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domingo, 25 de abril de 2021

Construyó su barco en el balcón... y dió la vuelta al mundo.

 Hola navegantes.

En estos tiempos de batir récords con barcos  multimillonarios, cuyo principal mérito consiste en encontrar el espónsor que quiera gastar ese dinero, es bueno traer historias como esta, que son de las que te encogen el corazón. 

Yevgeny Alexandrovitch Gvozdev fue un marino de bielorrusia que durante la guerra fría soñaba con dar la vuelta al mundo. Mal rollo, en un país que no sólo no dejaba viajar al extranjero sino que limitaba los desplazamientos internos. Nacido en 1934, y quedando huérfano por la guerra, se crió en un horfelinato. Consiguió ser mecánico naval y trabajar en los mercantes que surcaban el Mar Caspio. Desde jovencito fue leyendo las historias de los marinos que en los años 50-70 se lanzaban a dar la vuelta al mundo en veleros modestos. Pero aquello era un sueño para él, por los controles policiales internos y la ausencia de escuelas de vela en el Mar Caspio. Llegó a la conclusión de que la única posibilidad era constituirse él mismo su barco y aprender de forma autodidacta. Pero se quedó viudo muy pronto y a cargo de 2 hijos que mantener.

En 1977 recuperó gratuitamente una vieja barca ballenera de poco más de 6 metros (como el Corto Maltés) para desguace, y la transformó en dos años en un pequeño velero con el que recorrió el Caspio, a veces bajo la nieve y entre los hielos. Le bautizó "Getan" haciendo un acrónimo con su nombre y el de su  mujer y sus hijos (Gvozdev, Yevgeny, Tatiana, Alexander, Natalya).

 
Tuvo que esperar a su jubilación para intentar su sueño. Fue a los 56 años, en 1990. Tras múltiples aventuras burocráticas consiguió que un astillero ruso le prestase un minivelero de 5,5 metros, el "Lena", con  la intención de atravesar el Mar Negro, lo que sería una primicia. Ya antes de salir estaba medio desnutrido, después de 5 meses sin apoyo oficial ninguno esperando su pasaporte. Entonces contaba ya con 60 años. No sólo atravesó el Mar Negro sino que siguió adelante y finalizó su primera vuelta al mundo por el Ecuador, batiendo un récord en cuanto a la pequeñez del velero. En la siguiente foto, su primera vuelta al mundo, por el Ecuador, en rojo, y la segunda, por Magallanes, en verde.

  

A modo de  ejemplo,al llegar a Canarias ya había perdido 22 kg. Sobrevivió gracias a la ayuda de los marinos mercantes rusos y los demás veleros que se iba encontrando, que le suministraron ayuda alimenticia y recambios. Sólo disponía de 2 litros de agua al día, contando con la recogida de la lluvia, y en algunas etapas del viaje el barco iba tan lleno de bidones y de comida que no tenía sitio para dormir en el interior, y tenía que dormir en la bañera. Como no tenía piloto automático sólo podía dormir poniéndose a la capa, con lo que no hacía más de 50-60  millas al día.


En 1995 fue secuestrado por piratas al atravesar las costas de Somalia. Aparte de dejarle sin nada (incluyendo todas las fotos de su viaje hasta allí)  quisieron pedir un rescate de varios miles de dólares. Yevgeny les hizo un cálculo sencillo: "En su estado actual, el barco vale unos 400 dólares. En cuanto a mi piel, no vale nada, vamos a ponerle un dólar simbólico. Ahora llamad al Kremlin a ver si os pagan los 401 dólares". Los piratas, convencidos, le dejaron libre en el barco ruinoso con un juego de velas, 40 litros de agua y 12 kg de arroz, pero consiguió salvarse. A partir de entonces, para evitar ser robado, cada vez que en el Mar Rojo veía un barco cerca  se dirigía recto hacia él gritando fuerte en inglés: "¡Ayuda, ayuda!, ¡Denme agua!, ¡Ayúdenme!", con lo que todos los barcos se alejaban de él.

Finalmente completó la vuelta al  mundo sin ninguna repercusión en los medios de comunicación soviéticos, los oficiales ni los deportivos. Pero lo consiguió. Cuando al llegar le preguntaron si no había pasado miedo contestó: "Sí, siempre. Pero si me hubiera quedado en el sofá delante de la tele ya estaría muerto".

El balcón y la segunda vuelta al mundo.

Nada más volver, Yevgeny empezó a soñar en una segunda circunnavegación. Pero no teniendo espónsor y con su jubilación  miserable, sólo le quedaba la opción de construirse él  mismo el barco. Ya sabéis que la distancia entre tu sueño y la realidad se llama disciplina, y de esa le sobraba a Yevgeny. Carente de  medios para alquilar una nave donde construirlo, sólo disponía del balcón de su apartamento, que medía 3,7 metros, y eso definió la eslora de su barco. Lo construyó allí  mismo, en su balcón.


  Lo terminó en 1999 y pesaba 350 kg. Lo bajaron con eslingas desde el balcón a la misma caja del camión que lo llevó a puerto, y lo bautizó "Said". 
 
 

Partió sin motor ni GPS, y se los regalaron por el camino, el GPS en Canarias y el fueraborda de 3 CV en Argentina. Esta vez, en lugar de por el Ecuador, fue capaz de dar la vuelta al mundo con su cáscara de nuez por el Estrecho de Magallanes. La temperatura en el interior no subía de 5-6 ºC, pero lo peor era la humedad. En la siguiente foto, un recorte de prensa de su paso por Magallanes, con el Said detrás para que veáis su tamaño..

 

Finalmente llegó a Taití, donde otros navegantes le regalaron un desalinizador manual, con el que pudo prescindir de los bidones de agua y dormir en el interior, a base de bombear dos horas diarias el agua de mar para quitarle la sal. En Sri Lanka recibió la noticia de que su hijo estaba enfermo, y tuvo que acelerar la vuelta a casa. 

 
En esta ocasión al llegar a Rusia, en agosto de 2003, le recibieron con fanfarria y medios de prensa, gozando de cierta popularidad. A pesar de eso nunca escribió sus aventuras. Durante unos años dio charlas en los colegios y conferencias. En una ocasión, preguntado por la justificación de sus viajes, dijo: "Cada uno tiene que conseguir algo en la vida, escalar el Everest, plantar un jardín, curar a alguien, escribir un libro... Al aumentar la cultura marítima con el desarrollo de la navegación deportiva levantamos una barrera moral contra la barbarie y los crímenes medioambientales, la esquilmación legalizada de la pesca y convertir el mar en un basurero".

 Said, su barquito, fue restaurado, exhibido en el salón náutico de Moscú en 2014, y ahora está expuesto en el hall de una escuela técnica en Makhatchkala, su ciudad. 

 

 Pero Yevgeny no llegó a verlo allí expuesto. En 2008, con 74 años, partió en su tercer velero, el Getan II, un hermano gemelo del de su primera vuelta al mundo, y falleció en una tempestad en las costas del Sur de Italia. En la siguiente foto, la botadura del Getan II.

 

 Al menos falleció haciendo lo que le gustaba. Descanse en paz.

2 comentarios:

Adrián dijo...

Muy guapo tu artículo... ya había leído sobre este hombre pero nunca un texto tan completo. Reciéntemente he estado leyendo algunas historias sobre navegantes que realizan travesías consideradas "inapropiadas" para el tamaño de sus embarcaciones. Concretamente me han encantado "Strange but true" y "Tinkerbelle : the story of the smallest boat ever to cross the Atlantic nonstop". Del último libro se ha hecho recientement un documetal, usando imagenes antiguas e incluso recreando la embarcación, pero me has sido imposible encontrarlo. Muy recomendables ambas historias.

Alvaro dijo...

Gracias Adrián. Voy a buscarlo yo también. Un saludo.