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martes, 14 de diciembre de 2021

Cuidado con elogiar la imprudencia.

 Hola navegantes.

En la revista Voiles et Voiliers hablaron en dos números sucesivos de un francés de 64 años que iba a intentar la vuelta al mundo por los tres cabos (Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos) en un barco de serie de 11 metros de eslora, en solitario y sin asistencia: en el número de febrero de 2013 antes del naufragio, y en el número de marzo de 2013 después del naufragio.

En febrero alababan su determinación por ir en un barco pequeño, viejo y sin espónsor. Que había añadido dos varengas para reforzar la proa, y había llenado de porespán el pozo de anclas para hacer "insumergible" la proa. Que llevaba dos tangones de 4,3 metros para hacer un  aparejo de fortuna si desarbolaba. Y en general su determinación para emprender esa aventura.



 Al Sur de Tasmania se le rompió el palo en un vuelco y naufragó. Por suerte fue recuperado con vida por un  ferry de turistas que se desvió de su ruta para rescatarle (el Orión, que hacía la ruta de la Antártida) y llevado a Hobart. En la siguiente foto, el Orión en La Antártida:

 En el número de marzo de Voiles et Voiliers cuentan el naufragio y deducimos esto:

  • Cuando le agarró el temporal, no pudo ponerse a la fuga arrastrando estachas por la popa porque sólo disponía del cabo del ancla. ¡Le faltaban estachas!.
  • Antes de salir de Francia había detectado que el mástil tenía pequeñas fisuras en los anclajes de los obenques, y a pesar de eso salió. Cuando se va a navegar por los cuarenta rugientes hay que asumir que por lo menos una vez vas a volcar, y el palo tiene que estar reforzado para que no se rompa en el vuelco.
  • Una ola volcó el barco y rompió el mástil. Dio prioridad a ordenar el cafarnaún del interior de la camareta tras el vuelco antes que a deshacerse de los restos del mástil. En estos casos los restos del palo quedan unidos al barco por la jarcia, y en mitad del temporal golpean contra el casco y la cubierta y pueden hacerle una vía de agua, que es lo que le pasó.
  • Cuando salió a la cubierta para intentar deshacerse del palo, sólo cerró la entrada con uno de los dos paneles. En el siguiente vuelco el barco se inundó por allí.
  • El porespán con que había llenado el pozo de anclas era insuficiente. Para hacer insumergible el barco tendría que haber llenado también los huecos bajo las camas de proa y del salón.
  • El saco de supervivencia, que debe acompañar a la balsa, estaba estibado en un sitio diferente y alejado de ella. No pudo sacarlo del barco inundado y saltó a la balsa salvavidas sin ese saco, que lleva todo el material de superveniencia, el agua y la comida. En los barcos de regatas oceánicas ese saco debe estar estibado junto a la balsa y a menos de 1,5 metros de la entrada a la cabina. Estuvo 56 horas en la balsa sin agua ni comida.
  • La "combinación seca" o traje estanco para no sucumbir a la hipotermia lo echó a la balsa pero no se lo puso ni lo amarró. En el primer vuelco de la balsa salvavidas (sí, también vuelcan) lo perdió.
  • Como naufragó fuera del alcance de los helicópteros, hicieron pasadas con aviones sobre él echándole lo que creían que podía necesitar, hasta que el Orión llegase a él. Esos materiales que se tiran desde un avión no siempre se alcanzan, porque es difícil acertar y la balsa no tiene capacidad de navegar y deriva mucho. Como no sabía inglés no pudo entenderse con los pilotos australianos de los aviones para decirles lo que necesitaba y coordinar su rescate.
  • El barco no estaba asegurado. Tras el naufragio sus amigos tuvieron que hacer una recogida de fondos para ayudarle a hacer frente a todos los gastos. El barco lo perdió. No sé quién corrió con los gastos, pero se movilizaron varios aviones y se desvió un barco de pasajeros cuyo billete cuesta 25.000 euros por 22 días para llegar y desembarcar en la Antártida.

 En la siguiente foto, el rescate por el Orión:

 Valga este ejemplo para recordar que no todo vale. 

Con cuidado, navegantes.

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