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jueves, 20 de julio de 2023

Llegamos a Londres.

 Hola navegantes.

Por fin, y a pesar de las vicisitudes y la deserción, ayer llegamos con el Corto Maltés a Londres. En las fotos podéis ver nuestras caras de satisfacción al cruzar la gran barrera de mareas y acercarnos a la city:




Salimos de Queenborough temprano, como siempre para aprovechar la marea. Teníamos que salir en la última hora de la vaciante, que nos arrastrara por el afluente donde estábamos hasta el Támesis, y luego la marea entrante nos arrastrara hasta Londres. Así lo hicimos, pero ya al salir nos cayó el primer chubasco, y estuvo lloviendo o con tiempo tormentoso y mala visibilidad toda la mañana. Imaginaos tener que navegar así en julio:

Tampoco acompañó la navegación el paisaje absolutamente feo y costroso del Támesis, que ha resultado ser una sucesión de muelles comerciales, mercantes, remolcadores, grúas y toda esa morralla. Y tener que ir esquivando todos los mercantes que se nos acercaban por delante y por detrás, saliendo de repente de la niebla. El tema "mercantes" ha sido mucho más complicado en el Támesis que en el Canal de la Mancha.

A eso de las 14 horas llegamos a la gran barrera de mareas del Támesis, de la que os hablé en otra entrada cuando estábamos preparando este viaje, y ni se nos ocurría pensar en la posibilidad de que llegáramos.

Clic aquí.

Es una obra faraónica para frenar las crecidas del río coincidentes con las mareas vivas o con temporales en el Mar del Norte. Os aconsejo volver a leerla para los detalles. Llamamos al organismo que coordina su tránsito, la autoridad portuaria de Londres, que es obligatorio,  y nos hicieron pasar por la puerta G, la más accesible por la derecha. Es raro porque suelen usarse las del centro del río, pero así lo hicimos. Es verdad que al pasar se sienten remolinos que tienden a desviar tu rumbo, pero nada peligroso. Otra aparente dificultad náutica que creo que se puede banalizar.

Respecto a la posibilidad de quedarnos en Greenwich, no nos contestaron al teléfono en toda la mañana, o sea que desistimos y cambiamos el destino a South Dock Marina, en la orilla derecha, cerca de Greenwich para poder visitarlo hoy, y también cerca del muelle de St. Katherine, justo bajo el Tower Bridge, a donde nos cambiaremos esta tarde. Os recuerdo que teníamos el atraque reservado desde hace meses, pero han tenido la compuerta cerrada por labores de mantenimiento y no nos avisaron. 

La parte buena, que Luis tenía ganas de vivir la experiencia de pasar una esclusa, y esta marina la tiene. Aunque casi no había desnivel con el río, porque llegamos justo en la pleamar, y fue fácil como la tabla del uno. Cuesta creer que el mismo sistema sirva para salvar diferencias de 25 metros, como en la vuelta a Francia. Y la mala, que la marina tiene una tarifa de caersete los empastes, y nos han recrujido: 92 euros por una noche (en Francia, entre 11 y 20 euros por noche). Es lo más alto que he conocido en mis años de navegante. Y no penséis que es que tiene casino, los grifos de oro o vecinas de pantalán al estilo Marilyn, Miss Lanzallamas . Qué va, la mayoría de las plazas están ocupadas por peniches usadas como vivienda por familias, los aseos son un prefabricado en los mismos pantalanes, y el wifi no se coge. Algo patético por ese precio.


A la marina acababan de llegar 6 chicas que han dado la vuelta al Reino Unido a remo. Han usado una barca de remo oceánico para 3 remeros. Son estancas y autoadrizables, y tienen una célula de supervivencia donde refugiarse en caso de temporal y donde llevan la electrónica. Han tardado cuarenta y tantos días, lo han hecho sin tocar tierra, turnándose para remar y dormir, y han batido un récord. Venían con esa risa que sólo se ve en los ojos, y creo que hoy saldrán en las portadas. No nos enrollamos mucho con ellas para dejarlas ir a descansar, aunque dijeron que lo primero era "una cervecita".

Ahora empiezan para mi las verdaderas vacaciones, una semana en Londres con Ana, en una marina cómoda justo al pie del Tower Bridge. Y luego emprender la navegación de vuelta, que seguro estará llena de sorpresas y no podremos cantar victoria hasta llegar a Santander. Pero "cuando llegue a ese río ya pensaré en el puente". De momento me despido con esta foto del Corto Maltés delante de los rascacielos de la City, que es en lo que hay que pensar hoy:

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 19 de julio de 2023

Nos libramos del loco.

 Hola navegantes.

Ayer salimos de Ramsgate temprano para conseguir la travesía más corta en tiempo, como os expliqué. No lo conseguimos en  5 horas y cuarto sino en 7, pero no está nada mal para un velerito de 6 metros. Obviamente la razón es que no todo el tiempo fuimos a 5 nudos, y que a veces paramos para tomar fotos.

Como tomamos la ruta más alejada de la costa resultó que nos acercamos más de lo deseado al Principado de Sealand, esa micronación de la que os hablé otro día cuando preparaba este viaje:

Clic aquí.

Aunque creo que nos metimos en "sus" aguas territoriales, por suerte el loco o no se enteró o no tenía ganas de meterse en líos, porque no mandó a nadie a hacernos prisioneros. Si os fijáis, Inglaterra le ha rodeado el Principado de eólicos.


También pasamos junto a los fuertes que Inglaterra instaló en el estuario para defenderse de la aviación enemiga. Os hablé de ellos otro día (Clic aquí) y por lo que parece la información que recogí era incorrecta. Os dije que los habían desmantelado todos, y por lo menos hemos visto 3 grupos de ellos. Con independencia de su origen triste y militar, dan una imagen curiosa y sorprendente del estuario.

Y también pasamos junto al pecio del Richard Montgomery, un buque de guerra naufragado, del que velan los mástiles y que tiene la friolera de 1.400 toneladas de explosivos. Tiene una zona de exclusión pequeñísima (unos 500 metros) más pensada para que nadie se acerque a curiosear o bucear que para proteger nada en caso de explosión. Pero desde luego no protege al pecio de un accidente, y menos aún de su propio desplazamiento en el fondo marino por los movimientos de la arena. Las 1.400 toneladas de explosivos que contiene son todavía susceptibles de explotar, en lo que sería la explosión no nuclear más importante de la historia y provocaría un desastre en todo en entorno del estuario. Generaría un géiser de agua de un kilómetro de alto y 300 metros de diámetro, y una ola de tsunami que sumergiría una parte del estuario y de la ciudad de Londres. Da miedo ver algo tan peligroso de cerca, justo al lado del canal de navegación, aunque por suerte lleva casi 80 años sin explotar y no se le ha ocurrido hacerlo a nuestro paso.

Llegamos a Queenborough pronto y pudimos quedarnos en el pantalán en vez de en la boya, abarloados a otro velero. He tenido que poner de nuevo los muelles en las amarras, porque los pesqueros corren como si no hubiera mañana, y levantan unas olas que lo romperían todo.

Aunque es un pantalán muy cutre, y no tiene duchas, estamos contentos porque pudimos ir a comprar gasolina, y a dar una vuelta por el pueblo. La gasolina en Inglaterra tiene el mismo problema que en Francia, que la de 95 octanos tiene un 10% de etanol y hay que comprar la súper, en este caso con 5%.

El pantalán en el que estamos se queda casi en seco en bajamar, y solo mantiene un poco de agua la punta:


Y este es el río en bajamar. Para que nos quejemos de nuestros atraques:


En las tablas del pantalán tienen un emotivo homenaje a sus marinos y vecinos fallecidos, con una chapa conmemorativa, y con flores y frases de recuerdo en sus aniversarios:

La pena, cuando una familia se confunde o no sabe el valor real de lo que tiene su ser querido. Por ejemplo ésta, cuyo recuerdo es que era "Duquesa de Sealand", que es un título que vende, sólo por dinero, el loco de la plataforma, sin ningún otro mérito:


Hoy intentaremos pasar la barrera de mareas del Támesis y llegar a Greenwich, en el meridiano cero que divide a La Tierra en dos mitades, la Este y la Oeste. Tiene un pantalán en aguas profundas que a veces te autorizan a usar para una noche. Todavía no hemos decidido si dormiremos con la cabeza en la mitad Este y los pies en la Oeste o al revés. Y si nada se tuerce, mañana llegaremos a Londres.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 17 de julio de 2023

A un paso del estuario del Támesis.

 Hola navegantes.

Hoy hemos salido de Dover con un vientazo más fuerte de lo esperado, del W de fuerza 5, con olas de 2 metros del mismo sector y con chubascos.  Pusimos sólo el génova, con la orza levantada y rastras por la popa, y aún así íbamos a 6 nudos con la corriente de marea en contra. Cuando la marea se invirtió y la tuvimos a favor, 7 nudos. O sea que nos hicimos las 16 millas en menos de 3 horas, contando las maniobras de entrada y salida a puerto. Un chollo, si no fuera por los chubascos que nos cayeron encima, con todo el aparato eléctrico de que la naturaleza puede presumir. Y llegamos a Ramsgate antes de comer.

Ramsgate es el último puerto accesible antes del estuario del Támesis. Como llegamos pronto estaba casi vacío, pero a lo largo de la tarde se ha llenado. Seguramente todos los veleros han estado encerrados en algún puerto los dos días del temporal, y todos hemos salido hoy a seguir viaje. Ahora por la noche está lleno.

Mañana entraremos en el estuario del Támesis. Nos hemos enrollado con un navegante local que tiene la guía Imray del estuario y nos ha ayudado a hacer los cálculos. Yo no me la compré porque me pareció complicadísima, y poco necesaria para un viaje de 3 meses en los que el estuario iba a ocuparme dos o cuatro días. 

Mañana vamos a intentar llegar a Queenboroug, un puerto en uno de los afluentes del Támesis en su orilla derecha (o sea, entrando en la orilla izquierda, porque el lado de los ríos se define desde el nacimiento a la desembocadura). Es el primer puerto accesible a cualquier hora de marea después de Ramsgate, y nos separan de aquí 37 millas. Aunque parece mucho, hay que tener en cuenta las corriente de marea, que nos hará ir más deprisa.

He dicho que es accesible a cualquier hora de la marea, pero lo que tiene son boyas en mitad del río y un botero que te baja a tierra, y trabaja de 9 a 21 horas. Algo muy incómodo tanto para la intendencia (volver con la gasolina, el agua y las compras al barco fondeado) como por lo mal que se duerme en la boya. También tiene unas pocas plazas en un único pantalán de tránsito, pero no las reservan y te dejan usarlo si hay sitio cuando llegas. A ver si tenemos suerte.

Hay dos posibles rutas para llegar a Queenborough, una que pasa cerca de la costa esquivando escollos, y otra que se aleja más, y va por aguas más profundas, pero por un canal compartido con los mercantes, que son tantos como en el Canal de la Mancha. Pasa por fuera del parque eólico, y es la que vamos a seguir.


A continuación hay que calcular la hora de salida, según tu velocidad sobre el agua (no sobre el fondo, que depende de la corriente) y si la marea es viva o muerta. Entonces se entra en unas tablas de doble entrada para sacar la hora ideal de salida de Ramsgate. Para mañana, con una marea viva, bajamar a las 7:45, velocidad del barco 5 nudos, y usando la ruta más alejada de la costa, resulta que la hora más adecuada es media hora antes de la bajamar, o sea a las 7:15, y es lo que vamos a hacer.


Por supuesto el cálculo es teórico, porque según el viento podremos hacer más o menos velocidad. Y siempre se hace el cálculo para la totalidad de la etapa. Por ejemplo mañana, saliendo a las 7:15, las dos o tres primeras horas tendremos una corriente en contra de casi dos nudos, pero una vez superada la esquina sureste de Inglaterra y entrados en el estuario, la tendremos a favor con una intensidad de un nudo y medio, y durante más horas, con lo que el resultado final es positivo. En teoría haríamos las 37 millas en 5 horas y cuarto, sin contar las maniobras para entrar y salir de puerto. Mañana os diré si afinamos en el cálculo. 

Como curiosidades de Ramsgate, una peniche que tiene hasta unos parterres de hierba natural en la cubierta:




y un recipiente para dejar los juguetes de playa y que los usen otros niños:

Por si ayer os pareció raro lo de los depósitos de sal en la calle para deshacer el hielo en invierno, aquí los hay hasta en los pantalanes:


Y lo más original, un contenedor de basura para los alimentos que se traen del extranjero:

Por cierto, aquí los contenedores no son de color estándar para cada residuo y encima el color cambia de unas ciudades a otras, un verdadero lío.

Con cuidado, navegantes.

domingo, 16 de julio de 2023

Cuidando el motor.

 Hola navegantes.

Hoy hemos seguido retenidos en Dover por el temporal, pero ya a media tarde se ha pasado todo. 

Hemos aprovechado la mañana para las dos tareas pendientes con el motor.

En primer lugar le hemos cambiado el aceite. Lo hemos hecho vaciando el viejo por el mismo tapón de llenado con una jeringa. Puede parecer una chapuza pero evitamos posibles complicaciones. Ya os he dicho que estando tan lejos de casa cualquier avería tonta es un desastre. Por ejemplo un año no pudimos soltar la tuerca de vaciado porque estaba gripada. Un intento de abrirla que se salde con una rotura puede suponer varios días de inmovilización forzada. Lo mismo que si se te cae al agua la junta de esa tuerca y luego pierde aceite. Y tantas otras posibles desgracias.

 
Luego hemos puesto el endulzador del fueraborda, para quitar la sal del circuito de refrigeración después de usarlo en agua salada. Ya sabéis que se nos perdió en una esclusa. Luego lo hemos probado y comprobado que funciona bien y sin pérdidas.

El resto del día hemos hecho la intendencia y hemos aclarado la estancia en las marinas para los próximos días. Además Luis me ha ayudado con un problemilla que tenía con el móvil, que en estos viajes es mucho más que un teléfono, porque allí llevo todas las aplicaciones náuticas.

En el mismo puerto está esta iglesia desacralizada. Es un edificio religioso que ya no se usa como tal, y se vende a un particular para instalar un negocio. En este caso un bar. A veces dejan hasta los elementos interiores, y usan el altar como barra y ponen las mesas al lado de los confesionarios. Una curiosa segunda vida de un edificio religioso, que yo en España todavía no he visto pero que por aquí es muy habitual.


Mañana esperamos llegar a Ramsgate, y pasado mañana entrar al estuario del Támesis.

Con cuidado, navegantes.

Fuerza 9 en el pantalán

 Hola navegantes.

Ayer se confirmó el temporal y estuvo soplando todo el día con rachas de fuerza 9. Nosotros nos fuimos a conocer Canterbury en tren, dejando duplicadas las amarras y las defensas, y dejando instalados los muelles de amortiguar los estrechonazos. Estoy muy contento de haberlos traído de Santander. En días como éste te da miedo que se arranquen las cornamusas, y el barco acabe chocando con el pantalán y haciendo gluglú.


 Canterbury está atravesada por un río que llaman Gran Stour, y que a pesar de su nombre es enano y no cubre ni por el tobillo.


A pesar de eso hay una especie de góndolas que hacen un pequeño recorrido.


Hay un montículo desde el que se ve toda la ciudad, y que la guía te recomienda que al bajar te tomes un refrigerio (¡y mide como 20 metros!)


algunos plátanos centenarios y curiosas esculturas en la calle:




Fuimos a ver su famosa Catedral, un sitio monumental para cantar los kiries los que se crean eso.  Me sorprendió ver una referencia a la ONG de la que estoy más orgulloso, Amnistía Internacional, que ha puesto su logotipo de la vela encendida y rodeada por un alambre de espino, como homenaje a los prisioneros de conciencia y a los que sufren persecución por sus creencias. Y el texto "todo lo que es necesario para el triunfo del demonio es que la gente buena no haga nada". Un poco rara esa referencia al demonio y la vela en una iglesia por parte e Amnistía, pero una forma de concienciar al fin y al cabo.


Hay una casa tan inclinada que parece que va a caerse de un momento a otro:



Y otra curiosidad, que algún iluminado de los negocios ha sacado una galletas especiales para la coronación de Carlos III:

A la vuelta fuimos conscientes de que el viento nos había seguido hasta tierra adentro. Había tirado algunas señales ferroviarias y tumbado algunos árboles sobre las vías, y la línea estaba cortada. Tuvimos que volver en autobús, por cierto uno de dos pisos que no paraba de dar tumbos y chocar con las ramas de los árboles impulsadas por el viento.

La noche ha sido toledana. Es duro intentar dormir cuando tu barco está sacudido de esa manera y hasta el estómago se te escora. A veces nos da la tentación de ir a un hotel y dejarlo solo, pero nos da miedo no estar presentes si ocurre algo y encontrarnos por la mañana con el barco suelto u otra desgracia.

Hoy el pronóstico es el mismo y seguiremos sin salir. Mañana continuaremos la navegación, calculando cuatro días para llegar a Londres.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 15 de julio de 2023

Una cita en Londres.

 Hola navegantes.

Ayer pasé el día en Londres, donde fui en tren para recibir a Ana, que venía de Santander en avión para incorporarse otra vez a la tripulación. A Luis le hemos ofrecido seguir con nosotros hasta Londres por el Támesis, el punto culminante de este viaje, para agradecerle su buena disposición y el esfuerzo que hizo por ayudarme en el momento más difícil, cuando me dejó tirado Bartomeu. O sea que seguiremos los tres hasta Londres.

Para hoy y mañana se confirma el temporal del Oeste de fuerza 9, o sea que el barco se tiene que quedar en Dover. Vamos a aprovechar para conocer el interior y hoy iremos en tren a Canterbury. Es una antigua ciudad a sólo media hora de aquí, con un casco de la época medieval y una famosa catedral. También tiene unas murallas de la época romana, calles adoquinadas y casas con estructura de madera, creo que un regalo para la vista.

Como hoy no tengo nada que contar de nuestra navegación os resumo el tema de los semáforos portuarios, que creo que a partir de ahora vamos a encontrarnos muchos. Sólo aquí, en Dover, que hay 5 puertos, todos están regulados por semáforo (10 en total). En España no es muy habitual, y no solemos conocerlos.

Son puertos con dificultades en la entrada, y el semáforo suele ser un conjunto de luces situadas en el edificio de un faro o similar, en un lugar bien visible desde el mar. El código es más complejo que los semáforos de carreteras y podéis verlo aquí:

Aunque os parezca mentira, estas señales semafóricas no son internacionales. Por ejemplo, cuando en la vuelta a España bajábamos por la costa de Portugal, allí la entrada prohibida no se marcaba con 3 luces rojas verticales sino con verde-rojo-verde en vertical, y la entrada peligrosa con verde-destellos rojos-verde. Y por si fuera poco, a veces prevalecen las marcas poco ortodoxas consagradas por la tradición, que pueden ponerte en un serio aprieto por su chapucería. Por ejemplo la barra del río Etel,   una de las más peligrosas de Francia, se señala con una flecha roja horizontal o vertical, una bola negra y una bandera roja. Por eso hay que consultar las guías náuticas de los sitios a los que vas, conocer la señalización local y llevarla memorizada, para no tener que ir a buscar el libro en un momento tan difícil como el nuestro anteayer en la entrada de Dover.

Mañana cabe la remota posibilidad de que el temporal amaine al mediodía, y como la siguiente etapa es corta (15 millas hasta Ramsgate) y además ese puerto no está limitado por la altura de la marea, igual nos decidimos a hacerla por la tarde. 

Con cuidado, navegantes.

viernes, 14 de julio de 2023

Llegamos a Inglaterra.

 Hola navegantes.

Ayer nos levantamos muy temprano, a las 5.30, para salir de Boulogne Sur Mer con las primeras luces, para aprovechar una ventana meteorológica entre el temporalillo de antes de ayer y el temporalazo de mañana, que viene con fuerza 9. Hoy no podíamos navegar porque es cuando llega Ana.

Nos recibió un viento magnífico del W de fuerza 3-4, al que toreamos con la mayor en el primer rizo y el génova entero, y unas olas de 1,5 a 2 metros, residuales del temporalillo. A pesar de tener la corriente de marea en contra íbamos a 6 nudos con facilidad.

Dos horas después entramos en el dispositivo de separación de tráfico del Canal de la Mancha. Es como una autopista virtual, marcada por puntos de GPS, que los mercantes deben seguir obligatoriamente. Los barcos pequeños tenemos que mantenemos apartados, y solo podemos entrar si lo necesitamos para cruzar de una costa a otra, como era nuestro caso. El problema es que por allí pasan 500 mercantes cada día, siendo la vía marítima más transitada del mundo.

Nada más entrar ya veíamos en el horizonte los acantilados de Inglaterra, y como la visibilidad era buena veíamos a los mercantes desde lejos. Aunque no llevamos AIS, los reflejos para esquivarlos y la apreciación de su rumbo y su distancia no han sido difíciles con nuestra experiencia de Santander, cuya bahía es compartida por el tráfico comercial y el deportivo.

Sólo nos cruzamos con unos 10 portacontenedores y mercantes de otro tipo, y sin ninguna dificultad. 

Una hora después entramos en la zona neutra del dispositivo, que es la separación entre el canal de los que suben y los que bajan. Entonces la marea empezó a sernos favorable y navegábamos hasta con picos de 7 nudos. Luego cruzamos la parte descendente del dispositivo, y pasamos junto al barco-faro de Varne.


Es un barco que no navega nunca, no tiene ni motor, y se deja fondeado de forma permanente para servir de faro en mitad del mar.

A mitad del trayecto empezaron a caernos chubascos, como si Inglaterra quisiera hacer honor a su reputación. Cambiamos a la hora inglesa (una menos) y pusimos las banderas reglamentarias, la "Q" a babor y la inglesa de cortesía a estribor.



La llegada a Dover fue un poco estresante. La entrada tenía una corriente lateral hacia la derecha de unos 4 nudos, de modo que había que apuntar muy a la izquierda para entrar. Y el semáforo portuario estaba cerrado (tres luces rojas en vertical). Llamamos por la radio tres millas antes, como indicaba el Navionics. El que contestó no se esforzaba nada porque entendiéramos su idioma gutural, y yo me le imaginé escupiendo de lado, como un viejo fumador de pipa, mientras nos hablaba. Finalmente entendimos que le llamáramos cuando estuviéramos a 200 metros. Eso hicimos, y nos dijo que nos acercáramos más, lo que ya era imprudente con el semáforo rojo y yendo a vela a 6 o 7 nudos. Y en el último momento cambio el semáforo a verde-blanco-verde, que como os dije otro día significa que puedes pasar siguiendo sus instrucciones por la radio. Al parecer usan el puerto como si fuera una esclusa, y te lo abren bajo demanda cuando les llamas. O al menos eso deduje yo.

Nos dieron atraque en una marina nueva, recién inaugurada, con todas las comodidades y con precio inglés. Aquí veis al Corto Maltés bajo el castillo de Dover:


Fuimos a recorrer el pueblo con las bicis y empezamos a ver cosas curiosas. Fijaos si hará frío por aquí en invierno, que en las calles hay depósitos de sal para que los vecinos puedan echarla en el asfalto cuando se hiela (clic encima para ver el cartelito):


Tendremos tiempo de verlo todo muchas veces, porque hay un aviso de temporal hasta de fuerza 9 para el sábado y el domingo, y lógicamente no podremos salir de aquí. Una pausa obligada que nos servirá para evacuar los últimos días de navegación intensa, provocados por lo que ya sabéis, la deserción de Bartomeu por un mareo. Supongo que los utilizaremos para conocer por tierra el condado de Kent, antes de seguir hasta Londres.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 12 de julio de 2023

El Corto Maltés en una nube.

 Hola navegantes. 

Hoy el Corto Maltés ha estado flotando en una nube. Pero no en sentido figurado por llegar a Inglaterra, que aún no lo ha logrado, sino en sentido literal:


Estamos en el primer pantalán después de la esclusa, y el agua sale con tanta fuerza que se forma espuma:


No nos había pasado nunca y da una imagen curiosa del barquito. Por cierto, al lado nuestro podéis ver otros veleros de 12 metros que llegaron ayer, como nosotros, y que tampoco han salido con el temporalillo. Os lo he dicho muchas veces, en la vida real tener un barco más grande no te hace salir a navegar con pronóstico meteorológico peor. A nadie le gusta pasarlo mal en el mar.


Hemos dedicado la mañana a algunas gestiones que han resultado en unas de cal y otras de arena.

Los trámites de inmigración han sido facilísimos, al menos en su primer paso. Nos han pedido rellenar un formulario por Internet con los datos del barco y los nuestros, y en una hora recibimos la respuesta favorable. Lo único sorprendente es que te piden el día y la hora de llegada con un margen de dos horas, como si la vela fuera así de exacta y el viento pudiera encargarse. Si no vas a llegar en el margen de dos horas que has escrito tienes que mandar una corrección a su web, y ya me diréis cómo hacer eso desde el barco si lo que te ha retrasado es un temporal.

 Ahora nos queda la visita de aduanas cuando lleguemos a Dover.

Por el contrario en la marina de Santa Katerina, que teníamos reservada una plaza del 19 al 25, me han dicho que el 18 y el 19 no pueden recibirnos porque está en labores de mantenimiento la esclusa. ¡Y teniendo mi teléfono y mi correo electrónico no me han avisado!. Podríamos ir el 17 (demasiado pronto para nuestros planes) o el 20. Ahora tenemos que reestructurar las siguientes etapas a este nuevo condicionante inesperado. 

En el apartado e bricolajes, hemos arreglado el grifo de la cocina, que perdía agua y tenía la base de fijación a la cocina muy floja. No nos ha dado tiempo a cambiar el aceite del fueraborda ni a colocarle el tubito de endulzar.

Por la tarde hemos ido a conocer Boulogne. Tiene un centro histórico amurallado, con un paseo que recorre lo alto de las murallas. También unas preciosas pinturas murales dispersas por la ciudad, algunas de ellas auténticas obras de arte. Por ejemplo esta del español Gonzalo Borondo, que pintando unas escaleras consigue que de frente parezca existir una puerta enrejada, que realmente no existe:



y algunas otras.


A partir de mañana se celebra el Boulogne una "Fiesta del Mar", y entre otras cosas hay una concentración de grandes veleros de época. Nos hemos enrollado con los marineros de la réplica de la Nao Victoria, con puerto base en Sevilla, y nos han dado algunos consejos para el cruce del Canal de la Mancha.


También está por aquí el Atyla, que hace unos años fue el velero "Cantabria Infinita" y nos representaba en estas ferias y festivales. Habíamos coincidido con él al principio de esta navegación en la Ría de Bilbao.


Hoy estamos oyendo silbar el viento del temporalillo que os anuncié ayer, y sufriendo sus embates en el pantalán, a pesar de estar tan protegidos.  Mañana tenemos un paréntesis favorable por la mañana, con vientos del SW de fuerza 4-5 y la marea a favor, que intentaremos aprovechar para llegar a Dover antes del mediodía.

Por cierto, algunos me habéis dicho que el trak de la baliza de hace dos días nos llevaba nada menos que a Kamtchatka, al Este de Rusia. Obviamente es un error, y solo se me ocurre atribuirlo a que ese día cambiamos de meridiano, y pasamos de la latitud Oeste a la Este. A lo mejor la inteligencia artificial no es tan inteligente como parece, y quiso cambiarnos de meridiano por las antípodas.

Con cuidado, navegantes.