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viernes, 13 de mayo de 2022

Día del niño hospitalizado.

 Hola navegantes.

El 13 de mayo se celebra cada año el Día del Niño Hospitalizado. Una fecha especial para rendir homenaje a los niños y adolescentes enfermos de cáncer. Mi modesta aportación es compartir este poema lleno de esperanza a una de nuestras grumetillas de vela, que pudo con la leucemia, y ahora es una joven adulta e independiente, y sí, posiblemente feliz. Está elegido del libro "La sonrisa de  Mikel. Dibupoemas de supervivencia".

BAJO LA BOTAVARA.

 

   Ya callaste una vez

a la Señora Flaca,

ahora disfruta de la vida, Sara,

hasta la resaca.

 

   Con tu fuerza infantil,

y con tus musculitos,

tú callaste a la vieja

que te llamaba a gritos.

Callaste la llamada

fría del bisturí

(yo no pude callar la de la moto

de mi hermano en Madrid

aquella noche de hielo

que le perdí).

 

   No fueron los sueros

ni las transfusiones,

ni las radiografías,

ni las operaciones,

ni las mil fechorías

bajo los edredones

quienes silenciaron a la vieja

de los ojos saltones.

 

   Sé que la callaste tú,

la niña de los huesitos,

la luz tibia del pasillo

de los calvitos.

 

   Tú pudiste una vez

con la Cariacontecida,

cuando se ensañaba contigo

impidiéndote la huida,

y saliste de sus fauces

como reverdecida.

 

   Como preparada para vivir

a partir de ahora

sin volver a pensar

en la Señora,

concentrando una vida

en cada hora

como un río crecido

en una cantimplora.

 

   Concentra en una tarde

de verano

el dolor superado

y el placer cotidiano,

contempla los colores del océano

desde algún altozano

y fluye con el río de la vida

si quieres, de mi mano.

 

   Y ahora cada fiebre, cada medicación,

cada recuerdo de lo que te pasara,

cada sombra que quiera

amargar tu infancia clara,

cada mal pensamiento,

cada mal augurio, Sara,

puedes olvidarlo conmigo

si quieres, bajo la botavara.

 

Y aquí el dibupoema (clic encima para verlo mejor). Se empieza a leer en la parte

izquierda del cuerpo, debajo del cuchillo:

 

 


 Si os gusta, os recuerdo que una parte de los beneficios del libro se dedica

 a la lucha contra el cáncer infantil.


También nos atacan los calderones.

 Hola navegantes.

En la entrada del 20 de abril (Clic aquí) os hablé del problema de los ataques de las orcas a los veleros. Os recomiendo volver a leerlo para entender lo de hoy.

El caso es que se ha detectado un  ataque, ahora de gravedad pues rompieron el casco del velero, esta vez por parte de los calderones, esos delfines cabezudos que nos caen tan bien. Se trata del velero de 35 pies "Zamour". A 450  millas de Cabo Verde una manada de doce calderones vino a acompañarlos, jugando como siempre. Pero de repente su actitud cambió y los tres o cuatro especímenes más grandes comenzaron a golpear con la cola y la cabeza al velero. Como a bordo iban biólogos marinos aplicaron todas las recomendaciones que os conté en aquella entrada (arrancar el motor, dar marcha atrás, ponerse a la capa, golpear un tubo metálico con el extremo sumergido, etc) y no sirvió para nada. Hicieron una grieta en el casco de 30 cm que casi les hace naufragar.


 El calderón es uno de los pocos animales que tiene más neuronas neocorticales que el ser humano, en las que radica la percepción, el pensamiento, la imaginación, el juicio y la decisión, y por tanto la inteligencia. Además los hijos permanecen con la madre toda la vida, lo que asegura la "transmisión cultural" (estrategias de caza, de defensa y su lenguaje) entre generaciones, lo que en este caso sería contraproducente para los veleros, pues pasaría de generación en generación la agresividad contra nosotros. Viene a cuento porque una de las hipótesis de estos ataques es que se están vengando de los veleros por la muerte de algunos de sus congéneres. Los modernos veleros con foils "navegan" a 50 nudos y sin meter ruido ya que van fuera del agua, y con un apéndice afilado como una cuchilla. Muchos de los accidentes en las regatas oceánicas son por chocar con un "OFNI" ("Objeto flotante no identificado") un  eufemismo que en muchas ocasiones oculta un mamífero marino durmiendo en la superficie, al que cortan por la mitad sin que pueda reaccionar, y al que por único epitafio se le cataloga con esa sigla. Yo soy contrario a esos veleros que más parecen aviones volando a ras del agua, pero por su riesgo para las personas que navegan en barcos más lentos. Ahora tengo que añadir a mis prevenciones esta posibilidad de estar en el origen de los ataques de las orcas y los calderones. Adjunto la carta de un navegante a Voiles et Voiliers en este sentido y la respuesta de la revista (clic encima para leerlo mejor):

Abundando en el tema de la forma de evitarlos, en el número de junio de Voiles et Voiliers un navegante ha consultado con Isabelle Autissier, una de las mejores navegantes francesas, y le ha recomendado utilizar la patente naranja.

Aunque está por demostrar su eficacia, abunda en la hipótesis del color de la patente como atractivo para los mamíferos marinos, y en el principal argumento que es el de la seguridad: si un barco vuelca, el color que mejor se ve desde el helicóptero es el rojo o el naranja. El azul, el verde, el negro y el blanco prácticamente no se destacan sobre el mar según la incidencia del sol y las olas.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 12 de mayo de 2022

Insectos en el mar.

 Hola navegantes.

Sí, aunque os parezca mentira a veces te encuentras insectos en alta mar. Y pueden darte un buen susto, porque, igual que los pájaros perdidos, encuentran en el barco su único lugar de descanso donde posarse pero, al revés que los pájaros, los insectos vuelan en manadas de millones, y pueden, literalmente, invadirte.

Mi amigo Santiago González Zunzundegui dio la vuelta al mundo en los años 80 y 90 con  su familia y luego lo contó en el libro "Aventura a toda vela". Circunnavegaron el planeta en 17 años de vagabundeo y luego se establecieron en Hondarribia.

aventura a toda vela - s gonzález - familia esp - Buy Books of Geography  and Travel at todocoleccion - 48401500 

 (por cierto, me hizo el favor de prologar el libro de la vuelta a Francia en el Corto Maltés.  Gracias, Santiago). Pues cuentan que lo más peligroso del viaje no fueron las tormentas o los piratas, sino cuando les invadió el velero una manada de abejas asesinas a 20 millas de Brasil (¡40 km!). Aparecieron de repente, y eran tantas que oscurecieron el sol. En pocos minutos formaron una colmena de un metro de alto, y todos los esfuerzos que hicieron por eliminarlas se saldaron con picaduras por todo el cuerpo. La familia se salvó de milagro, y al terminar Santiago y Mayi parecían dos agonizantes.

Recientemente Simon Fellous, un navegante solitario, estaba en el Mediterráneo con su velero de 6,5 metros, y en una calma chicha fue invadido por una nube de millones de insectos. Se posaron por todo el barco y hasta en el interior, y en 10 minutos hicieron el aire irrespirable porque se le metían hasta por la nariz. En la foto, cuando empezaron a  posarse en el herraje del estay. Como pasa siempre en el mar, en los momentos malos estás para cualquier cosa menos para tomar fotos, y por eso luego cuando las enseñas todo parece menos impresionante de como fue en realidad.

Simón tuvo la suerte de que al cabo de dos horas se levantó el viento, y la nube de insectos poco a poco se dispersó.

El fenómeno se debe a lo mismo que la lluvia de ranas que os conté en la entrada de 16-3-22:

Clic aquí

Las masas de aire ascendentes, y luego su desplazamiento transversal a lo largo de los Continentes, atrapan a las manadas de insectos y las desplazan a largas distancias. Pueden moverlas de un Continente a otro a través de los Océanos, y es uno de los mecanismos por los que se han poblado, tanto de animales como de pólenes, las islas emergidas.  Por ejemplo, entre Francia e Inglaterra se ha calculado que más de tres mil toneladas de insectos se han movido de esta manera en los últimos años. Pero si en vez de llegar a la costa los deposita en el mar y tú andas cerca con tu velero, con suerte tienes algo que contar, y con mala suerte te llega el fundido en negro.

Algo más común es sufrir a los insectos cerca de la costa. Ocurre sobre todo en las proximidades de los deltas o de los ríos, y en el Corto Maltés los hemos sufrido muchas veces. Contra ellos utilizamos todo nuestro arsenal. En la práctica lo que mejor funciona es darles matarile echando bien de espray y dejando todo cerrado mientras vamos a la ducha, y a la vuelta entrar a toda velocidad, volver a cerrar con nosotros dentro y echar otra vez espray. Cenar con todo cerrado, aguantando un poco el calor si lo hace (cuando hace frío se agradece) y ya anochecido podemos volver a abrir alguna rendija para dormir, porque de noche cerrada los mosquitos suelen retirarse. Para ir a dormir nos damos el repelente, y además dejamos a mano la pomada de corticoide, por si a alguno nos pica no pasarnos toda la noche rascándonos. Es uno de los inconvenientes más incómodos de la navegación fluvial en verano.

Respecto al fondeo en la costa, imaginaos un fondeo agradable, de esos que parecen haber sido especialmente creados para acoger a un velero. Ahora pensad que los  mosquitos no se alejan mucho de la orilla, a lo sumo unos doscientos metros.  A tal punto que se argumenta como un hecho más a la hora de elegir barco. Los que tenemos barcos de poco calado o de orza abatible solemos presumir de que llegamos a los fondeaderos y siempre tenemos sitio, acercándonos a la orilla más que los veleros mayores que han fondeado más lejos. Además es más fácil para nosotros el desembarco al tener que recorrer menos distancia. Entonces los de los veleros grandes nos rebaten diciendo que sí, pero que allí nos pican más los mosquitos. Nunca llueve a gusto de todos. 

Y por cierto, por la mañana encontramos tantos cadáveres en la cubierta que parece una alfombra negra, y hay que retirarlos con el escobón.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Con una dedicatoria personalizada.

 Hola navegantes.

Como en los libros anteriores, si os apetece podéis pedirme el libro de la vuelta a Italia con vuestra dibufirma en  la dedicatoria. Os haré con vuestro nombre o el de vuestro barco la silueta de un velero, ejem, siempre que pueda, claro. Ya os he dicho que con los nombres que tienen las letras picudas (A, M, N) me salen bien las velas, y con las letras lineales (I, L,T, Y) los mástiles. Pero si no consigo sacar un barco de vela os haré otro tipo de barco, como por ejemplo este gasero para mi amigo Jorge, que hoy cumple 63 y aprovecho para felicitarle:

Tenéis que mandarme un correo privado a alvarogaledo@gmail.com, y yo os pediré el nombre del barco si tenéis, su  modelo y el color del casco para que sea lo más fiel posible al original, o una foto de perfil donde se vea el casco. Si no tenéis barco os la haré con vuestro nombre, o el de la persona a la que se lo queráis regalar. Os mandaré el libro dedicado por correo.

Con cuidado, navegantes.

martes, 3 de mayo de 2022

viernes, 29 de abril de 2022

Ya está el libro de la vuelta a Italia.

 Hola navegantes.

 Alguno estará pensando que tengo memoria de teflón, que no se me pega nada, porque dije que esta semana estaría el libro y no lo he anunciado. Pero es que hasta hoy no me ha dado el visto bueno la editorial, porque estaban dando prioridad a los que van a mandar a Robinson. Pero ahora ya sí,podéis pedirlo a través de la columna derecha de este blog, o bien aquí:

 Clic aquí 

En el enlace están disponibles también,en abierto, las primeras páginas para que veáis si os gusta y os apetece seguir leyendo. 


 Espero que os guste. 

jueves, 28 de abril de 2022

Presentación de la vuelta a Italia en Robinson.

 Hola navegantes.

El libro de la vuelta a Italia voy a presentarlo en la Librería Robinson, de Madrid, el próximo jueves 5 de mayo, a las 19 h:


 Es en la C/Santo Tomé 6. Con cada libro daremos una velita con el logo del Corto Maltés, hecha con los restos del spinnaker que se nos rompió en aquella navegación, y que le ha impulsado en todas sus rutas. Con ella tendréis en casa una parte de mi barquito de recuerdo.


 Lo anuncio para invitaros a acudir a los que viváis en Madrid, y para pediros el favor de ayudarme a difundirlo entre vuestros amigos navegantes o viajeros. Ojalá podáis acudir. 

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 27 de abril de 2022

La grieta en el herraje del estay.

 Hola navegantes.

En la vuelta a España descubrimos una fisura en el herraje del estay de proa, que atribuimos a los pantocazos en la salida del Guadalquivir.


Podéis leer la historia aquí:

Clic aquí

Por suerte el herraje tenía otros puntos de anclaje para el estay y lo sustituimos por otro a través de un grillete, y así navegamos algunos años. Con el tiempo tuvimos la oportunidad de aprovechar la presencia de un soldador en  nuestro atraque para otros menesteres, y nos hizo una soldadura. Pero resultó ser de los que no dan puntada sin hilo, me aseguró que sería irrompible, y que la pieza se partiría antes por cualquier otro sitio que por el cordón de soldadura. Con cierta desconfianza volví a enganchar el estay en la pieza soldada, pero en el siguiente viaje volvió a agrietarse, precisamente donde me lo había soldado.

 Naturalmente volví a pasar el estay al anclaje alternativo, y así lleva otra vez varios años. Pero aprovechando la estancia en el varadero he decidido volver a soldarlo, por lo menos para disponer de ese herraje en caso de que fallase el actual. Esta vez me lo han soldado con la llamada soldadura TIG (del inglés tungsten inert gas) que se caracteriza por el empleo de un electrodo permanente de tungsteno (que funde a 3.410 °C) y la protección de un gas. La función del gas es desplazar el aire del entorno de la soldadura y evitar el contacto entre el oxígeno y el nitrógeno de la atmósfera y el baño de fusión. Por eso cuando hace mucho viento no puede usarse, ya que el viento puede desplazar el gas protector y perder su efecto.


 La soldadura TIG da cordones más resistentes, más dúctiles y menos sensibles a la corrosión, al menos en teoría,y espero que esta vez dure. La decisión de pasar el estay a la pieza soldada o dejarlo donde está no la he tomado, pero al menos sé que dispongo de un anclaje alternativo si me fallase el actual.

Lo que sí llevo siempre es un anclaje secundario o de seguridad, consistente en una cadena inoxidable con un poco de holgura, la suficiente para que si falla el principal por lo menos no se me caiga el palo. 

Con cuidado, navegantes.

martes, 26 de abril de 2022

La varada anual.

 Hola navegantes.

Acabamos de cumplir con el trámite más incómodo y más caro de tener barco: la varada anual. Hay que sacarlo del agua cada uno o dos años para limpiar el casco, renovar la pintura antiincrustante que llamamos "patente" (esa con biocidas para que no se peguen algas y caracolillos) y cambiar los ánodos. Este año, además, teníamos que comprobar el estado de la orza nueva que le pusimos el año pasado, y estábamos preocupados por las manadas de caracolillos que nos trajimos de Italia:

 Se ve que cada mar tiene su fauna, porque en Santander nunca me habían salido caracolillos. Aquí me sale sólo un verdín que se va perfectamente con la karcher. Pues al sacarlo del agua vimos que las manadas seguían allí pero no había proliferado más, y se fueron por el desagüe del varadero sin derecho ni siquiera a un epitafio. 

Respecto a la orza, estaba intacta y ha sido una satisfacción verla así. Si la anterior se había deteriorado en 30 años sin salir del agua, está claro que, por el curso normal de la naturaleza, el deterioro de la nueva no debe preocuparme.

Hemos hecho también la revisión del fueraborda y otros bricolajes, y finalmente el Corto Maltés ha vuelto al agua como nuevo, dispuesto a afrontar los retos de este verano.

 Hasta ahora no he tenido noticias de nuevos ataques de orcas en Galicia, así que si todo sigue igual partiremos para el Golfo Ártabro el 28 de mayo.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 25 de abril de 2022

Luces para los chalecos salvavidas.

 Hola navegantes.

A estas alturas, y por poco que hayáis leído de este blog, ya os habréis dado cuenta de que la navegación a vela es algo más que bonitos fondeos al sol, con chicas guapas en biquini tomando piñas coladas. Entre otros malos ratos, aparte de los que te depara la meteorología,  está el de leerse el BOE.

El 19-5-21 se publicó el Real Decreto 339/2021, de 18 de mayo, por el que se regula el equipo de seguridad y de prevención de la contaminación de las embarcaciones de recreo. Y entre otras cosas introdujo la novedad de que los chalecos salvavidas tenían que llevar incorporada una luz, eso sí, siempre que se navegue de noche. Todos piensan que eso de que se les caiga un tripulante al agua y por la noche no les va a pasar a ellos, pero es engañarse como el que dispara a una pared y luego pinta una diana alrededor de los impactos. Como en nuestras navegaciones fuera de Santander no podemos descartar que nos pille la noche sin haber alcanzado el puerto, en mi caso esta nueva norma tiene todo su sentido. Y también, en Santander, cuando salgamos por la noche a ver los fuegos artificiales, que deberemos llevar una luz de chaleco por cada persona a bordo.

Se trata de una luces estancas que activan automáticamente en contacto con el agua, de manera que si alguien se cae al agua de noche se encienden solas, emitiendo una luz blanca de destellos. En las siguientes fotos podéis ver dos electrodos (los puntitos de apariencia metálica) que al entrar en contacto con el agua cierran un circuito que enciende la luz:


De  hecho, para ver si funciona se tocan los electrodos con la yema del dedo humedecida, y se comprueba que se encienden. La pila interna no puede sustituirse porque todo va sellado para que sea resistente al agua, y cuando se agote (tienen una caducidad de 3-4 años) hay que comprar otra luz nueva, aunque son bastante económicas (10-11 euros cada una). Para ahorrar batería tienen un interruptor para apagarla cuando se recupera al náufrago, o si se activa intempestivamente por ejemplo por la lluvia.

El problema es que los chalecos que tenemos son de antes de esta norma, y no tienen prevista una cincha adecuada donde sujetarla. Por ejemplo los míos tienen un cinturón bastante ancho en torno a la cintura, pero que en el agua queda por debajo de la superficie, y allí la luz no sirve para mucho. He tenido que comprar dos distintas, una para cincha ancha y otra estrecha, y desplegar los chalecos una y otra vez hasta encontrar el sitio donde engancharlas para que queden por encima del agua. En uno de ellos va a ser en una cincha que sujeta el inflable a su funda de tela:

y en el otro al tubo de inflado bucal, el sistema de emergencia por si no funciona el inflado automático:

 Supongo que la industria resolverá enseguida este "problemilla" y pronto los chalecos salvavidas salgan de fábrica con el sistema de anclaje adecuado para la luz, en un lugar cerca del hombro donde se vea seguro.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 23 de abril de 2022

"¿Cuándo llegamos? (la vuelta a Italia del Corto Maltés)" disponible la próxima semana.

 Hola navegantes.

El libro "¿Cuándo llegamos? (la vuelta a Italia del Corto Maltés)" donde cuento nuestra vuelta a Italia, y a toda la costa mediterránea de Francia, en el verano de 2021, podrá pedirse a la editorial la próxima semana. Lo anuncio hoy para celebrar el día del libro, pero os avisaré el día exacto. Yo lo presentaré en la librería Robinson, de Madrid, el jueves 5 de mayo, pero también os lo recordaré cuando falte menos tiempo.

 

 Como presentación de lo que podréis encontrar en él, os reproduzco mis conclusiones personales en el ultimo capítulo:

 "Respecto a la valoración subjetiva, ya sabéis que no me considero un Huckleberry Finn de los tiempos modernos y que no escribo estos libros para contar batallitas sino para ser sincero con vosotros, especialmente los propietarios de veleros pequeños. Y pretendo que sean un pedazo de mi vida real más que una creación artística. Por eso debo confesar que los casi cuatro meses de navegación se me hicieron largos y que al final, en las feas y duras etapas del Adriático, rocé el hartazgo. Por eso elegí como título del libro la famosa frase de los niños cuando se cansan en un viaje: “¿Cuándo llegamos?”. Pero no fue por las limitaciones de espacio o por las incomodidades de vivir en un barco pequeño, estoy seguro que habría sentido lo mismo en un barco grande. Cuatro meses navegando día tras día de ocho a diez horas, o más, supera la afición mejor asentada, y cualquier placer que se repite mucho vira al disgusto.

El viaje fue tan largo, en primer lugar, por el objetivo de circunnavegar un país, Italia, y por haber empezado el viaje en el país anterior, Francia. Hicimos toda la costa mediterránea de Francia antes de llegar a Italia por un motivo pragmático, abaratar el coste del camión a la ida, ya que cobra por kilómetros. Cualquier otro viaje de ida y vuelta puedes acortarlo cuando quieras, simplemente en un puerto decides volver y no pasa nada. De hecho, la mayoría de los navegantes hacen eso, y es raro cumplir íntegra la longitud del viaje proyectada. También me ha pasado a mí en las navegaciones por el Cantábrico. Pero en este caso una vez arrancados teníamos que llegar a Venecia o más allá, porque dar media vuelta y volver a España por donde habíamos venido hubiera sido muchísimo más largo.

En segundo lugar por la meteorología. Yo hago la programación de los viajes para navegar 25-30 millas diarias, que a la velocidad de crucero de 4-5 nudos significa navegar de cinco a ocho horas diarias, algo muy llevadero. En verano nos levantamos con el sol, arrancamos hacia las 8 h., y estamos en el puerto de destino alrededor de la hora de comer. Eso nos deja toda la tarde para la intendencia y para conocer el sitio de llegada. Pero en la vuelta a Italia ha habido una mayoría de días de vientos contrarios que nos obligaban a dar bordos ciñendo, con lo que la distancia se duplicaba y el tiempo se triplicaba. Nos salían etapas maratonianas de doce horas o más, y si nos quedábamos antes, otro día, aun con vientos favorables, teníamos que recuperar las millas no recorridas y hacer más horas. Algunos días llegábamos a puerto realmente exhaustos, sin ganas nada más que de ducharnos y dormir.

También influyó que una parte del recorrido ya lo conocía de viajes anteriores. Toda la costa mediterránea de Francia y la italiana hasta la Isla de Elba las conocía de la navegación a Elba en 2016 con el mismo barco, y las islas del Mar Tirreno y las Eolias en otros barcos. Los sitios ya conocidos son menos atractivos y estimulantes que los que conoces por primera vez, en que todo es nuevo. Y además los encontré más masificados por el turismo al ser temporada alta, y por el incremento del turismo interior debido al Covid-19 (a la gente le daba miedo viajar a otro país por las limitaciones en las fronteras, y por el temor a verse afectado por un rebrote en el extranjero). Eso hizo que la mayoría de los sitios los viera peor de como los recordaba. Va a ser verdad que no hay que volver a los sitios donde has sido feliz. Y aquí no voy a ser avaro de daros un consejo: no naveguéis por el Mediterráneo en julio y agosto, si es posible hacedlo en mayo y junio. La meteorología es buena, los días son más largos, y os evitareis los problemas con las marinas.

A pesar de lo que acabo de escribir, el viaje mereció la pena. Es bonita la incertidumbre de la navegación a vela, que los encuentros y la meteorología decidan tu suerte y un día puedas hacer una cosa… o la contraria. Volver a la vida simple donde lo que importan son las cosas pequeñas e inmediatas, dónde dormirás esa noche, dónde habrá gasolina, quién te congelará los frigolines o si encontrarás hielo, si el viento será favorable o contrario, si te mojarás o no, etc. Dejarte sorprender por la cantidad de sitios, pueblos, ciudades y personas, que conoces en un solo verano, lo que otros no hacen ni en una vida. Ver gentes con modos de vida diferentes además de bellos paisajes. Luchar por superar las dificultades y los problemas que surgen todos los días, y salir airoso. Y sentir que todo eso te está haciendo más fuerte y la satisfacción interior al superar cada problema. Todo eso me gusta y creo que lo haré mientras me resista la maquinaria. Si consigo que alguno de vosotros haga con su pequeño velero lo que yo con este barquito, que ha llevado tan lejos a mis sueños, y a mí, me daré por bien recompensado".

Como ya os dije, en la vuelta a Italia se nos rifó el spinnaker, lo que nos obligó a hacer la mitad del Mar Tirreno sin esa vela que nos permite ganar un nudo o  nudo y medio. Luego en Sicilia conseguimos uno seminuevo, con el que acabamos el viaje hasta Venecia (el Río Po tuvimos que hacerlo a  motor y desarbolados). Con el spinnaker viejo hemos decidido hacer unas velitas del mismo tamaño que el libro, con el logo del Corto Maltés, y regalaros una con cada ejemplar. Ana y yo llevamos algunos días haciendo velitas en serie como panfletos con la ciclostil. Pero así tendréis en casa una parte de mi barco, y un recuerdo material de la vela que impulsó al Corto Maltés a través de tantas aventuras.

  Con cuidado, navegantes.