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domingo, 19 de noviembre de 2023

Dibucarta del estuario del Támesis.

 Hola navegantes.

Esta es la dibucarta de cuando navegamos por el estuario del Támesis hacia Londres. Se empieza a leer en la aleta izquierda (clic encima para leerla mejor).

El estuario es uno de los principales entrantes del Mar del Norte en Gran Bretaña, donde desemboca el río Támesis. Es la puerta del tráfico marítimo a Londres, y se concentra una importante actividad industrial y residencial. Las principales dificultades para nosotros serían su extensión (60 km.) las mareas (7 m. de altura y corrientes de 8 nudos) las olas de hasta 2 m., las arenas cambiantes en los fondos, los parques eólicos marinos, los cables eléctricos submarinos en fondos de 2-4 metros que pueden desviar el compás, los fuertes de la Guerra Mundial (y especialmente el Principado de Sealand, donde un pirado se ha nombrado rey) los barcos hundidos en la Guerra Mundial y la gran barrera de mareas. Casi nada.

A pesar de estas complicaciones habíamos salido de Santander sin la cartografía del estuario, que no encontramos, pero un navegante local que conocimos en el puerto anterior nos dejó fotografiar las páginas de su guía y nos ayudó con el cálculo de la marea. Y  finalmente fue una navegación tranquila con buen tiempo después del temporal, pudiendo disfrutar de la parte positiva de todas esas sorpresas en vez de la negativa.

Al primero que transcriba la dibucarta le regalaré el original.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 16 de noviembre de 2023

La navegación a Londres en Skipper (3 de 3).

 Clic encima para leerlo mejor.

La continuación de este artículo, donde cuento las anécdotas y los incidentes del regreso de Londres a Santander, se publicará en el número de enero de 2024.





miércoles, 15 de noviembre de 2023

La navegación a Londres en Skipper (2 de 3).

 
 Clic encima de cada imagen para leerlo mejor.



martes, 14 de noviembre de 2023

La navegación a Londres en Skipper (1 de 3).

 Hola navegantes.

Este es el artículo publicado en la revista Skipper de noviembre de 2023, sobre nuestra navegación a Londres en el Corto Maltés. Como es muy largo lo voy a subir en tres partes. Haced clic encima de cada imagen para leerlo mejor.




lunes, 13 de noviembre de 2023

Espuma de mar en Galicia.

 Hola navegantes.

Hace unos días os hablé del fenómeno de la espuma de mar, que para mí fue una novedad conocer en el temporal de Boulogne sur Mer (clic aquí). Pues en otro foro han publicado el mismo fenómeno en Galicia, durante la borrasca "Domingos" de la semana pasada. 




 Impresionante que estas cosas ocurran ya en España.

Con cuidado, navegantes.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Misma grave irresponsabilidad, distintas consecuencias.

 Hola navegantes.

El temporal que nos ha azotado estos días nos ha permitido ver, porque ya se graba todo, una gravísima irresponsabilidad de dos navegantes con distintas consecuencias. En  ambos casos eran dos veleros que navegaba paralelos a la costa entre la línea de olas rompientes. El primero fue en Santander, en las rompientes que se forman entre la Isla de  Mouro, a la entrada de la bahía, y la península de La Magdalena, un lugar que todos los navegantes locales sabemos que está absolutamente prohibido, por su peligrosidad, cuando hay oleaje del Oeste. 

 Clic aquí.

 Fue atrapado por una ola rompiente, arrastrado más de 20 segundos de costado o marcha atrás, y fue un milagro que nadie saliera disparado, que no diera la vuelta completa y desarbolara, que la ola le dejara flotando derecho y no quilla al aire, que no acabara en los escollos, que no rompiera el timón ... En fin, que el imprudente ha vuelto a nacer, como veréis en vídeo siguiente. Espero que no esté ahora por lo bares presumiendo de su hazaña, porque es una irresponsabilidad suicida, u homicida si llevara tripulantes a bordo. 

El segundo fue en la costa de Portugal, un velero que se sospecha que navegaban tan cerca de la costa para evitar los ataques de las orcas. En efecto, ahora se está recomendando navegar sobre el veril (la linea de profundidad) de los 20 metros, donde las orcas ya no se acercan, pero claro, le corresponde al capitán decidir si esa profundidad es segura con las condiciones meteorológicas, lo que evidentemente no era el caso. Era mucho mayor el riesgo de volcar que de ser atacado por las orcas, y evaluó mal la ecuación.

Clic aquí

 Como veis, el velero volcó, y en este caso fallecieron los cuatro tripulantes. Por ahora no sabemos por qué navegaba tan cerca, si realmente lo hacía por las orcas o por otro motivo, ya que ha fallecido, y espero que la investigación judicial pueda aclararlo basándose en testimonios de los que hablaron con él antes de salir del puerto.

 Espero que el de Santander vea el segundo vídeo y sepa lo que se jugó y el riesgo a que sometió a sus tripulantes, si los llevaba. Yo desde luego no me embarcaría jamás con él.

A veces los navegantes toman decisiones de salir a navegar basándose sólo en la fuerza del viento, y no en la altura de las olas. Para calcular la altura de las olas desde el barco id a esta entrada:

 Clic aquí.

Las olas más peligrosas son las rompientes, que son las que tienen espuma en la cresta. Tienen la pendiente más exagerada, y cuando ya tienen al barco más escorado viene el impacto de la cresta que desarrolla una fuerza lateral impresionante. Además el giro de las partículas de agua dentro de la ola actúa sobre el casco en lugar de sobre la orza, empeorando la situación. En la parte superior de la imagen, la ola redonda, veis que las partículas de agua actúan sobre la orza y tienden a enderezar el barco, mientras que en la parte inferior, la ola rompiente, actúan sobre el casco y lo que tienden es a volcarlo:

 
Se ha calculado que un barco puede ser volcado por una ola rompiente cuya altura sea un tercio de la eslora, si le coge de través. Como el Corto Maltés mide 6 metros una rompiente de dos metros podría volcarlo, y esas las hay cerca de la orilla de la playa muchos días, donde están disfrutándolas los surfistas, porque para ellos no son peligrosas. Por el contrario olas no rompientes del 60% de la eslora no lo volcarían.  En la vida real la misma ola puede ser redonda, un rato después rompiente (por ejemplo, si pasa por una zona de menor profundidad o si recibe una racha de viento más fuerte) y luego otra vez redonda. Y además el pronóstico meteorológico da la altura "promedio" de las olas que se esperan, pero se sabe que en cualquier tren de olas puede haber algunas aisladas con un 50 % más de altura que el promedio. Y todo esto debe saberlo y tenerlo en cuenta el capitán, para no arriesgarse. 

Con cuidado, navegantes.

sábado, 11 de noviembre de 2023

Dibucarta del cruce del Canal de la Mancha.

 Hola navegantes.

Esta es la dibucarta de cuando cruzamos el Canal de la Mancha y tocamos Inglaterra en el puerto de Dover. Empezar a leer en la pata derecha (clic encima para leerla mejor):

Era una de las etapas que más temíamos, principalmente por el tráfico de mercantes: cada día lo cruzan más de 500 y en el Corto Maltés no tenemos radar ni AIS. 

 Nos levantamos a las 5.30 h., para salir de Boulogne-sur-Mer con las primeras luces. Otros veleros de los que habían estado retenidos por el temporal como nosotros habían tomado la misma decisión, y a pesar de la hora indecente salimos cuatro a la vez. Al poco de salir nos recibió el saludo de otra foca, y ya su presencia se hizo muy habitual en esas aguas. Y También nos recibió un viento magnífico del Oeste de fuerza 3-4, al que toreamos con la mayor en el primer rizo y el génova entero, y unas olas de 1,5 a 2 metros, residuales del temporal. A pesar de tener la corriente de marea en contra íbamos a 6 nudos con facilidad.

 Sólo nos cruzamos con unos diez o quince portacontenedores, buques graneleros y mercantes de otro tipo, que iban en fila y cortamos su derrota sin ninguna dificultad porque los veíamos venir desde lejos. Cuando estábamos en pleno Canal de la Mancha, y para que os hagáis idea, un poco al Suroeste de nuestra posición los fondos eran de cuatro metros. Entonces empezaron a caernos chubascos, como si Inglaterra quisiera hacer honor a su reputación. 

Hubo una escampada de unas dos horas donde salió el sol, el viento fue perdiendo músculo, y navegamos a velas llenas con la mayor entera y el génova completamente desplegado, de maravilla. Pero de nuevo, faltando sólo media hora para llegar a Dover, volvió a soplar un viento del Oeste de llevarse todo lo que no estuviera clavado al suelo, a levantarse el oleaje, y tuvimos que volver a rizar la mayor y el génova y a navegar con el barco muy escorado, pero siempre entre 6 y 7 nudos.

 Nuestra llegada a Dover fue lo más estresante. La entrada tenía una corriente lateral hacia la derecha de unos 4 nudos, de modo que había que apuntar muy a la izquierda para entrar. Y el semáforo portuario estaba cerrado (tres luces rojas en vertical). Llamamos por VHF tres millas antes, pero el que contestó emitía borborigmos por la radio y no se esforzaba nada porque entendiéramos su idioma gutural. Era nuestro primer contacto con los ingleses, Luis y yo estábamos pendientes a la vez de lo que decía, y nos quedamos desolados de lo mal que nos comprendíamos.

Finalmente entendimos que le llamáramos cuando estuviéramos a doscientos metros. Eso hicimos, y nos dijo que nos acercáramos aún más, lo que ya era imprudente con el semáforo rojo y yendo a vela a 6 o 7 nudos. Y en el último momento, faltando menos de cien metros para la escollera, cambió el semáforo a verde-blanco-verde, que significa que puedes pasar siguiendo sus instrucciones. Al parecer usan el puerto como si fuera una esclusa, lo abren bajo demanda cuando les llamas, y como nos están viendo desde su torre de control debe de gustarles esperar hasta el último momento para darle emoción a la apuesta de ver volar nuestras virutas. O al menos eso deduje yo, porque aquél día no había absolutamente ningún tráfico de entrada ni de salida, y podrían haber abierto el semáforo mucho antes.

 Con cuidado, navegantes.

jueves, 9 de noviembre de 2023

¿Para todos los públicos?.

 Hola navegantes.

El mercado "náutico" está derivando peligrosamente a la desmesura. Lo malo es que haya quien pueda y quiera comprarse estos "barcos" fuera de la lógica. En la revista Voiles et Voiliers hacen el análisis de un velero al que califican "para todos los públicos" con un coste de 307.000 €:

 

 

Claro, que ese es modesto comparado con otro que anuncian, el catamarán Fountaine Pajot 80, que cuesta 5.600.000 €, y tiene hasta terrazas laterales abatibles, garaje para una moto de agua, y hasta un jacuzzi en la proa.




Cualquier parecido con el deporte de la vela es pura coincidencia, bueno, es que no hay ningún parecido, sabiendo que con veleros de segunda mano entre 5 y 10.000 € se puede recorrer Europa y, los más atrevidos, hasta dar la vuelta al mundo. Además estoy casi seguro de que no les dicen toda la verdad al comprarlos. Me gustaría ver la cara del propietario, y de sus invitados, al escuchar que tienen que aguantar un temporal en alta mar porque con esos tamaños ni pueden entrar ni caben en la mayoría de los puertos de Las Landas, Bretaña o Normandía.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Dibucarta de un temporal con espuma de mar.

 Hola navegantes.

Esta es la dibucarta del primer temporal que nos sorprendió en el Canal de la Mancha (clic encima para verla mejor):

 


Lo primero, al incorporarse Luis, fue cruzar el Raz Blanchard. A pesar de la descripción apocalíptica en las guías náuticas, en nuestra anterior vuelta a Francia elegimos bien el momento de pasarlo y fue como una navegación de paseando a Miss Daisy. Por eso salimos confiados: el pronóstico daba viento flojo del Suroeste mientras estuviéramos pasando el Raz, que nos empujaría en la misma dirección que la marea: hacia el Norte. Por desgracia se equivocó en 180º, y de donde sopló fue del Nordeste. Eso produjo el conocido efecto de viento contra corriente, lo que provocó olas grandes y rompientes, en este caso de unos dos metros.

Estuvimos en la coctelera como media hora, navegando con la mayor y el motor pues el viento nos venía de cara. Pasamos el Raz con la velocidad de un meteoro, llegamos a ver más de 14 nudos. El susto peor, que antes de salir del Raz el motor se paró. Con los pantocazos se había soltado el tubo de la gasolina y se quedó sin alimentación. Fácil de resolver, pero impresionante pensar que hubiera sucedido quince minutos antes en toda la vorágine, porque sin propulsión el barco se habría atravesado a las olas y eran de una altura que nos habrían volcado seguro. 

Recorrimos todo el Canal de la Mancha hacia el Este, hasta Boulogne sur Mer, desde donde saltaríamos a Inglaterra. Allí nos agarró el primer temporal, que por suerte pasamos en un puerto relativamente bien protegido, y aún así conocimos el fenómeno de la "espuma de mar".

El agua que salía de la esclusa con toda su potencia, más la agitación que añadían las rachas del temporal, que se dejaban sentir allí dentro, formaban una capa de espuma de hasta medio metro que envolvía al barco y hasta se subía al pantalán. Era como si alguien hubiera vaciado un tambor gigante de jabón de lavadora en el mar. El fenómeno suele ocurrir en los grandes ciclones, que a veces inundan de espuma las ciudades costeras como si hubiera nevado. 

 


A nosotros no nos había pasado nunca y jamás pensé que vería tal cosa en Francia. Daba una imagen curiosa del barquito, y es uno de esos recuerdos que se te meten en vena y se guardan para siempre. 

Al primero que transcriba la dibucarta le regalaré el original de recuerdo.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 6 de noviembre de 2023

La navegación a Londres en Skipper.

 Hola navegantes.

La revista Skipper de noviembre ha publicado un  reportaje de 9 páginas sobre nuestra navegación a Londres.



El reportaje ya puede leerse en la versión digital. Unos días después de que salga en los quioscos lo pondré por aquí.

Un saludo.

viernes, 3 de noviembre de 2023

Dibucarta del desertor.

 Hola navegantes.

Esta es la dibucarta de cuando desertó B.C. el primer día de su navegación, por un  mareo. S
e había incorporado en Saint-Malo y yo no había navegado nunca con él, pero tiene un velero como el mío, un Tonic 23, y supuestamente tenía experiencia de navegación de varios años. Pues fue la peor desgracia del viaje (clic encima para verla mejor).

 El primer día de navegación se mareó, y al llegar a destino esa tarde, al puerto de Granville, en cuanto atracamos vi que hacía el petate y se marchaba. Debía llevarlo pensado porque no tardó ni cinco minutos. Me dijo que así no podía seguir, sin darse la oportunidad de intentar otros modernos tratamientos del mareo, como los parches de escopolamina, ni los tratamientos estándar pero tomándolos antes de vomitar que es como debe hacerse. Y eso que también es navegante y sabe que en uno o dos días el cuerpo se amarina. Le pedí que no tomara la decisión entonces, que cenara conmigo y durmiera en el barco, y al día siguiente tomase la decisión en frío, pero no atendió a razones y se volvió a España en ese mismo momento. Al verle alejarse por el pantalán me costó mucho mantener la compostura, y no sé ni dónde durmió ni lo que hizo porque no ha vuelto a llamarme desde entonces. Literalmente, se esfumó.

Fue un verdadero shock encontrarme tirado a 1.500 km de casa teniendo por delante el Raz Blanchard y el Canal de la Mancha, los puntos más calientes de este viaje. Siempre hay que salir al mar con el juicio a bordo, pero más que nunca en las etapas difíciles, y no era cuestión de seguir adelante en solitario. La deserción de B.C. hacía peligrar la totalidad del proyecto, porque había unos embarques encadenados de otros tripulantes, y el fallo de uno de ellos desencadenaba la anulación de las vacaciones y los billetes de avión de todos los que le seguían. Y encontrar con urgencia un tripulante que me acompañase hasta Dover, en pleno julio y con las vacaciones ya organizadas, era una misión casi imposible.

Si yo intentara seguir en solitario, aparte del riesgo para mí, no podría hacer el promedio de millas que se hacen yendo dos y tampoco llegaría a la siguiente cita en Dover. Estaba contra las cuerdas y lo más realista me parecía rendirme, dar media vuelta y volver a Santander llevando el Corto Maltés en un camión por carretera. Pero claro, perjudicando a los siguientes tripulantes que ya tenían sus billetes de avión y sus planes de vacaciones.

Casi fue un milagro, pero a través de las redes sociales conocí a Luis Palma, un voluntario generoso que en pocos días se sacó el pasaporte y los billetes de avión y de tren para llegar a Granville, y me acompañó en las siguientes etapas hasta Londres. Pero claro, los días perdidos en Granville nos obligaron a unas navegaciones forzadas, de hasta 60-80 millas diarias, y a apurar las condiciones meteorológicas de viento y lluvia, que hicieron el viaje hasta Londres un desagradable maratón. Además llegábamos a los puertos con todo cerrado, lo que nos ponía difícil la intendencia y nos impedía realizar una visita turística.

Al primero que transcriba la dibucarta le regalaré el original como recuerdo.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Santander-Nantes, la crónica de mi tripulante. Y 12) L’Herbaudiere-Nantes.

 15/06/2023 L’Herbaudiere-Porchinet

No comprendo muy bien por qué hemos de pasar de L’Herbaudier a Porchinet antes de embocar el estuario del Loira, “pero en la vida no hay que entenderlo todo”, me respondo; basta seguir las órdenes del patrón y dejarse llevar a una localidad singular de la que apenas conoceré la playa y un puerto en forma de raqueta, diseñado a propósito para conjurar las intensas mareas que durante años han dejado en seco las embarcaciones. Todavía lo hacen, pues media flota sigue en el fondeadero habitual y la otra media se ha trasladado a la gigantesca nueva instalación. Merece la pena echarle un vistazo en Google Maps.





Antes de alcanzarlo observamos, difusos entre la bruma de la tarde, la línea de enormes barcos mercantes que aguardan el momento de remontar las aguas del río y alcanzar Saint Nazaire. Algo más alejadas se intuye la rotación de las aspas de un parque eólico marino, seguramente visible los días claros. Abundan en la costa atlántica, en España estamos aún con el debate incipiente de su conveniencia o no. Ya en la escuela nos enseñaban a no copiar jamás. No lo comparto. 

Una visita rápida por el paseo de esta ciudad salinera en origen, y vacacional después —se adivina por las enormes villas que han ido quedando sepultadas entre anodinos edificios—, da una somera idea del poderío de su economía. Tanto los caserones que se ven dispersos por el bulevar del océano, como los que encontraremos una vez remontemos el río en su margen derecha, confirman el pasado esplendoroso de la villa. Casinos, hoteles y baños de mar fueron, en el período de entreguerras y durante la Segunda Guerra Mundial, lugar de descanso de las tropas nazis. En la vecina Saint Nazaire se construyó una base de submarinos que todavía hoy puede visitarse. Destaca en la fachada litoral un grupo de edificios que semejan una ola en su concepto. Personalmente me parecen espantosos, claro que va en gustos. Lo que es seguro es que los apartamentos no resultarán baratos.

16/06/2023 Porchinet-Nantes

Resultará extraño que lo exprese así, pero debo decir que la etapa de la que guardo más vivo recuerdo es el ascenso del Loira, desde Pornichet hasta Nantes. Quizá porque nunca había realizado una navegación fluvial (la de Bilbao resultó demasiado corta) y todo me asombra. El impresionante puerto de Saint Nazaire con sus docenas de terminales, pontones, almacenes, grúas, astilleros, bases militares… Vistos desde el río, los distintos tipos de barcos que atracan en sus muelles o crecen como colosos en sus astilleros (en este momento finalizan un crucero semejante a la unión de dos edificios: tiene incluso una calle entre ellos); se van llenado o vaciando sus bodegas de carbón, coches (alguno procede de Vigo), cereales, químicos y un etcétera enorme, avivan la imaginación hacia el tránsito que hubo de tener en otro tiempo, cuando las tropas de ocupación alemanas construyeron un laberinto de hormigón armado para dar cobijo en una de sus bases a los terroríficos U-bots en la costa atlántica.





 Pasada dicha localidad, y una vez continuamos río arriba empujados con fuerza por la corriente, —ayudados también de las velas cuando el viento es propicio—, la navegación se convierte en una delicia silenciosa. Los campos pasan veloces desde ambas riberas; marjales, marismas, pastos, algún que otro labradío o pequeño bosque acercan al centro del río escenas bucólicas que poco habrán cambiado después de los siglos. Se escucha el batir estrepitoso de alas de los ánades, los mugidos de alguna vaca en la distancia, el trino de los pájaros y hasta el rumor siseante del cañaveral a medida que el barco asciende. En sus aguas color chocolate se sumergen, desde las orillas, ingenios de redes que se sustentan de pértigas, brotan desde precarias casetas. Ignoro lo que capturan, pero no me cabe duda de que llevan siglos haciéndolo de igual modo.

En este tiempo, en cambio, el río se puebla con esculturas y creaciones cargadas de ingenio e imaginación al servicio de los nuevos usos turísticos: una mansión semisumergida, una casa en lo alto de un faro, un gorila entre los árboles de la ribera, el esqueleto de una serpiente gigantesca en el lecho del río… Docenas de estímulos que tratan de alimentar los cruceros que parten desde, Nantes e intentan transformar de nuevo la ciudad hacia otros usos. No en vano, la ciudad es la villa natal de Julio Verne.





Me conmueve la tormenta que se forma a nuestra popa y nos respeta por poco. El contraste entre las aguas marrones del río y el cobalto desvaído del cielo entre chubascos: realza el verdor de las riberas, los colores artificiales de una nave de producción eléctrica —silenciosa, colosal— que quema carbón junto al cauce y despide aroma a combustible mezclado con olor a limo. El aire fresco que aporta el aguacero a su paso viene a dejar todo en su sitio: regresa a la nariz el olor a caña, a densa agua estancada, vegetación que crece impasible con el empuje de la estación.




Resta poco para alcanzar el pontón Belém. El que utiliza ese barco escuela cuando está en la ciudad, y al que se atracará el Corto Maltés durante su breve estancia en la ciudad. Tras la maniobra de atraque, luego de asegurar con muelles metálicos las amarras del barco, aparejaremos petates y enseres para bajar a tierra. Una travesía más junto al capitán que culmina con éxito. Tan pronto echo el pie al pantalán siento nostalgia de lo navegado, de lo vivido. Pero ya se incorpora Ana a la tripulación y los tres compartiremos una comida deliciosa en el no menos delicioso Jardín de las Plantas. Gran fin de fiesta.

Sólo cumple escribirlo, paladearlo de nuevo.

Miguel Cabero (https://caberomiguel.blogspot.com/)    

Gracias por tu colaboración, Miguel.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Santander-Nantes, la crónica de mi tripulante. 11) La Rochelle-L’Herbaudiere.

 13/06/2023 La Rochelle-Bourgenay

Dejar atrás un puerto nos expone a la añoranza una vez queda en la estela; poner rumbo a otro que, con un poco de fortuna, habrá de correr la misma suerte; es la eterna disyuntiva del marinero: proa, popa; lo que dejamos, lo que anhelamos no son necesariamente lo mismo.


Nuestro propósito este día es alcanzar la isla de Yeu, pero un obstinado viento del norte (al ponerlo por escrito caigo en la cuenta de que contrarío el espíritu de la navegación deportiva: la única brisa mala es la ausente) nos obliga a dar amplios bordos tras hacer media travesía a motor entre la isla de Ré y el continente. Su persistencia conseguirá que montemos el tormentín y naveguemos sobre un mar color berilio encrespado, aunque manejable con la nueva vela. A media tarde caemos en la cuenta de que el propósito diseñado a primera hora es demasiado ambicioso para las condiciones reinantes. Nada tiene de deshonroso resignarse a lo que imponen mar o meteorología: buscaremos abrigo en el puerto más próximo. Este resulta ser Bourguenay, una estrecha entrada que conduce a una marina abrigada y calma como un útero. Cualquier renuncia es mejor que una mala experiencia. En ese aspecto me tengo por un tripulante afortunado: el capitán siempre respeta esa máxima.

14/06/2023 Bourgenay-L’Herbaudiere

De Bouguenay a L’Herbaudier alternaremos motor, vela y escollos (alguno aparece a golpe de vista y prismáticos llenándonos el corazón de congoja). Navegamos una mañana de plata fundida ante la mítica población de Les Sables d’Olone, punto de partida y llegada de la regata Vendée Globe. El lugar no tendría nada de singular de no conocer ese dato. De hecho, la costa vista desde el mar consiste en una sucesión de feos apartamentos y enormes edificios turísticos sin gracia ninguna. El puerto de L’Herbaudier es, con diferencia, el más intrincado de cuantos hayamos atracado en toda la travesía.





Escollos a ambos lados de un estrecho canal dragado, en cuyo frente se alzan dos imponentes espigones que dan cobijo a un centenar de barcos y al servicio francés de salvamento de esa localidad en el estuario del río Loira. Puertos como este confirman la pasión de los franceses por la náutica deportiva, aunque es seguro que nuestro capitán recalará en otros significativamente peores.

Por lo demás, en L’Herbaudier daré cuenta de la mejor ración de ostras, acompañadas en esta ocasión de langostinos y pan con mantequilla, de toda la travesía. La camarera que las sirve acompaña con un festivo ho-ho-ho la exclamación de asombro que profiero en el momento en que las tengo delante, boccati di cardinalle.

Nota luctuosa: hoy ha muerto nuestro amado perro Cody, tras varios días de enfermedad; no puedo más que dar gracias por los años de felicidad que nos regaló. Una imagen que siempre asociaré a la dicha es la de su compañía al navegar, a pesar de no gustarle en absoluto.

 Miguel Cabero (https://caberomiguel.blogspot.com/)