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sábado, 29 de febrero de 2020

Los albatros espías.

Hola navegantes.

La realidad está superando a la ficción, y el gobierno francés está utilizando los albatros de los mares del Sur como espías para vigilar la pesca ilegal en sus posesiones de ultramar.

Los albatros son una familia de aves marinas de grandes dimensiones, típicas del entorno de la Antártida. Están entre las aves voladoras de mayores dimensiones, pudiendo llegar a 3,4 metros de envergadura. Lo más típico es que se mueven de forma muy eficiente en el aire, y utilizando el planeo cubren grandes distancias con poco esfuerzo (hasta 600 millas al día, que es más que volar España de Norte a Sur en un día). Tienen una membrana tendinosa que bloquea el ala cuando está totalmente abierta, así no tienen que hacer esfuerzos ni consumir energía para planear. A cambio son dependientes del viento y no pueden volar moviendo activamente las alas, de manera que cuando hay calma están obligados a permanecer en reposo en la superficie del mar.




En la siguiente foto veréis que parece exactamente un avión: 


Su pico es grande, fuerte y afilado, y termina en un gancho. Tiene dos narinas por donde expulsan el exceso de sal de su alimentación (calamares, peces y kril) que siempre recogen del mar y por lo tanto con un exceso de sal. Ponen un solo huevo y establecen una relación monógama que dura toda su vida.

Los marineros de esas latitudes los consideran de buen augurio, algunos dicen que encarnan las almas de los marinos ahogados en el Cabo de Hornos, y se considera un gafe matar o dañar a un albatros.Cuando algún navegante captura uno por error con su cacea suele apresurarse a soltarlo, con grandes dificultades dado su tamaño. Aunque podría aprovecharse como el pavo para la cena de Navidad (por esas latitudes suele navegarse en Navidad, que allí es verano) a nadie se le ocurre. Sería como comerse un delfín.


Es un pájaro tan típico de estas latitudes que el monumento del Cabo de Hornos es la silueta de un albatros, hecha con dos chapas de hierro recortadas.




Pues bien, el gobierno francés está utilizando a los albatros para vigilar la pesca en las latitudes australes, en el Océano Índico en el entorno de las islas que Francia posee por allí y que denominan TAAF (Territorios Australes y Antárticos Franceses). Ha capturado 169 grandes albatros y los ha equipado con una minibaliza de geolocalización y un detector radar. La baliza informa de su posición, y el detector radar es capaz de percibir las ondas de radar de los barcos y por lo tanto transmitir que en aquella posición existe un barco. Los albatros pueden recorrer 600 millas cada día, ya lo dije, y apercibir un barco desde más de 15 millas de distancia, algo que no puede hacer una patrullera, y menos en aquellos parajes. Siempre que perciben un barco se aproximan a él para aprovechar los pescados fáciles que encuentran en su estela, y los restos que se tiran por la borda. Al acercarse, el detector de radar se activa y envía un acuse de recepción, a través de los satélites, a la base en el territorio francés. Si en esa localización no se detecta una señal del AIS (Automatic Identification System, un sistema que envía por radio la posición de cada barco) significa que el barco lo ha apagado voluntariamente, casi seguro que por estar cometiendo una infracción. Así se ha confirmado en el 36% de los barcos en aguas internacionales y el 20% en aguas de la zona económica exclusiva en torno a los territorios franceses. Es posible que con el tiempo los furtivos terminen apagando también el radar, pero en aquellos parajes es peligroso porque es con lo que detectan los icebergs.

Un peligro para los albatros es la ingestión de plásticos flotantes, que por supuesto ya han llegado a la Antártida y a los mares que la rodean. El plástico es imposible de digerir, ocupa un espacio en el estómago que debería usarse para la comida, y puede provocar una obstrucción intestinal que directamente les cause la muerte. Incluso el plástico es regurgitado al alimentar sus polluelos, encontrándose en gran cantidad en las crías muertas que aún no habían salido del nido. Una pena.









Con cuidado, navegantes.

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