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lunes, 20 de agosto de 2018

Cosas de los canales.

Hola navegantes.

Hoy que ha sido un día rutinario de pasar esclusas (26, y en lo que va de viaje 131) he ido coleccionando curiosidades de los canales para enseñároslas.

En primer lugar los bellos amaneceres con "mar de humos", ese vapor que se levanta del agua por la diferencia de temperatura:


Obviamente estamos madrugando mucho para recuperar el tiempo perdido con los últimos incidentes.

Estos son los "amarres" de espera en las esclusas. Nada que ver con los del canal de Midi, pensados para los barcos deportivos. Aquí están pensados para las gabarras:


En las esclusas hemos visto buenas ideas y auténticas chapuzas. Entre las buenas ideas estos agujeros para el bichero, que de otra manera se resbalaría sobre la piedra:



Y entre las chapuzas, estas chapas colocadas delante de algunos norays, auténticas guillotinas para nuestras amarras. Yo hoy he roto la primera


También es curioso que algunas esclusas "manuales" lo son en sentido literal. No es sólo que no sean de funcionamiento automático, es que el esclusero (en este caso esclusera, se llama Caroline) las abre a manivela:


Nuestros problemas con el motor dentro de la esclusa se saldaron con la rotura de la luz del palo, que iba a popa. Comprendí tarde que también hay que hacer una "trompa" en lo que sobresale por detrás:


Hoy hemos atravesado un túnel de doble dirección. Es algo inaudito, casi siempre son de una sola dirección y te dan paso alternativamente:


Y acabo con un detalle de la vida práctica. Hay días como hoy en que entre una esclusa y otra tienes apenas 10 o 15 minutos, y tus actividades deben ajustarse a ese ritmo, porque cuando llega la esclusa hay que suspender todo y concentrarse en la navegación. Pasas una esclusa y calientas el agua, pasas otra y haces el café, pasas otra y te lo bebes, pasas otra y friegas las tazas, pasas otra y haces pis, pasas otra y empiezas a afeitarte, pero llega la siguiente esclusa y te pilla a la mitad, no importa, dejas media cara para la siguiente:


Es el ritmo de la navegación fluvial y hay que adaptarse.

Hasta mañana navegantes.


domingo, 19 de agosto de 2018

Seguimos.

Hola navegantes.

Espero no tener que arrepentirme de decir esto, pero un mecánico de automóviles ha sido capaz de arreglarme en un día el problema de la inversora, incluso fabricando con el torno la piececita de uno o dos mm de diámetro que se había roto. Ha dejado en ridículo a los "especialistas" en una marca de fuerabordas que no se atreven a meterse con motores de otras marcas, y que te hacen esperar 3 ó 4 semanas para recibir los recambios sin importarles que estés a mil km de tu casa. Fijaos la operación de cirugía mayor que ha tenido que hacer para llegar a la piececita que se rompió:


Y si tengo que arrepentirme porque la reparación falle, eso no le quita mérito a que Raphael interrumpió su fin de semana en París para venir a trabajar el sábado y el domingo en mi motor, sin conocerme de nada.

Y ahora fijaos lo que salía con la hélice cada vez que teníamos que sacar el motor porque ya no podía con el barco:


Y eso una y otra vez cada día hasta la extenuación. Realmente este canal no es para venir de vacaciones.

Ahora tenemos que recuperar el tiempo perdido y no sé si será posible. Si no lo es terminaremos el viaje en Francia.

Y ahora, para reconciliarme con Joinville, que por el estrés de la avería del motor podría quedar como un borrón en la memoria de este viaje, os enseño alguna de sus preciosas imágenes. Las casas a la orilla del río:


El Poncelot, un puente de piedra del siglo XVI que se respeta también como anidadera de murciélagos:



O esta curiosa reliquia, que dicen que es el cinturón de San José, el marido de la Virgen María, ¡Que cosas!.


Hasta mañana navegantes.

Una entrevista en Onda Vasca, de los días optimistas.

Podéis escucharla aquí:

http://www.ivoox.com/27580965

sábado, 18 de agosto de 2018

¿El fin del viaje?

Hola navegantes.

Tuvo que pasar. Tantas algas enredadas en la hélice han acabado por romper la inversora del fueraborda. Ya no sólo no entra la marcha atrás sino que ni siquiera el punto muerto. El motor arranca con la marcha avante metida y para pararlo hay que dar al hombre al agua. Ayer hicimos 8 o 10 esclusas en esas condiciones precarias por llegar al primer sitio habitado, Joinville, y poder gestionar un posible arreglo, lo que no sería posible desde un bello rincón campestre del canal alejado de todo. Pero entrar en una esclusa con el motor parado y sin marcha atrás es casi suicida. Por suerte todo se desarrolló bien y conseguimos llegar a Joinville.

Por consolarse con algo, una pareja  de belgas que hemos conocido se encontraron en un canal que cada vez tenía menos agua, hasta que directamente en una esclusa estaba cerrado al tráfico por falta de agua. Tuvieron que dar media vuelta y proseguir por otro canal.

Ahora las opciones para nosotros son conseguir repararlo (tengo a bordo el despiece de un motor igual casi entero), comprar un fueraborda de segunda mano, o volver a Santander desde aquí con el camión.

Esta tarde viene a ver el motor un mecánico de automóviles que también entiende de fuerabordas (los servicios oficiales o están de vacaciones, o demasiado lejos, o directamente se han desentendido). Una tienda de náutica me está intentando conseguir uno de segunda mano. Y el transportista está haciendo gestiones para, si fuera necesario, recoger el barco la semana que viene.

Fue verdad la negrura de los zapatos del novio.

jueves, 16 de agosto de 2018

Una de cal...

Hola navegantes.

Ayer no os conté nada porque el día acabó con dos presagios negros como los zapatos del novio. Por un lado el canal que termina en Vitry Le François, donde dormimos, estaba colmatado de algas como el tramo que os conté del río Somme. Y la gente de por aquí me dijo que estaba igual todo el canal de Champagne a Bourgogne, que es el que embocamos hoy. La verdad, no me sentía con fuerzas para hacer más de 200 km luchando con los Sargazos. Y por otro lado el motor fallaba al meter la marcha atrás, de hecho no entraba, y eso en las esclusas es peligrosísimo porque pierdes el control del barco y se choca con las paredes .

Por suerte hoy lo veo de otra manera. A primera hora conseguimos arreglar lo de la marcha atrás. Menos mal, porque encontrar un mecánico y piezas de repuesto para un fueraborda italiano aquí, en mitad de Francia, a 100 km del mar y en el mes de agosto, es una tarea imposible hasta para mí, que dicen que donde pongo el ojo pongo la bala. Y por otra parte hemos empezado a navegar por el canal y aunque es verdad que está muy lleno de algas, están en las orillas y siempre queda un pasillo central limpio por donde puedes avanzar. A pesar de ello varias veces el motor se ha comportado raro por ir cargado de algas.

De Vitry no puedo contaros mucho porque con el estrés que teníamos y la falta de tiempo lo vimos a la carrera. Lo que me llamó la atención es que tienen una estatua de la Diosa del Marne en el centro del pueblo, y en lugar de disfrutar de sus senos perfectos alguien se los ha tapado con una camiseta:



Hoy el día ha sido agotador, pasando 16 esclusas bajo la canícula. En una de ellas, la de Höericourt, había al lado una base militar con aeropuerto, y los cazas nos sobrevolaban, lo que me recordó los ya lejanos días de subir por la costa atlántica de Francia esquivando los campos de tiro... De hecho, ahora es casi medianoche y ellos siguen rompiendo la barrera del sonido sobre nuestras cabezas.

Por esta zona las esclusas se llenan hasta el borde, algo inaudito y que te complica la vida, porque por muy bajas que pongas las defensas acabas con el riesgo de apoyar el casco en la nueva orilla de cemento que se forma al llenarse la esclusa:


Hemos desarrollado una técnica muy derpurada para pasar las esclusas que se llenan (ahora estamos "subiendo" con esclusas ascendentes, hasta que lleguemos a los trescientos y pico metros sobre el nivel del mar donde empezaremos a bajar por otro río, el Saone). Hemos hecho un aparejillo que pasa por el centro del costado y lo amarramos a la escalera. Con el barco así inmovilizado, ya sin prisa subimos por ella para dirigir los amarres de proa y de popa. Antes era un lío tener que hacer todo a la vez con el barco moviéndose.


Y finalmente hemos venido a dormir a Chamouilley. Había unos chicos jugando a la petanca, y al preguntarles cómo se iba al "centre ville" me dijeron que aquí no hay ni ville ni centre, y va a ser verdad. No encontramos no ya la gasolinera o el súper, es que ni un bar. Pero ha sido mejor porque hemos conocido a una familia extraordinaria. Al preguntarles por un bar abierto se enrollaron con nosotros, nos invitaron ellos en su jardín a la cerveza y el zumo, y luego vinieron a ver el barco y se trajeron una tarta de regalo. Hemos compartido historias en una tarde fabulosa, de esas que te devuelven la confianza en el género humano. No todo es desconfianza y mal rollo con los desconocidos. Gracias Bárbara, Olivier, Lison y Rose, nos habéis hecho sentir como si ya hubiéramos vuelto a casa.

Hasta mañana navegantes.


martes, 14 de agosto de 2018

¡Ay, ay, ay....!. Nos quedamos en Ay.

Hola navegantes.

Finalmente el agotamiento pudo con nosotros y hemos dormido perfectamente a pesar de la cercanía de la cascada y los meneos del barco.

Después de obstruirse dos veces el chiclé, lo primero que hice por la mañana fue poner un filtro de gasolina. Después de la avería al volver de Elba me habían recomendado quitarlo. Pero ya veo que con los mecánicos pasa como con los médicos: "un médico cura, dos dudan, tres muerte segura", aludiendo a la dieferencia de criterio que te hace pedir una segunda opinión, que discrepa de la primera y te ves obligado a buscar una tercera para desempatar. Lo mismo me pasó respecto a quitar el termostato.


El la segunda esclusa de hoy, la de Azy-sur-Marne nos ha pasado algo inaudito. Después de entrar en la esclusa y activar el mecanismo automático la puerta no se cerraba y la esclusa no se llenaba. Que me aspen si hubiera podido imaginar la explicación que nos dieron los técnicos. El Corto Maltés es tan pequeño que la célula fotoeléctrica que debería detectar su entrada en el vaso de la esclusa no le detectó. Y al no detectarlo el mecanismo entiende que no puede haber nadie dentro, y no prosigue el automatismo. Para partirse de risa. En la siguiente, y a pesar de saberlo, también lo hicimos mal y tuvimos que salir para volver a entrar y mejorar la puntería. Estas esclusas están pensadas para gabarras enormes, no para veleros de 6 metros. A partir de ahora tenemos que asegurarnos de pasar bien centrados por delante de la dichosa célula.


Por el camino hemos visto a varios pescadores en un invento que es la mínima expresión de una Zodiac:


Va sentado con las piernas en el agua, supongo que con aletas, y controla el avance y los giros con los pies. 

Ahora os enseño tres sistemas que ya hemos utilizado para abrir las esclusas: el mando a distancia


La palanca azul hacia arriba


Y el tubo colgado en mitad del canal, que hay que agarrar en marcha y girar media vuelta


Muy divertido. Lo que no ha sido tan divertido ha sido el final del día. Íbamos a quedarnos en Mareuil, y había que pasar una esclusa al final de una recta larguísima. Estábamos viendo el semáforo de la esclusa y acelerando a tope porque faltan 15 minutos para las 18 h, que es cuando cierran. Pues a 20 metros y a las 17.50 van y la apagan. Por 10 minutos no la pasamos y nos quedamos en un pueblo que se llama... "Ay". Os lo prometo.

Hasta mañana navegantes.


lunes, 13 de agosto de 2018

Un buen susto en una esclusa.

Hola navegantes.

Algunos piensan que la navegación fluvial es la hermana menor de la navegación en el mar. Pues no es así. Algunos de los momentos peores en el barco los he vivido en los ríos. En primer lugar es agotador, porque no puedes utilizar el timón automático. El segundo está el riesgo de varada o de chocar con troncos flotantes. En tercer lugar su corriente, cuando es contraria te agota y cuando es favorable el timón responde peor. En cuarto lugar el tráfico de barcos en un espacio tan pequeño convierte en un riesgo cada cruce y cada adelantamiento. En quinto lugar, si has desarbolado dependes sólo del motor, cualquier problemilla te deja desvalido. Y en sexto lugar están las esclusas.

Las esclusas de los ríos son mucho más peligrosas que las de los canales, por la propia corriente del río. La esclusa está en una orilla del cauce y a su altura el río cae por un salto de agua de la misma altura que el desnivel de la esclusa. En el río Marne, que estamos recorriendo ahora, son unos 3 metros, pero hemos estado en otros de 6 metros. Si haces algo mal o se te para el motor (la hipótesis peor) si es aguas arriba del salto el barco se cae por él, y si es aguas abajo queda a merced de los rápidos.

Pues eso nos ha pasado hoy. Hemos entrado en una zona del río Marne donde las esclusas son automáticas. Nos han dado un mando a distancia y ya no hay esclusero. Llegamos a una situado junto a un salto del río de 83 metros de ancho y 3 metros de desnivel. Pues justo tras abrir la esclusa, bien cerca del salto, se paró el motor. El barco se atravesó a la corriente y empezó a derivar corriente abajo. En la esclusa no había nadie para ayudarnos. El único sitio seguro era el interior de la esclusa, que ya tenía las compuertas abiertas, ¿y sabéis cómo conseguimos llegar?. Con un remo de piragua desarmable que llevo para las emergencias. Nunca pensé que me sacaría de una situación así. Yo remaba por un solo lado y Ana corregía con el timón. Ya dentro de la esclusa, con el corazón en un puño, conseguimos solucionarlo (era otra vez una obstrucción del chiclé) y seguir la ruta, pero el susto ha sido de los que no están escritos.


Hoy nos hemos tenido que quedar antes de la esclusa del pueblo de Charly, porque aunque sean automáticas tienen un horario y llegamos cuando ya había cerrado. Una faena, porque al contrario que en el canal de Midi, aquí muchas esclusas no tienen un pantalán de espera y tienes que amarrarte en precario donde puedas. Y encima sometido a la corriente del río tras el salto. Una faena, ya digo.


Durante el recorrido de hoy hemos atravesado otro túnel y finalmente nos hemos hecho 47 millas, una jornada agotadora de la que no sé si podremos descansar esta noche, tan cerca de la cascada.

Hasta mañana navegantes.

domingo, 12 de agosto de 2018

El Santo Job y su escudero.

Hola navegantes.

Todos los veranos acabo mencionando al santo Job, y con razón. Hoy decidimos salir de París cambiando nuestros planes, con idea de ganar tiempo para la vuelta, que se nos antoja larguísima. Salimos con idea de adelantar y nos encontramos que, aunque nos habían dicho que en este tramo del canal no hacen pausa los escluseros para comer, resultó que sí, por ser domingo. Llegamos a la esclusa de Neuilly a las 12.35, 5 minutos después de que se fuera el esclusero. Nos armamos de paciencia y resulta que a las 13.30, cuando volvió, se encontró con una avería en las compuertas que le impedía abrirlas. Y a las 15 h, cuando lo arreglaron, resulta que apareció una barcaza con turistas, que tiene prioridad, y pasó primero sin que nosotros cupiéramos en la esclusa con ella. Nos tocó esperar otra apertura. Y finalmente acabamos de pasar a las 15.50.  Más de tres horas perdidas justo el día que habíamos dedicado a recuperarlas. Luego nos tocó ir detrás de esa barcaza toda la tarde, y ahí ya no puedo calcular las horas de más que nos hizo perder, porque iba a 3 nudos cuando nosotros podemos ir a 5.

Entre las curiosidades, al salir de París vimos una barcaza que ya no es ni vivienda, ni restaurante, ni peluquería (todo eso hemos visto) sino una piscina:


Más tarde atravesamos otro túnel, algunas esclusas, y nos hemos venido a dormir a Chalifert, en un recodo del río que casi casi compensa las tribulaciones de hoy. Estamos en el río Marne, en medio de un silencio de buena calidad, entre árboles altísimos, eso sí, rodeados de mosquitos, oliendo a espray y a repelente.

El sitio que tienen para esperar la apertura de la esclusa es con una columnas de hierro altísimas, sin posibilidad de bajar a tierra, pensadas para las barcazas y no para nosotros. Pues hemos tenido la suerte de que nos han dejado un sitio, gratuitamente, en un pequeño puerto fluvial privado, tan modesto que ni siquiera viene en la cartografía. Y da la casualidad de que el barco de al lado también se llama Corto Maltés:


Pues a pesar de su modestia, tiene un edificio con aseos y ducha caliente, que nos han dejado abierto, aunque para no abusar hemos preferido ducharnos a bordo.

Mañana seguiremos avanzando por el río Marne hacia el Este, en una larga curva que aparentemente nos aleja de casa, pero que termina orientándose al Sur, hasta Lyon.

Me despido agradeciendo de nuevo el favor a nuestros nuevos amigos de París, Christian y Patrice.


Hasta mañana navegantes.

sábado, 11 de agosto de 2018

Un pequeño vídeo de nuestra llegada a París.


Lo conseguimos.

Hola navegantes.

Ayer llegamos a París con el Corto Maltés sin haber dejado de navegar desde Santander. La costa atlántica de Francia, el Canal de la Mancha y los ríos y canales hasta aquí ... experiencias que llenan la existencia y justifican todas las penalidades de estos dos meses y medio. La satisfacción de navegar con tu barquito por el Sena a la sombra de la Torre Eiffel te hace olvidarte de todo lo malo y potencia sólo los recuerdos buenos, que son la mayoría.



Salimos de nuestro amarre en la desembocadura del Oise al amanecer, porque aunque en línea recta solo nos separaban de París 8 millas, el Sena tiene unos meandros tan impresionantes que el recorrido por el río iban a ser 40. Y además siguiendo pasando esclusas. Pero madrugar también te da regalos, como esta imagen de muestra primera entrada en las aguas del Sena:


Además la diferencia de temperatura del aire con el agua hacia surgir del río un "mar de humos" que creaba un paisaje de los de pellízcame. Sin embargo la navegación es muy técnica, por la cantidad de señales puestas por todos lados que hay que ir interpretando, por las normas de preferencia en las islas fluviales y los cruces, y porque a veces te alcanzan barcazas por detrás, y hay que ir vigilando tanto la proa como la popa, algo a lo que no estamos acostumbrados en el mar.

Como hacia un viento maravilloso por la popa nos estaba dando pena desaprovecharlo, y dejando aflorar nuestra vena velera decidimos utilizar el paraguas. Abierto en la popa nos permitirá ganar unas décimas de nudo. Algo casi despreciable, pero difícil resistirse.


A las 14.45 horas entramos en los puentes de París. Lo digo tan exacto porque habíamos quedado con nuestro hijo Pablo que activaría la grabación de una webcam que apunta al puente Mirabeau a las 14.45 h, y luego con un amigo, Christian Westarp, a las 15 h. en la Torre Eiffel para hacernos una fotos desde la orilla. A Christian aún no le conozco pero ya le considero un amigo, porque se ofreció a este encargo sin conocernos, sólo por hacernos el favor cuando se enteró a través de las redes sociales. Gracias Christian.



La navegación por el Sena es de lo más curioso. No paras de cruzarte con cruceros turísticos cargados con cientos de turistas, todos haciéndonos fotos, y de gente por las orillas lo mismo, saludando y tirando de cámara. Creo que no me han hecho tantas fotos en toda mi vida. Y los patrones de esos barcos navegando a su aire, porque está prohibido adelantar en la zona de los puentes pero claro, no van a esperar ellos a que pase por el puente un velero de 6 metros para pasar.

Después de hacernos con calma todo el centro de París nos hemos quedado en el Port de l'Arsenal, el único que hay en París, detrás de una esclusa que se abre al Sena. Como siempre en los ríos, el puerto está en pleno centro, a dos pasos de la Plaza de la Bastilla y de Notre Damme. Ahora nos quedaremos unos días en París para descansar (a mí me duele todo y tengo las manos llenas de mataduras) y luego seguiremos por los canales hasta el Mediterráneo. Ya os explicaré con qué criterios vamos a elegir una ruta de las 4 posibles.

Hasta mañana navegantes.

jueves, 9 de agosto de 2018

Otra forma de llegar a París.

Quién lo diría, pero esto es también la entrada a París:


Es el río Oise, un afluente del Sena, por el que hoy hemos navegado 52 millas. Parece el Amazonas y está a pocos kilómetros de la capital de Francia. Pese a su belleza, ha sido un día agotador, que hemos hecho tan largo por las ganas de llegar a París. La meteorología ha sido el otro extremo de la ola de calor de los días anteriores. Toda la mañana con chubascos que nos han obligado a ponernos otra vez la ropa de aguas y de invierno, y con tanta lluvia que parecía que el río y el aire se habían hecho una misma cosa. Y con detalles de los que dan mal yuyu, como esta barcaza, tocaya de nuestro barquito, totalmente hundida en la orilla:


O que el motor vuelve a cargar mal la batería, ese problema que creíamos haber resuelto en Fécamp al soldar un cable suelto del alternador. Es una de las cosas malas de los viajes y que te llena de impotencia: cualquier cosa que te arreglan mal no puedes reclamarla, porque cuando te das cuenta ya estás muy lejos. Y por otra parte en un viaje como éste usas en 3 meses el barco tanto como otros en 20 años, y lógicamente las averías y desgastes se van acumulando en poco tiempo.

Y ahora una imagen que explica por sí sola la necesidad de una titulación específica para los canales. Fijaos la de señales y balizas que tiene este puente, y te las encuentras de golpe con una barcaza viniéndote de frente. La conclusión es que los veleros deportivos tenemos que pasar por el vano de la derecha
aunque esté fuera de las balizas verde y roja que marcan el canal navegable. ¿Simpático, no?.


Pero a pensar en lo bueno: hoy nos hemos quedado en la desembocadura del Oise en el Sena, y mañana culminamos esta travesía entrando en París. Lo que parecía imposible será realidad mañana.

Y mañana os lo contaré, navegantes.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Hoy todo bien.

Hola navegantes.

Después del desastre de ayer, hoy ha sido un día magnífico. En primer lugar y sobre todo porque es el cumple de Ana, y en segundo lugar porque no haya sido su cumpleaños ayer, que fue tan nefasto.

Salimos tarde porque hoy entramos en los dominios del organismo Voies Navigables de France (VNF) que gestiona los canales, y tuvimos que hacernos la Vignete:


Es la tasa que se paga por el uso de los canales, y te la pueden pedir en las esclusas. Para el Corto Maltés nos ha costado 79 euros para un mes, e incluye el pago de las esclusas, poder amarrar donde quieras para pasar la noche, y agua para el barco a voluntad, con grifos en las esclusas.

A pesar de salir tarde y pasar 9 esclusas, hemos podido hacernos 37 millas. ¿Por qué?. Pues porque nos hemos encontrado unos canales limpios que nos permiten navegar a 5 nudos sin forzar, unas esclusas bien atendidas (les llamas por la radio y cuando llegas te la tienen abierta, sin ninguna espera) y que abren de 6.30 a 20.30 h y sin pausa para comer, al contrario del río Somme que trabajan de 9 a 5.30 h y con una hora para comer que en la realidad se transforma en dos horas. Y el motor que hoy ha ido redondo (ayer le quité el termostato, por lo menos mientras dure la ola de calor).

Con tanto bueno somos optimistas en los plazos que nos habíamos propuesto para llegar al Mediterráneo, ya veremos si podemos cumplirlos.

Hemos empezado a ver las curiosidades de los canales. Las barcas de transporte comercial suelen ser de dos en dos (como una locomotora que empuja un vagón) y la mayoría llevan a bordo el coche de su capitán, para usarlo en las escalas o para volver a casa:


Hemos visto hasta coches de gama alta encima de las barcazas.

Hemos atravesado un túnel de más de 1 km. Es sorprendente estar en tu barco atravesando una montaña:



Hemos pasado esclusas con más de 6 metros de desnivel. Los cabos se nos quedaban cortos y tuvimos que empalmarlos. Algunas tienen las compuertas de guillotina, en vez de dos compuertas con bisagras:


También esclusas dobles, con un pasillo para el tráfico comercial y otro para el deportivo:


Y termino con una imagen del Corto Maltés en Compiegne, después de hacer el trámite más incómodo en los canales: buscar gasolineras.


Con este nuevo ritmo es posible que mañana mismo lleguemos a París. Os recuerdo que si tenéis algún conocido pasando estos días en París le deis mi teléfono, para ver si puede sacarnos una fotos del Corto Maltés navegando por el Sena debajo de la Torre Eiffel.

Hasta mañana navegantes.

martes, 7 de agosto de 2018

Hoy olimos la halitosis de Murphy.

Así es. Nos levantamos a las 6.30 h para llegar a la primera esclusa a las 9, que es cuando empiezan los escluseros. Pues el puñetero motor no arrancaba. Ya habíamos mirado todas las posibilidades de reparación, que son mínimas aquí en mitad de la Francia profunda, alejados de los núcleos urbanos y encima con un motor italiano. Mientras esperaba que abrieran los servicios técnicos para llamarles por teléfono, apliqué mis escasos conocimientos de mecánica y tuvimos la suerte de que sólo era que se había obstruido el chiclé. Pero durante algo más de una hora estuvimos con el alma en vilo imaginándonos una situación como en Port Saint Louis du Rhone al volver de la isla de Elba (10 días retenidos por una avería).

Más adelante fue el puñetero río Somme. Me habían avisado que es navegable, pero se les olvidó decir que con una segadora por delante. Tiene una colmatación de algas que parece el Mar de los Sargazos, y nos hemos pasado 5 horas de las nueve que hemos navegado hoy luchando por conseguir avanzar liberándonos de ellos.


En varias ocasiones se nos ha parado el motor por el peso que llevaba la hélice a rastras, y en una ocasión tuvimos que sacarlo para limpiarlo. Y todo el camino arrancando algas del timón y del fueraborda, y dando marcha atrás para que se soltaran las de la quilla. Con el motor a tope avanzábamos a 1 nudo, y a veces a cero nudos. Y todo eso en plena ola de calor con 35 ºC a la sombra. El peor día de esta navegación, entre el esfuerzo físico, el calor y el temor por el motor.

Y lo peor es que hemos hablado varias veces con los servicios técnicos del canal y nunca nos habían advertido de esta "característica". Tomad nota, el río Somme no es navegable para veleros.

Por si fuera poco, ¿a media mañana sabéis con quién nos cruzamos?. Exacto, con el velero sueco que había vuelto grupas y volvía al mar por donde había venido, porque finalmente no consiguió pasar.


Viaja con su mujer  y con su madre. Supongo que la mujer se divorcia y la madre le deshereda, porque ahora tiene que volver a S. Valery, volver a arbolar, navegar hasta Calais, volver a desarbolar, meterse de nuevo por los canales, y a lo mejor dentro de 3 ó 4 semanas está donde ha estado a punto de llegar por el Somme. Hizo una apuesta muy arriesgada. Cala 1.50, el río Somme 1.40, y ya le advirtieron los de una motora que nos cruzamos en una esclusa que ellos, con 1.20, tocan el fondo por esta zona del río. Luego he hablado con un australiano que me precedía, y su barco, con un calado de 1.15, ha "arado" el fondo varias veces.

Y por segunda vez por si fuera poco, después de todo el día sudando al atardecer se desencadenó la lluvia y una tormenta en la lejanía con aparato eléctrico, que hacía parecer el río un dominio del Conde Drácula.

La parte buena, que las últimas esclusas las gestiona una chica jovencita y minipantalonera, que ha sido un encanto. Viéndonos agobiados porque no llegábamos a Peronne, que es donde queríamos haber llegado ayer, dijo que se quedaba hasta que pasáramos la última del Somme. Y nos ha acompañado por carretera esperándonos en las curvas para darnos ánimos en aquel bardal, teniéndonos los puentes y las esclusas abiertas cuando llegábamos. Estudia medicina y quiere especializarse en pediatría, y se llama Lize. Gracias, Lize.

Hasta mañana navegantes.

lunes, 6 de agosto de 2018

Calor para revender.

Hola navegantes.

Estamos en plena ola de calor y eso, en un barco tan pequeño, nos hace la vida muy difícil. Fijaos el calor que hará (exactamente 32 ºC a la sombra) que en Amiens han suspendido las visitas turísticas por el calor.


Hoy hemos salido tarde de Amiens por la necesidad de devolver el coche alquilado con el que fuimos ayer a París, y para que Ana conociera Amiens. Pero todo estaba en contra. La catedral no se puede visitar durante 3 días y no nos lo habían advertido en la oficina de turismo, y se nos pinchó otra vez la bici. Así que no salimos hasta las 12, y eso, junto al horario de los escluseros, ha hecho que hoy sólo avancemos 10 millas.

Navegar a motor con ese calor es horrible, apenas da el viento, en el interior de las esclusas te achicharras, y siempre vas preocupado por el motor. Hoy se nos paró en una esclusa y después de un rato volvió a arrancar sin problemas. Tal vez se trabaron algas en la hélice, porque este tramo del canal está abarrotado de ellas. Mañana os diré en qué se queda el susto.

En los canales se aprende mucho de cómo se busca la vida el ser humano. Hay muchos que cuando ya deciden que no están hechos para navegar, y menos a vela, se apalancan en una esquina tranquila y acaban transformando el barco en un pequeño apartamento, donde ya lo que menos cuenta es su capacidad para navegar. ¡Qué pena!.


Hoy nos hemos quedado en el pueblecito de Corbie. No puedo deciros lo que tiene porque con este calor, tener que arreglar el pinchazo e ir al súper y a buscar hielos (por cierto, no los hemos conseguido) se nos han quitado las ganas de conocerlo.  Igual después de cenar nos acercamos. Lo que si puedo adelantaros es que Ana se ha traído la guía El País-Aguilar de Francia, y Corbie ni siquiera viene en el índice.

Por último, enseñaros cómo me ha quedado la "trompa" del palo. Es esa prolongación para que los golpes en el interior de las esclusas no se los lleve el enrollador.


Hasta mañana navegantes.

domingo, 5 de agosto de 2018

Ayuda fotos del Corto Maltés en París.

Hola navegantes.

Después de dos meses y medio circunnavegando Francia, ya estamos en los canales bajando al Mediterráneo. La semana que viene, probablemente el 10, 11 ó 12 de agosto, entraremos en París por el Sena. El problema es que el tramo navegable por el centro de París tiene unas normas de navegación muy estrictas. No se puede uno detener y tampoco dar media vuelta. En esas condiciones no vamos a poder tener el recuerdo del Corto Maltés debajo de la Torre Eiffel.

Si alguno de vosotros o algún conocido va a estar en París esos días, por favor que me llame a ver si podemos coordinarnos para que nos tome unas fotos (618 240 646) y se hace realidad la imagen que llevo de pantalla en el móvil desde que empecé a preparar esta navegación:


Hoy hemos estado en París por carretera para el cambio de tripulación, y para ir adelantando algo os enseño el tramo de la Isla del Sena donde tendremos que bifurcar (hay que ir por la derecha, el ramal izquierdo está prohibido)


y alguna de las peniche-vivienda que hemos visto en la dársena donde nos quedaremos a dormir. Aunque os parezca mentira, han hecho crecer un jardín de hierba vegetal auténtica en el techo y la cubierta, para que la mesita y las sillas parezcan más estar en un jardín:


Ya os imagináis lo que navegan con "eso".

Hasta mañana navegantes.