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sábado, 20 de octubre de 2018

Dibufirma de Hondarribia.

Hola navegantes.

Hondarribia fue nuestra segunda etapa de la vuelta a Francia.  Tanto el viaje como la estancia fueron bajo una lluvia como una lámina de cristal, a la que ya estamos acostumbrados por estas latitudes. La lluvia nos descubrió dos posibles filtraciones de agua que humedecían las colchonetas. Fueron algunos de los muchos bricolajes que tuvimos que hacer en Hondarribia, aprovechando una estancia de tres días para el cambio de tripulación y para presentar el libro "Santander-Bretaña-Santander en el Corto Maltés" en su Club Náutico.

 Desde Hondarriba llamé a Cap Ferret, el faro de la entrada de Arcachon, para ir recabando información sobre nuestro tránsito hacia el Norte por Las Landas y la posible entrada en la bahía de Arcachon. Cuando les oí los ojos me llegaron a mitad de la cara, porque aunque me anunciaron viento suave del Oeste (fuerza 3-4) que nos permitiría navegar rápido de través y entrar en Arcachon, ya empezábamos con el rollo de los ejercicios de tiro del ejército francés, que estaban previstos para el martes y el miércoles, cuando nosotros íbamos a salir de Hondarribia el lunes, y por lo tanto nos afectarían de pleno. La militarada presagiaba una remontada de Las Landas nada cómoda, ya veréis.


viernes, 19 de octubre de 2018

Nuestro proyecto de vela solidaria en Onda Vasca.

Hola navegantes.

El próximo domingo 21 de octubre me entrevistará Edu Araujo en Onda Vasca, en su programa Itsas Tantak dedicado al mar y la navegación. La entrevista girará en torno a nuestro proyecto Carpe Diem de enseñanza de la navegación a vela a niños de oncología. En Santander lo estamos desarrollando desde 2003, ya han participado 106 niños, 104 médicos, enfermeras y capitanes, 47 barcos, y hemos realizado 246 navegaciones. Aquí tenéis un poco más de información:




Posteriormente se ha extendido a Getxo (2016), Laredo (2017), Huelva y Sevilla (2018), y posiblemente a Murcia el año que viene.

Podréis escuchar la entrevista en directo aquí:

http://www.emisora.org.es/onda-bilbao/

Será entre las 22 y las 0 h. Espero que os interese y tal vez alguno se anime a colaborar.

¡Salud y millas!.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Un Optimist con la vela inflable.



Hola navegantes.

En la entrada del 16-3-18 os hablé de las velas inflables, lo más moderno en tecnología. Pues ahora resulta que las van a probar incluso en los Optimist:



Es el barco de vela más pequeño que existe, y el único autorizado para navegar solos los niños de 6 a 15 años.

Nació en EEUU en 1947. Era tras la guerra y un militar retirado, Clifford A. McKay, tuvo la idea al ver jugar a su hijo con un "coche" que se había construido con maderas, al que no conseguía hacer andar. Se le ocurrió hacer un velero similar que fuera asequible al gran público como forma de popularizar el deporte de la vela. Encargó el diseño a Clark Milles con 3 condiciones:  que pudiera ser construido en un garaje por un padre y su hijo con dos tablas de contrachapado marino, que la vela se pudiera hacer con una sábana, y que costase menos de 50 dólares.

Posteriormente Clifford fundó una escuela de vela en la que los Optimist eran donados por empresarios locales, y los niños  pagaban un dolar al año, pero eso sí, ese dolar tenían que habérselo ganado ellos mismos con su propio trabajo.



Desde entonces se han fabricado más de 450.000 unidades. Algunos les han hecho arreglitos particulares, como éste, que le ha transformado en un auténtico "crucero":

 

Ahora le llega la modernidad con ese intento de velas inflables, que veremos en qué se queda.


martes, 16 de octubre de 2018

Dibufirma de Elanchove.

Como en la navegación a la isla de Elba, voy a ir haciendo una dibufirma de los puertos en los que recalamos en la vuelta a Francia, que me sirva para recordar algunos detalles que iré compartiendo.

Elanchove no es que sea el mejor logro de la Creación, pero para mí es el pueblo más bonito de la costa del Cantábrico. Está construido en una empinada ladera al Este del Cabo Ogoño, cuya mole le protege de los vientos y mares dominantes en invierno, que son los del Oeste. Una de las curiosidades es que las calles son tan estrechas que el autobús de línea llegaba a un punto donde no podía dar la vuelta por falta de espacio, y se resolvió con una plataforma circular donde se detiene y la hace girar 180 grados con un mando a distancia.

Toda la noche se la pasó lloviendo y con tormentas con aparato eléctrico, aunque Nacho y yo estábamos tan cansados que dormimos en brazos de Morfeo después de habernos estrenado con una tirada de 54 millas desde Santander.



lunes, 1 de octubre de 2018

Aquí la entrevista.

Hola navegantes.

Aquí podéis escuchar el podcast de la entrevista de ayer en Onda Vasca:

https://www.ivoox.com/18-09-30-itsas-tantak-audios-mp3_rf_28983184_1.html?autoplay=true

Empieza en el minuto 29. Resume lo más importante que aprendimos en esta navegación circunnavegando Francia. Espero que os guste.

¡Salud y millas!.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Balance de la vuelta a Francia en Onda Vasca.

Hola navegantes.

El próximo domingo 30, a las 22 h., me entrevista Edu Araujo en Onda Vasca para valorar las experiencias adquiridas en la vuelta a Francia. Podréis escucharlo en directo aquí:

http://www.emisora.org.es/onda-bilbao/


Un saludo



sábado, 22 de septiembre de 2018

La leucemia vista por los ojos de un niño.

Esos ojos que se te quedan como dos posavasos al enterarte de que la tienes tú, y luego se acostumbran a llorar. Pues con esos ojos uno de nuestros grumetillos de vela, Javier, ha mirado la leucemia que le diagnosticaron a los 8 años, la quimioterapia, la recaída y el trasplante, y ha escrito un cuento. Ha imaginado que en su cuerpo había dos países en guerra, y los ejércitos de cada país estaban compuestos por personajes buenos o malos de los dibujos animados. Durante sus ingresos yo le escribía dibucartas con esos mismos personajes. Con ese material ExLibric va a publicar un libro titulado "Dibucartas al grumetillo" que estará próximamente disponible, ya os avisaré.

Hay que felicitar a Javier por su valentía y por el esfuerzo que realizó para escribir esa historia desde la cama del hospital y desde dentro de la burbuja, y a ExLibric como editorial por seguir comprometida en esta lucha contra el cáncer infantil.

Los beneficios del libro se destinarán a la lucha contra el cáncer. Cuando salga el libro os pediré un esfuerzo para apoyar esta causa tan noble.


 Y los que nos conozcan que se imaginen quiénes son los de la portada, el edificio del fondo y el velero de la esquina.

domingo, 16 de septiembre de 2018

¡Vaya navegantes!

Es cierto, cada vez se ve más esto:


¿Alguien se acordará de mirar al horizonte, sacar los prismáticos y ver lo que hay alrededor en el mundo real?. Porque aunque a algunos les parece imposible, la electrónica a veces falla y hasta se equivoca.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Momentos deprimentes de la vuelta a Francia en el Corto Maltés.

Hola navegantes.

Claro, en 3 meses no todo son momentos que entusiasmen al graderío. También los hay malos, de esos que te hacen replantearte lo que estás haciendo. He aquí algunos:

La falta de viento en Las Landas, la etapa más larga (125 millas, 33 horas) que nos obligó a escuchar el petardeo del motor un dia entero, a hacer noche en el mar, y que concidió con ejercicios de tiro del ejército francés que sólo nos dejaba una estrecha franja de 3 millas paralelas a la orilla para navegar. Y además se estropeó el timón automático (entrada del blog de 29-5-18). La imagen es de Capbreton:


 La meteorología adversa en algunas etapas de Bretaña, con lluvia, niebla, frío, escasa visibilidad, tormentas eléctricas... en pleno mes de junio (por ejemplo, entrada del blog de 17-6-18 cuando pasamos en Raz du Seine y casi no lo vemos por la niebla):


 Esquivar durante varios días los campos de tiro del ejército francés, que se iban desplazando al Oeste a medida que nosotros mismos avanzábamos hacia allí (entradas del blog de 13 y 14-6-18):

 

 Los días en que nos pillaba la marea en contra en el Canal de la Mancha, y en vez de avanzar retrocedíamos, como si quisiéramos volver a Santander por donde habíamos venido (entrada del blog de 12-7-18):

 

 Los problemas con el motor en los canales, por la colmatación de algas que bloqueaban la hélice y nos hacía avenzar a un nudo o menos entre aquella indisciplina vegetal, y además en plena ola de calor con 35 ºC a la sombra. Las paradas a la orilla del canal para solucionar los problemas mecánicos (entrada del blog de 7-8-18):


 

Hasta mañana navegantes.

martes, 11 de septiembre de 2018

Momentos estelares de la vuelta a Francia en el Corto Maltés.







En primer lugar, la ruta realizada:


Y ahora algunos de los mejores momentos:

Abarloados al Joshua, de Moitessier, en La Rochelle (entrada del blog de 5-6-18):


 Pasando el Raz de Seine (entrada del blog de 17-6-18):


Explorando el río Aulne, hasta Chateaulin (entrada del blog de 24-6-18):


 Dejando el nombre del Corto Maltés con la estela en las aguas de la rada de Brest (entrada del blog de 29-6-18):
 

En La Rance, ese río frenado por una presa mareomotriz, que genera mareas artificiales ajenas a lo que sucede en el mar al otro lado de la presa, y saludando a Josefina (entrada del blog de 15-7-18):

 

Entrando en la isla de Jersey, donde pisamos suelo inglés, y conociendo sus mareas de hasta 13 metros en vertical (entrada del blog de 17-7-18):


Pasando el Raz Blanchard, sin ningún peligro pese a su mala reputación (entrada del blog de 20-7-18):


Entrando en Paris después de un rodeo de más de 200  millas (entrada del blog de 11-8-18):
 

Atravesando el túnel de Balesmes, navegando 5 km por el interior de una montaña a 340 metros sobre el mar (entrada del blog de 22-8-18):


Entrando en Lyon, después de haber pensado en abandonar y haber seguido adelante (entrada del blog de 27-8-18):

 
 Pasando la mayor esclusa de Francia, 23 metros de desnivel (entrada del blog de 31-8-18):



 Otro día os pondré los momentos más deprimentes, que también los hubo.



domingo, 9 de septiembre de 2018

Dibufirma de París.


Valoración del Tonic 23 para la vuelta a Francia.

Hola navegantes.

La vuelta a Francia ha tenido tres fases absolutamente diferentes: la marítima (unos dos tercios del recorrido), la fluvial y por los canales (un tercio del recorrido) y el regreso desde Avignon por carretera.

En la parte marítima no ha sido una novedad volver a comprobar el buen comportamiento del Tonic 23. Hemos aguantado los fuertes vientos (hasta fuerza 6) como los grandes, y hemos comprobado reiteradamente que cuando nosotros no salíamos a navegar por la meteorología adversa, la mayoría de los barcos mayores tampoco lo hacían y esperaban, como nosotros, la mejoría. El motor poco potente (8 CV) tampoco ha sido un handicap porque en Bretaña, con sus mareas impresionantes, nadie navega contra la corriente de marea, y cuando navegas a favor te da igual la potencia del motor porque vas sobrado. La orza abatible ha sido básica para entrar en muchísimos puertos con umbral o de varada, y claramente, con un barco de quilla fija este viaje no hubiera sido posible, o habría estado limitadísimo en cuanto a los horarios de entrada a los puertos o los sitios que habríamos dejado de visitar. Por otra parte en Bretaña casi nunca falta el viento, y hemos hecho a vela el 90 % del recorrido por mar, más que en otras navegaciones anteriores que teníamos que tirar más del motor.  La habitabilidad del Tonic 23 es suficiente para dos personas, y la adaptación del WC para ducha (que conté en el blog el 12-2-17) ha demostrado toda su utilidad en las etapas en que no nos quedábamos en puerto, permitiéndonos ducharnos a diario en ese clima frío en que no apetece bañarse en el mar.

En la parte fluvial tal vez con un motor más potente habríamos ido más desahogados en las largas etapas de motor, y tal vez hubiéramos tenido menos problemas en los tramos colmatados de algas. Pero no es seguro porque la velocidad en los canales está limitada, y a cambio cuando se obstruye la hélice y los conductos de refrigeración con algas es más fácil sacar el fueraborda para limpiarlo que tirarte a bucear para limpiar la hélice de un motor interior fijo. La orza abatible añade aquí una ventaja vital al permitirte reducir el calado (en el Corto Maltés de 140 a 70 cm: la mitad). Nos hemos cruzado al menos con 3 barcos que tuvieron que dar la vuelta y buscar una ruta alternativa, por llegar a una zona donde no había suficiente agua para ellos y tocar en el fondo. Pero la "ruta alternativa" que se escribe tan pronto, en la vida real supone perder tus vacaciones, porque el rodeo es de cientos de millas. Hay que tener en cuenta que el calado teórico de los canales (el que se da en los libros) es siempre en el centro del canal y en condiciones climatológicas idóneas. En verano y cuando llueve poco disminuye, hasta el extremo de tener que cerrar a la navegación algunos tramos en verano. Y en cualquier canal el calado disminuye en las orillas, lo que te pone en verdaderas dificultades (hasta tener que dar media vuelta) si te cruzas con una gabarra de tráfico comercial, que tampoco puede apartarse del eje del canal y tiene preferencia.

Para las estancias en puerto siempre hemos tenido sitio, y lógicamente con tarifas asequibles (17 euros por noche de promedio, a dividir entre dos personas) que son proporcionales a la eslora.

Finalmente la vuelta por carretera es la guinda sobre el pastel de un barco pequeño y de orza abatible. Siempre te queda este "plan B" para cualquier dificultad mayor, que con un  barco grande te obliga a dejar el barco un invierno en el sitio donde te surge el problema y volver a recogerlo en tus siguientes vacaciones. En esta navegación estuvimos a punto de recurrir a ella en Joinville, un poco al Sur de París, cuando empezamos a tener problemas con el motor y no encontrábamos un mecánico que lo resolviera, en pleno agosto. Por suerte pudimos continuar y recurrir al camión desde el Mediterráneo, según lo previsto. El Corto Maltés pesa unos 1.500 Kg, se puede sacar con la pluma de un camión pequeño en cualquier lugar (no sólo en marinas con travelift o grúas específicas) y al ser de orza abatible se puede calzar con neumáticos en la plataforma plana de cualquier camión, sin recurrir a transportes especializados.

En resumen, sigo pensando que con un barco pequeño se puede hacer lo mismo que con uno grande y con muchas ventajas prácticas.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Balance de la vuelta a Francia.

Hola navegantes.

Para hacerlo en caliente y que no se me olvide, aquí va el balance de la vuelta a Francia este verano:

Tiempo empleado: 104 días (24 de mayo a 4 de septiembre).

Millas recorridas: 2.065.

Millas en canales: 713.

Esclusas atravesadas: 200.

Pernoctaciones en marinas: 65, o sea, el 62 % de las noches.

Precio de las marinas: de 32 euros por noche (Jersey) a 6,5 euros por noche (Vitry Le François).

Coste: 640 euros por persona y mes.

Consumo de gasolina: 272 litros. Supone que hemos hecho a motor, solo o apoyando a las velas, el 10 % del recorrido por mar. No cuento los canales, que obligatoriamente se hacen a motor.

Operaciones de mantenimiento, reparaciones y bricolaje: 29.

Lo mejor: la entrada a París, que mereció sobradamente el rodeo de más de 200 millas sobre la ruta directa. Navegar por La Rance, ese río frenado por la presa mareomotriz, y conocer sus mareas artificiales y a la foca Josefina. Las islas Anglonormandas, por la curiosidad de esa metástasis de Inglaterra al lado de Francia, aunque me decepcionaron un poco al conocerlas. Haber aprendido a navegar con esas mareas impresionantes de La Mancha.

Lo peor: sin duda los canales, su falta de infraestructuras y de apoyos a la navegación deportiva, y especialmente su colmatación de algas en algunos lugares. Tener que navegar esquivando los ejercicios de tiro del ejército francés en la costa atlántica.

Otro día haré una valoración del velero de 23 pies para este tipo de viajes.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Hogar, dulce hogar.

Hola navegantes.

Sí,claro que me gusta navegar, pero volver a casa... Está bien salir a ver el mundo, qué se cuece un poco más allá del horizonte, pero también está bien volver a tu rincón, tus cosas y tu familia.

Ayer botamos el Corto Maltés en Santander. Para que no nos abandonara el estrés ni el el último minuto del viaje, estaba bajando la marea y toda la maniobra la hicimos viendo cómo se acercaban las rocas del fondo. Por suerte nos ayudaron mis amigos Nacho, Miguel, Luis y Maribel, y con tantas manos ayudando nos dió tiempo a todo. Repasamos la patente de la obra viva que venía muy desgastada por el efecto de lija de tántas millas hechas entre algas, sustituimos la luz de tope del palo que se había roto en una esclusa, desengarrotamos la orza que no subía del todo, y luego echamos el barco al agua y le pusimos el palo. Ahora quedan muchas horas de trabajo para reglar la jarcia, poner las velas, limpiar todo, vaciar el material que se lleva en un viaje pero no necesito a bordo en Santander, y reponer o arreglar lo que se ha ido desgastando en una navegación tan larga. Ya estoy deseando volver a navegar a vela, sin el maldito ruido del fueraborda, sólo con el silencio del mar y el run-run de las olitas en la proa. ¡Qué ganas!.


Hasta mañana navegantes.

martes, 4 de septiembre de 2018

¡Qué final tan raro!.

Hola navegantes.

Ya lo sabíamos, la vuelta a Francia podía terminar por carretera y es una de las cosas que me gustan del
Corto Maltés, que su tamaño y la orza abatible le permiten esta versatilidad. Le puedo sacar en cualquier parte si el camión tiene grúa, no necesita un transporte especial por carretera, y te facilita el plan B si cualquier cosa se tuerce. Pero hace raro, muy raro, haber empleado más de 3 meses en llegar aquí y que ahora vuelva a Santander en 10 horas.


Cualquiera de las dificultades técnicas que he tenido con el motor se hubiera saldado, en un barco más grande y con motor interior, en tener que dejar el barco invernando en donde se hubiera parado y volver a por él con un mecánico en las siguientes vacaciones. ¡Menudo panorama!.¡Y menudo presupuesto!.

Ahora nos queda botarlo mañana en Santander, madurar en la cabeza todas las experiencias de esta vuelta a Francia,  y empezar a soñar con nuevas aventuras.


Hasta mañana navegantes.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Curiosidades de Avignon.

Hola navegantes.

Estos días de parada obligada en Avignon, esperando al camión, los estamos utilizando para visitar la ciudad y los alrededores y no me resisto a comentar algunas curiosidades.
En primer lugar referentes a la Iglesia. En un museo tienen como reliquia una vértebra del Papa Inocencio VI, donada por un particular, un tal M. Osiol. Aparte de la artrosis bestial que tenía el pobre Papa, es curioso lo que se toleraba antes. Ese particular hoy iría a la cárcel por profanar un cadáver. Y luego nos reímos del templo con la muela de Buda.


Luego están las veleidades con el sexo. Después de ser el pecado "estrella" por el que te preguntaban en cada confesión, como si los otros no existieran, fijaos lo que venden ahora en el Palacio de los Papas, junto a rosarios y medallas pías:


Un "Filtro de amor", que asegura: "Nadie se resiste: pruébelo. Testado y aprobado por todos los amantes". O este otro:


"La demonia. Una tisana que le hará sucumbir a todas las tentaciones. ¡Atrévase!".
Vendiendo afrodisíacos en la iglesia, ver para creer. Como la pretenciosidad, el lujo y la pompa de que se presume aquí mismo, en el Palacio de los Papas, que harían sonrojar al mismo Jesucristo. Aunque por supuesto no es más que una opinión y puedo estar equivocado.

Ahora os enseño cómo se lleva el sistema de reenvío del timón a la entrada del tambucho. Te permite ir cómodamente sentado y protegido por el paraguas tanto del sol como de la lluvia. El carro sujeta el timón donde lo has dejado como si fuera un timón automático. De vez en cuando levantas la vista de la lectura y corriges un poquito.


Si todo va según lo previsto, el martes montamos el barco en el camión y el miércoles o el jueves lo botaremos en Santander.

Hasta mañana navegantes.

sábado, 1 de septiembre de 2018

viernes, 31 de agosto de 2018

Un Everest de chichinabo.

Hola navegantes.

Vuelve a ser verdad lo del perro que ladra al espejo, y se asusta sin darse cuenta de que se está asustando de sí mismo. Alimentar tus propios temores. Os lo conté al pasar el Raz du Seine, o Ouessant, o el Raz Blanchard, u otros años de Finisterre, Gibraltar o el mistral del Cap de Creus. Sitios míticos pero temidos a base de contar historias peligrosísimas de ellos, y a la hora de la verdad se pasan sin ninguna dificultad. Eso sí, planificando bien.

Pues lo mismo ha sido nuestro último Everest de este viaje, el temible Ródano, su corriente, su tráfico comercial, sus esclusas de veintitantos metros y su mistral: paparruchas. La corriente te ayuda, al tráfico comercial estamos acostumbrados de la bahía de Santander, y las esclusas están perfectamente estudiadas con sus norays flotantes que bajan y suben con el barco.



La de las fotos es la de Bollene, la más grande de Francia, con 23 metros de desnivel. Pues fue mucho peor cualquiera de las anteriores al Ródano, esas colmatadas de algas o que se llenaban hasta el mismo borde y el barco se montaba en el hormigón. Aunque su desnivel fuera de menos de 3 metros.

Y ayer tuvimos mistral.  Aparte de refrescar y hacer una ola incómoda, o dificultar la entrada en las esclusas porque viene de popa y te tuerce, lo bueno es que te incrementa la velocidad. Ayer hicimos hasta 7 nudos con el motorcito de 6 CV. Increíble.


Las etapas del Ródano han sido de las más feas de la vuelta a Francia. La mayor parte está canalizado: orillas de hormigón durante kilómetros y kilómetros, zonas industriales, y varias centrales nucleares. Algunos estrategas recurren a trucos más viejos que la humedad, como utilizar la imagen de un niño para dar sensación de seguridad. Aquí uno desnudito como  Mowgli, jugando en la chimenea de la nuclear como si estuviera en la playa. ¿Se creerán que ese dibujo va a ocultar la bomba de relojería que encierra dentro?. Igual si.


O plantar dos generadores eólicos junto a la nuclear, que a lo mejor dan para alimentar la máquina del café. Porque no vamos a pesar que es para dar una imagen "verde" de la nuclear, ¿verdad que no?.


Hoy hemos llegado a Avignon y tenemos que acabar la vuelta a Francia aquí. Mi última tripulante no podrá acompañarme hasta Llançá y a Ana se le acaban las vacaciones. Para cumplir con lo previsto tendría que llegar a Le Grau du Roi, poner el palo, luego hacer 2-3 días de mar hasta Llançá, y allí tener que volver a desarbolar para el camión. Y todo eso hacerlo solo. El último sitio de Francia donde tenemos autobús para Santander es Avignon. Y finalmente es donde hemos encontrado un sitio que nos permitan sacar el barco del agua por nuestros medios. Además el Ródano al sur de Avignon y el Golfo de León ya los hicimos en la navegación a la Isla de Elba.

Como le dijo John Lennon a su hijo Sean, "la vida es aquello que te va ocurriendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes". Habremos cumplido el 99 % de lo proyectado, más de 2.000 millas en un velero de serie de 6 metros, y estamos satisfechos.

Hasta mañana navegantes.

martes, 28 de agosto de 2018

... y otra de arena.

Hola navegantes.

En este viaje Murphy no nos ha abandonado del todo pero hace sus putadas en los sitios más adecuados. Hoy fuimos a por gasolina con las bicis antes de salir de Lyon, y al sobrecargarlas con los depósitos se nos rompieron 4 radios. Y solo tenía 3 de repuesto. Así que el cuarto tuvimos que arreglarlo en plan chapuza para que durase:


Y duró. Pero en el primer pueblo que paramos por el camino, Vienne, nada más bajar del barco caímos en una tienda de bicis y que además estaba abierta al mediodía. Compramos 6 radios, una cubierta para la rueda trasera, y otros abalorios que necesitaba. Un chollo.

Vienne es un pueblo curioso, con un templo romano que parece que estás en Italia, un teatro romano y una catedral medieval.


Allí comimos tortilla de patata, riquísima, porque una pareja de compatriotas, sevillanos ellos, han instalado una patisserie y bocatería en Vienne, y fue una maravillosa sorpresa después de 3 meses fuera de España.

Más adelante nos tocó esperar a pasar una esclusa con un barco de pasajeros que casi la ocupaba entera:



Parece un tapón. En estas esclusas gigantescas han inventado un sistema para facilitarte la vida, y es que los norays son flotantes y suben y bajan con el barco. Así no hay que ir largando las amarras, y sobre todo te evita tener que llevar dos de 50 metros, para esas esclusas en que el desnivel es de 25 metros.


Finalmente nos hemos quedado en el pueblecito de Chavanay. Aunque había carteles indicando "centre ville", debe ser tan pequeño que no lo encontramos y nos hemos quedado en un bar de carretera probando un vino de la zona.

Hasta mañana navegantes.