcos del camino de Santiago. Los que pudieron, porque alguno varó dentro del puerto y le tocará esperar a que suba la marea. Otro inconveniente de los barcos grandes.

Hoy esperamos llegar a Navia, donde cambiaré la tripulación, y se presenta un día lluvioso y sin viento.

Hasta mañana navegantes.

viernes, 21 de julio de 2017

Sigue lo bueno.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Vicedo con pronóstico de vientos del N que nos vendrían perfecto, porque nuestro rumbo hoy sería primero hacia el E y luego hacia el SE. Y otra vez acertó, cumpliendo todas nuestras expectativas.

Al salir de la ría del Barquero nos acercamos a ver la isla Colleira, que ya os dije que cierra la entrada de la ría. Significa "conejera", porque antiguamente estuvo poblada de conejos. Muchas islas, en la época de los grandes exploradores, se poblaban adrede con conejos. Así se reproducían y en viajes posteriores tenían de qué comer. La superstición de no nombrar los conejos a bordo viene de aquella época, porque si un conejo se escapaba de la jaula y terminaba royendo la madera del barco por debajo de la flotación, provocaba una vía de agua que podía terminar con el hundimiento. La isla está poblada por matorral bajo y tiene un pequeño embarcadero en su cara Oeste, pero de acceso difícil por el oleaje. Hoy estaban desembarcando unos obreros para desbrozar el camino al faro y era realmente complicado. Y la lancha de desembarco no se quedaba amarrada al muelle, sino que se alejaba para que las olas no la reventaran.

A medida mañana pasamos frente al puerto de Alúmina Española y luego frente a Burela. Estábamos navegando bajo un sol veraniego, con el espí y la vela mayor a unos 5 nudos y decidimos seguir hasta Ribadeo, donde llegamos a las 20 horas después de hacernos 33 millas, casi todas a vela. Hemos adelantado algunas etapas en estos últimos días pero estamos agotados porque han sido larguísimas, así que mañana nos lo tomamos de descanso para conocer Ribadeo y, en la orilla de enfrente de la ría, que ya es Asturias, Castropol. Además mañana tendrán las fiestas y la procesión del Carmen, o sea que estará muy animado.

En las últimas fotos podéis ver la entrada a Ribadeo, que está en el interior de la ría del Eo, que separa Asturias de Galicia. Tiene un faro en la isla Pancha, con un puente peatonal, entrando a estribor, un antiguo desembarcadero de mineral con vistas panorámicas a la ría, y sobre todo un inmenso banco de arena en mitad de la ría, que seca casi toda la entrada en la bajamar, y que al parecer tiene gran valor ecológico aunque a mi me preocuparía por la colmatación de la ría. Mañana lo veremos todo.

Hasta mañana navegantes.

miércoles, 19 de julio de 2017

Pasando los grandes cabos a propulsión.

Así es. Hoy salimos de Coruña con un pronóstico muy favorable de vientos del SW, y por una vez se cumplió. Nuestro proyecto más optimista era pasar el cabo Ortegal y quedarnos en la siguiente ría, en el pueblecito de Cariño. Toda la mañana fuimos en una maravillosa empopada con el espí y el Génova atangonado en orejas de burro, a 5 ó 6 nudos. Lo único malo, que nos cayó algún chubasco y tuvimos que ir con el traje de aguas.

A eso de las 15 h. el viento era tan fuerte que hacíamos picos de más de 7 nudos y era evidente que el barco iba muy forzado. Seguimos sólo con el Génova y así hacíamos entre 6 y 6.5 nudos, más que de sobra para nuestras pretensiones. Viendo que íbamos a terminar la etapa a primera hora de la tarde y no queriendo desperdiciar el ventarrón tan favorable, decidimos alargarla y pasar también el siguiente grande, Estaca de Bares. En la primera foto podéis ver a Mario frente a los Aguillons del Cabo Ortegal, una restinga de piedras picudas que se adentra en el mar, y en la segunda su faro.

Seguimos pues, y hacia las 18 h. entramos en la ría del Barquero, la inmediata posterior a Estaca de Bares. Tiene una preciosa isla en su entrada, la Isla Colleira, con un faro y una vivienda en su cima plana. Allí el viento se calmó y llegamos al puerto de Vicedo a motor, con 51 millas más en la corredera. Es un puerto chiquitín al fondo de la ría, y nos hemos quedado inicialmente abarloados a un pesquero, pero para no madrugar luego nos hemos trasladado al muro del muelle.

El pueblo se recorre en un plis plas y no tiene mucho que ver, salvo las típicas originalidades españolas como el cartel de "no potable"en un canalón del que no se le ocurriría beber ni a un Tuareg, una figura de Charlot de tamaño natural sentado en una tapia, o un jardín decorado con barcos desguazados.

En las últimas fotos podéis ver la escalera por la que salimos de nuestra mansión al muelle. Y a veces hay que salir agarrándose con una sola mano, porque en la otra llevas el bidón de agua, la compra, la bici o la basura.

Mañana seguiremos nuestra navegación pero ya no hacia el norte sino hacia el sureste, apuntando a Asturias, y seguimos con pronósticos de viento muy favorables.

Hasta mañana navegantes.

Un viento de Fórmula Uno.

Hola navegantes.

Hoy el pronóstico se cumplió y nos ha beneficiado mucho. Ha habido todo el día un SW de fuerza 5 que nos ha venido por la aleta o por la popa, ya que nuestro rumbo hoy era hacia el Norte y luego hacia el Este. Salimos de Muxía con el cielo completamente cubierto pero pudimos hacernos la foto delante del santuario del que os hablé ayer. Ya entonces nos agarró el SW que os comentaba, y con las dos velas izadas hemos hecho todo el camino a entre 5 y 7 nudos, con poca ola y sin el agobio del Sol, al que no hemos visto en toda la jornada. En resumen, que nos hemos hecho 50 millas en 9 horas y media, todas a vela, y hemos llegado a La Coruña.

A mitad del camino doblamos las islas Sisargas. Son un archipiélago de 3 islas (Sisarga Grande, Sisarga Chica y La Malante), que tienen un paso de unos 400 metros entre ellas y el Continente, no recomendable salvo en tiempo muy clemente porque está sembrado de escollos y sin balizar. Las pasamos por fuera para no arriesgar, porque con ese viento cualquier descuido entre los escollos puede ser fatal. Un barco que nos seguía atajó por dentro de las islas y nos adelantó en la curva. Era el Xainos, con León, Pilar y María José, que habíamos conocido en Muros y Muxía y que luego nos estaban esperando en Coruña para tomar una cerveza. Claro, ellos tienen el barco en Coruña y se conocen bien estas aguas, y no es la primera vez que las pasan por dentro. Jugaban con ventaja.

Mañana seguiremos hacia el Norte con un pronóstico igual de favorable que hoy. A ver si nos cunde igual y podemos pasar otro de los grandes cabos, el de Ortegal. Además cambiaremos la guía Imray de la costa atlántica por la más conocida de nuestra costa Cantábrica, una tontería pero que nos acerca más a casa.

Hasta mañana navegantes.

lunes, 17 de julio de 2017

En un puré de guisantes.

Ahí hemos pasado el día. Salimos de Fisterra con una niebla espesa como puré de guisantes, y con algunos ratos excepcionales en que se abrió y lució el sol, con el mismo puré llegamos a Muxía 7 horas después, con 24 millas en la estela. En la primera foto lo que veíamos en Fisterra al salir, y en la segunda el Faro de Finisterre detrás de Mario. ¿Veis algo?. Pues nosotros tampoco.

Teníamos la ilusión de sacar una bonitas fotos al contornear Finisterre, y sólo puedo enseñaros la diferencia entre lo que vimos ayer al entrar (tercera foto) y hoy al salir (cuarta foto). Por supuesto tocando la bocina de niebla cada pocos minutos, la cual, por cierto, nos libró de una colisión con un velero de bandera francesa pero tripulación española que nos venía a rumbo de colisión en el puré.

Y así transcurrió el día, con muchísimos cambios de velas para no ganar casi nada, y navegando sin ver una costa que teníamos a muy pocas millas a estribor. Lo peor fue la entrada a la ría de Camarillas, por su mala fama. Está rodeada de escollos que han causado varios naufragios, y no daba mal yuyu entrar precisamente con niebla. En el último momento se abrió un poquito y pudimos coger como referencia el santuario de la Virgen de la Barca, que veis en la quinta foto entre la niebla. Luego os cuento algo de ella.

La marina de Muxía es reciente y aún tiene más de la mitad de sus atraques vacíos. Por el precio no será, de momento ha sido la más barata del viaje, 6,75 euros por noche. Pero el pueblo no tiene nada que ver, la verdad. Ellos están muy orgullosos de su Santuario, erigido donde se supone que llegó la Virgen en una barca de piedra a infundir ánimos al apóstol Santiago. Algunas de las piedras del entorno dicen que son restos del barco de la virgen y que tienen propiedades curativas. 

Está la Piedra de Abalar (oscilar), una laja enorme que se supone era donde llegó la Virgen, de varias toneladas de peso, que según cuentan podía ser movida por una sola persona haciéndola oscilar. Al parecer podía predecir desgracias y detectar a mentirosos y culpables. Es la de la 6ª foto. Hace unos años un temporal le rompió un trozo y la desplazo 45 cm, y eso afectó a su equilibrio, y ya no se la puede hacer oscilar. Se trajo a expertos internacionales para repararla y la Xunta pagó 16.000 euros para intentar recolocarla, pero no lo consiguieron. 

Otra es la Pedra Os Cadris (de los riñones), que te cura el lumbago si la pasas por debajo. El número de veces que hay que pasarla depende de la cara de pardillo que te vean. A mi me dijeron que cuatro, pero a otro visitante que nueve. Está la Piedra de los enamorados, y otras.

Mañana seguiremos hacia el norte con un pronóstico muy favorable de vientos del SW. Ojalá acierten.

domingo, 16 de julio de 2017

En el falso faro del fin del mundo.

Hola navegantes.

Hoy salimos Mario y yo de Muros un poco tarde, a las 11.15, porque nos esperaba una etapa corta. El pronóstico era de viento del NE flojo que nos permitiría navegar a vela, aunque ciñendo. La salida de la ría fue extraordinaria , con un viento del SE por la aleta que nos permitió navegar la primera hora a 5-6 nudos. El mar estaba tan tranquilo que nos permitimos pasar entre los islotes Neixon y la tierra firme en vez de por fuera. Pero una vez salidos de la ría el viento decayó y el resto de la jornada tuvimos que ir apoyados por el motor.

Como al salir de la ría y quedarnos desventados nos aburríamos, nos acercamos a ver de cerca los escollos Los Bruyos, unas rocas asesinas que velan a ras de agua a 4 km de la orilla (y hay otras aún peores a 6 km, el Bajo Meixidos) porque quedan ocultas en pleamar y tienen varios naufragios. Podéis verlas en la primera foto. Justo cuando pasamos junto al escollo la baliza dejó de emitir nuestra posición y nuestras familias se preocuparon pensando que habíamos naufragado. Claro, ellos no sabían que el mar estaba como un plato y sólo veían que nos habíamos acercado muchísimo al escollo y que luego la baliza no daba posiciones nuevas. Perdón.

Luego seguimos hacia el cabo Finisterre bajo un sol achicharrante y con poco viento. Antes de llegar a Fisterra, el pueblo que se encuentra en el interior del cabo y que era nuestro destino, decidimos parar el barco para un baño en altamar, y justo en ese momento, cuando estábamos en el agua, se acercó una manada de unos 15 delfines al barco. Luego entramos en el puerto pesquero de Fisterra y nos hemos quedado en el pantalán rompeolas.

La tarde la hemos dedicado a temas de intendencia, como ir a por gasolina a la estación de carretera porque la del muelle estaba cerrada, y a ver el Faro. Se le considera el más occidental de Europa y por eso se le llama el Faro del fin del mundo. Qué pena que no sea verdad, porque el Cabo Toriñana (9 º 17,977 W), un poco más al norte, está casi 2 millas más al oeste que el de Finisterre (9º 16,396 W). El porqué del engaño no lo entiendo, pero cualquiera puede comprobarlo con las coordenadas de Google Maps.

En este sitio, considerado por los peregrinos el fin de Europa, suelen quemar sus zapatos y botas como despedida del viaje. Ya se ha prohibido la marranada, como veis en la segunda foto, pero algunos dejan el calzado de recuerdo. El Faro es precioso y está en un sitio espectacular. En la última foto podéis ver sus sirenas de niebla.

Mañana seguiremos hacia el Norte, y según el viento entraremos en la ría de Camarillas o seguiremos hasta Laxe.

Hasta mañana navegantes.

sábado, 15 de julio de 2017

El largo viaje de vuelta.

Hola navegantes.

Como os dije, ayer fue un día de despedidas. Por la mañana subí con Ana desde Vilanova a Vilagarcía. Hubo un viento del NE de fuerza 5-6 que hizo que las escasas 6 millas del recorrido se hicieran interminables y llegásemos empapados de agua salada por los rociones. Y como contrate, en Vilagarcía hacia un calor agobiante, por la calle las chicas con pantaloncitos de talla escasa y los chicos con camisetas de deltoides, ajenos a lo que se sufría en el mar.

La tarde la dedicamos a la intendencia, buscar una lavandería, llenar la despensa para el viaje de retorno, y finalmente ir a esperar a Mario, que sustituye a Ana como tripulante.

Hoy por la mañana me despedí de Ana, que se volvió a Santander en un largo viaje por carretera. Mario y yo empezamos la navegación de regreso con una larga etapa hasta Muros, 42 millas en algo más de 10 horas.

La salida de la ría de Arosa fue maravillosa, porque todo el ventarrón que ayer nos vino de proa hoy venía de popa, y hacíamos 5-6 nudos de velocidad solo con el Génova. Como el mar estaba tranquilo nos decidimos a intentar el paso entre los escollos al norte de la isla de Sálvora, el Paso do  Carreiro. Tiene unos 300 metros de ancho y está rodeado de rocas, alguna sumergidas. Sólo se recomienda en caso de buen tiempo, pero está bien balizado. A nosotros nos esperaba una etapa larga y en lugar de contornear la isla de Sálvora por el sur te ahorra una hora u hora y media de viaje. Con un poco de estrés pero todo se desarrolló sin incidentes. En las dos primeras fotos podéis ver las balizas del paso y cómo están rodeadas de piedras. Y en la tercera el trak de nuestro paso por ese canal angosto.

El resto del día fue de esos que te reconcilian con el mar. Sol, viento (aunque la mayoría de cara y siempre ciñendo), temperatura suave y ver caer las millas una tras otra. Sólo llegando a Muros, ya dentro de la ría, el viento se reforzó y nos hizo pasar unos malos 90 minutos porque ya estábamos deseando llegar a puerto, descansar y ducharnos, y justo allí dentro estaba más revuelto que en altamar. Pero finalmente llegamos.

Mañana haremos una etapa corta porque no queremos pasar Finisterre antes del martes, en que un viento muy favorable del SW sustituirá al temporal del NE de estos días, contra el que no podríamos hacer nada con este barquito.

Hasta mañana navegantes.


jueves, 13 de julio de 2017

Exigimos mucho a las minibicis.

Así es. Cuando antes de la navegación fui al taller y le pedí que me pusiera las cubiertas de tacos más gordas que cupieran por la horquilla, al mecánico se le descolgó la mandíbula y me preguntó asombrado que para qué las quería. Pues hoy lo habría comprendido. En las primeras fotos podéis ver las pistas por las que nos hemos metido y luego comprenderéis lo que pasó.

Salimos de la Toja con un viento fanfarrón del NE que se encajonaba entre la isla de la Toja y el continente, levantando borreguitos y alcanzando fuerza 5, y 6 en las rachas. Como nuestro destino era Vilanova y nuestro rumbo precisamente hacia el NE, nos pasamos toda la mañana dando bordos contra ese viento despiadado y además esquivando los numerosos bajos y mejilloneras que encontramos por el camino. Pero llegamos sanos y salvos a Vilanova hacia las 13.30 h.

La tarde la dedicamos a recorrer la isla de Arosa en las bicis. Está unida al continente por un enorme puente, como el de la isla de Re en Francia, solo que más bajo y los veleros no pueden pasar por debajo. Y al otro lado del puente nos sorprendió lo preciosa que es la isla. Aparte de tener una pequeña ciudad y varios puertos, han sabido conservar su lado salvaje en la mitad Sur. Hay una senda costera que se puede recorrer en bici, a través de una sucesión de playitas preciosas, con arena blanca, el agua de color turquesa y los pinares llegando casi hasta la orilla y prácticamente sin urbanizar. Te parece que estás en el Caribe. No dábamos crédito a tanta belleza aquí al lado. Lo malo fue que por esas pistas de motocross las bicis sufren mucho, y como es lógico se nos pinchó una rueda. En toda la isla no hay un taller ni tienda de bicis y tuvimos que volver a Vilanova con las orejas gachas y con las bicis en el maletero de un taxi. Así es la vida.

Mañana será un día tristón porque el sábado a primera hora se marcha Ana. Ha sido una quincena fabulosa. Por la noche viene mi amigo Mario para ayudarme en la primera mitad de la navegación de vuelta a Santander, que terminaré con mi sobrina Alicia.

Hasta mañana navegantes.